25 #2
―No tendría ningún problema, pero tampoco creo que sea lo más adecuado ahora... ―dijo mirando hacia mí.
Por un momento pensé que estaban hablando de Lorena, pero no podía ser, eso me parecía demasiado descarado.
¿Conocerían a mi chica de algo esos dos tíos?
, al entrar al restaurante, Lorena les había visto en la barra y ni tan siquiera se habían saludado, pero por la manera de hablar de ellos, era como si Lorena hubiera tenido algún rollo con él.
Entonces me fijé bien en ese tío, tendría sobre cuarenta años, bien vestido, con un polo blanco, pelo canoso cortito, peinado a raya, brazos musculosos, sin ser un guaperas no estaba nada mal y de repente se dirigió a mí sin que me lo esperara.
―Oye, perdona, ¿la chica que está contigo se llama Lorena?
―Sí, ¿por?, ¿la conoces de algo...?
―No, bueno, de alguna vez, de salir por ahí y tal, pero no estaba seguro, ya sabes, nos hemos visto un par de veces, salimos por los mismos sitios... ¿es tu novia?
“Y a ti qué cojones te importa”, pensé sin contestar, mirándole con cara de pocos amigos.
―Perdona, tío, no te quería molestar... disculpa ―se excusó estirando la mano y su colega cortó el silencio incómodo que se había creado entre los tres.
―¿Y con la de ayer, qué tal, Manu? ―le preguntó el gominas.
―Bien, tío, ya la tenía echada el ojo desde hacía tiempo, quedamos en su casa y... la verdad que muy bien.
―¿Vas a quedar otro día con ella?
―Puede que sí, nos dimos los teléfonos y tal; si me acuerdo dentro de tres o cuatro meses, lo mismo le pego un toque... ya sabes que no me gusta repetir...
―¡Joder, qué cabrón eres!
―Ja, ja, ja, ya lo sabes...
Tres minutos más tarde regresó Lorena del baño, en su cara vi que se había quitado el tanguita, ni tan siquiera se lo tuve que preguntar y al sentarse, se me quedó mirando con su típica cara de zorra cuando ha hecho una travesura, apoyando los codos en la mesa y las manos en sus mejillas.
Levantó las dos cejas y se mordió los labios.
Solo con ese gesto ya se me puso dura al instante.
Estaba deseando pedir el postre y largarnos de allí, y es que no veía el momento de llevar a Lorena al Sirenas.
Entonces, el gilipollas que estaba a su lado, interrumpió nuestro gesto de complicidad.
―Hola, perdona, es que te he visto antes y le he preguntado a tu chico que me habías parecido tú, ¿qué tal?
―Bien, bien, yo sí te había visto cuando entré en el restaurante ―le contestó Lorena con una sonrisa forzada.
―Solo era por saludarte... disculpa...
―Vale, disculpado, pasadlo bien ―le cortó rápido mi chica, volviendo conmigo.
―Sí, igual.
No cabía duda de que se conocían, aunque algo debía haber pasado entre ellos, porque por lo general Lorena no era así de borde ni cortante con la gente. Y ella enseguida, al ver mi cara de curiosidad negó con la cabeza, para quitarle importancia.
―Nada, luego si quieres te cuento... en fin, errores de los que una aprende ―dijo lo suficientemente alto para que nos escucharan con claridad los de la mesa de al lado.
―Vale, mira ya viene el postre, tengo muchas ganas ir a donde ya sabes.
―Y yo, oye, perdona ―le llamó Lorena al camarero―. ¿Me traes otra copita de vino?
―Sí, claro, por supuesto...
Media hora más tarde, pagamos la cuenta y nos levantamos de la mesa. Lorena se subió el top, acomodándose los pechos y se entretuvo unos segundos, colocándose la falda, exhibiéndose delante de esos dos tipos para que la vieran bien y después se despidió de su “amigo”, con un simple hasta luego.
Salimos agarrados de la cintura y Lorena esbozó una sonrisa triunfal. Yo que la empezaba a conocer bien, me encantaba cuando estaba en ese punto salvaje, pero sin llegar a estar borracha, después de tomarse cuatro copas de vino.
―Mejor ni preguntes, es un gilipollas, ¡olvídalo!
―Ya, ya me he dado cuenta, bueno, por mí sin problema, aunque con lo que has hecho antes de irnos, uffff, me ha encantado cómo te has mostrado para que esos dos imbéciles te miraran bien...
―Ya sabía yo que te iba a gustar...
―Cuando te fuiste al baño, me pareció que hablaban de ti.
―Seguro...
―¿Me cuentas ahora en lo que vamos al Sirenas de que lo conoces al del pelo canoso?
―Te dije que lo olvidaras, nene... ¿o es que te da morbo que te hable de él? ―me preguntó moviendo exageradamente las caderas al andar.
―Sí...
―Me lo imaginaba, ya sabes, fue en mi época “rebelde”, cuando me separé de Fran, me hice un Tinder y bueno, pues eso, un día quedé con él...
―Cuéntamelo despacio, por favor, me gustan los detalles ―tampoco tuvimos que caminar mucho, pues enseguida llegamos al coche, que tenía aparcado en zona azul a menos de 300 metros del restaurante.
Lorena se subió en mi viejo coche, y la falda eran tan ajustada, que apenas podía manejarse por lo que le costó encajar las piernas. Tenía una abertura en uno de los lados y mi chica montó un muslo encima del otro.
―Sigue, por favor... cuéntame lo del tío ese ―le pedí, arrancando el coche.
