12 #2
―Sí, le dijo a su marido algo así como, “es una pena que no esté el cornudo de su novio, aunque seguro que ya se habría corrido en los pantalones otra vez viendo cómo te la chupaba”, mmmmm, ni te imaginas cómo me pusieron esas palabras...
―Joder, Lucía, creo que no quiero saber el resto, para por favor ―le supliqué sin soltar las manos del volante.
Hacía demasiado calor dentro del coche, y ya notaba unos chorretones de sudor descendiendo por mi cuello y deslizándose por mi pecho, entre los botones de la camisa.
Estaba demasiado nervioso, tenso y excitado a partes iguales y mi polla no paraba de palpitar.
Era como si estuviera a punto de correrme, pero eso no podía ser, porque ni tan siquiera me la había tocado y mis glúteos se contraían y se relajaban de manera involuntaria.
Y es que la belleza impresionante de Lucía se mostraba en todo su esplendor ante mis ojos, y además, ella se masturbaba delante de mí, con las piernas bien abiertas y el tanguita a un lado.
Era todo demasiado sucio y obsceno. Y hacía tanto calor.
―Aaaaah, aaaaah, Marcos, te hubiera encantado aquello, estoy segura...
, me puse a cuatro patas en la cama y Juan se acercó por detrás, mmmmmm, me la puso entre las piernas, y te lo juro que no sé si había puesto condón o no, pero es que me daba igual...
entonces la escuché otra vez a ella, “¿por dónde quieres métersela, por el coñito o por el culo?”.
―¿Quéééé...?
―Yo era virgen por detrás, ya lo sabes...
―No me digas que...
―Estaba tan cachonda que me hubiera dejado, ¡no lo dudes!
, aunque ese día me lo hizo solo por el coño, joder, no me habían follado así en la puta vida, aaaaaah, Cristina le ordenaba que me tirara del pelo, que me soltara azotes, que me reventara duro y Juan era una bestia en la cama...
, no sé ni la de veces que me corrí, mmmmmm...
, contigo ya sabes que con la penetración era imposible, aaaaaah, aaaaaaah, siempre me dejabas a medias y luego tenías que usar la lengua, aaaaaah ―gimió incrementando la velocidad a la que se metía los dedos.
―¿Do... dónde se corrió? ―pregunté de manera patética.
―Aaaaah, aaaah, me la sacó cuando ya no podía más y me lo echó por la espalda y por el culo, mmmmm, ¡me encantó!, ¡la sentí tan caliente!, y Cristina no paraba de gritar, “córrete encima de esa puta, córrete encima de ella”.
―¡Diosssss!
―Luego me folló, aaaaaah, aaaaah, dos veces más, aaaaaah, aaaaaah, ¡me voy a correr!
, hizo conmigo todo lo que quiso... y yo se la volví a chupar, mmmmm, me prometió, aaaaah, aaaaah, que la siguiente vez me iba a dar por el culo...
¡joder, Marcos, esa noche, aaaaah, aaaaah, te convertiste en un cornudo!
Aquella última frase fue el detonante de todo. Y cuando vi cómo su cuerpo convulsionaba y comenzaba a correrse, me agarré con fuerza al volante y cerré los ojos.
“Te convertiste en un cornudo”.
Mi polla explotó de manera salvaje sin tan siquiera tocarme, y yo noté mi semen precipitarse de manera irremediable en un orgasmo súper intenso.
―¡¡Aaaaaah, aaaaaah, aaaaah, síííííí, sííííí, síííííí, me corroooo, aaaah, aaaah, Diossss!! ―gritó Lucía, acariciándose a toda velocidad, destrozándose el coño con los dedos.
Ni tan siquiera pude mirar hacia ella. Me quedé con la mirada perdida al frente, escuchando el chapoteo de su entrepierna y sus gritos de placer. Se convulsionaba subiendo y bajando las caderas, pegándose un corridón increíble y me morí de la vergüenza cuando me dijo.
―¡¡Síííí, síííí, córrete en los pantalones, cornudo, ja, ja, ja, eso es, vamos, cornudo, córrete!!
¡¡¿Cómo se había dado cuenta?!!
