3
―¡Gracias!, ¡qué alegría verte!, ya pensé que me dabas plantón, ja, ja, ja... ¡qué guapísimo está mi niño! ―exclamó Lorena al verme con mi camisa de rayas, pantalón chino y unas adidas Samba.
Pero la que estaba guapa de cojones y radiante era ella, aunque se notaba que ya se había bebido, como mínimo, una jarra de cerveza de medio litro y ya tenía otra en la mano.
Llevaba el pelo suelto, los labios bien pintados de un rojo intenso, ojos sombreados, y una camiseta roja de tirantes que dejaba poco a la imaginación.
¡Vaya escotazo!
Se le marcaban los pezones a lo bestia y estaba clarísimo que iba sin sujetador.
Y si la parte de arriba era provocativa, qué decir de esa minifalda de cuero, corta no, cortísima, lo que hacía que sus piernas parecieran más largas, ayudada además, por unos botines tobilleros de cremallera con un impresionante tacón.
No enseñaba el culo, pero casi, y dudo que se pudiera agachar en toda la noche o hacer cualquier mínimo movimiento, o se le verían los glúteos, y para rematar, las medias de rejilla quizás eran un poco choni para mi gusto, pero pegaban perfectamente con el estilo de Lorena.
Y a ella le sentaban de maravilla.
―Venga, vamos, ¿qué quieres tomar? ―me preguntó agarrándome la mano, acompañándome hasta la barra.
―Una Coca-cola...
―¿Una Coca-cola el día de mi cumpleaños?, ¡no me fastidies!
―Zero, zero, por favor...
―Pues marchando una zero zero para Marcos ―y después se fueron acercando a mí las enfermeras del hospital, dándome dos besos y Juanlu, que hasta que llegué yo, era el único chico de la fiesta.
Al menos, ya éramos dos.
―¡Ey, tío!, menos mal que no me has dejado solo con estas, ¡menudo peligro tienen! ―dijo estrechándome la mano.
―Ya te gustaría a ti, Juanlu ―le contestó una de ellas.
Se acercó Lorena con un refresco y antes de entregarme el vaso, me susurró al oído.
―Y en serio, muchas gracias por venir, Marcos, significa mucho para mí...
―Venga, Lorena, alegra esa cara ―le pidió una de sus compis al ver que ella se había emocionado de repente―, que aquí estamos para pasárnoslo bien.
―Ya sabéis que han sido unos meses difíciles... ―y sus labios temblaron, a punto de llorar―, junto con mi madre, sois las personas más importantes que tengo... ¡os quiero mucho a todos!, y ya no lloro más, joder, ¡que hoy hay que quemar la puta noche! ―gritó levantando la jarra.
―¡¡Por Lorena!!
Unos minutos más tarde pasamos al comedor y yo noté cómo la cumpleañera buscó, como el que no quiere la cosa, sentarse a mi lado.
Y al poner el culo en la silla, Lorena bajó la mano y me apretó el muslo por debajo de la mesa.
Entonces se acercó a mí y me susurró al oído sin que nadie más lo escuchara.
―¡Hoy no te me escapas, nene!
Fue toda una declaración de intenciones, y al mirarla pude ver en su cara que lo decía totalmente en serio.
Aquellas palabras me alteraron más de lo que podía imaginar, y noté mi corazón palpitando a toda velocidad, y es que con ese susurro ya había conseguido que me pusiera muy nervioso y que además, me empalmara bajos los pantalones.
Me palpitó la polla con tan solo sentir sus dedos apretando mis muslos, aunque enseguida retiró la mano de debajo de la mesa. Tampoco quería llamar la atención.
Éramos diez invitados al cumpleaños y Juanlu y yo nos habíamos sentado cada uno en un extremo.
Mi compañero era todo un picaflor de manual.
El rey del Tinder. Me fijé en él y estaba encantado de estar rodeado de enfermeras, a sus 35 años, se autoproclamaba como todo un soltero de oro y razón no le faltaba.
No es que fuera un guaperas y empezaba a mostrar unos signos preocupantes de alopecia, por lo que llevaba el pelo muy rapado para disimular su coronilla de cura, pero lo suplía con un muy buen estado físico, su altura de casi 1.
90, unos brazos fuertes y sobre todo, con una labia demasiado suelta.
Iba a tener una noche complicada, rodeada de tantas mujeres que oscilaban en una horquilla de entre 28 y 52, algunas solteras, otras casadas y otras separadas, pero yo no podía ayudarle e eso, pues bastante tenía con preocuparme por lo mío.
Y lo mío era Lorena.
No sé la de brindis que hicimos durante la cena, y un par de horas más tarde, el ambiente era todavía más distendido.
El único que no iba borracho era yo, aunque me lo estaba pasando genial y mientras tanto, Lorena a mi lado, se bebía ya su quinta copa de vino.
La cabrona tenía mucho aguante, y es que si yo hubiera bebido lo mismo, posiblemente ya estaría fuera de juego hacía un buen rato, pero a ella solo se le notaba en el habla.
