Un plan (casi) perfecto 8
18%

8

TRES AÑOS ANTES

Todavía no sabía cómo me había dejado convencer.

Apenas llevábamos un año saliendo cuando Lucía me propuso por primera vez ir a un local liberal. La idea era ir allí, pasárnoslo bien, hablar con otras parejas, morbosear un poco y nada más. Por supuesto, que ni por lo más remoto se nos pasaba por la cabeza hacer un intercambio.

Así me lo vendió Lucía. Y yo la vi tan emocionada con la idea, que al final accedí.

No conocíamos ese mundo en absoluto y simplemente nos lo íbamos a tomar como un juego.

Y una noche de viernes nos presentamos en uno de los locales swingers más famosos de la ciudad.

El club Sirenas. Antes de entrar, estábamos los dos muy nerviosos, pero la relaciones públicas del sitio, una chica encantadora, se portó fenomenal con nosotros, nos enseñó las instalaciones y nos dijo que para cualquier duda que tuviéramos que habláramos con ella.

Con 22 añitos, éramos la pareja más joven con diferencia, después del tour nos quedamos en la barra y Lucía se pidió un Martini y yo un Beefeater con limón.

Mi novia estaba más nerviosa de lo habitual, y a mí se me hacía extraño verla en un sitio así, y es que Lucia era demasiado pija para ir a un local de ese tipo.

Con su pelo rubio natural y esa cara tan aniñada, se había puesto una camisa blanca, con la que disimulaba sus pequeños pechos, sin embargo, en la parte de abajo lucía unos leggins de cuero espectaculares, marcando culazo. Era delgada esbelta e increíblemente guapa.

Desde luego que una chica como Lucía era imposible que pasara desapercibida en ningún sitio, pero mucho menos en un local de intercambio.

Y no tardaron los primeros curiosos en acercarse a hablar con nosotros.

Primero un chico que había venido solo, por cortesía charlamos un par de minutos, pero él enseguida se dio cuenta de que no tenía nada que hacer, por lo que se despidió con amabilidad y se fue en busca de otra pareja.

Ahí comprendí que aquello no era ningún juego.

Todos los hombres de allí deseaban a mi novia, y la mayoría de parejas del local ya se había fijado en nosotros, preguntándose quiénes serían aquellos jóvenes tan atractivos.

Sobre todo la rubia. Primero me gustó esa sensación de ser el afortunado acompañante de mi chica, pero luego me puse muy nervioso, al darme cuenta de que no pocas personas iban a acercarse a tantear, como poco, a Lucía.

Ella no era tonta. Sabía de sobra lo guapa que era y lo que llamaba la atención con su precioso pelo suelto. A los cinco minutos ya era consciente de que tenía a todos los tíos de allí babeando por ella.

Y Lucía estaba encantada de conocerse.

―Bueno, ¿qué te parece el sitio?, ¿te lo imaginabas así? ―me preguntó, apoyando un brazo en la barra.

―No está mal, me ha sorprendido para bien, me lo imaginaba distinto...

―¿Qué idea te habías hecho?

―Pues no sé, algo más... sórdido, con parejas muy mayores, tíos raros, lleno de depravados... pero es como una discoteca...

―¡Qué exagerado!, es gente normal, como nosotros, que solo quiere morbosear... ¿qué te ha parecido que ese chico de antes haya venido a conocerme?, ¿te ha gustado? ―y se acercó a mí, poniendo cara de niña traviesa.

―No, especialmente...

―¿No has sentido nada?

―¿Y qué quieres que sienta, Lucía?

―¿No te ha excitado?

―Ja, ja, ja, nooooo...

―¿Ni un poquito?

―No, ¿cómo me va a excitar eso?

―Es muy normal hoy en día, a muchos tíos les gusta ver cómo otros desean a sus novias...

―Pues a mí desde luego que no...

―Todavía me acuerdo de lo que pasó en el Media luna...

―¿Ya estás otra vez con eso...?, te pedí por favor, que no volvieras a sacar el tema, te lo he dicho mil veces, me quedé mirando porque no quería que pensaras que era el típico novio celoso ni nada de eso...

―Me encantó verte allí, escondido entre la multitud, espiándome mientras ese chulo intentaba ligar conmigo...

―Yo no estaba escondido, solo había ido al baño y al regresar te encontré hablando con él, ¡nada más!

―Luego me follaste como nunca lo habías hecho, ¡estabas fuera de sí!

―¡Y tú también!, pero no fue por eso, ¡ya no sé cómo decírtelo, Lucía!

―Te pusiste supercachondo cuando te conté lo que me había dicho ese tío, ¿te acuerdas?

―Vale ya, Lucía, eso pasó hace cuatro meses y quedamos en que no íbamos a volver a hablar del tema...

―La verdad es que a mí también me puso mucho, lo reconozco ―me murmuró al oído y mi polla se puso dura bajo los pantalones.

