Un plan (casi) perfecto 4 #2
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―Pues mira, casi mejor, me alegro, así ahora estás libre..., y en este añito, ¿qué tal?, ¿muchas amigas? ―me preguntó acercándose a mi oído. Lorena no se paraba ni un segundo y no dejaba de gesticular con las manos, de tocarse el pelo.

Estaba nerviosa, inquieta.

―No me quejo, ya sabes, Tinder y tal... pero vamos, relaciones esporádicas...

―Reconozco que también lo he usado cuando me separé, aunque a mí me gusta más conocer a las personas cara a cara ―y volvió a pasarme los dedos por encima de la camisa, recorriendo mi abdomen.

―Como el otro día en el OHM, ¿qué tal con el moreno?, te vi hablando con él...

Me ponía muy nervioso que ella me mirara tan detenidamente a los ojos, a mí me costaba mantener ese pulso, y de vez en cuando desviaba la atención hacia abajo o sobre la gente que había en el bar, y entonces, al tenerla tan cerca, agaché la cabeza sin querer, en un gesto instintivo y me encontré con sus pechos naturales pegados a mi cuerpo.

Ella se acercó un poco más y me rozó el brazo con las tetas, haciendo que se me pusiera dura casi al instante. Aquello no fue casual ni mucho menos. Lorena ya se me estaba insinuando descaradamente.

―Sí, a mi amiga le gustaba su colega...

―¿Y a ti no te gustó el otro?

―Esos guaperas me aburren, me atraes tú bastante más, supongo que te lo habrán dicho muchas veces, pero eres muy guapo, me encantan los ojazos verdes que tienes como los míos y ese color rubio tan bonito ―dijo tocándome el pelo y de repente dejó la copa en la barra―.

No quiero beber más o voy a terminar la noche muy mal, ¡menudo pedo llevo ya!

―¿Y cómo te gustaría terminar la noche...? ―le pregunté aprovechando lo que me acababa de decir.

―Vaya, vaya, pensé que no te ibas a lanzar nunca, nene...

―¿Yo?, solo te he preguntado que...

―¿Cómo te gustaría a ti?

―Ya lo sabes...

―Sí ―y se acercó más a mi oído―, quiero que me lo digas...

―Me encantaría terminarla contigo...

―He bebido bastante, quizás me vendría bien que un chico me acompañara a casa para no ir sola, la ciudad de noche es muy peligrosa, ¿no te parece?

―Sí... cuando quieras nos vamos...

―Sssssh, no seas impaciente, no podemos desaparecer así de repente, nos quedamos un rato con estos, a ver si así se me pasa un poco la borrachera ―y pegó su cara con la mía, dándome un beso en la mejilla―, pero tampoco mucho, eh, que con el alcohol me pongo bastante caliente y quiero seguir así... ―dijo mirándome a los ojos.

―Pues ahora todavía tengo más ganas de irme... ―me sinceré poniendo una mano en su cintura, atreviéndome a tocarla por primera vez en toda la noche.

―¿Sí?, ¿tantas ganas tienes, nene?

―Sí, muchas ―afirmé, y ella miró hacia abajo y se dio cuenta de que ya la tenía dura.

Se tapó la boca con la mano y después negó con la cabeza un par de veces, mordiéndose los labios. Volvió a comprobar mi erección y borró la sonrisa de su cara, bajando la mano para apoyarla en mi abdomen.

―Entonces, ¿te gusto? ―me preguntó poniendo voz de zorrita, volviéndome a restregar las tetas en el brazo.

―Sí... aunque eso ya lo sabes. ¡solo te pido que no juegues conmigo, por favor!

―¡Ay, qué mono eres, por Dios!, claro que no voy a jugar contigo, cariño... mira, vamos a hacer una cosa, voy a decirles a estas que no me encuentro muy bien y que me vas a acompañar a casa, no me van a creer, pero me da igual...

―Vale... ¿vives muy lejos de aquí?

―Mmmmm, me encanta que estés ya tan impaciente, en taxi tardamos quince minutillos.

―De acuerdo.

Bajamos a la pista de baile y nos fuimos despidiendo una a una de todas las enfermeras y de Juanlu, que seguía sin separarse de María. No me cabía ninguna duda de que se la iba a terminar follando esa noche. Era su plan b.

―Mucha suerte, tío, ya me contarás el lunes ―me dijo mi compi, soltándome un codazo cariñoso en las costillas al que yo no contesté. Estaba molesto con él y teníamos una conversación pendiente y creo que él lo notó en mi mirada.

Después Lorena y yo enfilamos la puerta del bar y antes de salir, ella me dio la mano y me arrastró entre la gente. Le dio igual que nos vieran el resto de compañeros. Ya era evidente lo que iba a suceder entre nosotros.

Apenas tardamos diez minutos en llegar hasta la parada y pillar un taxi y Lorena le dio su dirección al taxista.

Sentados en la parte de atrás nos miramos, ella estiró el brazo para agarrarme la mano mientras cruzaba las piernas de manera sensual, su minifalda de cuero se subió más de la cuenta y yo me quedé admirando sus muslos y sus pechos.

Lorena estaba tremenda, y yo le acompañaba a su casa. De madrugada. En esos momentos fui consciente de que estaba a punto de follármela y me puse realmente nervioso cuando nos miramos a los ojos.

―¿Todo bien, nene? ―suspiró ella, soltándome la mano para dejarla sobre mi pierna, peligrosamente cerca de mi paquete y después apoyó la cabeza en mi hombro―. ¡Mmmmm, qué ganas tengo de llegar! ―gimoteó clavándome los dedos en la cara interna del muslo.

Mi polla pegó un respingo y se quedó palpitando. Dura, empalmada, erecta, con los dedos de Lorena ya demasiado cerca y yo rodeé su espalda con mi brazo y llegué hasta su minifalda de cuero, acariciándole las piernas por encima de las medias de rejilla.

Entonces escuchamos al taxista y mi corazón se disparó a mil pulsaciones.

―Ya hemos llegado, chicos...