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No sé por qué lo hice, sabía que ese acercamiento con Juan y Cristina era peligroso, y más en el estado de calentura en el que nos encontrábamos los dos, su sola presencia ya me imponía y me aterraba recordar lo que sucedió con Lucía, pero estando con Lorena me sentía más seguro y capaz de cualquier cosa, y es que en mi fuero interno, necesitaba saldar esa vieja cuenta pendiente que tenía con ellos antes de irnos del Sirenas.
―¡Hola, chicos!, ¡vaya sorpresa más agradable!, os hemos visto con Roberto y Blanca y ya os dábamos por “perdidos” esta noche, ja, ja, ja ―bromeó Cristina cuando nos vio, lanzándose a darme dos besos.
―Pues no, aquí estamos, Marcos quería tomar algo antes de irnos, y me ha hablado muy bien de vosotros ―intervino Lorena.
―Claro, y nosotros encantados ―dijo Juan con una excelsa amabilidad, saludando a mi chica con otros dos besos―. ¿Qué queréis tomar?
―Te acompaño a la barra... ―se ofreció Lorena girándose, aunque apenas estaba a un par de metros.
Y se dirigió a pedir con Juan, que rodeó la espalda desnuda con su brazo y yo me quedé a solas con Cristina.
―¡Qué sorpresa ha sido encontrarte aquí, Marcos!, antes lo estábamos comentando, pensamos que ya no volverías más... ―me soltó Cristina.
―Anda, ¿por qué?
―Ya sabes, bueno, tampoco te lo quiero recordar..., por lo que pasó con Lucía y eso... creíamos que no había sido una buena experiencia para ti y no querrías repetirlo...
―No, no pasa nada, eso ya está superado.
―Me alegra mucho verte tan bien, tu chica es muy guapa, la verdad es que tienes muy buen gusto para las mujeres.
―Muchas gracias.
―¿Y qué tal con ella?, ¿lleváis mucho tiempo juntos?
―Casi medio año ya...
―Muy bien, hacéis muy buena pareja, a Juan le ha gustado mucho Lorena cuando os hemos visto antes...
―Ah, ¿sí?
―Sí y míralos, parece que congenian bien, ¿quién sabe?, podría ser el comienzo de algo interesante... ―dijo mirando hacia ellos―, tu chica ha dicho que ha sido idea tuya lo de venir a hablar con nosotros...
―Sí, bueno, como ya os conocía y eso...
―¿Y qué le has contado de nosotros?, ¿sabe lo de Lucía?
―Sí, más o menos.
―Sería curioso, eh...
―¿El qué...?
―No sé, que Juan también se acostara con tu nueva novia, ¿no crees?
―No lo había pensado, pero hoy hemos venido a pasarlo bien, y tampoco queremos hacer nada más...
―Sí, claro, es normal... solo te lo decía en el hipotético caso de que eso pasara, la verdad es que hemos estado con muchas parejas, pero sería la primera vez que se nos diera un caso así como el tuyo, primero estuvimos con tu novia, luego cortáis, tú vienes con otra chica y también terminamos juntos... sería interesante y morboso, ¿no crees?
―Lorena no es como Lucía, no va a hacer nada a mis espaldas...
―No tiene por qué ser así, a nosotros nos encantaría que tú también participaras, y yo personalmente, no me cerraría a un intercambio completo, Juan con Lorena... y tú conmigo...
―No me gustó nada cómo actuasteis la otra vez con Lucía... así que por ahora no me fio mucho de vosotros...
―Vaya, es una pena escuchar eso, sí, entiendo que lo de Lucía fue una putada para ti, yo hubiera preferido que vinieras a todos los encuentros, pero no sé, nos dejamos llevar y entramos en una espiral muy morbosa con ella, Juan estaba como loco con Lucía... ¡tenía ganas de follársela a todas horas!
Y yo me volví hacia la barra, allí estaban los dos, con una copa en la mano, los tenía bastante cerca de frente a mí y Juan y Lorena hablaban ajenos a la conversación que yo me traía con Cristina.
Mi chica mantenía las distancias, aunque de vez en cuando miraba hacia mí, y me sonreía dándome la tranquilidad que necesitaba para seguir charlando con Cristina.
―¿Por qué dejasteis de quedar con Lucía? ―la pregunté sin que se lo esperara y ella puso cara de sorpresa.
―Pues no lo sé, cuando cortó contigo volvimos a quedar con ella una vez más, pero ya no fue lo mismo y ese día supimos que Lucía ya no nos iba a llamar más.
Y así fue. Era como que le daba morbo engañarte, ponerte los cuernos, verse con nosotros sin que tú lo supieras, y una vez que desapareció ese morbo, Lucía perdió todo el interés...
―me soltó sin pestañear la muy cabrona, haciendo que se me pusiera muy dura―.
Deberías haber venido a las citas, fueron unos encuentros muy divertidos, ¡te hubiera encantado, seguro!
, era increíble ver cómo follaban Juan y Lucía...
―Sí, divertidos para vosotros...
―Bueno, Lucía también lo pasaba en grande, y tú... ufff, te aseguro que también los hubieras disfrutado mucho... ¿sabes algo de ella?, ¿qué tal le va?
―No sé nada ―mentí―, no hemos vuelto a vernos, sé que tiene novio y poco más...
―¡Es una lástima que terminarais tan mal!
