20
Lorena pegó un resoplido y se tapó la cara con las manos. Estaba sentada a mi lado, con las piernas cruzadas y negó con la cabeza.
―¡Joder, lo siento!, fue una tontería, ¿vale?, no significó nada para mí...
―Aquella noche os vi ―me adelanté antes de que Lorena siguiera hablando.
―¿Qué...?
―Sí, me acerqué hasta el bar que me habías dicho en el mensaje y te vi con Juanlu, pegados, y él intentó besarte, aunque tú le quitaste la cara.
―¿Y por qué no me dijiste nada?
―Era mi oportunidad para comprobar de verdad si entre vosotros había algo o no, me quedé unos minutos escondido entre la gente...
―¡Joder, Marcos...!, ¿estuviste espiándome?
―No, digamos que preferí no interrumpir vuestro momento, se notaba que os lo estabais pasando muy bien, tenía una mano en tu cintura, y hasta me pareció que te tocaba el culo cuando fue a besarte...
―No pasó nada... y no me tocó el culo...
―No, pero después él fue a pedir otra copa y te dejó sola, tú no te diste cuenta, pero tenías que haber visto la cara de cabrón que puso cuando se dio la vuelta, ya te tenía a puntito, te conoce bien y sabía que con un par de copas más no te ibas a poder resistir, luego se acercó a ti con las dos copas en la mano y volvió a arrinconarte contra la pared y tú dejaste que lo hiciera, estabas demasiado a gusto y excitada en ese momento, no lo niegues, podía verlo en tu cara...
―No sé qué te habrá contado, Juanlu, pero...
―Lo que me tenías que haber contado tú..., después de eso estuvisteis dos o tres horas más tomando copas y luego le invitaste a desayunar a tu casa.
―Solo fue para quitármelo de encima... yo no tenía intención de...
―¡Mentirosa de mierda!, me ha dicho que os besasteis en el último bar, joder, te comiste la puta boca con él, y luego te lo llevaste a casa, ¿todavía tienes el valor de decirme que era para quitártelo de encima?
, al menos sé sincera, prefiero a la Lorena directa que me dice la verdad, no a esta que solo me pone excusas ridículas, por lo menos dime que estabas cachonda... y hasta podría entenderlo...
―Perdóname, Marcos, yo no quería hacerte daño, me gustas..., me gustas de verdad, por favor...
―¿Por favor, qué...?
―Perdóname...
―Cuéntamelo, cuéntame lo que pasó ―le dije poniéndome serio.
―Ya sé que no es excusa, pero habíamos bebido mucho, ¿vale?
―Y cuando bebes te pones muy cachonda, sí, eso ya me lo has dicho muchas veces...
―Juanlu llevaba toda la noche intentado besarme, y yo le había dejado las cosas claras.
―Sí, clarísimas, ¡madre mía!
―Es verdad, me lo tuve que quitar de encima unas cuantas veces, no quería enrollarme con él, pero vale, reconozco que me lo estaba pasando bien y me gustaba sentirme deseada...
―Sigue.
―Perdí el control de la situación, dejé que me tocara, y en el último bar Juanlu metió una mano por debajo de mi falda... no pensé que él fuera a hacer eso sin pedirme permiso...
―¡Hijo de puta!
―Me... me acarició y al final nos enrollamos...
―¿Te tocó el culo por debajo de la minifalda?
―Sí, tienes que creerme, no siento nada por Juanlu ni me atrae sexualmente, solo aprovechó ese momento y yo... me dejé llevar, ¿vale?
―¿Cuántas veces te has liado con él?, por lo menos dime la verdad en eso...
―Te lo juro que solo la primera vez que te dije y esta... solo dos... y no va a volver a pasar nada.
―Ya es tarde, Lorena, no voy a poder volver a confiar en ti... ¡me has decepcionado!, ¡me has jodido bien!, nooooo, después de lo de Lucía, ahora otra vez lo mismo, ¡jo-der! ―grité, metiendo la cabeza entre las piernas.
―Tranquilo, Marcos, todavía podemos solucionarlo, perdóname, por favor ―me pidió Lorena acariciándome la espalda.
―¡No me toques!, ¡eres una put...! ―exclamé incorporándome, aunque no pude terminar la palabra.
―Dilo, no te cortes, ¿eso es lo que piensas de mí?
―No, ¿cómo voy a pensar eso?, si estoy enamorado de ti, me has jodido bien...
―Lo siento, Marcos... tienes que perdonarme, lo siento mucho...
―Y ahora, ¿qué hacemos?, esto ya no tiene arreglo...
―Eso depende de ti, Marcos, tienes que perdonarme, yo ya no puedo hacer nada... ―y nos quedamos los dos en silencio por lo menos un minuto, sin saber qué decirnos―, disculpa un momento, nene, debería ir a tomarle otra vez la tensión, luego si quieres seguimos hablando...
―Está bien, haz lo que quieras.
