21
Con un golpe seco me volvió a desabrochar los botones de mi bragueta y me agarró la polla con fuerza, dejándose de medias tintas. Buscó mi boca y yo le correspondí el beso, colando mis manos por debajo de su falda y sobé su culazo, clavándole los dedos en los glúteos.
―¿Vas a follarme? ―suspiró Lorena―. Me gusta que estés enfadado, para que me des más duro, es lo que me merezco...
―¡Joder!, ¡ufffff, eres una jo-di-da pu-ta!
―Y tú me la vas a meter ahora...
―¿Es que te pone cachonda que te folle en casa de Juanlu?
―Muchísimo... vamos, métemela ―me pidió separándose de mí, para darse media vuelta y apoyarse en la mesa del salón, sacando el culo hacia fuera.
―¿Te pone que te folle en la casa del tío con el que me has puesto los cuernos? ―la pregunté acercándome a ella, manoseando sus pechos.
―Joder, Marcos... ufffff... venga, cállate y métemela ya...
―¡Y una mierda!, ven aquí ―dije tirando de su brazo y la arrastré por el pasillo.
―¿Qué haces, Marcos?, para, para, ¡¿qué coño estás haciendo?!
Y al llegar a la puerta de la habitación de Juanlu nos detuvimos. Los dos teníamos la respiración superacelerada y Lorena enseguida vio mis intenciones.
―Te voy a follar ahí ―afirmé yo.
―¡Ni te puta coña, tío!, no vamos a hacer eso...
―¿No decías que te daba morbo?
―¿Estás bien de la cabeza?, estoy medio desnuda y Juanlu está tirado en su cama, no podemos hacerlo ―se negó con la voz temblorosa.
Lorena observó unos segundos la habitación, y se quedó pensativa.
El corazón parecía que se le iba a salir del pecho y yo me deleité con su cuerpazo, su torso desnudo, esa minifada de fulana y las botas de cuero por encima de las rodillas.
Luego me miró a los ojos y pude ver en su cara que el morbo la devoraba.
El diablo estaba dentro de su cuerpo.
―¡Eres un hijo de la gran puta! ―me susurró al oído, comenzando a subirse la falda.
Tiró de mi mano y pasamos dentro de la habitación de Juanlu, que seguía dormido de espaldas a nosotros. Lorena se inclinó y apoyó las dos manos en la cama, ella misma se apartó el tanguita y se ofreció en esa postura tan impúdica para que me la follara.
Ya os podéis imaginar lo nervioso que estaba yo.
Temblaba como un adolescente a punto de desvirgarse por primera vez.
Incluso más. La situación no podía ser más surrealista, estaba paralizado debajo del marco de la puerta de la habitación de Juanlu, con la polla en la mano, a punto de follarme a Lorena delante de mi compañero, que dormitaba junto a nosotros, después de haberse cogido una tremenda borrachera.
Lorena se quedó con la espalda inclinada, la minifalda subida y se pasó una mano por el glúteo. Jugó con su tanguita colocándoselo y volviéndolo a apartar un par de veces y después se giró impaciente para ver por qué estaba ahí parado, estirando un brazo para que me acercara a ella.
Y yo caminé un par de pasos y me situé detrás de Lorena.
Apoyé las manos en su espalda y mi polla entró en contacto con sus labios vaginales.
No tuve que hacer nada más, porque Lorena se agachó pasando un brazo entre sus piernas y me la agarró para situarla justo en su entrada, lanzándose despacito contra mí y penetrándose ella misma.
Entró demasiado fácil, y es que el coño de Lorena estaba mojado, húmedo y caliente y cuando la sintió dentro, se le escapó un pequeño gritito.
Tuve que inclinarme sobre su espalda y taparle la boca, y después me dispuse a follármela lo más despacio que pude, intentando ahogar nuestros gemidos y hacer el mínimo ruido posible.
Pero Lorena quería que se la metiera con ganas, que me la follara duro, que nuestros cuerpos chocaran, y ella buscó mis acometidas, lanzando su culo hacia atrás.
Y después de un pequeño plop, vino otro, y luego otro más alto.
Se le escapó un gemido, y al tapar su boca haciendo más presión, ella me mordió la mano.
―¡¡Aaaaah, joder!!
De la rabia, le solté una tremenda embestida y Juanlu ronroneó y murmuró algo ininteligible.
¡Menuda sensación!, creo que nos quedamos pálidos y a mí el corazón se me iba a salir por la boca.
Entonces nos detuvimos, quietos como estatuas, tratando de no movernos, medio minuto conteniendo la respiración, hasta que Lorena al comprobar que Juanlu seguía igual de inconsciente, comenzó a mover el culo muy despacio, meciéndose con un movimiento ondulado delante y atrás, haciendo que mi polla se deslizara de manera exquisita dentro de ella.
Giró la cabeza y buscó mi boca, besándome con la lengua, pasándomela por los labios, lamiéndome de forma soez sin parar de mover sus caderas, follándome muy despacio.
Era demasiado intenso todo aquello, y mi orgasmo se precipitó en apenas unos segundos.
Le clavé los dedos en los pechos y Lorena sonrió; esta vez la que me tapó la boca fue ella al notar que me estaba vaciando dentro, aunque intenté ahogar mis gemidos mordiendo su hombro.
Fue increíblemente placentero correrme dentro mientras le acariciaba las tetas con las dos manos, y Lorena no dejó de bailar en círculos con sus caderas.
Follándome con una suavidad que hasta ese día desconocía.
En cuanto me salí de ella, Lorena se colocó el tanguita en su sitio y luego hizo algo que me dejó boquiabierto.
Se metió la mano entre las piernas y sacó un dedo manchado de semen.
