Un plan (casi) perfecto 25
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Salió desnuda de la ducha y se situó frente al espejo.

Todavía no podía creerse que fueran a hacer aquello, estaba muy nerviosa, alterada, le había costado dormir la siesta y eso que ella solía conciliar el sueño con mucha facilidad, pero después de comer, se acercaba el momento y Lorena se encontraba realmente excitada.

Le costaba hasta respirar. Se acarició primero los pechos, los tenía más grandes que de costumbre, y se los notó especialmente sensibles y con los pezones erectos.

Estaba muy cachonda.

Siempre se había mantenido muy en forma, a pesar de no hacer deporte, “buena genética”, le decía su madre y se giró de lado a lado, contemplando su pequeño y redondito culo, que sí que había perdido un poquito de dureza.

“Tengo que empezar a cuidarme y beber menos alcohol”, se dijo pellizcándose el abdomen y las cartucheras. A esa edad ya no estaba para hacer tonterías y si seguía saliendo y bebiendo copas todos los fines de semana, en unos pocos años esos excesos le iban a pasar factura.

Pero aun estaba a tiempo, todavía mantenía un físico natural muy atractivo y después de mirarse bien, comenzó a vestirse, colocándose un tanguita negro muy sugerente.

Solía llevarlos de hilos, más bien vulgares, pero para esa noche tan especial se había comprado uno con encajes, con más clase, erótico, sensual y un puntito de transparencia.

Dudó unos segundos si ponerse el sujetador a juego o no.

El top negro de quinceañera que se había pillado en el Berskha, de tirantes y enseñando el ombligo, quedaba mejor sin ropa interior, y es que ya el propio top, hacía las veces de sujetador.

El escote era exagerado, quizás demasiado y se pasó las manos por el abdomen, dudando si llevarlo o ponerse un body u otra camiseta.

De momento se lo dejó puesto, a ver qué tal quedaba junto con la falda negra larga ajustada de tubo, que le llegaba por debajo de las rodillas. Las dos piezas juntas se veían muy sexys y donde más dudas tuvo fue en los pies, aunque al final se puso unas sandalias con una buena cuña.

Se dejó el pelo suelto, se pintó los labios y las uñas de rojo y se tapó los hombros con una cazadora vaquera, que le daban un aire más informal y juvenil a su look.

Mientras se adornaba con unos pendientes, pulseras y un colgante, se fue acercando la hora y salió de casa veinte minutos antes, para llegar puntual al restaurante que le había dicho su chico.

Ya estaba lista.

∞∞∞

A las nueve y medio en punto apareció Lorena por la puerta del restaurante. Yo la estaba esperando con mi Coca-cola y al verme se lanzó a darme un efusivo pico en los labios.

―Hola, nene, estás muy guapo ―dijo tirando hacia abajo de mi camisa blanca.

―Tú también ―y tragué saliva, cuando colé una mano por debajo de la cazadora y toqué directamente la piel de su cintura.

¡¿Qué era ese top que se había puesto?!

La falda negra era un espectáculo, ajustada a sus muslos con una tela tan fina que le hacía un culo muy redondito, y cuando se quitó la cazadora vaquera, mis ojos se perdieron irremediablemente entre sus dos pechos.

¡Menudo escote!

―¿Te gusta?, me dijiste que me comprara algo atrevido ―me susurró al oído con una sonrisa traviesa y yo afirmé sin hablar.

Es verdad que le pedí que se comprara algo para ir al local de intercambio, pero joder, aquello era casi como si fuera en sujetador. Y cómo se le bamboleaban las tetazas al más mínimo movimiento que hacía.

Un par de tíos que teníamos al lado, de unos 45 años, se quedaron mirando descaradamente a Lorena y es que no era para menos. Esa morena bajita y voluptuosa era un jodido reclamo para cualquiera que tuviera dos ojos y en ese momento me enorgullecí de que fuera mi chica.

Me sentí bien, vivo, excitado, con ganas de decirle a esos dos tipos, “está buena mi novia, eh” y uno de ellos se me quedó mirando, llevaba un traje caro y el pelo repeinado hacia atrás con gomina; me pegó un buen repaso, como observando quién era el acompañante de semejante pibón y luego su amigo le comentó algo y él dijo en alto “¿en serio?”.

―Marcos, ya tenéis lista la mesa ―nos avisó el camarero y antes de entrar en el comedor, agarré de la cintura a Lorena y me giré para comprobar que el engominado seguía pendiente de nosotros.

Le solté una pequeña cachetada cariñosa en el culo y sonreí, dándole en los morros a ese cabrón, que no nos perdió de vista hasta que cruzamos la puerta del comedor.

Aparté la silla caballerosamente para que se sentara y después me situé frente a ella.

―Estás muy guapa, uffff, Lorena, has venido..., joder, demasiado, es que ni me salen las palabras...

―Ssssssh, tranquilo, que te veo un poco atacado ―murmuró acariciándome la mano―. ¿Te gusta de verdad?

―Ya lo creo...

―Pensé que sería muy atrevido ―dijo juguetona, colocándose el top.

―No, no, está perfecto...

―Me alegro, tú también has venido muy guapo, me encanta esa camisa ―bromeó, pues me la había regalado ella y cogió la carta para ver qué había en el restaurante―. ¿Qué te apetece cenar, nene?

No nos habían servido los entrantes, cuando entraron el gominas y su amigo y casualmente les tocó justo en la mesa de al lado.