―Ven conmigo, por favor y me ayudas...
Cogimos el tensiómetro y nos acercamos hasta la habitación de Juanlu, que seguía tumbado en su cama bocarriba, con el pecho desnudo y un color de piel bastante blanquecino. Parecía que hasta le costaba respirar.
―Voy a tomarle de nuevo la tensión.
Lorena se subió a la cama, y le puso la cinta en el brazo. Comprobó que la tensión se le estaba normalizando y le quitó el aparato sin que Juanlu se enterara de nada. Menudo bajonazo le había pegado.
―Aunque está mejor, sigue en un estado profundo de somnolencia, no quiero dejarle así, anda, ayúdame a girarle un poquito, para que no se ahogue por si se vomita encima... ―y entre los dos conseguimos ponerle de medio lado.
―Yo me voy a ir ya, quédate con él si quieres, yo no pinto nada aquí...
―No, no te vayas, Marcos, no me dejes aquí sola con él, espera un ratito, le tomo la tensión un par de veces más y nos vamos... solo te pido una hora más o menos, venga, vamos de nuevo al salón, por favor ―y ella estiró el brazo para darme la mano, pero yo rechacé su invitación.
Caminé por el pasillo detrás de Lorena, mirando su culo y escuchando el retumbar de los tacones de su botas negras tan altas. Regresamos al salón y ella se sentó en el sofá con las piernas cruzadas, en una pose muy erótica.
―Ven conmigo, por favor... siéntate, no te quedes de pie...
―¿Qué quieres de mí, Lorena? ―la pregunté, dejándome caer de mala manera a su lado.
―Quiero que hablemos, que me perdones ―me pidió acariciándome la mejilla con ternura―. Quiero que mañana nos vayamos juntos, y pasar juntos todo el finde, he cogido un hotel muy bonito en la costa de...
―¿Por qué le invitaste a desayunar a tu casa?
―¡¿Qué...?!
―Que por qué le invitaste luego a tu casa después de enrollarte con él...
―Ya te lo he dicho antes, para quitármelo de encima...
―¿No era porque estabas cachonda?
―No...
―Dime lo que pasó en tu casa...
―Ya te lo ha contado, Juanlu, ¿no?
―¡Dímelo!, quiero escuchar tu versión...
―¿Para qué quieres que te lo cuente?, si ya lo sabes...
―Para ver si eres sincera, ¡al menos una puta vez!
―¿Estás enfadado?
―Sí...
―¿Y quieres que te lo cuente?
―Sí, vamos, ¡dime la verdad!
―Pues fuimos a mi casa, yo solo quería invitarle a desayunar y ya está, te lo prometo...
―¡Mentirosa!, sigues mintiendo, mientes, mientes...
―Fuimos al sofá, estábamos muy cansados, nos dejamos caer, uno al lado del otro y Juanlu volvió a besarme...
―¿Y le rechazaste?
―No ―murmuró, negando con la cabeza―, pero fue muy poco, enseguida le corté... yo le dije que no podíamos hacerlo, no me parecía bien..., por ti.
―Ah, gracias por acordarte de mí en ese momento, es un detalle por tu parte, ¿le metiste la lengua?
―Sí...
―¿Te sobó las tetas?
―Marcos...
―¡Contesta!
―Sí, sí, me tocó las tetas..., ¿quieres saber algo más?
―¿Y por qué paraste?, debías estar muy cachonda...
―Por ti, paré por ti..., ya te lo he dicho, no veía bien eso que estábamos haciendo e iba a levantarme a preparar un par de cafés y unas tostadas, pero Juanlu estaba muy pasado, no dejaba de toquetearme, de manosearme, me dijo que no podía dejarle así, que llevaba empalmado toda la noche, que ya no podía más...
, y se agarró el paquete y volvió a besarme, y de repente, él mismo se desabrochó el pantalón y se la sacó...
―¡Joder!
―Y luego me agarró del brazo y puso mi mano justo encima de su polla, para que le masturbara.
―¿Y lo hiciste?
―Le dije que no podía hacer eso, pero me lo volvió a pedir, me pidió solo una paja, y me prometió que se correría rápido...
―Y se la hiciste...
―Marcos... ¿estás seguro que quieres seguir con esto?
―Sigue, joder, ahora no pares...
Lorena me miró a los ojos, tenía una expresión de súplica, como si quisiera advertirme de que estábamos a punto de entrar en un terreno demasiado peligroso, pero ella deseaba hacerlo.
Y yo también. Posó una mano en mis rodillas y se acercó a mí, dándome un beso en la mejilla, luego noté su aliento cálido en mi cuello, le costaba hablar, y lo hacía en bajito, casi en un susurro.
Jadeando. Y al ponerme la mano en el pecho se dio cuenta de que latía con fuerza y que yo tenía la respiración muy acelerada.
―¿Le agarraste la polla? ―volví a preguntar.