Y con toda la calma del mundo, rodeó la cama, se puso delante de Juanlu, me miró a los ojos para que aquello lo viera bien y le restregó el dedo por los labios.
―Jo-der ―exclamé con los pantalones en los tobillos y mi polla todavía goteando semen en el suelo.
Luego volvió conmigo, me dio un morreo y salimos de la habitación cogidos de la mano. Cuando llegamos al salón todavía la tenía dura y volvimos a follar a lo bestia en su sofá. Incluso terminé metiéndosela por el culo y corriéndome en su boca, completamente desnudos.
―Uff, te juro que todavía estoy cachonda... ―suspiró Lorena mientras se ponía su camiseta negra de tirantes―. Nunca había hecho nada parecido..., joder, ha sido una pasada...
―Me voy para casa...
―Quiero tomarle la tensión por última vez y yo también me voy ya... deberíamos descansar unas horas antes de la escapada, ¿a qué hora te recojo dentro de un rato, nene?
―No voy a ir contigo, Lorena... ―dije poniéndome los pantalones.
―¡¿Perdona?!
―¿En serio pensabas que íbamos a tener un fin de semana romántico después de enterarme de que me has engañado con Juanlu?
―Me acabas de follar dos veces, te has corrido en mi boca y ahora... ¿te da un ataque de cuernos?
―¿Un ataque de cuernos?, joder, lo dices como si me lo estuviera inventando.
―Ya lo hemos hablado, ¿no?, te he explicado lo que pasó...
―Y te lo agradezco, pero ahora mismo no puedo confiar en ti, necesito pensar... no quiero volver a tener este tipo de relación, es todo muy tóxico...
―Perdóname, Marcos, fue un error, sí, ¡lo reconozco!, y ojalá pudiera borrarlo, pero ya no puedo...
―Me mentiste a la cara, yo solo te pedí sinceridad...
―¿Y si te lo hubiera dicho me habrías perdonado?
―No lo sé, puede que sí...
―Sí, ya, no te lo crees ni tú, solo tengo una duda, ¿por qué te quedaste mirando esa noche en el bar?, tú también tienes parte de responsabilidad, si hubieras venido con nosotros, nada de esto habría pasado...
―¿Cómo...?, ¡¿ahora resulta que tengo yo la culpa de que le hayas hecho una mamada a Juanlu y se haya corrido en tu boca?!, ¡¿en serio me lo estás diciendo?!, esto sí que no me lo esperaba, Lorena...
―No, claro que no, solo quería decir que... no sé, quizás podemos aprovechar esto para afianzar nuestra relación... ―continuó hablando mientras se colocaba la falda y empezaba a ponerse las botas.
―¿Aprovechar esto...?
―Sí, antes cuando te lo he contado, está claro que te has excitado...
y bueno, yo también, he sentido algo increíble y tú estabas ahí, jadeando, me has pedido que siguiera hablando, y la otra vez, cuando te dije cómo me había follado Juanlu, pasó lo mismo, te pillaste un buen calentón...
, está claro, que todo esto te pone muy cachondo, jamás me habías follado como ahora mismo en el sofá, estabas fuera de sí...
―Estoy cabreado, joder, ¿cómo quieres que esté...?
―Ven conmigo este finde a la experiencia, quiero que hablemos las cosas, necesitamos aclararnos, follar cuatro o cinco veces, ir al spa, cenar en el restaurante, volver a follar..., por favor, Marcos...
―Lo siento, pero no me vas a convencer, el lunes te veo en el curro...
―Marcos, no te vayas así ―me suplicó sentada en el sofá, estirando el brazo para que fuera con ella―. No me hagas sentir peor de lo que ya estoy...
―Necesito unos días para pensar y ver si esto va a algún sitio, porque yo ahora mismo no le veo ningún sentido a esta relación, adiós, Lorena... ―me despedí saliendo del salón, dejándola sola en casa de Juanlu.
Caminé yo solo solo despacio, respirando el aire de la noche. No me apetecía nada llegar a casa y meterme en la cama para darle vueltas a la cabeza. Todavía estaba temblando, nervioso, con la adrenalina disparada después de lo que acababa de pasar.
¡Me había follado a Lorena en la habitación Juanlu, delante de él y luego otra vez en el salón!
Había sido muy duro enterarme de la infidelidad de Lorena.
Eran dos partes de la misma historia. Cuando me la contó mi compañero mientras le arrastraba hasta su casa, era como si me estuvieran clavando cuchillos en el estómago, una sensación horrible que me daban ganas de vomitar.
Y después escuché la versión de Lorena con su voz de zorra, gimiendo, susurrándome al oído, con mi polla en su mano.
Estaba tan nervioso y excitado que le pedí que siguiera hasta el final cuando ella me preguntó si quería saber más. Y encima la animé a que me contara absolutamente TODO.
Y vaya si lo hizo.
Me llevó a un estado tal de calentura que ya me costaba hasta pensar con claridad.
Y por eso la arrastré por el pasillo, empalmado y me la follé en la habitación de Juanlu, perdiendo completamente los papeles.
Por un lado me arrepentía de haberme acostado con Lorena, quizás no debería haberlo hecho, en cuanto le dije que sabía lo de su infidelidad, me tenía que haber ido y dejarla allí plantada hasta nunca, pero por el otro había tenido el mejor sexo de mi vida.
Me había hecho sentir lo mismo que con Lucía.
No sé si nuestra relación tenía o no ya mucho recorrido, pero lo que estaba claro, es que lo que había pasado en casa de Juanlu, era una experiencia que recordaría toda la vida.
Estuve dando vueltas por la calle durante varias horas y cuando llegué a casa ya era de día.
Ni tan siquiera desayuné y en cuanto entré en mi cuarto, me metí en la cama.
Solo necesitaba descansar y olvidarme de todo, al menos durante unas horas...