17
Me encantaba cómo se le veía la piel por la zona de las caderas, y es que al recostarse, el pantalón ancho vaquero, todavía se le bajó un poco más de la cintura.
Antes de que empezara a hablar, acaricié sus pechos por encima del body, lo que hizo que todavía se me pusiera más dura y ella se dejó sobar unos segundos, cerrando los ojos mientras degustaba su copa.
―Si no quieres, no tienes por qué contármelo, eh...
―Seguro que has escuchado algo en el hospital, lo sabe todo el mundo...
―Si te soy sincero, lo único que sé es lo que me contó Juanlu hace unos meses, pero nada más...
―Pues empecé a salir con Fran cuando tenía 16 años, en el instituto, él era dos años más joven que yo, no sé, supongo que siempre me han gustado jovencitos ―y me guiñó el ojo―.
Era como tú, muy guapete y muy aniñado, aunque ya tenía fama de malo, incluso iba en una moto robada por aquella época, mi madre pensó que sería un amor pasajero, por lo que no le dio mucha importancia, pero cuando aprobé la selectividad y comencé la carrera de enfermería, todavía seguíamos juntos, Fran dejó el instituto y se puso a trabajar, ya te imaginarás, con esa edad, todo eran trabajos precarios y tal...
y después fueron pasando los años, terminé la carrera...
estuve haciendo varias sustituciones y un par de años más tarde ya empecé en el hospital con plaza fija, y me fui a vivir con Fran.
Por aquel entonces tendríamos 26 y 24 más o menos.
Alquilamos un piso y los primeros meses bien, pero luego empezaron las discusiones y Fran se volvió muy celoso y posesivo, siempre lo había sido, pero, uffff, llevaba muy mal lo de que trabajara en el hospital...
―¿Y qué se esperaba?, eres enfermera...
―Se le cruzó el cable, era enfermizo lo suyo, una cosa es tener celos y otra lo de Fran, cada vez le molestaba más que me pusiera escotes o faldas, apenas me permitía quedar con nadie...
incluso dejó de trabajar para estar más encima de mí y tenerme controlada, no me dejaba ir a ningún sitio, me llevaba al hospital y me recogía a la salida...
¡era muy agobiante y yo lo empecé a pasar muy mal!
―Vaya situación...
―Cuando discutíamos se enfadaba mucho y sus cabreos cada vez fueron a más, se ponía agresivo, y hasta llegué a tener miedo de vivir con él, aunque nunca me puso una mano encima... era más violencia verbal...
―Uf, eso tiene que ser muy duro...
―Entonces le di un ultimatun, o cambiaba o yo no podía seguir así...
y Fran cambió unos meses y yo caí como una tonta en su engaño, incluso después de eso nos casamos, nos compramos un piso y él enseguida volvió a comportarse como antes, incluso peor, ya teníamos broncas superfuertes, me daba miedo porque se ponía muy violento, le daba puñetazos a las puertas, se cargó un cristal de casa, me miraba el móvil y un día me lo reventó contra el suelo...
―Joder...
―Y yo seguí, aguantado y aguantando, pero ya todos me decían que me fuera de casa, que al final me iba a pasar algo grave...
―Sí, nunca se sabe con un tío así...
―Hasta que llegó el día, fue en un bar, me agarró del brazo, me amenazó, se volvió loco porque según él un tío me había mirado las tetas, ¡y era mentira!
―Y aunque fuera verdad, no era para ponerse así...
―Ya, pero es que no pasó y esa noche, la seguridad del local activó los protocolos de violencia de género...
, y al final me separé temporalmente de él, me fui de casa, encima que la estaba pagando yo, pero él no lo aceptó y me venía a buscar al trabajo, o donde estuviera y al final le tuve que poner una orden de alejamiento.
Cuando llegó la orden se puso como una fiera y vino a buscarme aquí al hospital, gritando, como una bestia, ¡fue muy duro y lo pasé muy mal!
―Ya me imagino...
―Le tuvieron que echar los de seguridad y por suerte, después llegamos a un acuerdo, yo me quedé el piso y le dije que o se iba o le denunciaría por haber incumplido la orden de alejamiento y terminaría en la cárcel...
y bueno, hasta hoy, se borró del mapa, y ahora no sé nada de él, ya ha pasado bastante tiempo y creo que me dijeron que andaba por Francia, por la zona de Burdeos, trabajando en un viñedo con una familia, eso es lo último que me contaron...
―Joder, vaya historia...
―Está bastante resumida, pero ya te imaginarás lo que sufrí, fueron trece años con él...
―Uf, lo debiste pasar muy mal...
―Sí...
―No sé cómo aguantaste...
―Cuando llevas tanto tiempo con alguien te cuesta más poner punto y final, por suerte no tuvimos hijos y Fran ya es parte de mi pasado...
, aunque también tenía sus cosas buenas, sobre todo al principio, era muy atento, me trataba bien, luego ya...
todo se volvió muy tóxico, discutíamos todos los días y...
―entonces Lorena se quedó callada, dudando si continuar la frase.
―¿Y qué...?
―Teníamos que recurrir al sexo para reconciliarnos o creo que nos hubiéramos matado, te lo digo en serio... ―dijo bebiéndose la copa deprisa.
Se notaba que no le gustaba nada hablar de este tema.
―¿Os reconciliabais con el sexo?
―Sí, más o menos, una pareja normal después de discutir, habla las cosas, las debate, nosotros no, nosotros follábamos y sacábamos fuera toda esa rabia... ―me soltó mirándome directamente a los ojos.