La facilidad que tenía Lucía para provocarme una erección no era ni medio normal. Me sorprendió que me recordara ese incidente de aquella noche, pues no había vuelto a mencionarlo desde que se lo pedí, pero estaba claro que Lucía no lo había olvidado.

Ni yo tampoco.

Serían sobre las tres de la mañana y estábamos los dos solos en un bar, cuando me fui al servicio y dejé sola a Lucía un par de minutos.

Al regresar me la encontré hablando con un chico.

No es que fuera especialmente guapo ni atractivo, pero era el típico chulo seguro de sí mismo.

Al verlos juntos, pensé que él no tenía nada que hacer con una preciosidad como Lucía, y antes de acercarme a mi novia, me entró la curiosidad por ver cómo ese chulo se arrastraba y hacía el ridículo, por lo que me quedé unos segundos escondido, con una sonrisa burlona, esperando a que Lucía le mandara a la mierda.

Pero después de un minuto, ella seguía hablando con él, cada vez más animada e incluso llegué a pensar que se conocían de algo, porque me extrañaba mucho ver a Lucía comportándose así con un desconocido. Entonces ella levantó la mirada y me vio allí.

Escondido entre la multitud.

Pensé que al verse sorprendida, se desharía del chico, pero nada más lejos de la realidad, sonrió, se humedeció los labios y no solo continuó hablando con él, sino que además, comenzó a tontear con ese tío delante de mis narices.

Y él se vio convencido de sus posibilidades e incluso se atrevió a tocarla, apoyando una mano en la cintura de Lucía.

Fue la primera vez que ocurrió. Mi polla saltó por los aires, una erección intensa y dolorosa, y en ese momento decidí dar por terminado aquello, acercándome decidido hasta mi novia y ese cabrón.

En cuanto me vio, desapareció como por arte de magia, dejándome solo con Lucía, que pensé que se inventaría cualquier excusa por su comportamiento.

―¿Y ese quién era?

―Uno que ha intentado ligar conmigo ―me soltó como si nada.

―Ah, ¿y me lo dices así?

―¿Y qué quieres que te diga?, te he visto mirándonos... ¿qué hacías ahí...?

―Me he quedado a cuadros al verte hablar con él, pensé que lo conocías o algo, tampoco iba a venir corriendo y quedar como un puto celoso...

―Pues deberías haberlo hecho, un poco más y...

―¿Y qué...?

―Joder, ese tío me ha entrado a lo bestia, ha sido muy directo, no se ha cortado un pelo, casi mejor no te voy a decir lo que me ha dicho...

―¿Se puede saber...?

―Prefiero que no, es solo un gilipollas...

―¡Dímelo, Lucía!, ahora quiero que me lo digas...

―Me ha dicho que estoy muy buena...

―¿Y te lo ha soltado así, tal cual?

―Sí y no solo eso...

―¿Y qué más...?

―Da igual, Marcos...déjalo, es una tontería y ese tío no es más que un cabrón...

―¿Se ha pasado contigo?

―No, al contrario, lo otro que ha dicho era sobre ti...

―¿Sobre mí?, si no me conoce...

―Sí, pero nos había visto juntos, va y me suelta que una chica como yo necesita que se la follen bien..., y que nos había estado observando y tú no tenías pinta de hacerlo, ha estado esperando a que me quedara sola para entrarme...

―¿Te ha dicho eso?, pero... peroooo, ¿ese de qué va?, ¿y no os conocíais de nada?

―No.

―¿Y tú qué les has contestado?, le habrás mandado a la mierda...

―Que se equivocaba ―dijo acercándose a mí―, aunque creo que no se lo ha creído mucho, porque se ha reído, le tenía que haber dicho que eres capaz de follarme tres y cuatro veces seguidas, mmmmm... como vas a hacer hoy, ¿verdad? ―me ronroneó al oído, pegándose a mí.

―Sí...

―Joder, Marcos, la siento muy dura..., ¿sabes?, antes me ha encantado verte ahí mirando, mientras ese tío me decía que me quería follar a lo bestia, no sé... era raro, pero muy morboso, ¿no te parece?... y ahora vienes y estás así, excitado, ¿seguro que no te ha gustado verme con él?

―Para ya, Lucía... deja de decir eso...

―Estoy supernerviosa y tú igual, estás temblando... joder, necesito que..., ¡vamos al baño, quiero que me folles!

―¿Aquí?, ¿ahora?

―Sí, ¿es que no quieres?

―Sí, pero hay mucha gente... podrían vernos...

―Me da igual, no vamos a ser los primeros ni los últimos... vamos al de los chicos, ¿te parece bien?

―Eh, sí, claro...

Y me arrastró de la mano hasta el baño de los hombres.

Era bastante grande y amplio, me hizo entrar para comprobar si había algún reservado libre de los cuatro y cuando le dije que había dos, se metió conmigo, cruzándose con un tipo que se estaba subiendo la bragueta después de mear en el urinario de pared.

―Si nos pillan, nos van a echar de aquí...

―Me la suda, ¡vamos, hazlo! ―me ordenó dándose la vuelta y apoyándose contra la pared.