Empezaba a tener la lengua de trapo, aunque cuanto más bebía más divertida y cariñosa se ponía.
Ya no se cortaba y me agarraba del brazo mientras hablaba conmigo, tonteando con todo descaro y fueron unas cuantas veces las que bajó la mano para sobarme el muslo. Y sus dedos cada vez se acercaban con más peligro a mi polla.
¡Uf, menuda erección tenía ya!
Apenas podía mirar hacia ella. El escote de su camiseta roja era demasiado pronunciado y la falda se le subía tanto al sentarse, que casi se le podían ver hasta las braguitas.
Si es que llevaba. Me pilló unas cuantas veces con los ojos puestos en sus pechos, pero es que era inevitable, y lo peor es que ella se dio cuenta y además, sabía de sobra, que con esas tetas podía hacer conmigo lo que le diera la gana.
Antes de los postres, apareció el camarero con una tarta y un número 30 bien grande sobre ella y nosotros le cantamos el cumpleaños feliz y le dimos los regalos que habíamos pagado entre todos; un libro, una minifalda de cuero casi igual de corta que la que llevaba puesta, una camiseta negra con una Mini Mouse rockera y por último, un satisfyer de última generación, que abrió entre los aplausos y los gritos de todos los invitados.
―Creo que esto es lo que más voy a usar ―afirmó mostrando la cajita del juguete erótico―, aunque espero no estrenarlo esta noche ―y me dedicó una mirada que desató las risas y las bromas de todos mis compañeros, y yo me puso más rojo que los labios de Lorena.
Y cuando ya le habían dado todos los regalos, yo le saqué un detallito solo de mi parte.
―Bueno, te ha traído esto... es una tontería, espero que te guste...
―¡Ay, por favor, qué mono!, pues claro que me va a gustar ―dijo Lorena abriendo el pequeño paquete que le había entregado, en el que había una funda nueva para su móvil, también de Mini Mouse y una cajita de experiencia, que incluía un fin de semana en un hotel de España, junto con un desayuno, cena romántica y un masaje.
―Puedes ir con la persona que quieras... tienes para gastarlo hasta finales de 2027 o así...
―Ah, pensé que era un regalo de pareja para venir tú conmigo ―y los compis comenzaron a reírse y a dar palmas.
―No, no, puedes ir con quién quieras, no era para que fueras con... ―y aunque intenté excusarme, ya era tarde. Y ahora no solo se me cambió la cara de color, es que comencé a sudar de vergüenza delante de todos.
No era mi intención desde luego, que ella se pensara que mi regalo era para invitarme a mí, pero enseguida comprendí que quizás sí, que aquello podía dar lugar a error y a malas interpretaciones.
―Muchas gracias, amor, me han encantado tus regalos y ya sabes, cuando quieras nos vamos de viaje ―dijo agitando la cajita delante de mi cara.
―¡Marcos, Marcos, Marcos! ―comenzaron a jalearme todos y yo ya me quería esconder bajo de la mesa.
No me gustaba nada ser el centro de atención. Lo pasaba realmente mal y cuanto más sudaba, más me puteaban los cabrones de mis compañeros.
―Entonces, ¿qué me dices?, ¿vienes o no? ―me preguntó Lorena y yo me quedé unos segundos sin saber qué contestar.
―Venga, tío, espabila... ―me pidió Juanlu pasándome el brazo por el hombro―. ¡Sí, sí que va a lo del hotel ese contigo! ―afirmó él―. Por supuesto que va...
―¡Beso, beso, beso, beso...! ―y yo negué con la cabeza ante el nuevo grito de mis compañeros.
―Vale, vale, tranquilidad, dejad tranquilo a Marcos ―les calmó Lorena haciendo un gesto con la mano, sacando la cara por mí, aunque sinceramente, no me hubiera importado que me comiera la boca allí delante de todos―.
¡Y ahora a tomar unas copas, a la primera estáis invitados!
, ¡pero solo a la primera, eh, borrachos!
Con unas copas de más, todos estaban ya bastante más desinhibidos que al principio de la noche. Juanlu y Lorena fueron los encargados de pedir las consumiciones y se acercaron a la barra mientras yo me quedé bien acompañado, por ni más ni menos que otras siete enfermeras.
―Ha sido muy bonito tu regalo, seguro que le ha gustado mucho a Lorena ―me dijo María, una rubia con el pelo corto que rondaba los cuarenta años y que parecía que llevaba toda la noche muy interesada en Juanlu, con el que ya había tenido un affair de una noche.
―Muchas gracias...
―Pero ten cuidado, eh...
―¿Cuidado con qué...?
―Con estos dos, se llevan muy bien, siempre he pensado que harían muy buena pareja, ¿no te parece?
Y al mirar hacia la barra me los encontré a los dos charlando, riéndose, había mucha complicidad entre ellos y Lorena le comentó algo al oído a lo que Juanlu sonrió y puede leer en sus labios “qué hija de puta eres”.
