26 #3
―¿Quieres otra Coca-cola? ―me preguntó con desgana, entonces le agarré de la mano, me armé de valor y yo también me lancé a la boca de la larguirucha.
Ella me correspondió el beso y lo siguiente que sentí fue su lengua colándose entre mis labios y yo que estaba demasiado excitado, me atreví a palpar con mucha precaución, su delgado trasero con mis manos temblorosas
Al volver a mirar por encima de su hombro, me encontré con que Lorena ya se estaba comiendo la boca a lo salvaje con ese pijo, el muy cabrón la manoseaba como un cerdo e incluso se atrevió a apretarle los pechos por encima del top.
Lorena abrió los ojos, me miró jadeando, y soltó un gemido cuando él le comió el cuello durante unos segundos.
Mi polla volvió a palpitar descontrolada, y en ese momento me asusté, pues fue cuando sentí de verdad, que en cualquier instante me podía correr encima.
Pero no le debió gustar nada a mi chica ver cómo yo me estaba enrollando con la rubia, que por cierto, olía de maravilla y besaba súper dulce y de repente le puso la mano en el pecho a Roberto, separándose de él.
Le murmuró al oído, él asintió con la cabeza y estuvieron hablando un minuto más o menos, en los que yo solo podía fijarme en ellos mientras seguía besándome con Blanca.
Después se despidieron con un beso en la mejilla y Lorena se acercó hasta mí. Me separé de Blanca y ella se sorprendió al ver a mi chica delante de nosotros. Se giró para buscar a su marido y puso cara de circunstancias otra vez, al no entender lo que estaba sucediendo.
―Lo hemos pasado muy bien con vosotros, chicos, le he dado el teléfono a Roberto, por si queréis quedar otro día... ―le dijo Lorena.
―Sí, claro, nosotros también lo hemos pasado muy bien ―afirmó Blanca con una sonrisa bastante falsa―. Entonces, ¿ya os vais?
―Bueno, nos quedaremos otro ratito hablando entre nosotros y para ser la primera vez, yo creo que ya es suficiente, ¡ha sido demasiado intenso! ―exclamó Lorena, dándole dos besos a Blanca a modo de despedida―. Encantada, guapa...
―Lo mismo digo...
En cuanto nos separamos de ella, Lorena me arrastró de la mano hasta la barra que había al otro lado de la sala, luego apoyó su cabeza en mi hombro y me dio un beso en la mejilla.
―¿Qué tal estás, nene?
―Bien, bien, ¿y tú?
―Uffff, todavía no lo sé, ¡ha sido increíble!, nunca me había sentido así, estoy muy nerviosa...
―Sí, yo también estoy igual.
―Cuando he abierto los ojos y te he visto ahí, mirándome cómo me enrollaba con Roberto, ¡uffff, joder, ha sido superexcitante!
, aunque bueno, por otro lado, también tengo que reconocer que no me ha gustado nada verte con ella, pensé que lo llevaría mejor, pero yo no creo que pueda hacer esto, Marcos...
siento si soy un poco egoísta, pero no puedo compartirte con otras mujeres, te quiero solo para mí...
, y además, antes me dijiste, que tú solo querías mirar, ¿no?
Aquellas palabras sonaron muy bonitas en boca de Lorena, y sentí una doble sensación muy extraña, por un lado alegría, porque eso significaba que yo era muy importante para ella, pero por otro lado fue decepcionante, ya que me estaba diciendo que iba a ser imposible que pudiéramos tener esa vida liberal que tanto morbo nos daba a los dos y con la que empezábamos a fantasear.
―Sí, perdona, he visto a Blanca ahí delante y bueno..., me he dejado llevar, pero me conformaría solo con mirar, ya lo sabes, ¡me gusta demasiado verte con otros!, no lo puedo evitar...
―Joder, nene, estoy muy excitada, necesito salir de aquí y que me folles ya...
Y al mirar hacia abajo, me encontré a Lorena totalmente desarmada.
Me sorprendió su rostro descompuesto por el placer, sus mejillas encendidas, con esos labios brillantes, y sus pechos lucían más exuberantes que nunca.
Los tenía hinchados, duros, grandes, turgentes y se le marcaban los pezones de manera exagerada por debajo de la tela.
Nos abrazamos nerviosísimos, cachondos, con unas ganas locas de arrancarnos la ropa y follar como salvajes y al levantar la cabeza, me encontré a unos metros a Juan y Cristina.
Estaban solos en la barra y nos miraban detenidamente.
―Yo tampoco puedo más..., aunque antes me gustaría pedirte una última cosa, ahí están quién ya sabes, ¿te importa si antes de irnos, vamos a hablar con ellos?
―¿En serio quieres ir con esos?, ¿te gusta ella o es que te daría morbo verme hablar con el barbitas?
―Me gustaría verte con él, te juro que ya es lo último que te pido... no creo que pueda aguantar mucho más...
―¿No has tenido suficiente que todavía quieres un poquito más de morbo? ―me gimoteó Lorena al oído―. Ufff, nene, yo ya no puedo más...
―Por favor, solo te pido eso, un ratito con ellos y después hacemos lo que tú quieras...
―Vale, como quieras... pero ni se te ocurra hacer nada con esa zorra, eh ―me advirtió Cristina.
―No, no, descuida...
Entonces le agarré de la cintura y fuimos directos hacia ellos. Al vernos, Juan se tocó la barba, haciéndose el interesante y Cristina esbozó una sonrisa de zorra que me puso de los nervios...