10 #2
Esas visitas al Sirenas, creo que nos unió y nos fortaleció como pareja, pero Lucía buscaba algo más. Quería emociones más intensas, y yo aceptaba lo de ir a los clubs liberales, porque sentía que estábamos en nuestro mejor momento y el sexo era más salvaje y placentero que nunca.
Y de repente, un finde que salimos con nuestros amigos de fiesta, Lucía había bebido más de la cuenta, y en la última discoteca antes de irnos a casa, se acercó a mí y me confesó al oído.
―Tenía que contarte una cosita, pero no te enfades, ¿vale? ―dijo colgándose de mi cuello.
―¿Qué pasa, Lucía?
―Esta semana he llamado a Juan y a Cristina, ¿te acuerdas de ellos?, la pareja que conocimos en el Sirenas..
―Sí, claro que me acuerdo de ellos, y ¿para qué les has llamado?
―Porque quería hablar con ellos y bueno, después me propusieron quedar los tres y yo acepté, ayer estuvimos tomando algo y luego me invitaron a cenar en un restaurante...
―¡Pero me dijiste que habías quedado con tus amigas!
―Ya, lo siento...
―¡Me has engañado, Lucía!, joder, ¿pero tú de qué coño vas?, ¿por qué no me lo dijiste?, ¿es que te has acostado con ese tío?
―Te lo estoy contando ahora y no es para que te pongas así, claro que no hicimos nada, idiota, no te he engañado, solo estuvimos tomando algo y fuimos a cenar, ¡ya está!, no te montes películas, tío...
―Ah, vale, pues si para ti es normal quedar con una pareja a mis espaldas, no sé, yo no lo veo ni medio normal...
―No te enfades, cariño ―dijo besuqueando mi cuello.
―Es que me parece muy grave esto...
―Venga, no me cortes el rollo, solo lo hice porque yo creo que nos viene muy bien...
―¿Muy bien?, ¿para qué...?
―¿Es que no te acuerdas de cómo me follaste en la gasolinera el primer día que fuimos al Sirenas?
―Sí, sí me acuerdo...
―Pues hoy también quiero que me lleves a algún sitio con el coche y que me folles...
―Joder, Lucía, tú todo lo arreglas así... ―suspiré derritiéndome, mientras ella me besaba el cuello―, pero esto lo tenemos que hablar, porque...
―Y a ti te encanta... venga, vamos, quiero que me folles y te cuento lo que pasó ayer... ―me pidió tirando de mi mano y salimos del bar, buscando mi viejo coche que tenía aparcado en una calle muy cerca.
Conduje hasta un picadero próximo a un parque y paré el motor. No éramos los únicos. Lucía estaba impaciente y se quitó el cinturón de seguridad, montándose encima de mí. Se subió su vestido negro y yo acaricié sus glúteos desnudos mientras ella me desabrochaba los pantalones y me sacaba la polla.
En cuanto me puso el condón, tan solo tuvo que apartarse el tanguita y se dejó caer sobre mí, comenzando a cabalgarme mientras me ronroneaba al oído.
―¡¡Mmmm, qué ganas tenía de que me la metieras!!
―Ufff, Lucía, para, paraaa, más despacio...
―Ayer llegué a casa cachondísima, después de estar con Juan y con Cristina, mmmmmm...
―¿Por qué?
―Porque me acordé de lo que pasó el primer día, ¡uf, me puso mucho cuando me di cuenta de que te habías corrido!
―¡Lucía!
―No tiene por qué darte vergüenza, fue muy excitante, no tuvo ni que sacártela y tú, mmmmmm, te lo echaste encima...
―Vale, para, deja de decir eso...
―Te puso demasiado verme con Juan, reconócelo...
―Noooo, fue la situación, fue un poco todo..., estaba muy nervioso.
―Joder, te corriste en los putos pantalones, ¿sabes?, ayer hablamos de eso...
―¿Qué...?, ¿hablasteis de mí?
―Claro, a Cristina le gustó mucho también, lo describió de una manera muy gráfica, dijo que había sentido cómo te palpitaba al eyacular... tenías que haber visto la cara de viciosa que puso mientras nos lo contaba...
―Vale, mmmmm, no quiero hablar más de eso... ¡déjalo, Lucía!
―¿Y por qué la tienes tan dura?
―Por favor, para, mmmm, por favor, deja de hablar...
―Casi no puedo ni follarte, mira qué despacito me estoy moviendo...
―Uffff, uffff, estoy a punto...
―Ya lo sé, córrete si quieres, ya sé que el primero no aguantas nada, y por cierto, el viernes que viene vamos a quedar con ellos otra vez...
―Nooooo, noooooo...
―Quieren invitarnos a cenar, a tomar algo y quién sabe, si va bien, hasta podríamos terminar en su casa... ¿no te gustaría?
―No, Lucía, eso noooo...
―Bueno, ya lo hablaremos, ¿vas a correrte ya?
―Síííí, sííííí...
―Pues hazlo, vamos, déjalo salir, no sufras más, mmmm...
―Aaaaaah, aaaaah, aaaaah, sí, me corro, me corroooo... aaaaah, aaaaaah...
―Muy bien, mmmmm, mmmmm... vamos, sigueeee, sigueeeee...
Y en cuanto terminé, Lucía se quitó de encima de mí y regresó a su asiento, colocándose el tanga, bajándose el vestido y se retocó los labios en el espejo.
―Me ha encantado, cariño... ―me dijo sin mirarme.
―A mí también.
―Bueno, parece que hoy has durado un poquito más que de costumbre.
―Perdona, si quieres te termino con los dedos ―y colé una mano bajo su vestido.
―No, da igual, me he quedado bien, no te preocupes.
―De acuerdo ―dije retirándola―. Oye, Lucía, eso que has dicho antes de quedar con...
―Sí, el viernes.
―No lo vamos a hacer.
―Claro que lo vamos a hacer, si tú no quieres venir me parece bien, pero yo sí voy a ir ―me soltó como si nada.
―¡¿Cómo?!
―Que yo sí voy a ir a la cita, me he comprometido con ellos y les he dicho que te convencería, no me hagas quedar mal, eh...
―¿Me lo estás diciendo en serio?
―Sí, siempre tenemos que hacer lo que a ti te gusta, y para una vez que tenemos la oportunidad de hacer algo morboso, tú no quieres...
―Podemos hacer muchas cosas morbosas, pero no quiero que te folle otro tío...
―¿Qué dices?, es solo para tomar una copa, cenar, estar con ellos, ¡no seas exagerado!
―Sí, ya...
―¿Entonces no vas a venir?
―No...
―De acuerdo, arranca y llévame a casa...
Sinceramente, pensé que Lucía solo se estaba tirando un farol y que al final, después de mi negativa rotunda, ella no iría a la cita con Cristina y Juan.
Es verdad que se enfadó mucho aquella noche y no habló nada en todo el viaje de vuelta, pero jamás pensé que fuera a ocurrir lo que sucedió unos días después...