16
Lorena tenía un extraño brillo en los ojos y se me quedó mirando fijamente. Con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá y las piernas cruzadas esperó a que comenzara a contarle mi historia. Y yo me puse bastante nervioso al ver así a Lorena, impaciente por conocer mi pasado con Lucía.
―Hacíais muy buena pareja, ella es muy guapa... es normal que te gustara tanto ―me dijo antes de que empezara a hablar.
―Tú me gustas más ―y ella sonrió, pero fue una sonrisa triste, como si no me creyera del todo y después me acarició la pierna con ternura.
―Eres un cielo... venga, empieza, quiero saber lo que te pasó con ella... ―me pidió dándole un trago a su copa y ya se quedó con el vaso de la mano.
―Más o menos llevaríamos un año y cuatro o cinco meses, casi año y medio, estábamos muy bien, en nuestro mejor momento, o eso pensaba yo... y de repente, Lucía me propuso ir a un local de intercambio, ya sabes, a un sitio de esos liberales...
―¿En serio?, eso sí que no me lo hubiera imaginado nunca, vaya, vaya, esto se pone más interesante de lo que pensaba, ¿y aceptaste?
―Sí, al final me convenció y tal, pero quedamos en ir así en plan morboso, como un juego, para tomar algo, ver el ambiente... por supuesto que yo no quería hacer un intercambio ni nada por el estilo...
―Ya me imagino.
―Pues fuimos al club Sirenas, es bastante famoso en la ciudad...
―Ni idea...
―Y bueno, el primer día conocimos a una pareja, eran bastante más mayores que nosotros, tendrían cerca de 60 años, sobre todo él, ella era algo más joven, iban muy bien vestidos, el señor era superelegante con una barba canosa muy cuidada y ella estaba regordita, pero también tenía mucha clase y era muy guapa.
―Mmmm, sigueee... ―dijo mirándome atentamente con la copa en los labios.
―Estuvimos hablando con ellos y luego pasamos a un reservado... ―en ese punto me pensé si contarle lo de Cristina, cuando me provocó, haciendo que me corriera en los pantalones.
Era como si una parte de mí quisiera hacerlo; yo sabía que sería muy humillante recordar eso delante de Lorena y al final tendría que reconocer que me había excitado ver a Lucía con ese seductor, pero al final lo pensé bien y omití ese detalle.
Lorena no dejaba de mirarme, y yo notaba que aquello le estaba gustando y que le daba mucho morbo y de repente se me puso dura bajo los pantalones.
No llevaba ni dos minutos contándole mi historia con Lucía y ya estaba empalmado.
―¿Y qué pasó en el reservado? ―me preguntó impaciente, mordiéndose los labios y rompiendo el silencio, al ver que me demoraba diez segundos.
Cogí mi refresco y bebí un poco para ganar tiempo. Empezaba a hacer mucho calor.
―Había dos sofás y yo me senté en uno con su mujer y en el otro se pusieron Lucía y su marido. Estuvimos hablando con ellos y cuando ese tío comenzó a tocar a mi novia, yo me rayé un poco...
―¿Le tocó?, ¿dónde?
―Pues en la pierna, ya estaban muy pegados, él no paraba de decirle cosas al oído, de darle besitos por el cuello y Lucía le dejaba...
―Eso es que le estaba gustando, ¿y tú no hacías nada con su mujer?, o no te ponía...
―Sí, era muy guapa y tal, pero yo estaba más pendiente de Lucía y su marido y ella se dio cuenta y nos giramos hacia ellos y se puso a decirme cosas al oído como que “no me preocupara por mi novia, que estaba en buenas manos, que su marido era un seductor, que tenía mucho éxito con las mujeres,que había estado con muchas y que era muy bueno en la cama y que a ella le gustaba ver cómo se las follaba”, cosas así...
―Joder...
―Todo eso con una voz sensual, así que imagínate cómo estaba yo, muy muy nervioso...
―Ya me supongo...
―Apenas teníamos 22 años y era nuestra primera vez en un sitio así.
―Sí, es muy fuerte, y luego, ¿qué pasó?
―Pues ya te he dicho que me rayé un montón y al final le pedí a Lucía que nos fuéramos, y no puso muy buena cara, se enfadó conmigo...
―Les cortaste el rollo, eso es que ella quería más.
―Puede ser, ese día nos fuimos y no pasó nada, pero Juan le dio una tarjeta con su número de móvil a Lucía y le dijo que si queríamos quedar otra vez, que le llamáramos...
