Un plan (casi) perfecto 29 #2
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―Eso es porque lo quemo todo follando, ja, ja, ja ―bromeó antes de meterse en la ducha...

La semana se me hizo muy larga deseando que por fin llegara el sábado. Lorena se estuvo escribiendo con Ramiro los días previos, intercambiando unos pocos mensajes con él, y aunque no eran muy calientes, luego me los enseñaba en el trabajo para provocarme y yo me ponía encendidísimo.

Estábamos llevando la broma demasiado lejos y me imaginé la cara que pondría el puto pijo, cuando Lorena le diera plantón el sábado por la mañana, solo unas pocas horas antes de su cita.

Para llegar más excitados el fin de semana, el miércoles y el jueves no fui a casa de Lorena por la tarde y ya el viernes, a media mañana, Juanlu me sorprendió con un comentario que no me hizo mucha gracia.

―Oye, me dijo Lore que al final vienes a la cena de hoy, guay, tío, ya he llamado al restaurante para ampliar la reserva...

Me debí quedar con cara de tonto, porque Lorena me había dicho unos días antes que Juanlu sabía que yo iba a ir también, aunque él no lo debía tener tan claro, porque su intención parecía que era cenar a solas con mi chica.

La verdad es que esos pequeños detalles no me gustaban un pelo y no ayudaban a cambiar mi percepción sobre mi compañero.

No me fiaba nada de Juanlu, pero tenía que poner buena cara cuando estaba con él. Se lo había prometido a Lorena.

―Luego vamos a tomar una cerveza, en lo que Lore se pasa por casa a cambiarse y tal, ¿te parece bien? ―me preguntó Juanlu.

―Sí, claro... y por cierto, ¿lo de esta noche qué es...?, me comentó como que era una especie de aniversario o algo así... ―le dejé caer, a ver si se daba por aludido y me confesaba por fin, que él y Lorena se habían acostado.

Al menos una vez, que yo supiera.

―Fue una promesa que le hice y cuando se cumplen estas cosas hay que celebrarlo...

Lorena estaba muy jodida hace un año y le prometí que recordaríamos ese día tan malo con una sonrisa en la boca y ahora, mírala, joder, parece otra y sobre todo es gracias a ti, ¡me alegra mucho que estéis tan bien, tío!

―y me dio una palmada en la espalda―. Lorena se lo merece y tú también, claro...

―Muchas gracias, amigo...

En cuanto terminamos el turno, Juanlu y yo fuimos directos a los vestuarios y nos pegamos una ducha.

Por lo general, me gustaba hacerlo en casa, pero hacía calor y después de estar todo el día en el hospital, no podía ir a cenar con la sudada que llevaba encima.

Al salir me lo encontré desnudo, en medio del vestuario, mirándose en el espejo mientras se hidrataba la cara con una crema.

Yo estaba bastante acostumbrado a ver a tíos desnudos en las duchas del gimnasio, toda la vida me había cambiado delante de otra gente y era algo natural, no me molestaba, pero encontrarme así a Juanlu, de espaldas a mí, mostrándome su depilado culo, me chocó bastante.

Era alto e imponía y por lo que pude comprobar, estaba en muy buena forma.

El muy cabrón se giró como si nada, me fijé en su pecho peludo y se acercó a mí, comenzando a echarse la crema hidratante en el resto del cuerpo.

Casi a mi lado, apoyó un pie en el banquillo y un enorme rabo flácido, se quedó colgando delante de mis narices.

En lo único que pude pensar en ese instante, fue en que esa polla había estado dentro de mi novia varias veces.

En su coño, en su culo y en su boca. Me pareció bastante violento que se mostrara así, sin ningún pudor, llevaba el pubis depilado, por lo que su polla todavía se veía más grande y enseguida aparté la mirada, aunque estaba claro que Juanlu lo había hecho para provocarme.

Hasta se le escapó una sonrisilla al muy cabrón.

Tenía una camisa azul preparada en una percha, y un pantalón de vestir del mismo color. Sacó unos mocasines de su taquilla, un reloj de una cajita y se arregló más elegante de lo que pensaba.

