Un plan (casi) perfecto 25 #3
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Lorena tenía razón. Temblaba descontroladamente y la tensión sexual en el coche no paraba de crecer a medida que me relataba su cita de Tinder. La historia que me estaba contando era demasiado caliente y además, por fin se acercaba el momento que tanto tiempo llevaba esperando.

Regresar al Sirenas.

Se me estaba juntado todo, lo del restaurante con el “conocido” de Lorena, nuestra primera vez juntos en un club liberal, el recuerdo de su cita de Tinder y sobre todo, la manera de contarlo que tenía mi chica.

―¿Y después te folló otra vez? ―insistí, como si quisiera que Lorena me siguiera martirizando con su historia.

―Sí, y aguantó mucho...

―¿Te besaste con él?

―Sí, nos comimos la boca entre polvo y polvo y después, cuando se puso encima y me folló en un misionero bien duro, me metió la lengua; nos pegamos un buen morreo mientras se corría dentro de mí...

―Joderrrrr...

―Después me echó de una manera asquerosa, estuvimos unos minutos hablando y de repente me soltó que me pedía un Uber, le entraron las prisas porque me fuera de su puta casa, y ahí me hizo sentir mal, sucia...

utilizada, no por el tema del sexo, cuando quedé con él sabía para lo que era...

pero no sé, no me dejó ni pegarme una ducha, así que me vestí rápido y me piré...

―Y no volvisteis a quedar.

―No...

―Y nunca más hablaste con él...

―Pues creo que no, no me suena, si quieres lo miro, todavía tengo el Tinder, aunque ya no lo utilizo desde hace muchos meses... podría mirar el chat...

Aquella confesión me pareció curiosa, pero tampoco me importó ni le di importancia, más que nada porque yo estaba en el mismo caso que ella, también la seguía teniendo instalada en mi móvil, aunque hacía meses que ni la miraba y tenía las notificaciones deshabilitadas.

―Sí, aquí está, ah, pues dos días más tarde le volví a escribir, ¡qué cabrón!, ahora me acuerdo, que ni me contestó...

―Ah, ¿no?, ¡menudo cerdo!, ¿y qué le pusiste?

―“Hola, ¿qué tal?”, ja, ja, ja, solo eso, quise iniciar una conversación, pero pasó de mí, lo mismo ni lo vio...

―Sí, eso sería...

―¡¡Hostia, qué bueno!!, ¡no te lo vas a creer!

―¿Qué pasa?

―¡Me acaba de escribir!, menuda puta casualidad...

―¿En serio?, ¿quién?, ¿el del pelo canoso?

―Sí.

―¿Y qué te ha puesto?

―“Ey, hola, Lorena, vaya, he visto ahora que me escribiste, creo que lo dejé pendiente y luego ya se me pasó, ya sabes, los niños, el trabajo...” ―me leyó mi chica.

―¡Joder, qué morro tiene el tío!, ¿y ahora qué quiere?..., ya estamos llegando ―le avisé cuando divisé las llamativas luces justo al salir de la autovía.

―Pues a saber... bah, paso de él...

―Espera, no guardes el móvil, contéstale, a ver qué quiere... ―le pedí entrando en el parking del Sirenas.

―¿Seguro?

―Sí, ahora tengo curiosidad, por ver qué quiere este chulo, ufff, parece que hay bastante gente, esto está a tope de coches...

―¡Uf, tengo muchas ganas ya de entrar!

―Y yo, pero antes, mira sus mensajes...

―Bueno, bueno, lo de este tío es increíble...

―¿Por qué?, ¿qué te ha puesto?

Y Lorena me pasó el móvil para que lo leyera yo mismo.

“No sé si vas muy en serio con el chico ese, pero mi colega se ha quedado muy pillado contigo, me ha dicho que le gustaría invitarte a tomar algo”

Tuve que leerlo dos veces, porque no me lo creía. El muy cretino estaba escribiendo a mi chica por el Tinder, después de casi ocho meses, pero no para quedar con ella, sino para que follara con su amigo, el “gominas”.

“Si quieres te paso su móvil y habláis por whatsapp, porque él no tiene Tinder, ya me dices”

―Esto sí que no me había pasado nunca, es que a la gente ya le da igual todo, qué falta de escrúpulos, ¿te parece esto normal? ―me preguntó Lorena.

―Pues no, muy normal no es... pero mira, ya que estamos, lo podríamos aprovechar...

―¿En serio me lo estás diciendo?, ¿aprovechar, cómo...?

―Síguele el rollo, dile que te dé su teléfono y le vacilamos un poco al chulo de su amigo...

―¡Marcos!, ¿cómo vamos a hacer eso?

―¡Venga!, no tenemos nada que perder...

―¿Seguro?, ¿le paso mi número?

―Qué sí...

―¡Qué cabrón eres!, ja, ja, ja, no, si al final no vas a ser tan buenazo como me pensaba... ―dijo tecleando con su móvil.

―¿Te ha contestado?

―Me ha mandado ya su número, espera que lo agrego a la agenda, Ramiro se llama el notas... ya está, ¿y ahora?

―Mándale un whatsapp al tal Ramiro...

―Joder, Marcos...

―Venga, me estoy poniendo cachondísimo con todo esto...

―Ya lo veo, ya... espera, a ver, ¿y qué le pongo?

―Pues nada, “hola, soy Lorena, la chica del restaurante”.

―¡Madre mía! ―exclamó ella tecleando lo que le acababa de decir.

―¿Está en línea?, ¿te contesta?

―No... no está en línea, tranquilízate, bueno, vamos a dejarlo ya por hoy...

―dijo guardando el móvil en el bolso―. Esto te está gustando demasiado...

y a mí también ―murmuró acariciándome la polla por encima del pantalón―.

Estás ya muy cachondo, nene, ¿no prefieres correrte antes de entrar? , no me importa, eh...

―No, estoy bien... ―le mentí a Lorena, pues toda la historia del Tinder, y lo de los mensajes con ese cabrón, me habían puesto atacadísimo.

―Pues venga, vamos para dentro... ―me pidió acercándose a mí y me dió un beso en la mejilla.

Después nos bajamos del coche y agarré a Lorena de la cintura mientras caminábamos juntos hasta el Sirenas...