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Juanlu y Lorena aderezaron su cena “romántica” con una buena botella de vino y yo me volvía a sentir como un idiota, cuando brindé con ellos con mi Coca-cola zero. Y después de terminarse la primera botella, Lorena se puso sentimental y levantó su copa para deleitarnos con un pequeño discurso.
―Muchas gracias por estar aquí, chicos, puedo decir que si en este momento estoy tan feliz es gracias a los dos, a ti, Juanlu, por ser tan optimista, por sacarme de mis malos pensamientos y del hoyo en el que estaba metida, ya me lo dijiste hace un año, y tenías razón, que aquello apenas lo recordaría como un mal sueño ―y al forzar la sonrisa, casi se le escapa una lágrima.
―Te lo mereces, tía...
―Y a ti, Marcos, ¿qué te digo?, ¡es que me haces tan feliz!, que te quiero muchísimo, que has aparecido en mi vida sin esperarlo, que eres un cielo, un amor y no puedes ser mejor persona, muchas gracias por todo, te quiero, ya lo sabes...
―Yo también...
Brindamos los tres de nuevo, y mientras tanto, yo lo único que podía pensar es que estábamos celebrando que se cumplía un año desde que Juanlu se había follado a mi novia.
Era su primer aniversario. A mí también se me iba a derramar una lágrima por la mejilla.
Aunque el discurso de mi chica había sido cortito, pero emotivo, no se me quitó esa sensación desagradable que tuve desde el principio, de que yo sobraba en esa cena.
Aquello era algo personal entre Juanlu y Lorena.
Mientras cenábamos, nos informaron que después había una fiesta en una de las azoteas del edifico, que era una especie de club privado para la élite, pero que podíamos asistir como cortesía del restaurante. Incluso nos dijeron que teníamos una copa gratis.
Lorena nos invitó a la cena y en cuanto terminamos, nos acercamos por curiosidad para ver la fiesta que tenían montada.
Entré en el club agarrado de la mano de mi chica y no tuvimos que decirle nada al portero, que se me quedó mirando con mala cara al ver las pintas que llevaba, pero sabía que veníamos del restaurante, o no habríamos entrado ni de coña. Al menos yo.
Y es que ya solo al poner un pie allí, me di cuenta de que eso era otro nivel.
El único que iba vestido acorde al sitio era Juanlu, yo parecía el puto aparcacoches entre todos esos pijos y las chicas se quedaban mirando a Lorena cuando pasaba a su lado; alguna no pudo evitar reírse de ella entre dientes, incluso una niñata bastante soberbia y altiva, soltó en alto delante de su amigas, “¿pero aquí también dejan entrar a chonis?”, menos mal que no lo escuchó Lorena, o se hubiera montado una buena.
Nos acercamos a la barra y Juanlu y mi chica se pidieron una copa y yo una Coca-cola. En la fiesta había dos ambientes bien diferenciados con música distinta, y podías estar o bien en la zona interior o salir a la terraza.
Al mirar hacia el suelo, me fijé en el detalle de que Lorena llevaba también las uñas de los pies pintadas y unos zapatos con un tremendo tacón de casi diez centímetros.
Estaba radiante con el pelo suelto, aunque quizás iba maquillada en exceso y desde donde estaba yo, lo que más llamaba la atención era el escotazo que lucía.
Sus tetazas no dejaban de moverse sueltas bajo la tela y todavía fue peor cuando empezó a bailar al ritmo de la música.
Se me puso dura en unos pocos segundos al ver cómo se le bamboleaban los pechos, y al sonar una salsa, Juanlu le cogió de la mano y se pegaron un bailecito delante de mis narices.
Mi compi le puso la mano en su espalda desnuda y no dejaron de mirarse a los ojos y de hacerse confidencias al oído mientras estuvo sonando la canción.
Y en cuanto terminó, Lorena se acercó a mí y me rodeó el cuello con sus brazos, buscando mi boca para darme un beso.
Yo notaba que estaba contentilla, por no decir ya borracha y con muchas ganas de pasárselo bien.
Muy bien. Y eso era muy peligroso viniendo de Lorena, que ya sabía cómo se ponía con unas cuantas copas de vino encima.
En ese momento, me fastidió que estuviera Juanlu con nosotros, porque si nos hubiéramos encontrado solos mi chica y yo, aquel era el sitio perfecto para nuestros juegos.
Todo el mundo iba muy bien vestido, de buena posición, ambiente tranquilo, había chicos de nuestra edad y hombres algo más maduros y atractivos, y lo mejor es que allí no conocíamos a nadie.
―Ey, ey, iros a un hotel ―nos interrumpió Juanlu al ver que Lorena estaba demasiado cariñosa conmigo―, podéis reservar una habitación en el Qatar Always, creo que sale a unos 500 pavos la noche, ja, ja, ja...
―No hay problema, será por dinero... ―se chuleó Lorena―. ¿Es que te da envidia o qué?, ja, ja, ja, vaya dos ―y se dio la vuelta y le agarró de la cintura, comenzando a bailar de nuevo con él.
Me pareció sorprendente la actitud de mi chica y Juanlu no desaprovechó la oportunidad, dejó su copa en la barra y volvió a sacar a la pista a Lorena.
