Un plan (casi) perfecto 26
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La entrada fue espectacular.

Lorena se quitó la cazadora vaquera y enseguida se convirtió en el centro de atención. Era pequeñita de estatura, pero dentro del club, con ese minitop negro que luchaba con mantener firmes sus grandes pechos, se convirtió en una gigante, que no pasó desapercibida para nadie.

Y es que mi chica, con esa voluptuosidad, iba impregnando de sexualidad cada milímetro por el que pasaba.

Me sentí orgulloso de ella, y agarré su mano, presumiendo de novia delante de todos y nos acercamos hasta la barra para pedir algo.

La verdad es que me encontraba muy nervioso, estar allí me traía demasiados recuerdos, pero también estaba terriblemente excitado y es que lo que acababa de ocurrir en el parking había sido increíblemente morboso.

Un desconocido le acababa de mandar un mensaje a mi novia, aun sabiendo que estaba conmigo, por si quería quedar con su colega, como si Lorena fuera una cualquiera.

Esos whatsapp me habían dejado desconcertado y eso que todavía no sabíamos la respuesta del tal Ramiro, aunque Lorena parecía más preocupada por lo que se cocía dentro del Sirenas y lo miraba todo con extremada atención.

Como si no quisiera perderse ni un detalle.

―¿Qué te parece? ―la pregunté.

―Bien, me gusta mucho la verdad... no me lo esperaba así.

―Lo mismo me pasó a mí la primera vez, luego si quieres hablamos con la chica que hace de relaciones públicas, para que nos explique un poco y nos dé una vuelta por todo el local.

―¡Ah, pues genial!

Y de repente los vi hablando con otra pareja. No me lo podía creer. ¡Eran Juan y Cristina!

Era la noche de las casualidades.

―¡Joder, mierda! ―exclamé contrariado.

―¿Qué pasa?

―¿Ves a esos dos de ahí?, el señor de la barbita y la morena...

―Sí...

―Esos son con los que Lucía... bueno, ya sabes, con la pareja que quedó a mis espaldas.

―Bueno, no te preocupes, pasamos de ellos, además, sabes que ese tío no es mi tipo, a mí me gustan más jovencitos ―murmuró acercándose a mí para darme un beso en el cuello.

―Vaya, ya se despiden, joder, vienen hacia aquí... ―le dije todo nervioso.

―Sssssh, tranquilo, nene...

Eran tal y como los recordaba. Juan con su barbita canosa perfectamente recortada, impoluto con una camisa blanca y Cristina con el pelo rizado, con muchas curvas y una falda larga verde para disimular sus caderas, pero con una camiseta blanca bien escotada, luciendo sus enormes tetazas.

Ni se lo pensaron y vinieron directos hacia nosotros.

Juan se fijó en Lorena y yo creo que ni tan siquiera se había dado cuenta de que yo era su pareja, y solo al llegar a nuestra altura reparó en mí. Puso cara de “me suenas de algo”, pero la que verdaderamente me reconoció fue su mujer.

―Hola, ¿qué tal, Marcos? ―me saludó Cristina efusivamente con dos besos. La cabrona se acordaba de mi nombre―. ¡Qué sorpresa más agradable!, somos viejos amigos ―le soltó a mi novia, saludándola después a ella―. Bueno, este es Juan, mi marido...

―Sí, ella es Lorena, mi novia.

―Pues qué bien... ¡cuánto tiempo!, ¿y qué tal te va todo? ―me preguntó Cristina.

―Bien, muy bien...

―Ya lo veo, me alegro mucho por ti... ¿nos dejáis que os invitemos a una copa?

―Ya estamos servidos ―le soltó Lorena, mostrando su vaso―, acabamos de llegar y estamos viendo un poco el ambiente, más adelante quizás...

―Claro, perfecto, estaremos por aquí ―dijo Juan de manera muy educada.

―Luego os buscamos ―y Lorena forzó su sonrisa, sin apenas disimular.

Me encantó la sutil forma de mi chica de despacharlos tan rápido, aunque sinceramente, a mí no me hubiera importado tomarnos una copa con ellos.

Todavía recordaba lo que pasó con Cristina y cómo me humilló y ahora tenía una información muy valiosa que Hugo (parejitabierta98), me había pasado el jueves, dos días atrás.

Según me contó por el chat, quedó con Cristina en un hotel, supuestamente a espaldas de su marido y se la folló tres veces de todas las maneras posibles.

Incluso terminó metiéndosela por el culo y corriéndose en su cara.

No pude evitar pensar en todo eso mientras se alejaban y seguí sus caderas con la mirada hasta que se perdieron entre la gente y fueron a charlar con otra parejita.

Con su sola presencia ya consiguieron que volviera a ponerme muy nervioso y le agarré fuerte a Lorena de la cintura, dándole un beso en los labios.

―Gracias por deshacerte de ellos...

―Yo encantada.

―¿Te gustaría hablar con alguna pareja?

―No, de momento estoy bien así, ¿y a ti?

―Igual... oye, por cierto, ya te habrá contestado el tío ese...

―Luego lo miramos, olvídate de Ramiro... tenemos tiempo de sobra, la noche es muy larga, nene...

Lorena le prestaba atención a todo lo que ocurría a nuestra alrededor, pero parecía relajada, tranquila, disfrutando de la experiencia, sin agobiarse, como si no fuera su primera vez allí y de repente y sin que lo esperáramos, se acercó una pareja a hablar con nosotros.

