Un plan (casi) perfecto 27 #2
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27 #2

Salimos del local a toda velocidad y al llegar al coche, nos apoyamos en él y comenzamos a comernos la boca de manera desesperada.

Si yo estaba cachondísimo, Lorena se encontraba en el mismo estado de calentura.

Y es que la noche había sido demasiado morbosa e intensa.

Yo todavía no me lo podía creer; ni más ni menos que tres tíos, habían querido follarse a mi novia.

Ramiro, Roberto y Juan. Todos querían follarse a Lorena.

Y yo estaba que no podía más.

Metí las manos por debajo de su top y apreté con rabia sus pechos desnudos mientras ella también colaba los dedos bajo mi camisa y me arañaba la espalda. Me ponía muchísimo escuchar su respiración acelerada, sus jadeos y después me tanteó el paquete, comprobando mi estado.

―¡Estás muy empalmado, nene!, ¡uffff, la tienes durísima!, necesito que me folles ya...

―¿Vamos a tu casa o paramos en la vía de servicio? ―la pregunté, pasando mi pulgar por sus labios.

Lorena me miró a los ojos y abrió la boca, chupándome el dedo como si fuera una polla.

―Quieres follarme allí, ¿verdad?... ―me ronroneó―, igual que hacías con tu ex...

―Sí... ―gimoteé mientras Lorena no dejaba de tantearme el paquete, apretándome la polla con la palma de la mano.

Subiendo y bajando muy despacito.

Me moría de ganas por apartar la tela de su falda y acariciar sus glúteos y su coño desnudo y le coloqué el top en su sitio, al sacar las manos de sus sensibles pechos. Lorena me empujó contra el coche, restregándose contra mí y buscó mi boca de nuevo, besándome como una puta salvaje.

Le puso tantas ganas que hasta me hizo una herida cuando me mordió en los labios, y yo sentí el sabor de la sangre en mi lengua.

―Me da mucho morbo que me folles en el mismo sitio que a esa zorra, venga, vamos...

Sin tiempo que perder nos montamos en el coche, y antes de arrancar me acordé que habíamos dejado una conversación pendiente con “el gominas”.

―Oye, por cierto, ¿te ha contestado el tío ese?

―No lo sé, no he mirado el móvil en toda la noche... ―dijo Lorena abriendo el bolso y sacó su teléfono―. Sí, sí me ha contestado...

―¿Y qué te ha puesto?

―“Hola, Lorena, soy Ramiro, el amigo de Manu, me ha pasado tu teléfono, ¿q tal te vendría quedar la semana que viene para tomar algo?”

―Joder, no pierde el tiempo el hijo de puta... ―le solté.

―¿Y ahora qué le contesto?

―Dale largas, di que todavía no sabes, que depende de los turnos del hospital y bueno... dile también que tienes novio, a ver qué te dice ―y justo arranqué el coche en ese momento.

Miré hacia Lorena, y ya estaba tecleando lo que le había dictado.

Se notaba que ese juego le encantaba más de lo que pensaba, hasta le temblaban las manos al escribir y es que mi chica, en plena calentura, ya ni cuestionaba lo que le pedía, y yo también estaba a punto de explotar sin tan siquiera tocármela.

―¡Uf, ya se lo he puesto! ―murmuró cruzando las piernas.

Me encantó ver su muslo desnudo asomando por la abertura de su falda negra y apoyé mi mano en su pierna, tocando el suave tacto de su piel.

―¡Ha vuelto a escribir! ―exclamó mi chica emocionada, y esta vez no tuve que rogarle que me leyera su mensaje―.

“Vale, pues ya me vas diciendo para quedar, a mí por las tardes me viene bien cualquier día, supongo que el chico que estaba contigo es tu novio, a mí no me importa, eh, no soy celoso, ja, ja, ja”, ¿has visto lo que me dice?

, ¡será capullo! ―dijo tecleando en su móvil.

