Un plan (casi) perfecto 7
15%

7

Los viernes por la noche, cuando salíamos de nuestro turno, nos solíamos reunir unos cuantos compañeros en un bar que había cerca del hospital. Aquel día éramos ocho, Juanlu, Lorena, un par de médicos, varias enfermeras y ocupamos una de las mesas del fondo.

Lorena llevaba una camiseta negra con mucho escote y un pantalón vaquero superajustado. Estaba tremenda. Como siempre. Era increíble lo que distaba de verla con el uniforme y el pelo recogido o con ropa de calle, un poco de maquillaje y el pelo suelto.

Era un cambio considerable.

Me senté a su lado y Lorena fue preguntando lo que iba a tomar cada uno, para apuntarlo en las notas de su móvil. Habían pasado ya tres meses desde su cumpleaños y todavía no podía creerme que siguiéramos juntos.

―¿Te pido una Coca-cola, nene? ―dijo apoyando una mano en mi muslo y me dio un pico, antes de incorporarse, una vez que ya había tomado nota del resto.

―Espera, que voy contigo, que no vas a poder traer todo... ―se ofreció Juanlu, acompañándola hasta la barra.

No pude evitar mirar el culo de Lorena mientras se dirigía a pedir, aunque al parecer no fui el único, pues le pillé al médico que tenía justo de frente, siguiendo con detenimiento el movimiento de su trasero.

Era un chico más mayor que yo, pelirrojo, algo regordete, sobre 35 años, pediatra y con gafitas y sonrió nervioso al verse sorprendido por mí.

La verdad es que no me molestó en absoluto que le mirara el culo a mi chica, era lo más normal del mundo, lo consideré más bien un acto reflejo, yo también lo hubiera hecho, y en el hospital era conocido el gusto de Simón por los hombres.

Lo de Juanlu era distinto.

Al girarme hacia ellos, ya sabía lo que me iba a encontrar, y es que mi compañero le miraba con descaro las tetazas a Lorena y otra vez me invadió ese ataque de celos que tenía principalmente con él.

Mi relación con Juanlu no había vuelto a ser la misma desde el día del cumpleaños.

Yo intentaba aparentar normalidad cuando estábamos trabajando, pero ya no me fiaba de él.

Y menos ahora. Llevaba tres meses viéndome con Lorena y todavía no había sido capaz de decirme que antes de que yo llegara al hospital, ellos habían tenido un rollo.

Fue algo que pasó meses atrás, Lorena y yo no teníamos nada por aquel entonces, por lo que no entendía por qué Juanlu no me confesaba ese encuentro entre ellos.

Creo que era lo mínimo que podía hacer, ya que pasábamos muchísimas horas juntos.

Lo que me temía es que hubiera algo más en el trasfondo de la cuestión, y es que viendo cómo le miraba a Lorena, yo estaba convencido de que Juanlu estaba interesado en ella.

Aprovechaba la más mínima oportunidad para acercarse a Lorena, y me repateaba verlos juntos en la barra, divirtiéndose, pasándoselo bien y ella le reía las gracias mientras le tocaba el brazo.

Yo sabía que era su manera de ser, y que lo hacía con todos, pero me fastidiaba que Juanlu intentara tontear con mi chica delante de mis narices. Y del resto de compañeros.

Me hacía quedar como un gilipollas delante de todos.

Por suerte, no tardaron en regresar con la bebida y Lorena volvió a sentarse a mi lado, dándome un piquito en los labios.

―Bueno, bueno, todavía no puedo creerme que esteis juntos ―dijo Juanlu en alto para que todos pudieran escucharlo, y de repente fuimos el centro de atención.

―Pues a mí me parece que hacéis muy buena pareja, chicos ―comentó una de las enfermeras.

―A que sí... ―afirmó Lorena agarrándome el brazo, y apoyó su cabeza en mi hombro.

―Entonces, ¿ya se puede decir que sois novios o no? ―continuó el pesado de Juanlu.

―Novios, novios ―dijo Lorena y me miró a los ojos―. ¿Tú qué dices?, no nos gustan las etiquetas, de momento estamos bien así y ya está...

―Solo somos amigos ―solté yo con timidez, lo que provocó que el resto comenzara a reírse y yo me pusiera rojo.

―Joder, ni en esto tenéis la misma opinión, ja, ja, ja, a ver si os ponéis de acuerdo en al menos una cosa... ―se burló Juanlu, intentando malmeter entre nosotros.

―¿Qué quieres decir? ―le pregunté, frunciendo el ceño.

―No, quería decir que sois tan distintos, que... ¿es que te ha molestado la pregunta?

―No, en absoluto ―contesté en un tono seco.

―Pues parece que sí, tranquilízate un poco, chico, que llevas unas semanas que parece que todo te sienta mal... ―me recriminó mi compañero.

―Bueno, haya paz, que aquí estamos para pasarlo bien y relajarnos después de un duro día de trabajo... ―y Lorena levantó su jarra de cerveza y se puso de pie para que brindáramos todos, rebajando la tensión entre Juanlu y yo.

―Si tienes algún problema conmigo, me lo puedes decir ahora y dejamos ya zanjado este asunto, tío, de verdad que quiero estar bien contigo... ―insistió Juanlu.

―Ya te he dicho que no tengo ningún problema... ―murmuré, agachando la cabeza.

No quería discutir con él ni montar el numerito delante de todos, así que cogí mi Coca-cola, le di un trago, suspiré resignado y negué con la cabeza mirando hacia Lorena, que esbozó una tímida sonrisa.

Intenté aparentar normalidad, pero aquel instante de tensión parecía haber cortado el rollo a los compañeros, por lo que me sentí mal por joderles el mejor momento de la semana.

