26 #2
Fue un poco extraña la conversación, pero era como que Lorena había querido asegurarse de que todo iba bien antes de seguir avanzando y también para insinuarme una especie de acuerdo tácito, en el que ella tenía carta blanca para hacer lo que quisiera, pero yo no tanto.
A mí me daba igual lo mío con Blanca, sí, aquella pija larguirucha claro que me gustaba, y si surgía un encuentro y me la follaba, pues mejor que mejor, pero lo que de verdad me ponía cachondo, era ver a Lorena hablar con su marido.
Por una parte estaba tranquilo, Lorena parecía muy segura de sí misma y mantenía a raya a Roberto con bastante facilidad, pero por otra, la veía tan cachonda y decidida, que tampoco era nada descabellado que en cualquier momento se pudiera descontrolar la situación.
Y yo me situé frente a Blanca, pero sin perder de vista a Lorena y Roberto, que estaban detrás de ella y mientras hablábamos y me tomaba mi Coca-cola, no dejaba de mirar a mi chica tontear con su marido.
Aunque intenté disimular y seguirle la conversación, Blanca enseguida se dio cuenta de que yo solo tenía ojos para ver lo que hacía Lorena.
―¿Está todo bien? ―me preguntó Blanca.
―Sí, claro...
―Es que como no dejas de mirarlos...
―No, perdona, es que se me hace raro ver a Lorena con otro hombre ―le solté encogiéndome de hombros.
―Antes, cuando nos habéis dejado solos, Roberto me ha comentado que le gustaba tu novia y bueno, yo le he dicho que tú a mí también, y no me importaría llegar un poco más lejos con vosotros, ya me entiendes, ¿te parecería bien eso?
―Sí, perfectamente, lo que pasa es que es nuestro primer día y bueno, quedamos en que hoy no íbamos a hacer nada, solo conocer a gente, tomar una copa y ya está...
tampoco queremos haceros perder el tiempo, si queréis buscar otra pareja ahora, lo entenderíamos, no hay ningún problema...
yo creo que Lorena también se lo ha dicho a Roberto, porque se están intercambiando los números de teléfono...
―¿Ah, sí? ―se giró Blanca, que parecía decepcionada por lo que acababa de escuchar.
―Eso parece ―entonces Lorena levantó su vaso vacío hacia nosotros y nos dijo―, ¿pedimos otra?
Se notaba que mi chica estaba muy a gusto con Roberto, así que no dudamos en invitarles a una copa, aunque Blanca se había quedado un poco parada y apenas hablaba conmigo, después de que yo le dijera que esa noche no queríamos llegar demasiado lejos con ellos.
Sin embargo, Lorena y su marido se lo estaban pasando genial y no sé de qué estarían hablando, pero tenían una conversación animada y fluida.
Y es que con Lorena todo era muy fácil, porque con ella era imposible aburrirse.
Pero entre Blanca y yo algo se había roto, con el paso del tiempo se fueron espaciando las palabras, nos costaba sacar tema de conversación, hasta que se hizo un silencio incómodo entre los dos.
Yo aproveché ese momento para fijarme en Lorena y Roberto y me sorprendí al ver que ese tío, ya le estaba entrando descaradamente a mi chica, y aunque mi novia le puso una mano en el pecho y le dijo algo así como “hoy no”, él siguió insistiendo e insistiendo.
Entonces Lorena levantó la mirada y se me quedó mirando, pude ver en sus ojos el deseo y lo caliente que estaba y negó con la cabeza, soltando un resoplido.
No había dudas de que se encontraba al límite y Roberto aprovechó para poner una mano en su cintura desnuda y buscar su boca.
Solo fue un pico, y después otro, y sus dedos descendieron hasta que los clavó en los glúteos de mi novia.
Le susurró algo al oído y Lorena esta vez asintió, dejándose sobar el trasero, entonces volvió a mirarme mientras escuchaba a Roberto y la mano de este se coló por la abertura de su falda, llegando hasta su pequeño culo desnudo.
La mirada de Lorena fue casi de súplica, implorándome sin hablar, que le permitiera ir un poquito más allá de lo que habíamos pactado. Me estaba pidiendo permiso y yo apenas podía moverme.
Estaba paralizado de los nervios.
Me imaginé lo que pensaría Roberto al darse cuenta de que mi novia no llevaba ropa interior y cuando intentó besarse de nuevo con ella, Lorena le apartó la cara y los labios de él aterrizaron en su mejilla, pero su mano seguía allí, tanteando su culo, y a pesar de la negativa de Lorena volvió a insistir, murmurándole al oído a mi chica, aunque no pude escuchar lo que le decía.
Fue un gesto sutil, casi imperceptible, ni tan siquiera Blanca, que estaba delante de mí se dio cuenta, pero yo afirmé, dándole mi consentimiento y Lorena sonrió. Se mordió los labios y después fue ella la que le dijo algo al oído a Roberto sin dejar de mirarme a los ojos.
Entonces supe que lo iba a hacer y os juro que mi polla palpitó con una fuerza inusitada bajo mis pantalones.
Reconozco que me sorprendió la facilidad con la que ella cedió y se quedaron frente a frente, acercando sus labios muy despacio, hasta que Lorena entrelazó sus dedos en el pelo de Roberto y terminaron dándose un morreo lento y delicioso.
Fue una sensación increíble, se estaba comiendo la boca con otro tío delante de mis narices y yo me quedé paralizado, con los ojos abiertos de par en par, y ahí le hice un gesto con la cabeza a Blanca y ella se giró, viendo cómo su marido se lanzaba encima de mi novia y le sobaba el culo, ya con las dos manos por debajo de su falda.
Puso cara de circunstancias y agitó los hielos de su vaso vacío antes de volverse hacia la barra para pedir otra copa.