30 #2
―Ja, ja, ja, joder, ¿dónde estabas?, ya pensábamos que te habías perdido o que te habrían echado de la fiesta por ir así vestido, ja, ja, ja... ―me soltó Juanlu, dejándola caer y me dio una palmada en la espalda―. Era broma, tío...
“Capullo”, farfullé entre dientes y luego sonreí, para disimular delante de ella.
―Y ahora, en cuanto nos tomemos esta copita ―dijo Lorena con la lengua de trapo―, voy a salir a bailar con los dos y no quiero excusas, eh... ―nos soltó mi chica, que a medida que avanzaba la noche se iba animando más y más.
―Yo ya sabes que no tengo problema con eso... ―se chuleó Juanlu.
Lorena apuró la copa con tres tragos y la muy cabrona cumplió su palabra, dándonos la mano a los dos, para que la acompañáramos a la pista.
Comenzó a moverse con sensualidad, de manera suave, y se giró hacia mí, rodeando mi cuello con sus brazos.
Sin que me lo esperara, se acercó a mi boca y me dio un beso, metiéndome la lengua mientras mecía sus caderas, y luego sonrió y se dio media vuelta.
Observé su espalda desnuda y su llamativo tatuaje del tribal justo donde terminaba la espalda y Lorena se aproximó muy despacito a Juanlu, que puso las manos en su cintura, bailando los dos al ritmo de la música, sin dejar de mirarse a los ojos.
Me sentí ridículo con esa escena, no sabía qué hacer allí ni a dónde mirar, pero mi erección se volvió más potente al ver tan de cerca su complicidad.
Y después de unos treinta segundos, Lorena se giró hacia mí otra vez y poco a poco fue encajando sus caderas con las mías sin dejar de bailar, entrelazando nuestras piernas, enredando sus dedos en mi pelo y me pasó la lengua por los labios, antes de volver a fundirse en un morreo conmigo.
Noté que mi chica estaba tremendamente cachonda, y es que le encantaba exhibirse y saber que era el centro de atención en aquel local tan elitista, sintiéndose deseada no solo por nosotros dos, sino por unas cuantos tíos más; dejé que me metiera la lengua, que me comiera los morros a lo salvaje, como le gustaba a ella y al abrir los ojos, vi que Lorena estiraba su brazo, pidiéndole a Juanlu que se acercara a nosotros.
Entonces mi compañero se situó justo detrás de mi novia y se pegó a ella, rozándole sutilmente el culo con su paquete.
Lorena dejó de besarme y me miró con una cara perversa que me estremeció y Juanlu puso sus manazas en la cintura de ella y le dio un golpe de cadera, incrustándole la polla entre los glúteos, hasta aplastarla contra mi cuerpo.
Escuché entre la música cómo se le escapaba un gemido al sentir el contacto de Juanlu, entonces ladeó la cabeza y le ofreció el cuello, que él no desaprovechó, posando sus labios en esa zona tan sensible y yo fui retrocediendo dos o tres metros, sin entender muy bien qué es lo que sucedía y cómo estaba permitiendo eso, hasta que me topé con una de las paredes.
Estaba aprisionado allí y Lorena seguía meciéndose entre los dos, encantada de conocerse y noté cómo ella me daba golpecitos continuos con su movimiento de cadera, pero enseguida caí en la cuenta de que no era mi novia la de las acometidas, sino que eran la consecuencia de que Juanlu le estuviera soltando unos pequeñas embestidas desde atrás, simulando que estaban bailando.
Pero más bien parecía que se la estuviera follando, restregando toda su polla contra el culo de mi novia.
Y después mi compañero volvió a la carga, besando su cuello, pero esta vez ya no fue tan sutil y se lo comió de manera más agresiva.
Eso ya me hirvió la sangre del todo y pegué un resoplido, estaba a punto de intervenir para detener todo aquello, que consideraba fuera de lugar, pero Lorena puso un poco de cordura, pues vio en mi cara que algo no iba bien y se apartó de él, adelantándose a mis intenciones.
―Ey, pero ¿qué haces?... solo estamos bailando, tío, no te pases... ―le recriminó mi chica y volvió a darse la vuelta hacia Juanlu, dejándome solo.
Se agarraron meciéndose al ritmo de la música y Lorena echó las caderas hacia atrás, buscando ahora contactar conmigo.
Fue súper morboso que ella comenzara a restregarse contra mí, porque eso es lo que debía haber sentido Juanlu unos segundos antes y yo miré hacia abajo, y me encontré las manos de mi compañero en su cintura, guiando el pequeño cuerpo de mi chica para que ella frotara sus glúteos contra mi polla.
Estaba demasiado cachondo ya y muy cerca del límite.
En ese momento me miré con Juanlu, y él sonrió con complicidad, como si fuéramos colegas compartiendo una desconocida que nos acabábamos de encontrar. Pero esa que estaba entre los dos, comportándose como una guarra, no era una cualquiera.
Era mi puta novia.
Y yo intentaba no estar tan excitado viendo esa escena, pero me ponía muchísimo su espalda desnuda, adivinar el nacimiento de su culo, esa manera de bailar tan sensual y también las manos de Juanlu en su cadera.
Sí, me excitaba sobremanera ver las manazas de mi compañero sobre el cuerpo de mi chica y a la vez me molestaba.
