10
Yo todavía no lo sabía, pero aquello fue el principio de nuestro final.
―Hacéis muy buena pareja ―me soltó Cristina.
―Gracias, vosotros también..., pero nosotros no buscamos nada, solo hemos venido aquí por curiosidad ―quise adelantarme, antes de que ella se me insinuara.
―Ya me imagino, ¿y de quién fue la idea de venir?
―Un poco de los dos...
―¿De los dos o de ella...?, porque tú estás un poco nervioso...
―Bueno, sí, fue un poco más idea de Lucía, pero lo hablamos y los dos decidimos que podía ser divertido...
―Sí, claro, hiciste muy bien, porque en estos sitios te lo pasas genial, no os vais a arrepentir si entráis en este mundo, ¿y lleváis mucho tiempo saliendo?
―Pues algo más de un año... ¿y vosotros?
―Casi he perdido la cuenta, llevamos casados más de 25 años y otros cinco de novios...
―¡Uf, es mucho!
―A ver si vosotros aguantáis tanto.
―Eso espero ―dije volviendo a echar un vistazo a mi chica y su marido por encima de su hombro.
―Tranquilo, deja de mirarles, que no se van a ir a ningún sitio, ja, ja, ja..., ¿o es que te gusta ver a Lucía hablando con otros hombres?
―No, no... perdona...
―No pasa nada, no me molesta en absoluto que mientras charlamos estés pendiente de ella, es lo más normal del mundo en estos sitios...
―Sí, pero no...
―Conmigo no hace falta que disimules, no me extraña que quieras protegerla, ¡es muy atractiva!, Juan enseguida se ha fijado en ella en cuanto hemos entrado, aunque la verdad es que llamáis mucho la atención, ¡sois tan jóvenes y tan guapos!
―Muchas gracias.
―No te preocupes por tu novia, Juan sabe cómo hacer que una mujer se sienta bien...
y esto al final es una mesa de cuatro patas y todos tenemos que estar de acuerdo...
, aunque a ti no te veo muy convencido, pero creo que en el fondo te gusta, puedo verlo en tu cara...
¿te excita ver a Lucía hablar con mi marido?
―Eeeeh, no...
―Vaya, ¡qué pena! ―dijo girándose un poco hacia ellos y situándose a mi lado―. La verdad es que hacen una pareja muy morbosa, ¿no te parece?
―Sí, bueno...
―Juan es todo un seductor y tu novia le gusta mucho... y ella no sé, también parece interesada, ¿no crees?, a él le gustan así, jóvenes, guapas, y rubias... ―y de repente Lucía me miró a los ojos e intercambiamos una mirada mientras Juan le comentaba algo al oído.
Mi chica estaba nerviosa, y apenas sonreía, aunque yo no la veía incómoda en absoluto. Es más, Cristina tenía razón, parecía receptiva y muy atenta a lo que le decía ese galán.
―Sí, pero bueno, ya te dije que nosotros solo queríamos pasarlo bien, no pensábamos...
―A mí me pone mucho verlos juntos, uffff ―suspiró Cristina mordiéndose los labios―. ¿No te gustaría que pasáramos los cuatro a un privado?
―No, no, aquí estamos bien...
―Tendríamos más intimidad...
Y de repente, como si nos hubieran escuchado, Juan se giró y se dirigió a mí.
―Estábamos hablando Lucía y yo que quizás podríamos ir a una sola privada, ¿te gustaría, Marcos? ―me dijo con su voz grave y varonil.
―No hace falta, es que nosotros, eeeh...
―Ya se lo sugerido yo ―volvió a interrumpirme Cristina.
―Vamos... ―me dijo con una palmada en el hombro, dirigiéndome hacia una puerta y ya no pude negarme―. Es por aquí...
Entramos con nuestras copas en la mano; Lucía y Juan se sentaron en un sofá y Cristina y yo en el otro. Era como una salita particular, con un pequeña mesa en el centro con una vela y un par de cuadros representando figuras exóticas.
―¿Sabes?, Juan ha estado con muchas, con muchísimas mujeres... ―me soltó Cristina de primeras, observando a su marido y mi chica.
―¿Y eso no te molesta?
―No, es muy bueno en la cama y a mí me encanta ver cómo se folla a otras... ―y apoyó una mano en mi muslo, demasiado cerca de mi paquete. Ella estaba decidida.
―Ey, ey, ¿qué haces?
―¿No te gusta que te toquen?
No es que ella me excitara realmente, aunque tenían que reconocer que era guapa y tenía unas tetas grandes muy llamativas, sin embargo, lo que me ponía cachondo era su tono de voz, cómo me decía las cosas, esa cara de morbosa que tenía y sobre todo, ver a mi novia con su marido.
Eso me ponía fuera de sí.
Juan le susurró algo al oído y Lucía miró hacia nosotros, entonces se encontró con la mano de Cristina merodeando mi paquete y a mí no me dio tiempo a apartarla.
Entendió, erróneamente, que yo había accedido a una especie de intercambio con aquella pareja, aunque no estaba de acuerdo en absoluto y después permitió que Juan le desabrochara un botón de la camisa.
Solo fue uno, un gesto sutil y muy sensual, pero suficiente para que él pudiera ver un poco su sujetador y mi polla volviera a palpitar.
Tenía una erección tremenda y todavía fue peor cuando Juan se acercó y le dio un tierno beso en la mejilla. Ella me miró y me guiñó un ojo justo al sentir los labios del madurito merodeando su cuello.
Ahí reconozco que me puse demasiado tenso.
La situación se había descontrolado por completo en apenas un par de minutos que llevábamos en el reservado y después fue Cristina la que se inclinó sobre mí, pasándome una pierna sobre mi muslo.
