19 #3
―Ella me dijo que os habíais enrollado antes...
―Solo fueron unos besos en el último bar, vale sí, nos comimos un poco la boca, pero Lorena se resistió toda la noche, estábamos muy borrachos.
No podía creerme lo que me estaba contando.
El muy idiota, bajo los efectos del alcohol y las drogas, no podía pensar con claridad y acababa de caer en mi trampa, confesándome que ese sábado se morreó con mi chica.
Mi corazón se puso a mil pulsaciones, Juanlu ya me había dicho que se besó con Lorena, pero después en su casa, también sucedió algo.
¿Y qué era eso de que él solo quería una paja?
Le seguí sujetando a duras penas, Juanlu estaba descolocado, y balbuceaba cosas inconexas, para él era un gran esfuerzo intentar caminar y recordar lo que había pasado aquella noche, pero ahí me tenía a mí, para ayudarle a recordar cada detalle.
―Te enrollaste con ella, ¿cómo no voy a estar enfadado contigo?
―No, no... solo fue en el último garito, no teníamos que haber ido, hacía demasiado calor y la música estaba muy alta, nos dimos unos besos y ya está... Lorena enseguida se separó de mí y yo no insistí más, tienes que creerme...
―¿Y lo que pasó luego en su casa?
―Joder, perdóname, tío, llevábamos toda la noche juntos, pegados, bebiendo, riéndonos, rozándonos, uffff ―resopló―, a ti te hubiera pasado igual, seguro, ¿cómo estarías tú?
, yo estaba cachondísimo y después de enrollarnos me invitó a desayunar a su casa, nos sentamos en el sofá y empezamos a hablar...
no tenía que haber sucedido, joder, lo siento, lo siento, de verdad que yo solo quería que me hiciera una paja, me puse muy pesado, y ella al principio se negó, me dijo que no...
te lo juro que ella no quería... tienes que perdonarme, tío...
―No queríais ninguno de los dos, pero al final pasó... ―solté al azar, para ver si Juanlu me contaba qué es lo que había sucedido.
―Yo solo le pedí una paja ―y se incorporó a duras penas, haciendo el gesto de masturbación con la mano, para luego seguir caminando―, y vale, me dijo que sí, pero ella también estaba a tope, y yo muy borracho...
―Sí, ya sé que estabas borracho...
―Y bueno, mientras ella me la estaba meneando en el sofá... ya sabes, yo también la toqué a ella, joder, tío, Lorena estaba mojadísima, y yo muy pedo como para poder follar, y fue cuando tu chica se la metió en la boca y me hizo una mamada, pero yo me hubiera conformado con una...
―Y luego te la follaste...
―Noooo, noooo, noooo, de eso nada, te prometo que no, solo me hizo una mamada, me corrí en su boca y ya está, solo hicimos eso, luego me preparó el desayuno, ¡te lo juro, tío!, no me acosté con Lorena...
―Vale, tranquilo, no hagas más esfuerzos, sssssh, cállate...
Según me lo estaba contando, casi parecía que tenía que darle las gracias por no habérsela follado.
Aquello me sentó como una puñalada en el corazón.
Fue muy duro escucharlo, y me entró un dolor punzante en la boca del estómago que casi me hace vomitar.
Me dieron ganas de dejarlo allí tirado, en medio de la calle, pero saqué fuerzas de flaqueza y seguimos caminando por lo menos otra media hora, hasta que por fin llegamos a su casa.
En el portal ya nos estaba esperando Lorena, que llevaba algo metido en una bolsa.
―Me he pasado antes por casa para coger un tensiómetro..., ¿qué tal está?
―Nos ha costado mucho llegar, ahora casi se ha quedado dormido.
―Vamos a llevarlo arriba, ¿tiene por ahí las llaves?
―Sí, en el bolsillo...
Juanlu ya estaba medio adormecido y nos costó un buen esfuerzo llevarlo entre los dos hasta su cama. Le desnudamos de cintura para arriba y Lorena le miró las pupilas, la lengua, le tomó el pulso y después la tensión.
―La tiene un poco alta, pero parece que está bien, de todas formas no quiero dejarle así, ¿te importa si nos quedamos un rato para ver cómo evoluciona?, luego le tomó otra vez la tensión... y ya si está bien nos vamos...
―Vale, sin problema...
Dejamos a Juanlu en su cama descansando y Lorena y yo fuimos al salón.
Me sorprendió que estuviera bastante ordenado, tenía un par de sofás y una decoración bastante minimalista.
Lorena dejó su cazadora vaquera en una silla y nos sentamos en el sofá a esperar.
Se me hacía muy raro estar en casa de mi compañero a las cinco de la mañana y además, me encontraba en estado de shock.
Bloqueado por lo que Juanlu me había revelado.
―Pues tiene una casa bonita ―dijo Lorena pasando la mano por la suave mantita del sofá.
―Sí...
―¿Estás bien?, estás muy raro, no me extraña, ¡menuda paliza te has pegado trayéndolo hasta aquí!, estás sudando...
Entonces me armé de valor y lo solté sin pensar en las consecuencias. No quise seguir fingiendo que no sabía nada.
―Juanlu me ha contado lo que pasó entre vosotros el día que salisteis, ¿te acuerdas?, hace un mes, cuando fue a tu casa a desayunar... ¡me juraste y perjuraste que no había pasado nada entre vosotros! ¡Puta mentirosa!
―Marcos...
―Ni Marcos ni hostias, ¿o es que todavía lo vas a negar?