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El resto del fin de semana no volví a tener noticias de Lorena y el lunes a primera hora, me la encontré en el hospital, como siempre, tan sonriente y simpática.
Me sorprendió que no hiciera mención a nuestro encuentro fortuito la noche del viernes, pero como iba acompañada por una enfermera, y yo estaba con Juanlu, tampoco dije nada.
―A ver, los dos celadores más guapos del hospital, necesito a uno que me ayude a subir a un paciente a planta ―y nos dejó la documentación en el mostrador.
―Voy yo ―me adelanté.
―¡Genial, pues acompáñame!
Fuimos juntos hasta la sala de observación charlando sobre cosas del trabajo, pero Lorena no sacó el tema de nuestro intercambio de mensajes nocturno y yo me comporté como todo un profesional.
Empujé la camilla, trasladando a un anciano para que quedara hospitalizado y mientras subíamos en el ascensor, me situé detrás del paciente junto a Lorena y nos quedamos mirando.
Retiré la vista cuando ella me miró seria.
Esta vez no sonrió y enseguida entendí que Lorena prefería mantener las distancias y no seguir tonteando más conmigo para no darme la más mínima esperanza.
Después de dejar al paciente, me despedí de ella con un simple “hasta luego” y regresé cabizbajo con Juanlu, que enseguida adivinó que algo me pasaba.
―¿Todo bien, Marcos?
―Sí, claro...
―Es que vienes alicaído, tío, ¿ha pasado algo con Lorena?, te he dejado a este paciente porque sabía que querías ir con ella, eh, pillín ―y me soltó un codazo en las costillas.
―El viernes al final sí que voy al cumple de Lorena...
―Ah, genial, ¿se lo has dicho?
―Sí, claro.
―Yo creo que le gustas, eh, siempre está preguntando por ti y tal...
―¿Tú crees?, la conoces desde hace más tiempo que yo...
―Sí, desde hace cuatro años que entré aquí, ella acababa de llegar también y desde el principio nos hemos llevado muy bien, es una tía de puta madre...
―¿A ti te gusta?
―No, tío, ¿qué dices?, es solo una amiga...
―Haríais buena pareja, eres alto, guapete, yo creo que le gustan los chicos así, y más o menos tienes su edad, tenías 32, ¿no?
―35, gracias por quitarme años, ja, ja, ja, pero yo no creo que sea su tipo, además, nunca me había fijado en ella, como tenía novio... ―dijo Juanlu.
―Algo me comentaste, que estuvo casada o algo así...
―Sí, lo pasó muy mal con su separación, yo estuve apoyándola en lo que pude, y ahí afianzamos bastante nuestra amistad... y ahora como que la vuelvo a ver más sonriente desde que llegaste tú, oye, que a mí me encantaría que salierais juntos, eh, yo creo que se lo merece...
―¿Y eso?
―Joder, por lo de su ex, ¿es que no sabes la historia?
―¿Lo de su ex?, no, no sé nada...
―Pues fue una movida de la hostia...
―Ah, ¿sí?
―Sí, luego si tenemos un ratito, te lo cuento con un café.
―Vale.
Me dejó muy intrigado la revelación de Juanlu, pues apenas sabía nada de la vida privada de Lorena, solo que estaba separada y poco más. Se me hicieron eternas las dos horas hasta que pudimos escaparnos a la cafetería y nos sentamos en una mesita apartada con nuestro café y un croissant mixto.
No tuve ni que pedírselo, pues Juanlu vio en mi cara la impaciencia por escuchar la historia de Lorena y comenzó a hablar.
―Todo esto lo sé de primera mano, no es nada de oídas, así que te pido discreción en este asunto.
―Sí, claro.
―Pues verás, Lorena salía con un chico de su barrio, bueno, era su novio de toda la vida por así decirlo, creo que empezaron cuando tenían 15 o 16 años y han estado juntos pues eso, desde adolescentes.
Era la típica relación tóxica, muy tóxica...
ya sabes, estos que se odian, se pelean y a las dos horas ya se han reconciliado, aunque la mayor parte del tiempo se lo pasaban discutiendo.
―Entiendo.
―El año pasado se casaron, de aquí del hospital no invitó a nadie, salvo a mí...
, pero ya en esa época su relación era insostenible, y después de más catorce años, se separaron unos pocos meses después, el tío era un celoso patológico y un controlador, la tenía maniatada, si quedábamos a tomar un café ya la estaba llamando que dónde estaba, si iba a comer con las amigas la pasaba a buscar, si nos tomábamos un café después del curro no le dejaba ni una hora y venga a llamarla, ¡era insoportable!
