Un plan (casi) perfecto 4
7%

4

Era evidente que Lorena estaba borracha y sus movimientos se empezaron a volver torpes y descoordinados. Juanlu había bebido lo mismo y aunque no iba tan mal como ella, también se le notaba bastante pasadillo.

Me dolía verlos así, de pie en la barra, casi abrazados, tocándose, ya habían superado la línea del tonteo desde hacía unos minutos y la cara de Lorena mostraba un rictus serio, se le notaba excitada, sin dejar de sobar los brazos y la cintura de Juanlu y rozándole con los labios en el oído cada vez que le decía algo.

Zorreándole descaradamente. Lorena era una calientapollas de manual.

Y yo no podía dejar de mirar hacia ellos, allí en la barra, separado tres metros del resto del grupo.

Estaba muy enfadado y no sabía disimularlo, y sin embargo, me encontraba excitado y nerviosísimo.

No ayudaban mucho las miradas lastimosas que me dedicaban el resto de enfermeras e incluso llegaron hasta mis oídos algunos comentarios que todavía me pusieron más cachondo.

¡Era de locos!

“Joder, estos dos van a enrollarse... bueno, bueno, que tenemos parejita nueva en el curro... “si ya se notaba desde hacía tiempo que se gustaban”... “pues hacen buena pareja”... “mira, Marcos, pobrecillo, me da una pena”...

Ya no faltaba mucho para que llegara el momento en el que comenzaran a comerse la boca y todos estábamos expectantes de que eso sucediera. Entonces se me acercó María y me pasó la mano por la espalda.

―¿Qué haces aquí tú solo?, ¿por qué no vienes con nosotras?

―Sí, sí, ahora voy...

―No puedes hacer nada, que pase lo que tenga que pasar... ―dijo mirando hacia ellos y yo apreté los labios y afirmé como un idiota.

Regresé con el resto de enfermeras, cuando una propuso que nos fuéramos a tomar una copa a otro bar.

Yo no quería irme de allí sin saber el desenlace del affair entre Lorena y Juanlu, me había quedado para eso y no me apetecía nada irme a otro sitio a tomarme una puta Coca-cola, mientras mi cabeza no pararía de darle vueltas a lo que estarían haciendo la cumpleañera y mi compañero y “amigo”.

Una de las enfermeras se acercó hasta ellos y les dijo que íbamos a cambiar de bar.

Pensé que nos dirían que luego nos llamaban para preguntarnos dónde estábamos y pondrían cualquier excusa para seguir los dos solos, pero para mi sorpresa, Lorena se separó de él, dando la conversación por terminada y con una enorme sonrisa vino hacia nosotros.

―Bueno, entonces, ¿dónde vamos ahora?, tú también te vienes, ¿no? ―me preguntó.

―Eh, sí, claro... ―contesté de manera seca, dando por terminada la conversación y me giré hacia la barra, dándole la espalda.

Me fijé en Juanlu, al que se le había cambiado la cara viendo sus planes truncados, no se esperaba esa interrupción, aunque lo disimuló bien acercándose al ritmo de la música, haciendo como que bailaba a cada paso.

Lo que no pudo disimular fue la tremenda empalmada que se le marcaba bajo los pantalones.

Se había puesto cachondísimo el muy cabrón manoseando a Lorena y mirando sus enormes tetas.

Pensé que me diría algo, me soltaría una broma, me propondría que intentara follarme a alguna de las enfermeras, pero estuvo bastante cortado conmigo, y ahí fue cuando comprendí que a él también le gustaba Lorena.

Y en un giro de los acontecimientos que no me esperaba, mientras íbamos caminando hacia el otro bar, Lorena me agarró del brazo y se enganchó a mí.

―¿Y a ti qué te pasa, guapo?

―A mí nada...

―Entonces, ¿todo bien?

―Sí, ¿por...?

―No sé, antes parecías enfadado cuando he ido a hablar contigo...

―No, en absoluto.

―Se nos ha ido el tiempo que ni nos hemos enterado, hemos estado casi una hora hablando, este Juanlu, es que tiene unas cosas, ¡me parto con sus historias!

―Sí, ya he visto que os lo estabais pasando muy bien...

―Ahora nos tomamos esa copa que tenemos pendiente, eh, no te creas que me he olvidado de ti, nene...

―Quizás no deberías beber más, yo creo que estás un poco borracha.

―Sí, la verdad es que voy bastante pedo, pero hoy es mi cumple y he salido a pasármelo de puta madre... así que tienes que tomarte una conmigo ―y apoyó su cabeza en mi hombro mientras nos dirigíamos hacia el bar.

Y en cuanto entramos, Lorena me agarró de la mano y me llevó con ella hasta la barra. Se quitó la cazadora y el bolso, lo dejó en un ganchito que había bajo una madera junto a la bolsa de los regalos y me preguntó qué quería tomar.

―Y no me vale una Coca-cola...

―Es que no bebo alcohol.

―¿Nunca has bebido nada?, ¿ni en una celebración?

―Antes sí, pero ya hace años que lo dejé, no me sienta muy bien.

―¿Y qué bebías?

―Beefeater con limón, pero después de una borrachera, ya no pude volver a probar ni una gota más...

―Vale, pues te invito a una Coca-cola, mejor, me gustan los chicos que se cuidan ―dijo pasándome los dedos por el abdomen―. ¡Joder, qué bueno estás! ―murmuró mordiéndose los labios.

No duró mucho ese momento de intimidad, pues el resto del grupo se unió a nosotros y justo a nuestro lado, se pusieron a pedir sus copas.