―Y lo hicisteis...
―Yo no...
―¿Ella...?
―Sí, bueno, no fue así del todo, en las siguientes semanas volvimos unas cuantas veces más al Sirenas, por el tema del morbo y tal..., aunque ya no nos volvimos a encontrar a ninguna pareja como Juan y Cristina, supongo que dejaron el listón bastante alto...
―Y si tú no querías hacerlo, ¿por qué volviste otra vez?, me has dicho que te rayaste muchísimo al verla con otro...
―Porque me lo pidió ella, yo no quería, de verdad y no volvió a pasar nada más, ni conocimos a ninguna pareja, hasta que un día que estábamos de fiesta, sin que me lo esperara, Lucía me confesó que había quedado con Juan y Cristina por su cuenta.
―¡Que hija de puta!, ¿hizo un trío con ellos?
―No, no, bueno, no ese día, estuvieron cenando y tomando algo, pero habían volvieron a quedar para el fin de semana y me dijo que quería que yo también fuera a la cita. Otra vez los cuatro. Quedó con ellos sin consultarme ni nada...
―Joder... ¿y fuiste? ―me preguntó dándole otro trago a su copa.
―No. Ahí ya me planté.
―¿Y ella?
―Lucía sí, pero no me dijo nada, lo hizo a mis espaldas, me engañó, y luego ya el último mes estuvimos muy raros, casi ni nos hablábamos, todo el día enfadados, yo sabía que pasaba algo, pero no entendía el qué...
―¿Se acostó con ese hombre?
―Sí... y al parecer estuvo todo el mes viéndose con ellos, y encima, cuando me lo confesó todo, después cortó conmigo, dijo que había sido por mi culpa y que no quería verme nunca más...
―¿Te pone los cuernos y encima te echa a ti la culpa?, ¡hostia, menuda hija de puta es la niñata!
―Tal cual...
―Es muy guapa, pero tiene una cara de zorrita que...
―Pues esa es más o menos mi historia con Lucía..., después lo pasé bastante mal, porque no me lo esperaba, antes de ese último mes estábamos genial como pareja, y yo estaba muy enamorado de ella, no entendí por qué hizo eso... ―le solté sin pensar en lo que acababa de decir.
―Hoy te has puesto muy rojo cuando la hemos visto...
―No había vuelto a coincidir con ella desde que lo dejamos...
―¿Y te contó que se había estado follando a ese tío todo el mes antes de dejarte?, ¡joder, hay que ser muy zorra!
―Sí, y con la mujer también...
―¡¿Cómo, cómo?!
―Que Cristina también iba a los encuentros, hacían tríos, aunque ella no participaba, solo le gustaba mirar, y le decía a su marido cómo se tenía que follar a Lucía... era la directora de orquesta...
―¡Hostia, qué fuerte!
―Pues esa es más o menos mi historia con Lucía...
―¡Guau!... solo una cosa que no me ha quedado clara, ¿a ti te gustaba ir a esos locales de intercambio así en plan morbo o solo lo hacías por tu ex?
―Un poco sí, pero yo no quería que Lucía follara con otro...
―Claro, claro...
―Pero no sé, me daba morbillo verla hablar con otros hombres, ver cómo la deseaban...
―Mmmmmm...
―Y nuestra vida sexual mejoró mucho, era más intensa, teníamos un sexo increíble, por ejemplo, cuando volvíamos en coche del Sirenas, estábamos tan excitados que parábamos en el parking de una gasolinera...
―Y te follabas a la niñata.
―Sí.
Entonces me soltó lo que estaba esperando.
―A mí nunca me has propuesto nada, ¿te gustaría ir conmigo a un local liberal de esos? ―me preguntó apurando su copa y se me quedó mirando atentamente, pasándose el borde del cristal por los labios.
―No, noooo... no quiero que se repita la historia.
―¿No te gustaría verme hablar con otros?, has dicho antes que eso te daba morbo...
―Con Lucía...
―¿Y conmigo no?
―Bueno, es distinto...
―¿Por qué...?
―No quiero empezar en esto contigo, me da miedo perderte, me gustas mucho, Lorena y con Lucía fue un desastre...
―Yo no soy como esa niñata, ¡lo que te hizo es de ser muy hija de puta!
―¿A ti te gustaría ir?
―Solo si a ti te gusta eso, claro, lo haría por ti ―murmuró acercándose y me palpó la polla por encima del pantalón―. Mmmmm, ya la tienes dura... ―gimoteó dándome besitos por el cuello.