, ¡hacíais muy buena pareja!..., con esto no quiero decir que con Lorena no la hagas, eh...
es distinta, quizás un poco mayor para ti, más experimentada, se percibe como que ella está en otra fase distinta de la vida con respecto a ti, aunque ahora habéis coincidido; eso tampoco tiene por qué ser malo, eh, mira Juan y yo, me saca casi diez años y llevamos juntos mil años...
, y bueno, ¿cómo es que os ha dado por venir aquí? , se lo propusiste tú, ¿verdad?
―Un poco lo decidimos entre los dos...
―Pero se lo propusiste tú...
―Sí
―Seguro que no te costó mucho convencerla, Lorena tiene pinta de ser muy morbosa, me encanta su estilo ―dijo mirando hacia mi chica.
―¿Por qué dices eso?
―No sé, ya te lo he dicho, por cómo se mueve, por su ropa, Lorena es de las que les gusta probar cosas nuevas, llevo muchos años en este mundo y eso se nota rápido...
, y a ti también te encanta, antes os hemos visto con Roberto y Blanca, os estabais besando con ellos, ¿por qué no habéis terminado el intercambio? , ¿ha pasado algo?
―No...
―Me ha puesto mucho veros, mmmmm ―me ronroneó al oído acercándose a mí y apoyó su mano en mi cintura―. Roberto le ha pegado un buen repaso a tu chica, ¿has visto cómo le sobaba las tetas?
―Sí ―susurré y al sentir el aliento de Cristina en mi cuello, se me puso la piel de gallina.
―Seguro que ahora estás muy excitado... y ella también, Juan enseguida nota esas cosas y no es de los que desaprovecha una oportunidad ―y al volverme hacia ellos, su marido ya estaba comenzando un acercamiento con Lorena, acariciando su cintura y rodeando la espalda de mi chica con el brazo.
―¿Sabes?, todavía me acuerdo cuanto estuvimos los cuatro en el reservado...
fue muy excitante hacer que te corrieras, mmmm...
―y bajó la mano con la intención de sobarme el paquete, pero yo se lo impedí―.
¿No te gustaría que entráramos los cuatro en un reservado?
, podríamos pasarlo muy bien, y quién sabe, lo mismo hay suerte y Juan termina follándose a tu chica...
―Para ya, Cristina ―dije sujetando su muñeca con fuerza―. Juan no va a follarse a nadie y tú y yo no vamos a...
―Y entonces, ¿por qué habéis venido a hablar con nosotros?, ¿necesitabais calentaros un poco más antes de iros a follar?, ten cuidado con esas cosas, que ya sabes lo que pasa si te excitas demasiado, ja, ja, ja... ―se burló de mí, subiendo el brazo y me arañó la mejilla con una de sus uñas.
―¡Qué hija de puta!
―Me encantó sentir cómo te corrías en los pantalones...
―Igual que te corriste tú el jueves, ¿no?
―¡¿Perdona?!
Ya no pude más y exploté cuando Cristina comenzó a provocarme. El jueves había estado hablando por el chat con Hugo (parejitabierta28) y me contó que se había citado con ella en un hotel a espaldas de su marido.
―Sí, el jueves, ¿no te acuerdas?, tenemos un amigo en común y me ha contado cositas...
―No te sigo...
―¿Te suena de algo el nombre de Dante? ―y al pronunciarlo se le cambió la cara.
―¡Ssssssh, cállate, joder, ni se te ocurra mencionar nada de eso delante de Juan! ―me amenazó, agarrándome del brazo.
―¿Por qué?
―Vale, tío, cállate, eh...
―Tranquila, no le voy a decir nada a Juan, no es mi estilo, solo dime una cosa, ¿cómo es ese tal Dante?, no le conozco de nada, tan solo he hablado con él por el chat de X y reconozco que me tiene intrigado...
―¿Qué quieres saber?
―¿Cómo es físicamente por ejemplo?
―Es rubio, así parecido a ti, muy guapo, un poco más alto que tú, buen cuerpo, y en la cama es un puto cabrón que me vuelve loca, les conocimos a él y a Luna aquí en el Sirenas...
―Tiene que ser muy bueno en la cama para que le pongas los cuernos a Juan, ¿te folla bien?, Dante me ha dicho que el jueves te corriste unas cuantas veces...
―¡Por supuesto que folla bien!
―Me comentó que quieres volver a quedar con él, oye, ya que todos somos viejos amigos, ¿para otra vez que quedéis en un hotel, puedo ir yo a mirar cómo folláis?
―¿Me lo estás diciendo en serio?
―Sí...
―Por mí no hay problema, como si quieres follarme tú también, pero por favor, de esto ni una palabra a Juan... ¡es la primera vez que hago algo parecido!
―De acuerdo, me lo pensaré, Dante me ha dicho que desnuda estás muy buena, que tienes mucho vicio... ―y bajé la mano, palpando su enorme trasero por encima de la falda―, ¡y que le dio mucho morbo metértela por el culo! ―afirmé soltándole una pequeña cachetada sin que lo viera Lorena.
Luego me separé de ella y me encantó comprobar que se le había borrado su estúpida sonrisa de zorra.
―¡Nos vamos a ir ya, Cristina!, me ha gustado mucho hablar contigo... ―me despedí de ella, soltándole un beso en la mejilla.
Después acudí al rescate de Lorena, que ya se estaba dejando masajear la espalda desnuda mientras hablaba con Juan.
―¿Nos vamos ya?
―Eh, sí, claro... ―afirmó Lorena dejando la copa casi vacía en la barra―. Pues un placer ―y mi chica le soltó dos besos en la mejilla y al pasar al lado de Cristina, la saludó con la mano―. Ciao, guapa...