Juanlu hablaba ahora con María y ella se hacía la interesante, sabiendo que tenía una nueva oportunidad con la que no contaba.

Y cuando terminaron de servirles, se fueron todos a la pista de baile con sus copones.

Yo caminé detrás de ellos, pero Lorena tiró de mi brazo y me impidió avanzar.

―¡Quédate aquí un poquito conmigo!

―Es que estos se van a...

―Bah, déjales, luego nos unimos a ellos, ahora me apetece que estemos a solas...

Y tal y como había hecho con Juanlu, se quedó de pie frente a mí, degustando su copa sin dejar de tocarse el pelo. Se humedeció los labios con la lengua y después se acercó a mí.

―Muchas gracias por los regalos, me han encantado, ¡ha sido todo un detallazo!

―El otro día vi que tenías la funda rota y...

―¡Si es que estás en todo!, ¡eres un sol!, cuando quieras elegimos hotel y nos vamos a cenar para gastar la experiencia, para estas cosas no me gusta dejar pasar mucho tiempo, que luego se quedan olvidadas en un cajón...

―¿Te gustaría que te acompañara?

―Por supuesto...

―Pues yo encantado, elegimos un finde que no trabajemos y...

―Tendremos que compartir habitación ―murmuró Lorena.

―Sí, ya, ya, me imagino...

Y de repente pusieron un tema de Lori Meyers.

―¡Ay, esta canción me encanta! ―exclamó Lorena cuando una de las compañeras que andaba haciendo fotos a todos, se acercó hasta nosotros.

―Voy a hacer una a la parejita de la noche, eso es juntitos...

pero agarraros un poco, ¡no seáis sosos!

―nos pidió y yo pasé un brazo por detrás de la espalda de Lorena, que también se pegó a mí, en una actitud muy cariñosa―.

Habéis salido muy guapos, chicos, os he tirado un par de fotos, luego os las paso...

―Gracias, reina ―le dijo Lorena.

Nos volvimos a quedar solos y en la canción que sonaba, llegó la parte preferida de todos los que estaban en el bar, “y con las ganas que ahora tengo de follarte”, que Lorena me dedicó, mirándome directamente a los ojos.

La cosa se empezaba a poner muy seria. Se pegó más a mí y jugó con uno de los botones de mi camisa.

―¿Ya se te ha pasado el enfado por lo de antes?, parecías cabreado.

―No, la verdad es que no... ―mentí y ella comenzó a darme unas explicaciones que no le había pedido.

―Juanlu es un buen amigo y lo paso muy bien con él, nos conocemos desde hace muchos años y es alguien de confianza, estuvo siempre ahí a mi lado con lo de mi separación y eso afianzó mucho nuestra amistad..., y esas cosas no se olvidan jamás...

―Ah, no tenía ni idea...

―Nos llevamos muy bien, pero tampoco te pienses cosas raras, eh, los dos sabemos que nunca podríamos tener nada serio..., bueno, un día nos liamos y ya está, eso es todo.

Se me debió poner cara de gilipollas con la confidencia de Lorena, porque ella enseguida quiso aclararlo. Yo me quedé de piedra sin creerme lo que acababa de escuchar y es que mira que Juanlu y yo pasábamos horas juntos y él sabía que Lorena me gustaba y no había sido capaz de contármelo nunca.

Me sentó realmente mal, fue como una puñalada por la espalda. Y mientras procesaba esa información, Lorena siguió hablando.

―Fue una época jodida, llevaba un par de meses muy malos, estaba recién separada y un día al salir del trabajo, Juanlu y yo nos quedamos a tomar unas cervezas y, ya sabes... se lio la cosa, ja, ja, ja...

―No tienes por qué darme explicaciones...

―No me estoy excusando, pero tampoco quiero que pienses que me voy acostando con todo el mundo.

Si tenía alguna duda de si habían follado, ahora ya no tenía ninguna. Y a decir verdad, casi prefería no haberlo sabido, porque el estómago se me fue encogiendo mientras ella seguía hablando.

―Llevaba desde los dieciséis con mi ex, trece años juntos, había sido mi único novio, y esa noche Juanlu me pilló de bajón, tampoco quiero decir que él hiciera nada malo ni nada de eso, ni que se aprovechara, yo ya soy mayorcita, sucedió y ya está, tampoco me arrepiento, lo pasamos bien sin más, era lo que necesitaba esa noche y él estaba ahí...

―Lo entiendo perfectamente..., y gracias por contármelo, aunque no tendrías por qué haberlo hecho, es un tema personal y yo no soy quién para juzgarte, cada uno tenemos nuestras circunstancias, de todas maneras..., ¿por qué te importa tanto lo que yo piense de ti?

―No sé, ¿quizás porque me gustas?, ja, ja, ja... ―y me hizo una carantoña en la nariz―, Y ahora cuéntame algo sobre ti, ¿por qué un chico tan guapo y tan buena gente no tiene novia?

―Bueno, la he tenido.

―Hombre, ya me imagino, no serás virgen, ¿no?, ja, ja, ja...

―No, no, ja, ja, ja...

―Ah, ya me estabas asustando, vamos, que tampoco hubiera pasado nada.

―He tenido muchos rollos y tal, pero novias serias serias, dos, con una estuve tres años y con la última un año y medio...

―¿De eso hace mucho?

―Un año más o menos...

―¿Y qué pasó?, ¿por qué lo dejasteis?

―Me engañó...

―¿Te puso los cuernos?, ¡qué hija de puta!

―Sí...