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Después de comer me pegué una ducha, me puse unos vaqueros, zapatillas y camisa y me fui a casa de Lorena. Por la noche había quedado con mis amigos para salir de fiesta, pero me apetecía mucho pasar la tarde con ella.
Follamos un par de veces y luego vimos una peli como dos enamorados en el sofá.
Con mantita y todo. Me encantaba estar con ella y que se acurrucara semidesnuda en mi pecho.
Por lo general, Lorena era un volcán, impulsiva, activa, pero cuando estaba conmigo la notaba más tranquila, relajada y yo creo que le gustaba ese equilibrio y la pausa que yo le aportaba y que ella necesitaba en su vida diaria.
Al terminar la película, metió la mano por debajo de mi pantalón y comenzó a pajearme.
Ya la tenía dura de nuevo y Lorena apartó la manta y me hizo una de sus deliciosas mamadas.
Tuve que pedirle que se detuviera para no terminar en su boca, y después ella se puso encima y me cabalgó hasta que me corrí dentro.
Me volvía loco ver cómo se le bamboleaban las tetazas mientras contorsionaba las caderas. Y es que tenía que reconocer que Lorena era una puta bestia en la cama.
Una folladora que me tenía completamente encoñado.
Era toda una maestra chupándola, ofreciéndose a cuatro patas, se le cambiaba hasta la voz diciendo toda clase de guarradas, le gustaba el sexo duro, salvaje, no era de esas que se tumbaba en la cama bocabajo y dejaba que se la metieras en un triste misionero hasta que te corrías dentro.
No. Lorena era de las que le gustaba mandar, de las que te exprimían hasta la última gota y te dejaban seco y con las piernas temblando.
Era todo sexo y vicio.
No dejaba ni que se te bajara cuando eyaculabas. Ella sabía cómo hacer que tu polla siguiera bien dura y después te ordenaba que la volvieras a follar.
Hasta que no pudieras más.
Terminamos juntos en la ducha, y yo no lo pude evitar y volví a tener una erección enjabonando sus pechos, aunque esta vez Lorena fue buena conmigo y me dio un poco de tregua.
Eso sí, me hizo prometerle que el domingo regresaría a su casa para pasar la tarde con ella.
Me vestí rápido y la dejé eligiendo la ropa que se iba a poner, ya que ella también iba a salir con sus amigas.
―Al final he quedado con estos para ir a cenar... ―me dijo poniéndose un tanguita negro minúsculo frente al espejo.
―¿Con quién...?
―Con los del curro, vamos todos, Natalia, María, Ferrán..., los de siempre..., si te quieres pasar luego.
―¿Y Juanlu?
―Sí, también, claro, todos los del grupo del viernes, nos vamos a juntar doce.
―Ah, cómo no le habías dicho...
―Si quieres te voy diciendo uno a uno, idiota ―protestó colocándose el sujetador a juego frente al espejo.
El conjuntito era realmente sexy y le sentaba como un guante en su pequeño y armonioso cuerpo. Y solo con verla así, se me volvió a poner dura.
―¿Qué prefieres?, ¿faldita de cuero y camiseta de tirantes o vestido? ―me preguntó.
―Con las dos cosas vas a estar increíble...
―Esta semana me he comprado estos botines con cremallera, ¿te gustan?
―Sí, son muy bonitos y tienen mucho tacón.
―Es lo que tenemos las bajitas, necesitamos un poco de ayuda extra...
―Tengo que irme, cariño, he quedado con estos a las nueve para cenar algo y ver el partido y ya voy tarde...
―¿Me acabas de llamar cariño?, ja, ja, ja...
―Sí, perdona no me he dado cuenta, me ha salido sin que...
―No, si me ha encantado, nene, si es que eres un amor, ven aquí ―y me plantó un besazo antes de que me fuera―. Pásatelo bien y no hagas ninguna tontería, eh, porque te mato...
―Ni tú tampoco.
―Hoy me has dejado bien servida y espero que mañana remates el fin de semana...
―Lorena...
―¿Sí?
―Nada, solo quería decirte que... eres genial y me encanta estar contigo.
―Y a mí también, nene, hacía tiempo que no estaba tan bien con alguien, han pasado tantos años que se me había olvidado lo que era tener una relación así... oye, si quieres llámame luego, así nos vemos...
―Lo intentaré, pero no te lo puedo asegurar, no sé dónde vamos a ir... ―le dije acercándome a ella, dándole un pico.
―Vale, llámame y te digo dónde estamos, ah... y la semana que viene me gustaría que vinieras un día a comer a mi casa, quiero presentarte a mi madre...
Uf, eso ya eran palabras mayores y el mejor indicativo de que ella comenzaba a tomarse nuestra relación muy en serio.
Y yo salí de su casa emocionado, satisfecho y enamorado.
La vida me sonreía y aquella noche, desinhibido y relajado, me lo pasé de puta madre con los colegas viendo el partido, tomando unos pinchos y a última hora fuimos a una discoteca a desbarrar un poquito.
Cuando me quise dar cuenta ya eran las cuatro de la mañana, el tiempo se me había pasado volando y mis amigos empezaban a estar pasaditos de alcohol.