―¿Qué más quieres que te cuente?
―El Sirenas está a unos 25 kilómetros y tenemos tiempo, tardaremos una media hora en llegar, así que me gustaría saber todo, dónde quedasteis, qué hicisteis, cómo fue la cita, ya sabes... ese tipo de cosas.
―Quedamos un viernes si no recuerdo mal, me gustaron sus fotos del Tinder, las tenía editadas el muy capullo y me pareció un tipo atractivo, el hizo el primer match conmigo, y yo le contesté, hablamos un par de días por el chat y ya está, después quedamos, me tomé un par de vinos antes de salir de casa y a los cinco minutos de estar con él, ya me di cuenta de que era un cliché con patas, policía municipal, separado, dos hijos, tenía los hijos una semana sí y otra no, iba al gimnasio todos los días, hablamos de nuestros trabajos, de alguna serie de netflix y poco más...
―¿Y después...?
―Te pone muy cachondo todo esto, ¿eh? ―ronroneó Lorena, acariciándome el muslo demasiado cerca del paquete.
―Ufff, ni te imaginas...
―Luego fuimos a su casa ―murmuró―, por lo general no me gusta ir a su casa la primera vez, ni que él venga a la mía, pero bueno, este tío no me dio mala espina, ya te digo, era muy transparente, después de media hora con él, ya apenas teníamos cosas de las que hablar y los dos íbamos a lo que íbamos...
―¿Y en su casa qué tal...?
―Pues un capullo, follamos un par de veces y recuerdo que para echarme, me pidió un Uber para que me viniera a buscar...
―¡Menudo idiota!
―Tal cual...
―¿Y en la cama?, ¿estuvo bien?
―Sí, eso sí, follaba bastante bien, el tío estaba en forma y tenía buena polla...
―Joder...
―Ssssssh, tranquilo ―susurró Lorena apretándome el paquete―. Ya estás muy empalmado, no sé si vas a llegar al Sirenas, ja, ja, ja... ―se burló de mí, volviendo a su sitio.
―¡Qué cabrona!, dime cómo te folló... ¿te acuerdas?
―Claro, luego me encanta recordar los detalles cuando estoy sola en casa, ya me entiendes...
―Mmmmmm...
―Nos enrollamos primero en el sofá, me dijo que tenía buenas tetas y me las estuvo comiendo antes de ir a su habitación...
―¿Y tú se la chupaste?
―Sí, cuando fuimos a su habitación y nos desnudamos lo hice, si el tío tiene buena polla, me encanta chupársela...
―Ufff, joder...
Me volvía loco la naturalidad con la que hablaba Lorena. Además, no escatimaba en detalles, y de repente, su lenguaje se volvió vulgar y soez y continuó con su relato mirando por la ventanilla, como si la cosa no fuera con ella.
―Le hice una buena mamada, estaba bastante cachonda, y ahí me sorprendió, pensé que era de los que se corrían rápido, pero aguantó, y eso que me esmeré todo lo que pude... seguramente se hubiera hecho una paja antes de salir de casa...
―¿Querías que se corriera en tu boca?
Afirmó con la cabeza y luego me acarició otra vez la pierna.
―Sí... ―suspiró―. Cuando estoy así, eso me pone todavía más cachonda...
―Te gusta que piensen que eres una guarra, ¿verdad?, así luego te follarán como lo que eres... como una puta guarra...
―Ufff, me gusta mucho que me digas esas cosas...
―Yo también puedo ponerte cachonda.
―Bueno, hoy lo tienes fácil, pero cuidadito, tampoco te pases ni me provoques demasiado, sabes que en este juego llevas las de perder, nene ―y me rozó con la yema del dedo en los labios―, estás ya que te derrites, eh...
―Ni te imaginas, uffff...
―Tú concéntrate en la carretera, anda...
―Sigue contándome lo de ese tío, por favor, ¿después de chupársela es cuando te folló?
―Sí...
―¿Y él no te lo comió?
―No, tampoco quería, ya no estaba para tonterías, necesitaba que me la metiera...
―¿Cómo te folló?, ¿se puso condón?
―Claro que se puso condón, con todos lo utilizo, siempre...
―Conmigo no...
―Contigo fue una excepción porque sabía que no hacía falta, pero por muy cachonda que esté, no voy por ahí haciendo locuras con desconocidos, ¿es que te da morbo que me follen a pelo?, me lo has preguntado varias veces...
―No, no me da morbo, para dejarte hacer eso hay que ser muy guarra...
―Pues siento informarte que se puso preservativo y después me folló a cuatro patas, ¿te parece bien?
, y antes de que me lo preguntes, porque sé que lo vas a hacer, sí, me corrí dos veces, y después él la sacó y me lo echó por la espalda, uffff, me puso bastante sentir su leche caliente encima de mí...
―Joder... sigue hablando, por favor...
―Me estás poniendo muy cachonda, nene ―gimoteó, cambiando el cruce de piernas.
―Tócate si quieres...
―Eso te gustaría, como sigas así te va a explotar, la tienes durísima ―me dijo tanteando mi paquete.
Y justo pasamos por la vía de servicio, en la que paraba cuando volvía del Sirenas con Lucía.
―Ahí es donde...
―Donde te follabas a Lucía...
―Sí.
―¿Quieres parar ya o prefieres a la vuelta?
―Mejor a la vuelta...
―De acuerdo, pero como no te tranquilices un poco, creo que a la vuelta no llegas... estás muy nervioso... y excitado, relájate, te tiemblan hasta las manos.