El comedor del restaurante era más bien pequeño y apenas había medio metro de separación entre las mesas, por lo que era casi como si estuvieran cenando con nosotros.

Y ese tío no desaprovechó la oportunidad y se situó a mi derecha, sin duda alguna, para poder mirar toda la noche a Lorena.

El camarero nos sirvió una copa de vino y Lorena y yo hicimos un brindis. Aunque no me gustaba beber, creo que esa noche bien merecía acompañar a mi chica y tomarme un vinito con ella. Solo uno, porque después tenía que coger el coche para ir hasta el Sirenas.

―Todavía no me creo que me escribieras el domingo... ―me soltó Lorena, sin importarle que nos escucharan los de la mesa de al lado.

―¿Te gustó?

―Mucho, bueno, el lunes cuando viniste a casa no te lo conté, pero después de tus mensajitos del domingo, tuve que usar el satisfyer, ja, ja ja...

―¡Qué cabrona!

―Menos mal que esta semana solo has venido el lunes a casa, o no hubiéramos podido aguantar ese ritmo, ufffff, me encantó cómo me follaste... ―y se hizo un silencio incómodo en la mesa de al lado. Lorena le miró brevemente de reojo al gominas y siguió hablando conmigo―. Estuvo bien, ¿eh?

―Sí, sí...

―No pensé que te fueras a decidir tan rápido... aunque sabía que tarde o temprano me lo pedirías, y bueno, ya te lo he dicho muchas veces, pero quiero que estés tranquilo, por supuesto que no va a pasar lo mismo que con tu ex...

―Ya, ya lo sé.

―Hoy vamos, nos tomamos una copa, me enseñas el sitio y después... lo que tú quieras...

―¿Lo que yo quiera...? ―le pregunté.

―Sí, yo solo quiero hacer lo que te guste..., ¿qué es lo que más has fantaseado?

―¿Y tú?

―Bueno ―dijo limpiándose la boca con la servilleta―, no sé si es el sitio adecuado para contarte esto ―y le miró otra vez al tío que tenía sentado a mi lado―, pero yo me he imaginado de todo...

―Mmmmmm...

―Ya sabes que tengo mucha imaginación, pero quiero saber lo que esperas tú de esta noche...

―Pues un poco lo que ya sabes, estar allí, tomar una copa, ver el ambiente, y... ―susurré inclinándome hacia ella―, me gustaría verte hablar con otro tío...

―Yo no sé qué tal voy a llevar lo de verte a ti con otra ―y me señaló con el dedo.

―Por eso no hay problema... a mí eso no me interesa.

―¿Solo quieres verme a mí?

―Sí...

―¿Y si por ejemplo, esta noche surgiera un intercambio?, no sé, imagina que conocemos a una pareja que nos guste a los dos, que sea así como nosotros... ¿no te gustaría follártela?

―Sí, claro, a ver, no soy tonto, si está buena y a todos nos parece bien, pues adelante, pero yo prefiero solo verte a ti... eso es lo que realmente me gusta...

―Muy bien, nene.

―Cuando iba con Lucía, un par de veces no pasó nada, es decir, que no hablamos con nadie, estuvimos un rato, nos dimos una vuelta por allí y después...

―¿Cuántas veces fuisteis?

―Creo que cinco, si no recuerdo mal, lo que te estaba diciendo es que aunque no habláramos con nadie, nos daba mucho morbo estar en el club, un día nos acercamos a mirar a una sala en la que estaban follando un par de parejas con público, eso nos puso muchísimo...

―¡Uffff, me están dando unos calores! ―exclamó Lorena haciendo el gesto de abanicarse con la mano―. ¿Y después te la follaste?

―De camino hay una vía de servicio, con un restaurante y una gasolinera... siempre parábamos allí al volver, dejábamos el coche apartado en el parking y...

―Te follabas a la rubia...

―Sí.

―¿Echas de menos eso?

―Era muy morboso, pero...

―¿Quieres follarme a mí también en el parking?

―¡Lorena!

―Si te pone eso, por mí no hay problema, ya te he dicho que hoy estoy dispuesta a todo, ni te imaginas lo caliente que he salido de casa...

―¡Joder!

―Ya me molesta hasta el tanguita...

―Pues quítatelo.

―¿Quieres que vaya al Sirenas sin ropa interior?, arriba no llevo nada ―y se subió el top, colocándose las tetas que se bambolearon al tirar de la tela.

―Ya, ya lo sé, se nota.

―Luego voy al baño y me lo quito... ―susurró mordiéndose los labios.

―Como sigas así, no llegamos a los postres, aunque bueno, tampoco podemos demorarnos mucho, también ya es mala suerte que mañana me hayan puesto una puta guardia y tenga que madrugar...

―Pues sí, yo quería que te quedaras a dormir hoy en casa.

―No he podido decirles que no...

―Ya lo sé, no pasa nada...

Antes de que nos trajeran el helado y el brownie de chocolate, Lorena cumplió su palabra y se levantó al baño.

Yo me giré a la derecha y comprobé cómo el gominas le pegaba un tremendo repaso a mi chica, mirando su culo bien marcado bajo la tela de su falda larga ajustada.

Después le guiñó el ojo a su amigo y los dos se rieron.

―¿Estás seguro de que es ella? ―le preguntó el engominado a su colega.

―Joder, tío... pues claro ―afirmó con la cabeza abriendo los brazos, como dando a entender que no había ninguna duda.

―¿Y no la saludas?