Creo que hasta me puse rojo de la vergüenza que me dio y después me quedé paralizado, esperando que ella se recuperara.
Al girarme me encontré con una imagen dantesca.
Lucía ya no era la pija maquillada y bien arreglada que se había presentado a la cita.
Tenía el pelo pegado en la frente por el sudor, se le había corrido el maquillaje y el vestido echo un trapo en su cintura.
―¡Joder, Marcos, hacía siglos que no me corría así!
, ¡esto ha sido la hostia, tenemos que repetirlo más veces!
―exclamó volviéndose a colocar el tanguita, pero sin cerrar las piernas, quedándose en esa postura tan erótica.
Se acarició la cara interna de los muslos mientras ronroneaba y después trató de arreglarse el pelo, echándoselo para atrás―.
Me hubiera gustado ver cómo te hacías una paja mientras te lo contaba, pero bueno...
ya veo que ni tan siquiera ha hecho falta, ja, ja, ja... ―se jactó de mí.
―¡Esto ha sido un puto error!, ¡no quiero volver a verte nunca más, Lucía!
―¿Me llevas a casa? ―me preguntó cerrando las piernas―. ¡Uf, creo que necesito un cigarrillo!
―¿Es que no me has escuchado?
―Pues claro que sí, pero ya te he dicho que nos vimos seis o siete veces más, ¿de verdad no quieres que te cuente los demás encuentros que tuve con Juan y Cristina mientras tú y yo todavía éramos novios?
―¡No, vete a la mierda!
―En la siguiente cita me dio por el culo ―afirmó encendiendo un pitillo―, pero bueno, eso ya te lo contaré bien cuando volvamos a...
―No vamos a volver a quedar en la vida, ¿me has oído bien?, ¡no quiero verte más, joder!
―¿En serio no quieres saber cómo se follaron por detrás a tu novia?
―y me acarició la mejilla con un dedo―. Seguro que ya la tienes dura otra vez, mmmmm, esto hay que repetirlo sí o sí, volveré a escribirte esta semana, Marcos, ahora te acabas de correr y se te habrá pasado un poco el calentón, pero dentro de un par de horas me suplicarás porque volvamos a vernos...
, ah, y otra cosa, a ninguno de los dos nos conviene que esto se sepa, será nuestro pequeño secreto, ¿de acuerdo?
―¡Que te jodan!
―¿Me llevas a casa?
―Te voy a acercar hasta Los chopos y allí te buscas la vida, no te dejo aquí tirada en medio del pinar para que no te pase nada, pero con ganas me quedo...
―Antes no eras así, Marcos, ¿qué te ha pasado?, espero que estar con esa zorra no te haya cambiado ―dijo echando el humo del cigarro por la ventanilla.
―Ni se te ocurra hablar de ella, no le llegas ni a la suela de... ¡y deja ya de fumar de una puta vez!, me estás dejando todo el olor a tabacazo...
―Ya, por eso estás ahora conmigo y no con, ¿cómo se llama...?
―Lorena...
―Ja, ja, ja, no esperaba menos, le pega bien ese nombre, ja, ja,ja, es de choni choni...
Resoplé y conduje en silencio los cinco minutos hasta llegar de nuevo a la terraza en la que habíamos quedado. Le pedí a Lucía que se bajara del coche y yo entré a los baños, para limpiarme el corridón que me había pegado.
Me sentía tan mal por lo que acababa de pasar, que en ese instante necesité ir a ver a Lorena antes de regresar a casa y al salir de los servicios, vi a Lucía montándose en un taxi.
La hija de puta me sonrió y me hizo un gesto de despedida con la mano y yo arranqué el coche y me dirigí hasta el piso de mi chica.
Necesitaba respuestas, aclararme, saber qué es lo que había pasado entre ella y Juanlu, si es que ella quería contármelo.
O simplemente necesitaba una excusa que justificara lo que acababa de hacer con Lucía.
Y por el camino, la llamé varias veces por teléfono, pero Lorena no me contestó. Lo intenté en tres ocasiones y nada, y veinte minutos más tarde, ya eran casi las ocho de la tarde cuando aparqué frente a su portal y llamé al timbre...