Le subí la minifalda azul marino, le bajé el tanguita y con un golpe seco se la clavé desde atrás. Fue un polvo rápido, furioso, excitante y me corrí dentro en apenas treinta segundos, aunque Lucía me pidió que aguantara todo lo posible.

Ella sabía de sobra que el primero era siempre así.

Apenas tuvimos tiempo de llamar la atención, porque enseguida salimos del baño, nos fuimos del bar y ya después la acompañé a su casa, donde volví a follármela en el portal.

―Nunca te había visto tan fuera de sí... ―me confesó mientras se subía el tanguita por segunda vez.

―Ni yo tampoco a ti...

―¿Y por qué crees que ha sido?, ¿por lo del tío ese...?

―No, lo del baño ha sido muy morboso, me ha puesto mucho...

―Pero ya estabas cachondo antes...

―Normal, me has dicho que querías que te follara allí mismo, ¿cómo querías que estuviera?

Nos quedamos de pie, besándonos despacio en el portal a oscuras, frente a frente, mirándonos a los ojos mientras yo acariciaba su culo por encima de la minifalda.

―¿Sabes?, yo tenía una amiga, tú no la conoces, era de mis mejores amigas del insti, ya le perdí la pista, pero me contaba que su novio y ella fantaseaban con hacerlo con otros y que él se ponía muy cachondo cuando le entraban otros tíos y no sé, me parecía muy raro, pero a la vez me excitaba esa historia y hoy me he acordado de eso, te lo juro que ha sido increíble verte ahí mirándonos, mientras ese chulo me entraba...

―A mí no me pone cachondo que te entren, y mucho menos fantaseo con que otros te follen...

―Yo tampoco quiero follar con otros, idiota, ¡pero lo de hoy ha sido uffff, muy excitante!, ¡no me digas que no!, cuando has vuelto del baño estabas durísimo... al menos dime la verdad, ¿se te ha puesto así por verme hablar con él?

―¡Qué noooo... te lo digo en serio!, y no quiero seguir hablando de este tema...

Pensé que aquel día, ese asunto quedaría zanjado en el portal, pero la siguiente vez que follamos en mi coche, Lucía se encargó de recordármelo, mientras me cabalgaba en los asientos de atrás.

―He estado toda la semana pensando en lo que me dijo ese tío... ―me gimió al oído.

―¿Quién...?

―Ya sabes, el del otro día en el Media luna... me pone muy cachonda pensarlo...

―¡Lucía!

―¿Quieres que te lo cuente otra vez...?

―Joder, Lucía...

―No sé qué me pasa, pero solo puedo pensar en sus palabras... ¡uf, se me han quedado grabadas!, ¿las quieres escuchar?

―Vale...

―Me dijo que estaba muy buena y que quería follarme a lo bestia...

―Mmmmmm...

―Ese cabrón quería follarse a tu novia, y tú estabas ahí mirando mientras me lo decía al oído... ¡me puso cachondísima!

―Joder, joder... ―y fue recordar aquello y corrernos casi de inmediato los dos a la vez.

Esa fantasía nos persiguió durante meses cada vez que follábamos y Lucía se obsesionó tanto, que al final tuve que pedirle que no volviera a hablar de ello y se olvidara del asunto.

Aunque vi en su cara la decepción por lo que le acababa de pedir, entendió que aquello no era muy normal, y no volvió a recordarme lo de ese chulo ni volvimos a hablar de ello.

Hasta esa noche en el Sirenas.

No fue igual, ni parecido, pero que ese chico se acercara a hablar con ella en el local liberal, desenterró viejos fantasmas. Y cuando nos dejó solos vi en la cara de Lucía que estaba igual de excitada que aquella madrugada en el Media luna. Y yo también y lo peor es que mi chica lo sabía.

Cuando la miré a los ojos, me dedicó una sonrisa perversa que hizo que todavía me empalmara más.

Sin duda alguna, en aquel instante, me la hubiera vuelto a follar en los baños si ella me lo hubiera pedido, pero apenas tuvimos tiempo ni tan siquiera de pensarlo, pues se nos acercó una pareja.

Rondarían los cincuenta años o quizás algo más, él bien vestido, con camiseta blanca, y americana gris, pantalón vaquero y una barba canosa muy moderna y ella una morena muy pija, atractiva, regordeta y con unas tetas impresionantes, que se encargaba de lucir con un vestido corto de tirantes muy escotado.

La morenaza tenía la cara muy morbosa y destilaba vicio por los cuatro costados.

―Hola, chicos ―nos dijo él decidido―. ¿Podemos invitaros a una copa?

―No, gracias, solo hemos venido a... ―intenté excusarme, pero Lucía me interrumpió de inmediato.

―Sí, claro, nos parece bien... bueno, yo me llamo Lucía y él es mi chico, Marcos.

―Pues encantada, Lucía ―y le agarró el brazo mientras le daba dos besos―. Yo soy Juan y ella es mi mujer, Cristina...