―¡Joder!
Y después se hizo el silencio. A Lorena se le había cambiado la cara y esa confidencia, muy medida por su parte, no la había hecho en vano.
Quería comprobar mi reacción, tantearme y tan solo con decir eso, consiguió que se me volviera a poner dura.
Hice un movimiento disimulado, tratando de acomodarme la erección bajo el vaquero, pero Lorena se dio cuenta.
―¿Quieres saber algo más? ―me preguntó apurando su copa y yo bebí de la mía, pensando si quería abrir esa puerta.
No lo dudé ni un segundo.
―¿Follaba bien?
―Sí, muy bien ―esta vez fue directa y no me contestó con evasivas, como cuando le pregunté si Juanlu era bueno en la cama.
―¿Mejor que yo? ―y me incliné sobre ella, desabrochando su pantalón.
―Marcos, nooo ―susurró acariciándome el pelo.
―¡Contéstame! ―le pedí tirando de su vaquero lo justo, para poder soltar los corchetes de su body.
―Distinto... era muy distinto...
―No te he preguntado eso ―y cuando Lorena me sintió jugando entre sus muslos, se recostó un poco en el sofá y se abrió de piernas, dejando que le metiera dos dedos en el coño.
La muy zorra estaba empapada.
―Aaaaaah, Marcos, déjalo, mmmmm...
―¡Contéstame!, dime la verdad...
―¿Qué quieres saber?, aaaaah, ¡joder!
―Si follaba mejor que yo, aunque debía ser muy bueno, porque estás muy mojada solo con pensar en él...
―Síííí, síííí, era muy bueno, aaaaah, aaaaah...
―¿Cómo te follaba?
―De todas las maneras, en todos los sitios, donde pillábamos...
―¿Qué era lo que más le gustaba?
―Ponerse detrás de mí y metérmela frente a un espejo mientras nos mirábamos a la cara, le gustaba tirarme del pelo y sobre todo insultarme, me decía que mirara mi cara de puta en el espejo...
―¡Joder!
―Si estaba muy enfadado o fuera de sí, me daba por el culo, aaaah, y yo me corría... aaaaahhgggg...
―¡Dios mío! ―exclamé sin dejar de masturbarla.
―¿Eso es lo que querías saber? ―dijo sujetándome del pelo y buscó mi boca para darme un morreo agresivo, mordiéndome los labios mientras yo me la follaba con los dedos.
Era increíble escuchar su respiración, cómo se retorcía de placer en el sofá con ese body de fulana y los pantalones a medio bajar. Lorena ya gemía desatada, ansiosa y su coño cada vez estaba más y más empapado.
―¡Follábamos todos los días!, incluso algún día dos veces... mmmmmm... ¡vamos, sigueee, sigueeee, mueve los dedos, y ni se te ocurra parar, nene!
―¿Tenía buena polla?
―Síííí... y se le ponía igual de dura que a ti...
―¿Era grande?, ¿más que la mía?
―Aaaaah, aaaaaah, vas a hacer que me corra, joderrrr... sigueeeee, aaaaah... ―gritó evitando contestar mi pregunta.
Y al borde del orgasmo, me mordió con rabia en el hombro y yo tiré de ella, levantándola del sofá. La arrastré por el brazo, llevándola hasta el espejo del recibidor de la entrada y me situé detrás. Bajé un poco más su pantalón y aparté la tela del body que colgaba, desnudando su pequeño culo.
Nos miramos a los ojos cuando sintió mi polla entre sus piernas y Lorena echó el cuerpo hacia atrás, soltando un grito de placer cuando la penetré con un solo golpe de cadera.
―¡¡¡Aaaaah, joder, qué rico!!!, aaaaah... ¡vamos, fóllame nene!
Bajé los tirantes de su body, desnudando sus tetas y luego puse las manos en su cintura y comencé a embestirla, con movimientos secos y rápidos.
Lorena no dejaba de mirarme y notaba en su cara la ira que tenía acumulada al recordar la historia con su ex.
Estaba más agresiva de lo normal y pasó una mano hacia atrás, apretándome los glúteos con los dedos y arañándomelos con sus uñas.
―¡Fóllame, fóllame más fuerte!
Me apoyé en su espalda y le agarré las tetas, estrujándoselas al ritmo al que me la follaba, y luego le mordí el hombro con rabia.
―¡Aaaaaahhgg, más fuerte, muérdeme más fuerte, cabrón!
Y yo le clavé los dientes hasta que noté el sabor de la sangre corriendo por mi lengua.
―¡¡¡AAAAHHHGGG, HIJO DE PERRA!!!, ¡eso es... aaaaahhhgg, así quiero que me folles!
La tiré del pelo y le mordí el cuello, pellizqué sus pezones y Lorena todavía me pidió más, moviendo el culo para salir al encuentro de mis embites.
Y de repente detuve mis acometidas y me quedé parado unos segundos.
Lorena jadeaba con la boca abierta, y me apremió, volviendo a clavar los dedos en mi culo.
―¡Vamos, vamos, no te pares ahora, nene, sigueee, lo estabas haciendo muy bien, joderrr, sigueee!
―Espera...
―¿Qué haces?, uffff...
―Quiero ver bien esa cara de puta que tienes ―dije con autoridad, sujetándola del pelo y acerqué su rostro al espejo―. Y ahora escupe...
Y ella soltó un salivazo en el cristal del recibidor, como si se lo estuviera echando a ella misma y después la agarré fuerte del cuello, estragulándola.
―Eres una puta, ¿verdad?