No sé de qué estarían hablando, pero después de pedir las copas y mi Coca-cola, nosotros nos quedamos bailando en círculo unos metros separados de la barra y Juanlu y Lorena no se movieron del sitio y siguieron con su conversación, que a cada minuto estaba más animada.
Incluso mi compi ya se permitía el lujo de poner la mano en su cintura con cada frase que le soltaba al oído y a mí me empezó a entrar un estúpido ataque de celos.
Incluso me llegué a molestar con Juanlu y eso que no me había hecho nada, pero en ese momento de la noche, me pareció el típico baboso que no tenía un objetivo claro y cualquiera le valía para follar.
Y ahora le estaba entrando descaradamente a mi Lorena.
El muy cabrón sabía que ella llevaba unos vinos de más y le miraba las tetas sin disimular lo más mínimo, y a Lorena le encantaba ser el centro de atención y que sus pechos despertaran toda clase de fantasías libidinosas entre nosotros.
Sinceramente, me hubiera gustado que la cumpleañera estuviera más pendiente de mí, y es que en absoluto me había imaginado la noche así, bailando sin ninguna gracia con todas las enfermeras, mientras Lorena y Juanlu se eternizaban en la barra y ya llevaban más de media hora juntos.
¿De qué estarían hablando?
No es que fuera asunto mío, pero me sentía completamente fuera de lugar, y lo que más me fastidiaba eran las miradas de lástima que me echaban el resto de enfermeras, como si ellas supieran algo que yo desconocía.
Me sentía como un estúpido por haberle regalado la experiencia a Lorena delante de todos, pero ya no había vuelta atrás y de repente vi a Juanlu levantando la mano para llamar a una de las camareras.
Se iban a pedir otra copa y él sacó un billete de veinte euros que dejó en la barra para invitar a Lorena, que cada vez iba más borracha. La noche ya se estaba torciendo mucho y al mirar mi vaso ,comprobé que ya solo me quedaba el limón y un hielo medio deshecho.
―Vamos a pedir otra copa ―me dijo María―, ¿te pido una Coca cola, Marcos?
La idea que me rondó por la cabeza fue la de desaparecer sin hacer ruido, como solía hacer con mis colegas, pero siendo el cumpleaños de Lorena, no lo vi preceptivo y me tragué el orgullo de verla tonteando con Juanlu, así que acepté.
―Sí, una Coca cola... ¿hay que poner bote?
―No, tú no, hombre, que nosotros vamos a copas, faltaría más... ¿me acompañas a pedir? ―me preguntó María y vi una buena oportunidad de acercarme hasta Lorena y mi compañero sin llamar mucho la atención ni parecer un cortarrollos celoso.
En cuanto nos vieron se quedaron callados y María yo nos pusimos en medio de los dos, momento que ella aprovechó para hacerle una pequeña broma a Juanlu, que no aceptó de muy buen grado nuestra interrupción.
―Perdona, no queríamos molestar ―me disculpé con Lorena.
―Tú nunca molestas, guapo, además, todavía tenemos esa copa pendiente, eh, que no se me olvida... en cuanto termine esta, te busco ―me soltó mostrándome el vaso casi entero.
―Claro, estaré por aquí...
―Te veo muy bien acompañado, eh, pillín ―bromeó entonces mi compañero, dándome un puñetazo en el hombro.
―Sí, no me quejo.
Y de repente se hizo un silencio incómodo y pasamos unos minutos tensos hasta que pudimos pedir, en los que tuve la sensación de que sobrábamos allí y les estábamos fastidiando. Nos fuimos con la música a otra parte en cuanto nos sirvieron y Juanlu y Lorena se quedaron de nuevo en la barra.
Los dos solos.
Otra vez me invadió ese sentimiento extraño en mi estómago, una mezcla de celos y morbo igual que el viernes anterior, cuando la vi con el morenazo en el OHM, sin embargo, decidí que esa noche tenía que quedarme.
No podía hacer lo mismo y después pasar todo el fin de semana pensando cómo habrían terminado la noche Juanlu y Lorena.
Sabía que iba a ser doloroso verlos enrollados, y me preparé para lo peor cuando los vi ya extremadamente juntos. Mientras hablaban, sus bocas estaban casi pegadas y la mano de mi compañero no se separaba de su cintura.
Entonces sucedió.
Inexplicablemente, aquello me provocó una erección tan dolorosa como involuntaria. No lograba entenderlo, me acababa de empalmar viendo a Juanlu mirando las tetazas a Lorena como un puto salido y hasta me pareció que el muy cabrón se relamía. Pero lo peor no fue eso.
Lo que más me jodió fue la sonrisa de satisfacción de Lorena.
Ella no era tonta y después de que Juanlu llevara una hora delante de su escote, ya sabía de sobra que podía hacer con él lo que le diera la gana.
Y es que mi compañero, entre el alcohol que llevaba encima y el cuerpazo de Lorena, ya había caído bajo su embrujo.
Y después ella se tocó el pelo y sacó pecho, exhibiéndose todavía un poco más, totalmente confiada en que el día de su cumpleaños Juanlu no se le iba a escapar...