Era un contrasentido difícil de explicar y me invadían unos celos enfermizos al ver cómo se miraban, la complicidad que había entre ellos y sin embargo, me palpitaba la polla, y Lorena se encargaba de que no se me bajara ni un ápice la erección, subiendo y bajando sobre mi paquete, recorriéndola con sus glúteos.
Sabiendo que en cualquier momento, podía provocar que me corriera. ¿O era eso lo que estaba buscando?
Y de repente, Juanlu me cogió del brazo y me puso la mano sobre el culo de Lorena, guiándome hasta allí, como si necesitara su ayuda para tocar a mi propia novia.
Volvió a sonreír, apoyando de nuevo sus manos en la cintura de mi chica, mientras ellos seguían bailando y afirmó con la cabeza, como si me estuviera dando permiso para acariciar a Lorena.
Como si él fuera el que mandara allí. Aquello era increíble.
Y de repente le dio un beso en la mejilla, se agachó, apoyando la cabeza en el hombro de mi novia y se quedó a escasos centímetros de mi cara, mirándome directamente.
Juanlu se mordió los labios y me agarró de la muñeca de mi mano derecha, llevándola a la fuerza más abajo, y guio mis dedos hasta la cara interna de los muslos de mi novia.
―¡Métele los dedos, tío!, la tienes muy cachonda ya... ―me dijo el muy cabrón justo al oído de Lorena, para que ella también lo escuchara y yo como un idiota, me dejé llevar, permitiendo que el tirara de mi brazo hacia arriba, dirigiendo mis dedos hasta la entrepierna de mi chica.
El coño de Lorena estaba demasiado mojado y sus labios vaginales parecían más hinchados y sensibles que de costumbre y ellos siguieron bailando como si nada, Juanlu volvió a poner las manos en las caderas de ella y yo la acaricié con suavidad sobre su tanguita, cuando Lorena abrió la boca al sentirme bajo la tela de su vestido.
―¡Aaaah, cabrón, ¿qué haces?! ―jadeó, girando levemente la cabeza hacia mí y yo me armé de valor y al ver su rostro tan encendido, aparté su tanguita y le metí un dedo―. Aaaaaah, joderrrrrr...
Lorena meció las caderas, dejando que la follara, y con la boca abierta le miró a Juanlu, gimiéndole prácticamente en la cara.
Mi dedo corazón entraba y salía suavemente de su interior y ella no paraba de hacer círculos con su trasero, delante y atrás, arriba y abajo, buscando el mayor placer y rodeó el cuello de Juanlu con los brazos, pegándose más a él.
Sus bocas estaban a escasos centímetros y Lorena le dijo algo al oído, poniéndose de puntillas, para ahogar después los gemidos en su cuello mientras yo la masturbaba.
Entonces Juanlu volvió a mirarme, pero esta vez no fue con la complicidad de antes, algo en él había cambiado mientras mi novia le devoraba esa zona tan sensible y de repente se transformó y tomó el mando, la agarró por el pelo, tirando de ella hacia arriba con brusquedad, levantando su cara y buscó sus labios, metiéndole la lengua en la boca.
Me quedé de piedra al ver aquello, y lo peor es que Lorena le correspondió, ¡comenzando a morrearse delante de mí!
Es muy difícil no sentirse como un capullo, follándole el coño a tu novia con un dedo, mientras ella se enrolla con otro tío en tus narices.
Y es que, aunque no la escuchaba, podía sentir los gemidos ahogados de Lorena en la boca de mi compañero.
Mi chica echó hacia atrás su trasero, moviéndose al ritmo al que la masturbaba e incrustó sus glúteos en mi paquete, restregándome el culo por toda la polla.
En ese momento noté que me corría con tan solo sentir su roce y me aparté de ellos como alma que lleva el diablo.
Les miré asustado, aterrorizado, temblando, con los ojos abiertos de par en par y el orgasmo latente en todo mi cuerpo.
De un paso atrás me topé con la pared y cerré los ojos resoplando, tratando de evitar que mi polla empapara mis calzones y en un gesto instintivo bajé la mano y me la estrangulé por encima del pantalón.
Juanlu sonrió al verme así, negó con la cabeza y me miró con desprecio, entonces se aprovechó de la situación y una de las manos que tenía en su cintura la situó sobre la espalda desnuda de mi novia y después en su culo, por encima del vestido.
No dejaban de bailar, de mecerse pegados, de comerse la boca, y Lorena le acariciaba su cabeza rapada y le aplastaba los pechos contra su cuerpo.
Provocándole, calentándole todavía más.
Yo no podía hacer nada, estaba paralizado y apreté los puños, tratando de calmarme todavía más, de ganar tiempo, aunque ya no lo había y sobre todo de coger un poco de aire para no correrme, pero Juanlu interpretó eso como si yo le estuviera dando carta blanca para hacer con mi novia lo que le diera la gana.
Y el muy cabrón le acarició la espalda unas cuantas veces, arriba y abajo, arriba y abajo, y en uno de los descensos siguió su camino, sin detenerse, decidido, colando sus largos dedos por el vestido de Lorena hasta sobar directamente su culo desnudo.
Y sí, digo desnudo, porque mi novia apenas llevaba un puto tanguita fino como el hilo dental.