Me repateaba verlos juntos, porque durante esos tres o cuatro minutos que duraba la canción, el tiempo parecía detenerse para los dos, solo estaban pendientes el uno del otro, y era como si yo no existiera.
Lorena sabía que me fastidiaba mucho que hiciera eso con Juanlu, pero yo tampoco quería ser el aguafiestas y tenía que joderme y aguantarme, viendo cómo ellos se lo pasaban en grande disfrutando de la noche.
De su noche. Y después de la copa, Juanlu le invitó a Lorena a otra y yo negué con la cabeza cuando me preguntaron si quería un refresco, mostrándoles mi vaso por la mitad.
―Voy al baño ―les dije, aprovechando que ellos se iban juntos a la barra, todavía agarrados de la mano después de bailar, pero Juanlu no me hizo ni caso y Lorena afirmó con la cabeza.
―Vale, aquí estamos cuando vuelvas, nene...
Lo que había empezado siendo una cena agradable, se estaba convirtiendo poco a poco en una extraña cita a tres que cada vez me costaba más gestionar y en la que parecía continuamente que yo sobraba. ¿A qué venía lo de ir agarrados de la mano para acercarse a la barra a pedir una copa?
Si hacía eso delante de mí, ¿qué harían cuanto estuvieran ellos solos?
Al pasar por una de las salidas, tuve la tentación de largarme y dejarles allí a los dos, pero Lorena no se merecía que yo me fuera de esa manera y al final entré al baño.
A pesar del cabreo que tenía, cuando me la saqué me sorprendió comprobar que mi polla estaba bastante dura y en ese estado me costó mucho esfuerzo mear.
No comprendía por qué estaba tan empalmado, si tan solo había visto bailar a Lorena con el capullo de mi compañero, un tío que cada vez soportaba menos, porque estaba claro que lo único que buscaba era follarse a mi novia a la más mínima oportunidad que tuviera.
Y le importaba una mierda que yo estuviera presente o no.
Pero no iba a darle ese gustazo a Juanlu y mucho menos, servirle en bandeja de plata a mi chica.
Salí del baño con mi Coca-cola, la polla erecta y me situé a unos metros de ellos. Me apetecía verlos a solas un par de minutos y ver cómo actuaban, tampoco quería demorarme para no llamar demasiado la atención y decidí quedarme escondido hasta que ellos notaran mi ausencia.
Si es que lo hacían.
Y allí estaban los dos, con sus copas, hablando en la barra, casi pegados, habían bebido bastante y Juanlu ya no disimulaba y le miraba descaradamente las tetazas a Lorena, que además, tenía las mejillas encendidas.
Desde la altura de mi compañero, esos pechos se debían ver grandes, hinchados, turgentes y me quedé de piedra cuando mi chica comenzó a zorrear con él, primero chocando sus copas y luego dándole un beso en la cara.
¿De qué estaría hablando?, y sobre todo, ¿a qué había venido ese beso?
Mi polla palpitó bajo los pantalones y de repente, Lorena giró la cabeza y me vio entre la multitud.
Apenas se sorprendió y no cambió su rostro, como si se esperara encontrarme allí espiándolos y después siguió hablando con Juanlu un minuto más; enseguida se separó de él y le dejó solo en la barra, excusándose para ir al baño.
Pero vino en mi dirección.
―Ya me imaginé que estarías por aquí, escondido, viendo lo que hacemos..., pensé que te molestaba verme con Juanlu ―me recriminó Lorena y bajó la mano para comprobar que la tenía dura―. Joder, nene, no me digas que estás empalmado, ufffff... ¿es que ahora te gusta verme con él...?
―No, no, he salido del baño y...
―Me tienes muy confundida, a ver si te aclaras, ¿te excita verme con él o me vas a montar otro de tus ataques de celos?, porque vaya nochecita llevas, joder, nene, que solo hemos salido a cenar y lo estamos pasando bien y tú estás con esa cara todo el rato...
―¿Y qué he hecho yo ahora?, creo que me he comportado bien durante la cena, ¿no?
―Más o menos, pero me gustaría que os llevarais mejor, estás siempre a la defensiva con Juanlu y ya te digo, pareces enfadado con el mundo, cuando estoy con los dos, no sé..., a veces me haces sentir muy incómoda y eso no me gusta, ya te he dicho que Juanlu es un gran amigo...
―No era mi intención hacerte sentir así, disculpa...
―Y ahora esto, te quedas aquí, espiándome, hemos venido a tomar una copa y tú de repente desapareces, y te quedas aquí, viéndome hablar con él, ¿es que te excita?
―No.
―Y por eso la tienes tan dura, claro...
―No ha sido por Juanlu...
―¿Y entonces?
―Es por todo en general, por el vestido que llevas puesto, por cómo te mira el resto de la gente que hay aquí, incluso en un sitio así llamas mucho la atención y seguro que todos se preguntarán quién es la morena esa pequeñita tan morbosa de las tetas grandes...
, por eso me he excitado, ¿vale?, pero no es por Juanlu, que quede claro...
, estoy deseando que llegue mañana para salir tú y yo, solos...
―Y yo también, nene, pero antes vamos a disfrutar esta noche, ¿vale?, anda, no te quedes aquí y ven con nosotros ―me pidió dándome la mano y me arrastró de nuevo hasta la barra, donde nos esperaba mi compañero―. Mira qué pececillo me he encontrado por ahí...