Miré el móvil y tenía un par de whatsapps de Lorena, preguntándome si iba a acercarme a tomar algo con ellos y diciéndome en qué bar estaban. Me había olvidado por completo de ella. El último mensaje era ya de hacía una hora y cuando yo la escribí, no tuve respuesta por su parte.
Me despedí de mis amigos y me acerqué al bar que Lorena me había dicho, por si acaso seguían allí, aunque hubiera pasado una hora.
Y al entrar no vi a nadie del trabajo, era un grupo muy numeroso y enseguida llamarían la atención, pues el bar tampoco era muy grande y cuando estaba a punto de darme media vuelta, los vi apartados en una esquina.
Eran las cuatro y media de la mañana y allí estaban los dos solos. Juanlu y Lorena. Mi compañero de trabajo y mi novia.
No es que estuvieran haciendo nada, pero me sorprendió que no hubiera nadie más con ellos y verlos así me hizo palpitar el corazón.
Estaban hablando, riéndose y se tomaban la que debía ser la enésima copa de la noche.
Seguro que los dos habían bebido más de la cuenta, por lo menos Lorena a la que yo conocía bien y por sus gestos, no eran pocas las copas que llevaba encima.
En vez de acercarme a ellos, me quedé mirando como un idiota.
Como la noche en la que aquel chulo le entró a Lucía. Fue un flash.
Un deja vu.
Y mi polla saltó bajo mis pantalones. Una erección inmediata e involuntaria.
No entendía cómo se me ponía así de dura tan rápido, y eso que me había corrido tres veces unas pocas horas antes.
Mi primera reacción fue acercarme hasta ellos, hubiera sido lo más normal y lo lógico, pero algo en mí me impidió hacerlo.
No podía moverme. Estaba paralizado.
Me quedé escondido entre la multitud, con la atención fija en ellos, observando cada gesto, cada detalle con minuciosidad.
Estaba muy nervioso y tenía un nudo en el estómago.
El pecho me oprimía y me costaba respirar.
Era una extraña mezcla de celos, curiosidad, y una adrenalina desmesurada; no podía parar de temblar, y al menos traté de esconderme bien, pues hubiera sido bochornoso que me pillaran allí, mirando como un puto voyeur.
Lo que más me jodía de todo era la complicidad que había entre ellos.
Lo bien que se llevaban y no solo eso, es que Juanlu se inclinaba sobre mi novia más de la cuenta, y ella no se apartaba.
Dejaba que mi compañero invadiera su espacio, le tocara la cintura, que le mirara las tetas a escasos centímetros y cada segundo que pasaba se volvía más y más denso el ambiente en aquel bar.
Rompí a sudar, y me avergoncé de mí mismo, estaba muerto de miedo por si me descubrían, pero el morbo que sentía al espiarlos en esa situación, me empujaba a seguir comportándome de esa manera.
Y ellos se miraban a los ojos, sus bocas estaban demasiado cerca, se hacían confidencias al oído y las manos de Juanlu no se movían de su cintura.
Pero ella también le tocaba, apoyaba las manos en su brazo, se apartaba el pelo de la cara, tonteaba descaradamente con él, y mi imaginación completó lo que no ocurría...
o mejor dicho, lo que podría ocurrir. Y yo seguí escondido entre esos desconocidos que bailaban, bebían y se lo pasaban bien, ajenos a mi sufrimiento.
Me quedé atrapado entre el impulso de irme y el deseo de quedarme. En ese conflicto, todo se intensificaba, mi polla no dejaba de palpitar bajo mis pantalones y de repente me sentí invisible y dejé de tener miedo por si me pillaban.
Aquello tenía que verlo bien.
Si Lorena iba a ponerme los cuernos o ya lo había hecho, debía estar seguro de ello.
No podía acusarla sin pruebas. En eso no podía equivocarme.
Había salido de su casa por la tarde completamente pillado por ella, Lorena quería presentarme a su madre por lo que ya se tomaba nuestra relación bastante en serio y tampoco se había escondido contándome sus planes.
Eso es lo que me extrañaba.
¿Tenía sentido que me dijera en qué bar iba a estar y quedarse con Juanlu sabiendo que yo podía presentarme allí y pillarles juntos?
Seguramente, todo era fruto de mi imaginación, pero joder, Juanlu ya se inclinaba demasiado sobre ella y sus cuerpos estaban completamente pegados. Los pechos de Lorena ya no rozaban su brazo, los tenía aplastados contra su hombro y la mano de mi compañero se encontraba entre la espalda y su culo.
Entonces ocurrió.
Abrí los ojos de par en par cuando Juanlu se lanzó y buscó la boca de mi novia, besándola en los labios.
El corazón se me disparó. Ya no podía latir más deprisa.
Entonces Lorena le puso la mano en el pecho y se apartó unos centímetros, negándole ese beso robado.
Enseguida le recriminó lo que acababa de intentar y Juanlu se excusó y le pidió perdón, pero continuaron sin apenas moverse, pegadísimos, con sus labios a escasos centímetros.
Fue una pequeña victoria interna, y yo me sentí muy satisfecho, aunque el peligro continuaba latente. ¿Por qué Lorena seguía allí con él?, el muy cabrón ni tan siquiera había apartado sus manazas de la espalda de mi novia y luego le mostró un vaso vacío y ella asintió.
Iban a tomarse otra más.