―¡Qué hijo de puta!, está como loco por follarte..., eso es que su amigo le ha hablado muy bien de ti...

―¿Tú crees?

―Seguro, le habrá dicho que eres muy buena en la cama...

―Mmmmm, ¿y no te molesta que vayan diciendo esas cosas de tu novia? ―ronroneó Lorena, volviéndome a sobar el paquete por encima del pantalón.

―Joderrrr, uffff, me gusta que digan esas cosas de ti, ¿qué le has escrito?

―Nada, que es un cabrón, ¿qué te pasa, nene?

―Mmmmm, que me tienes ya, ¡vaya nochecita, Lorena!, ¡tres tíos!, ¡¡tres tíos han querido follarte hoy!!

―¡No seas exagerado!

―Joder, el pijo este de la gomina, Roberto y Juan... ¡los tres estaban dispuestos!, ¿o es mentira?

―Bueno, sí, puede ser, ¿y eso te pone? ―me preguntó con voz de zorra.

―Ufff, ya lo creo, me encanta que te miren, que te deseen, que todos quieran follarte, ¡eres muy morbosa y lo sabes!

―Ahí está la salida de la vía de servicio, venga, vamos, no puedo másss, nene... ―y señaló el cartel, metiendo después las manos en la cara interna de sus muslos, como si se muriera de ganas de acariciarse.

Conduje rápido hasta el parking de la gasolinera y dejé el coche en la última plaza, apartado del resto.

Apenas me dio tiempo a parar el motor y Lorena se quitó el cinturón y se abalanzó sobre mí, dejándome a duras penas echar el asiento hacia atrás; sacó una pierna por la abertura de la falda, la pasó por encima de mi regazo y se sentó encima.

Con la respiración muy acelerada, jadeando, nerviosos e impacientes, entre los dos fuimos tirando de su ajustada falda hacia arriba hasta que quedó echa un ovillo en su cintura, y después levanté su top y sus pesadas tetas cayeron a plomo.

Se lo podía haber quitado, pero me gustaba más dejárselo puesto.

Así parecía todavía más guarra.

Hacía demasiado calor en el coche y los cristales se empañaron enseguida, por lo que ya no podíamos ver nada de lo que pasaba alrededor, aunque sinceramente, nos daba igual.

Una vez que habíamos empezado ya no nos íbamos a detener.

Lorena me desabrochó el pantalón y a pesar de sus movimientos bruscos y salvajes, me agarró la polla con mucho tacto.

Me pegó un par de sacudidas con suavidad y la colocó a la entrada de su coño sin dejar de meneármela.

Yo sabía que iba a durar poco. Muy poco. Más bien nada, estaba demasiado nervioso y muy excitado, pero no conté con que mi orgasmo se precipitara tan apresuradamente. Y es que casi no tuve tiempo ni de avisarla.

― ¡¡¡Aaaaah, aaaaah, no hagas esooo, aaaaah!!!

―¿El qué...? ―preguntó ella sorprendida.

Cuando me quise dar cuenta, varios lefazos estaban empapando el antebrazo de Lorena, que notó mi semen caliente bañando su piel.

¡Ni tan siquiera había llegado a metérsela!

―¡Joder, nene!, no me digas que... ufffff, te estás corriendo, mmmmmm, joderrr, pero... ―y acto seguido se dejó caer, hasta que mi polla la penetró.

A Lorena le dio igual que me estuviera corriendo, me pegó unos cuantos sentadones con fuerza, rebotando sus glúteos contra mis muslos, y yo seguí eyaculando más y más dentro de ella.

Apenas podía moverme y me dejé hacer, clavándole los dedos en el culo, mientras me restregaba los pezones por la cara.

―¡Sí, síííííí, másssss, aaaaah, aaaaah!, ¡córrete dentro de mí y luego sigue follándome, nene!, ¡¡aaaaaaah, qué cachonda estoy!!