―Sí... ―suspiró en mi oído, dándome un beso en el cuello.
―¿Cómo la tenía?
―Muy dura... ―y al decir eso bajó la mano y tanteó mi paquete, pero yo aparté su mano.
―Ahora no me toques, joder... ni se te ocurra tocarme...
―Estaba empalmadísimo ―me ronroneó al oído.
―Y ya no te pudiste resistir, ¡eres una puta!, y luego se la cogiste, seguro que sí... y después le tuviste que hacer una paja porque estabas tan cachonda, que si no te hubieras dejado follar..., ¡reconócelo!
―Puede ser.
―Pero no contabas con que Juanlu te iba a meter la mano por debajo de la falda, me ha dicho que te hizo un dedo...
―Sí ―murmuró en bajito―, me pasó el brazo por detrás de la espalda, me tocó el culo y luego me subió la falda.
―Y apartó el tanguita y te folló con dos dedos mientras tú le pajeabas...
―Sí...
―¿Se lo hiciste despacio o rápido?
―Despacio...
―Porque no querías que se corriera... en el fondo querías que te follara, ya estabas muy caliente...
―Muchísimo ―jadeó con la respiración acelerada―, casi tanto como tú ahora ―entonces volvió a bajar las manos y me tanteó el paquete por encima del pantalón.
―¡¿Qué haces?! ―gimoteé, dejando esta vez que Lorena comprobara mi erección.
―Pero no se corría, Juanlu había bebido mucho y no se corría...
―Joder...
―Y yo estaba ya al límite... me estaba volviendo loca con sus dedos...
―Uffffff... ―gimoteé cuando Lorena me soltó los botones del pantalón y buscó mi polla.
Casi me corro encima cuando sentí su tacto caliente directamente sobre mi piel. Y ella me la sacó del pantalón y comenzó a masturbarme.
¡Me estaba haciendo una paja en el salón de Juanlu!
―Yo no quería follar con él, tienes que creerme, tenía que hacer algo para evitarlo, entonces lo único que se me ocurrió fue...
―Chupársela...
―Sí...
―¿Te lo pidió él?
―No, esta vez no, lo hice para que terminara...
―¡Dios mío!
―Estaba muy cachonda...
―¿Y te gustó?
―Mmmmm, sí...
―Pero no contabas con que eso te iba a poner todavía más cachonda, ¿verdad?
―¡Marcos, perdóname! ―me suplicó aumentando la velocidad a la que me pajeaba.
―¡Eres una zorra!, ¿y qué pasó luego?
―¿Quieres que siga?
―Sí, joder, no pares ahora, aaaaah ―gimoteé, cada vez más cerca del orgasmo
―Después Juanlu me metió un dedo por detrás...
―Joder, no, no, nooooo, ¿le comes la polla y encima te dejas meter un dedo en el culo?
―Ya no podía más, nene, estaba a punto de hacer una locura, aunque por suerte... él se corrió...
―¿En... en tu boca?
―Sí ―suspiró aumentando la velocidad a la que me pajeaba―. Se corrió en mi boca...
―Joderrrrr, noooooo, y seguro que te lo tragaste...
―Él me lo pidió...
―¿Y lo hiciste?
―Sí... ―y dejó de darme besos en el cuello, para buscar mis labios y morrearse conmigo.
La muy puta me acababa de confesar que Juanlu se había corrido en su boca y al sentir su lengua jugando con la mía, pensé que me corría de inmediato, así que detuve su brazo.
―Y luego le preparaste el desayuno... ―le recriminé apartándome de ella.
―Sí...
―Joder, joder ―gimoteé―, no me toques... ―y tuve que ponerme de pie con la polla dura, para no correrme.
Me tapé la erección con las manos de la vergüenza que me daba que me viera así y enseguida me la guardé en los pantalones.
―No te vayas, por favor ―me pidió levantándose del sofá, acercándose a mí―. No me dejes así...
―¿En serio has intentado provocarme con esto?, ¡no me lo puedo creer!
―¿Es que no te ha gustado la historia?, ahora sé sincero tú y dime que estás excitado...
―Vete a la mierda, Lorena.
―Tu polla no miente, te va a explotar en los pantalones ―dijo señalando mi paquete con el índice.
―¿Qué es lo que quieres?
―Que me folles...
―¿Quieres que te folle ahora?
―Sí...
―¡Estás loca!
―Te mueres de ganas... ¡no lo niegues!
―¿Lo dices en serio?, ¿quieres que te folle aquí?, ¿en casa de Juanlu?
―¿Es que no te atreves? ―y mientras caminaba hacia delante, se quitó la camiseta, cuya tela se le enganchó en los pechos, tirando de ellos hacia arriba, para que después cayeran a plomo.
Yo me quedé mirando sus inmensas tetas bamboleándose con cada paso que daba y Lorena se acercó decidida a mí...
―Me da mucho morbo que me folles aquí... en su casa...