―Me apetece mucho ver cómo se la folla, y a ti también te va a encantar ―me jadeó al oído y bajó una mano para agarrármela por encima del pantalón.
Entonces lo sentí. Fue involuntario. Me puse tan nervioso que mi estómago se contrajo y un orgasmo se precipitó descontrolado, sin que yo pudiera hacer nada. No tuve tiempo ni a disimularlo.
―Aaaah, joderrr, nooooo, noooo, aaaaah, no me toquessss, aaaaah...
―Mmmmm, tranquilo, Marcos, no pasa nada, ssssh, tranquilo, disfruta...
―me ronroneó, apretándola y soltándola con mucha delicadeza, pajeándome por encima del pantalón.
Y es que se había dado cuenta de que me estaba corriendo y yo me quería morir del bochorno―.
Es muy normal, les pasa a muchos, es una sensación demasiado potente ver a tu pareja con otro... sobre todo si no estás acostumbrado.
Sus dedos hacían la presión exacta y yo me dejé llevar en un orgasmo corto, pero intenso y placentero, y en cuanto terminé, aunque seguía excitado, tuve un instante de lucidez para dar por terminado todo aquello.
Me levanté deprisa y me dirigí hacia Lucía y Juan, que no estaban haciendo nada, solo se susurraban confidencias mientras la mano del madurito ya se había situado en uno de los muslos de mi chica.
―Nos vamos ―dije con firmeza.
―¿Estás bien, Marcos?, ¿qué pasa? ―me preguntó Lucía extrañada.
―Acompáñale fuera, cariño, está todo bien... ―le pidió Cristina―. Hazme caso...
―Eh, sí, claro, pero, ¿ha sucedido algo? ―volvió a insistir Lucía, poniendo cara de no entender nada―. Pues nos vamos... y lo siento... ―se disculpó con Juan.
―No pasa nada, de todas formas ―dijo él, sacando una tarjeta de su cartera―. Os dejamos este número por si queréis quedar otro día ―y se la entregó a mi novia.
Salimos del club a toda velocidad y ya en el coche, Lucía me reprochó mi comportamiento.
―¿Por qué nos hemos ido?, ¿es que te ha hecho algo la gorda? ―me preguntó Lucía, faltándole al respeto a Cristina―. Ya he visto cómo te tocaba la polla y tú te dejabas, ¿no decías que solo íbamos a mirar?, ¡joder, te ha faltado tiempo!, ¿y luego, qué coño te ha pasado?, ¡no entiendo nada!
―¿Yo?, pero si has sido tú la que has empezado, yo no quería ir al reservado y está claro que ha sido un error, desde el principio no me pareció buena idea lo del club de intercambio...
―Entonces, ¿por qué aceptaste?
―Porque tú me lo pediste..., pero no pensé que fuéramos a hacer nada, solo era un juego, ¿no?
―Íbamos a probar, a experimentar, pero ya veo que no te ha gustado... de todas formas, vamos a algún sitio, tengo unas ganas increíbles de follar ―dijo manoseando mi polla.
―Vale, Lucía, tenemos que hablar de esto...
―Luego lo hablamos, ahora me apetece follar ―ronroneó inclinándose sobre mí para desabrocharme el botón del pantalón.
―Para, Lucía, joder, que estoy conduciendo...
―Vamos al polígono, o al picadero del estadio, aparca en cualquier vía de servicio que veas...
―Lucía, paraaaaa ―le supliqué justo cuando ella colaba los dedos por el elástico de mi calzón.
―¡JO-DER!, ¡¡¿Pero qué coño es esto?!! ―exclamó al sentir aquel líquido viscoso que empapaba mi pubis.
Sacó la mano y se frotó los dedos, mirando extrañada aquel fluido.
―¿Es semen?, no me jodas que te has corrido con la gorda ―y se acercó los dedos a la nariz para olerlo―. ¡¡Te has corrido en los pantalones!!
―Te dije que te estuvieras quieta...
―¿En serio te has corrido? ―insistió y al mirar hacia ella, se le cambió la cara, intentaba mostrarse enfadada, pero se le escapó una sonrisa, que en ese momento no supe interpretar.
―Sí, ha sido por los nervios, no sé qué me ha pasado...
―¡Joder, qué fuerte!, ¡no me lo puedo creer! ―se quedó unos segundos pensativa y luego se giró hacia mí―. ¿Ha sido por verme con ese tío o te ponía cachondo la puta gorda?
―Me he puesto muy nervioso y..., ha sido más por ti, no sé, me he excitado al verte con ese señor...
―¡Lo sabía!... ¿ves cómo te excita todo esto?, está bien, ya lo hablaremos, porque ahora tienes que recompensarme, ¿no?, tú ya has terminado, pero yo sigo cachondísima... para en el primer sitio apartado que pilles...
Y después hice lo que me pidió. Entré en una vía de servicio, dejé el coche en el parking de la gasolinera y allí follamos a lo bestia en el asiento delantero.
Aquel día fue un antes y un después.
Pensé que Lucía se olvidaría del asunto, pero la realidad es que un par de meses más tarde volvimos al club liberal. Aquella segunda noche fue un completo desastre, apenas le entraron a Lucía varios chicos que iban solos y un par de parejas que no nos gustaron en absoluto.
Cristina y Juan habían dejado el listón demasiado alto.
Incluso hablamos con otra pareja que estaban algo más próxima a nuestra edad, cerca de la treintena, pero tampoco tuvimos nada de feeling con ellos. Insistimos otro sábado un par de semanas más tarde, e hicimos una nueva escapada al club, aunque con idéntico resultado.