Esa cañita después de una dura jornada de trabajo.

Y en cuanto Lorena se terminó la cerveza, se puso la chaqueta, recogió el bolso y se despidió del resto, sin tan siquiera consultarme.

―Nos vamos ya, chicos...

―¿Tan pronto?, pero si solo os habéis tomado una ―protestó una de las enfermeras.

―Déjales, es lo más normal, ¿o no te acuerdas cuando empezaste la relación con tu marido? ―dijo otra de ellas―. Están ahora en esa fase, ya me entiendes...

―Efectivamente, estamos en esa fase en la que solo nos apetece follar... ―afirmó Lorena y me dio una palmadita en el trasero.

Media hora más tarde ya estábamos en el sofá de su casa, y comenzamos a enrollarnos, mientras Lorena subía una de sus piernas encima de mis muslos, restregándomela muy cerca del paquete.

―Oye, gracias por lo de antes... ―le dije.

―¿Y eso?

―Has visto que no estaba cómodo y has decidido que nos marcháramos.

―Sí, aunque no ha sido por eso, la verdad es que tenía muchas ganas de estar contigo ―susurró sobándome la polla por encima del pantalón.

―Es Juanlu, no sé qué le pasa conmigo, parece que siempre me está provocando.

―No es por defenderle, pero tú también estás a la defensiva con él... Juanlu tiene razón, lleváis una temporada muy rara entre los dos, deberíais solucionarlo, sois amigos y...

―No somos amigos, solo compañeros de trabajo...

―Bueno, pero pasáis muchas horas juntos y antes os llevabais genial, ¿por qué estáis así ahora?

―Es por ti, ya lo sabes... ―le solté sin rodeos.

―¿Por mí?

―Sí, yo creo que Juanlu quiere algo contigo, y a mí me molesta que siempre esteis tonteando y tampoco me gusta cómo te mira.

―Yo no tonteo con él..., ¿tienes celos porque me mire?

―No, es solo que joder, es que no se corta, por ejemplo, estáis hablando y te está mirando las tetas todo el rato, ¿es que no te das cuenta?

―Pues claro que me doy cuenta, ¿y qué...?

―¿Y no te molesta?

―No, me gusta, me pone mucho eso... ―suspiró mordiéndose los labios sin dejar de acariciarme la polla―, por eso llevo estas camisetas, tú también me mirabas las tetas antes de empezar a salir, las chicas nos damos cuenta de esas cosas...

―Ya, pero no es lo mismo...

―¿Ah, no?, ¿por qué?

―Porque...

―Claro que es lo mismo..., mira, Marcos, vamos a ser sinceros, yo creo que estás así desde que te dije que Juanlu y yo nos habíamos enrollado, y no entiendo por qué te fastidia eso, ni tan siquiera te conocía, no trabajabas en el hospital y yo no te he preguntado por las chicas con las que has estado antes, todos tenemos nuestro pasado.

―Ya, pero ahora Juanlu es mi compañero y...

―Si llego a saber que te ibas a poner así, no te digo nada. ¿Y qué es lo que te molesta exactamente?, ¿saber que hemos follado? ―me ronroneó al oído, sacándome la polla del pantalón―. Mmmm, la tienes muy dura...

―No, que él no me haya dicho nada y siga tonteando contigo, lo hace para fastidiarme...

―Juanlu sabe perfectamente que lo que pasó entre nosotros fue un rollo de una noche y ya está, a mí me gustas tú ―dijo meneándomela muy despacio―. No quiero que tengas celos de él ni de nadie, pero, mmmmm, ¡estás tan mono cuando te enfadas así por mí! ―gimoteó dándome besitos en el cuello.

―Mmmmm, Lorena, ufffff, joder, paraaa, estamos hablando, aaaaah...

―No quiero que tengamos secretos ni malos rollos, vale...

―¿Y lo que dijiste antes de que no éramos novios?

―¿Te preocupa eso?, no me gustan las etiquetas de novio o novia, lo pasamos bien, nos gusta follar, estar juntos, ¿te parece poco?

―No...

―La semana que viene me gustaría presentarte a mi amiga, con la que me viste en el OHM y si quieres un día, vamos a comer con mi madre también, así la conoces...

―Vale, mmmmm... ―jadeé arqueando la espalda cuando ella aumentó la velocidad de su paja.

―Entonces, ¿lo de Juanlu está aclarado?

―Sí...

―¿O quieres saber algo más? ―susurró con voz de zorrita, dándome besos por el cuello.

Me estaba volviendo loco la cabrona.

―¿Algo más...? ―pregunté sin saber a qué se refería.

―No quiero que le estés dando vueltas a eso constantemente, así que pregúntame lo que quieras y zanjamos ya este asunto...

―No, da igual...

―Fuimos a tomar unas cervezas, terminamos los dos solos bastante borrachos y le invité a venir a casa, eso es todo...

―¿Te... te corriste? ―le solté sin pensar.

―¿Qué...? ―se sorprendió Lorena, que detuvo su paja al instante, incorporándose.

Se me quedó mirando fijamente sin soltarme la polla y yo bajé la cabeza avergonzado.

―Lo... lo siento, no sé por qué he dicho eso, no es asunto mío, no me contestes, por favor...

―¿Es importante eso para ti?

―Nah, da igual...

―No me importa contestarte, eh... ―ronroneó reanudando su paja.

―No, por favor...

―¿Seguro?

―Sí, sí, seguro...

―Está bien, como quieras ―y se inclinó sobre mi regazo, y sin dejar de besuquearme, fue descendiendo hasta que se metió mi polla en la boca.