Rondarían los cuarenta años, ella rubia, guapa, alta y delgada como un palo, era todo lo contrario a Lorena, y su chico, atractivo, bien vestido, con camiseta blanca y americana, muy repeinado, fue el que tomó la iniciativa.

Roberto y Blanca.

Después de las primeras presentaciones formales, y conocernos un poco más los cuatro durante diez minutos, nos tomamos la primera copa con ellos y yo la verdad es que me vi bastante intimidado por Blanca desde el principio, cuando comenzamos a hablar cada uno con sus respectivos, pues no estaba acostumbrado a relacionarme con mujeres que fueran más altas que yo.

Era una chica agradable y me gustaba cómo vestía, con unos pantalones de vestir negros y anchos y en la parte de arriba una camiseta de tirantes ajustada a su cuerpo, con un poco de escote y aunque era agradable, me ponía nervioso que me mirara por encima del hombro; estuvimos hablando un poco de nuestros trabajos, ella era dependienta en una tienda de ropa de una marca de lujo, y también comentamos acerca de nuestras otras visitas a los locales liberales.

Ellos llevaban un par de años con lo de los intercambios de pareja, y según nos dijeron, habían decidido probar porque después de que naciera su hija, cinco años atrás, su vida sexual necesitaba un pequeño impulso.

―Sí, nos gusta venir tres o cuatro veces al año, tampoco necesitamos más... nos viene bien para salir de la rutina, ya te imaginarás, llevamos juntos casi veinte años...

―Sí, sí, claro ―afirmé como un tonto, pues yo apenas llevaba cinco meses saliendo con Lorena.

―Hay otras parejas que hacen de esto un modo de vida, nosotros no, sabemos que lo tenemos ahí y cuando nos apetece venimos, una semana antes empezamos con los preparativos y bueno, es como un subidón en nuestra vida cotidiana... estamos más contentos, más activos...

―Te entiendo perfectamente...

―Pusimos unas normas y empezamos quedando con desconocidos que conocíamos a través de páginas y tal, pero eso era muy arriesgado, y solía salir mal, así que luego probamos en locales como este y la verdad que bastante mejor, la´mayoría de las veces no es fácil dar así con parejas como vosotros, ya me entiendes... tan agradables y tan guapos...

―Sí.

―Y parece que Roberto y Lorena también han congeniado bien.

―Sí, eso parece...

Y al mirar hacia ellos, lo primero que me llamó la atención fue la diferencia de altura, Roberto debía medir cerca del 1.

90, y le sacaba casi una cabeza a mi chica, a pesar de que esta llevaba una buena cuña en sus sandalias.

Charlaban de manera animada y Lorena ya se tocaba el pelo mientras le sonreía.

Apenas llevaba cinco minutos y ya se hacían confidencias al oído y al observar a Lorena comportarse así, hizo que mi polla saltara por los aires de forma inmediata. Me puso cachondísimo ver cómo zorreaba con ese pijo y su mujer esbozó una sonrisa, y volvió a girarse, para centrarse en mí.

―¿Me dejas que te invite a una copa? ―me preguntó Blanca, señalando mi vaso.

―Es Coca-cola...

―Ah, vale, ¿te pido una?

―Muchas gracias, pero deja que pague yo...

―No, no pasa nada ―y se volvió hacia su marido y mi chica―. ¿Queréis algo de beber?

Entonces Lorena se me quedó mirando fijamente y levantó las dos cejas, como preguntándome si me parecía buena idea seguir con esa pareja. Yo afirmé con la cabeza y ella asintió decidida.

―Sí, claro, un brugal cola... ―le dijo a Blanca, aunque después Lorena se acercó y me cogió de la mano, separándome de ellos―, si nos disculpáis un momento...

―Por supuesto...

Nos apartamos tres metros y Lorena se plantó delante de mí.

―¿Estás bien?

―Sí, claro, ¿por...?

―Solo quería decirte que estés tranquilo, ¿vale?, hoy dijimos que veníamos a tomar una copa, morbosear un poco y ya está...

―Sí, me parece bien...

―Si te gusta verme con ese tío, puedo zorrear un poco con él, si eso te pone...

―Uf, me daría mucho morbo...

―Pero tampoco podemos pasarnos ni estropearles la noche, si no vamos a hacer nada con ellos, es mejor dejárselo claro desde el principio, es que Roberto ya me está diciendo lo de pasar a un reservado y prefiero que no...

―Estoy de acuerdo...

―Entonces, ¿qué tal?, ¿te pone mucho verme con Roberto?

―Ufff, la verdad es que sí...

―Yo también estoy muy cachonda, es más, me gusta bastante, y aunque no hagamos nada hoy, no sé, quizás podríamos pedirles el teléfono para otra vez...

―¿Te gustaría...?

―¿Y a ti?, Blanca también es muy guapa, aunque si te digo la verdad, me moriría de celos si te veo follar con ella ―y me soltó un lametazo en la mejilla.

―No te preocupes, ya sabes lo que realmente me gusta...

―¿Verme a mí con él...?, solo eso...

―Sí...

―Está bien, uffff, no sabía que esto me iba a gustar tanto, venga, vamos otra vez con ellos, que no quiero que nos echen de menos y se busquen a otros... ―y después de darme un pico, regresamos con la parejita.