―Lorena, aaaaah...
―¿Sabes lo que pienso? ―me dijo sacándome la polla.
―¿Qué...?
―Que te hubiera gustado ir a la cita con ese matrimonio cuando te lo pidió Lucía, seguro que lo pensaste muchas veces, lo has dado mil vueltas en la cabeza, crees que si hubieras ido, ella no se habría acostado con él...
¿verdad?, y seguiríais juntos, y eso te atormentó en su momento... ―y comenzó a pajearme lentamente.
―Mmmmmm, puede ser...
―Mira, nene, quizás ese día no hubiera pasado nada, pero tarde o temprano ella te habría puesto los cuernos igual, si no es con ellos hubiera sido con otros...
―Lo sé...
―Aunque lo más probable, es que si hubieras ido a esa cita a cuatro, ella se habría acostado también con ese tío, así que casi mejor que no fueras...
―¿Por qué?
―Porque Lucía hubiera follado delante de ti, nene... sabes que eso es lo que habría ocurrido...
―¡Joder! ―y yo me volví hacia ella y la miré asustado, mientras Lorena incrementaba el ritmo de su paja.
―¿Te lo has imaginado muchas veces?, ese tío de la barbita follándose a tu novia... ―me ronroneó pasándome la lengua por el lóbulo de la oreja.
―Aaaaaah, aaaaaah, Lorena...
―¿Qué te pasa?
―Me voy a correr...
―Lo sé...
―Aaaaah, aaaaah...
―Suéltalo, nene, suéltalo todo, no te resistas más... mmmmm, ¡me has puesto tan cachonda con esa historia!, si quieres tú y yo... también podríamos ir a un club de intercambio...
Y en cuanto me dijo eso, comencé a correrme sobre mi cuerpo, negando con la cabeza.
―Nooo, noooo, aaaahhgg, aaaahhgg, nooooo, joderrr, noooo ―protesté, retorciéndome de placer en el sofá.
―¡Córrete, eso es, échalo todo! ―siguió Lorena, sacudiéndomela todavía con más fuerza.
Me pegué una corrida de impresión, llenando mi camisa de semen, con varios lefazos que incluso me llegaron a alcanzar hasta el cuello. Bajé la cabeza avergonzado, mientras Lorena no paraba de emitir pequeños gemiditos, pasándome la lengua por el cuello y mordiéndome la oreja.
―¡Uf, qué corridón!, ha estado muy bien, ¿qué te pasa? ―me preguntó al ver que no me atrevía ni a mirarla a los ojos.
―No me ha gustado eso que has dicho, lo de ir a un club de intercambio.
―¡Ay, perdona, nene!, sí, se me ha ido un poco la cabeza, lo siento, lo siento, pensé que te gustaría escucharme decir eso... ―y me plantó un besazo en toda la mejilla y después se miró los dedos de la mano cubiertos de semen.
―Está bien, no pasa nada...
―Solo quería seguirte un poco el juego, he visto que te has excitado un poco al recordar esta historia, pero si me he pasado, lo siento, de verdad... ―y se metió un dedo en la boca, chupándolo hasta dejarlo limpio―. ¡Mmmmm, delicioso!
El perdón de Lorena parecía sincero y aunque yo intentaba hacerme el ofendido, la única verdad era que en cuanto ella me había insinuado lo de ir a un local liberal, yo me había corrido casi de inmediato.
En ese momento podía haber sido sincero con ella, contarle mi mayor fantasía, lo que me gustaba verla hablando con otros, contarle que eso me la ponía increíblemente dura.
Incluso aceptar que ella me acompañara a un club swinger.
Lo que estaba claro es que mi historia le había gustado mucho, Lorena parecía muy excitada y yo me empalmé de nuevo, viendo cómo se lamía los dedos uno a uno.
Y ahí fue cuando me armé de valor y me atreví a preguntar a Lorena por la relación con su ex. Y es que ella nunca me había hablado de él.
―Ya que estamos de confidencias, ¿te puedo preguntar lo que te pasó con tu marido?
―Vaya, hoy es el día de las confesiones... para eso voy a tener que ponerme otra copa, si no te importa...
―Prepárame a mí una también, por favor... ―le dije al ver que se ponía de pie―. Me da igual, lo que sea, lo mismo que vas a tomar tú, creo que para escuchar esto voy a necesitar un trago...
Lorena no tardó en volver con dos copas bien cargadas y me pasó uno de los vasos antes de volver a sentarse a mi lado...