―¿Dónde vas tú así?, pensé que era una cena informal...

―Ja, ja, ja, pues claro que es una cena informal, solo estamos Lorena, tú y yo, aunque vamos a la terraza del Qatar Always, ya sabes, el restaurante que hay en la azotea... tampoco es para tanto, solo me he puesto una camisa...

―Joder, yo solo he traído un vaquero y una camiseta blanca, tío... me podíais haber avisado que íbamos a un restaurante de lujo... ¿me da tiempo a ir a casa a cambiarme?

―La cena es dentro de 40 minutos ―dijo mirando su reloj―. Que de verdad que no pasa nada, venga, vamos para allá, y nos tomamos una caña viendo las vistas, me han dicho que son impresionantes y que merece mucho la pena... ¿llevas tú el coche y lo dejas en el parking?, como no bebes...

―Eh, sí, claro, claro, sin problemas...

Joder con el puto parking del hotel. Nueve euros la hora, si lo dejaba un día entero allí, valía más que lo que costaba mi viejo coche.

Subimos en el ascensor hasta la planta alta y la cañita viendo el skyline anocheciendo, nos salió por el módico precio de 20 euros, aunque los pagó Juanlu.

Me sentí ridículo con mi camiseta y el vaquero, pues allí se notaba que estábamos entre gente acomodada y la élite económica; y es que todos iban muy bien vestidos con camisa y americana y las mujeres con unos vestidos impresionantes.

―Esto es una pasada, tío, cómo me gustaría tener pasta y poder venir aquí a menudo... y luego dicen que el dinero no es importante... ―me soltó Juanlu.

―Bueno, tenemos la suerte de que nos lo podemos permitir, aunque sea una vez al año, ja, ja, ja...

―Me ha escrito Lorena, que ya está llegando, creo que viene en taxi ―me informó mi compañero mirando el móvil―. Va muy justa de tiempo, eh...

Tengo que reconocer, que me fastidió que le escribiera a él, aunque no dije nada.

No quería empezar ya la noche con un estúpido ataque de celos, pero como se suele decir, ya llovía sobre mojado y es que tampoco consideraba muy normal que mi chica, sabiendo que estábamos juntos, le mandara un mensaje a mi compañero y no a mí.

Unos minutos más tarde llegó Lorena, ya venía hablando con un hombre de unos cincuenta años que se había encontrado en el ascensor, aunque no me sorprendió, porque la facilidad que tenía mi chica para entablar conversación con cualquier desconocido era digna de estudio.

Y al acercarse a nosotros, me fijé bien en que llevaba un vestido negro de tirantes, era muy escotado y por cómo se le movían los pechos al caminar, parecía que no llevaba sujetador.

¡Joder, era un puto escándalo!

La falda terminaba en diagonal, por un lado era muy cortito, justo le cubría los glúteos, mostrando toda la pierna y luego la tela iba descendiendo hasta la mitad del otro muslo.

Me saludó con un pico y al darle dos besos a Juanlu, se giró y comprobé que apenas tenía tela por detrás y nos enseñaba toda la espalda.

Hasta se le veía el tribal que tenía justo en la zona del coxis.

No podía decirse que fuera un vestido muy elegante, era más bien vulgar, aunque Juanlu se me adelantó y enseguida le regaló los oídos.

―Joder, Lorena, estás impresionante...

―¿Te gusta el vestido?

―Ya lo creo, a quién no le va a gustar...

―Es del Shein, eh... ―nos dijo―. Me ha llegado hace unos días, la verdad es que he dudado mucho si ponérmelo o no... ¿a ti qué te parece, nene? ―me preguntó, volviéndose hacia mí para darme otro beso en la mejilla.

―Te queda genial, pero bueno, es que a ti te queda todo bien, con ese cuerpo ―y me mordí los labios, mirándola de arriba abajo.

―Ya no llego a la puesta de sol, ¿no?

―No, además es la hora, tenemos mesa reservada para las 22:00...