, a mí me daba mucha pena, Lorena, porque es una tía de puta madre y este la tenía amargada, pero bueno, aun así se casó con él.
―No pinta muy bien la historia...
―Y va a peor, porque después de la boda, el cretino este todavía empezó a controlarla más, a separarla de sus amigos, no le dejaba hacer nada, le decía que dónde iba así vestida, no podía ni ponerse escotes ni minifaldas, ni maquillarse, y ya en casa la humillaba, la insultaba, le decía de todo, aunque según Lorena nunca le puso una mano encima, cosa que dudo, solo era maltrato psicológico.
Estaba anulada. Y Lorena cada vez venía más triste al curro, más alicaída, ¡estaba hundida, tío!
―¡Joder, qué hijo de puta!
―Cuando estás metida en una mierda así, no ves lo que te pasa, hasta que día en un bar se le fue la pinza al marido y le dio un ataque de celos porque un tío estaba mirando a Lorena, le pegó una paliza y a ella creo que le agarró fuerte del brazo delante de todo el mundo, por lo que los propios porteros del bar, activaron el protocolo de violencia de género.
Le pusieron orden de alejamiento y un par de días más tarde se presentó al hospital echo una fiera y vino a buscarla, gritando, completamente fuera de sí...
―¿El marido?
―Sí, ¡menuda movida!, tuvieron que echarle entre Marce y Raúl, los de seguridad y les costó, porque el tío se puso muy violento, al final hasta tuvo que venir la policía.
―¡Joder!
―Sí, fue muy fuerte, y Lorena se quedó jodidísima con el numerito de su marido.
Por suerte, la jueza ratificó la orden de alejamiento de 200 metros durante varios años, no sé cuántos y unos trabajos en beneficio de la comunidad y creo que tiene que hacer un curso también y luego por la paliza creo que le metieron 18 meses de cárcel, pero al final no ha entrado...
―Se lo merecía.
―Ya te digo...
―Menos mal que Lorena le ha perdido de vista...
―Según comentaban por aquí, el tío se ha ido a Francia, Burdeos o por ahí.
―Mejor, que no vuelva... ―afirmé yo.
―El piso que compraron antes de casarse se lo ha quedado Lorena, llegaron a un acuerdo rápido con los abogados, han firmado lo que hayan firmado y ya están separados legalmente...
―¡Qué bien!, por lo menos se ha librado de ese tipo...
―Desde luego...
Y casualmente y ya a punto de irnos, apareció Lorena sola por la cafetería. Al vernos, nos saludó con la mano y se acercó hasta nosotros con el café y un donuts de chocolate.
―¿Qué hacéis aquí tan apartados?
―Tomando un café y hablando de ti ―dijo Juanlu y yo me puse rojo como un tomate.
―¿De mí?, uy, uy, qué le estarás contando al pobre Marcos.
―Nada, solo que tienes mucho peligro...
―Bueno, eso sí es verdad, ja, ja, ja...
―Ja, ja, ja...
Asistí como oyente al buen rollo que se traían entre manos mi compi y Lorena y de repente, Juanlu se levantó de la silla.
―La pena es que ya nos íbamos, se nos ha hecho un poco tarde ―soltó mirando el reloj y yo me incorporé con él―. No le hagas el feo a Lorena y quédate con ella un poquito, tonto.
―Sí, porfa, no me dejes sola ―me pidió Lorena.
―¿No te importa? ―le pregunté.
―Claro que no, yo te cubro... pero me debes una ―y me dio un puñetazo en el hombro.
―Apuntada.
Lorena tomó asiento a mi lado con su pelo recogido en una coleta y le pegó un buen mordisco a su donuts. Hacía siglos que no me comía una mierda de esas. ¡Qué buena pinta tenía!, ¡me encantaba hasta ver el chocolate entre sus dientes! ¡Y cómo olía!
―¿En serio estabais hablando de mí?, seguro que sí, porque te has puesto muy rojo...
―No puedo evitarlo...
―Se te da muy mal mentir, ja, ja, ja, eso es porque eres muy buen tío. Se nota. ¿Y qué te ha contado Juanlu exactamente? ―me preguntó tintineando con el móvil en la mesa, y entonces vi que la silicona de su funda de Mini Mouse, tenía una buena raja en uno de los laterales.
―Me ha dicho que te conocía desde hace años y tal.
―Sí, la verdad es que desde que llegué al hospital me he llevado muy bien con Juanlu, tienes suerte de tenerlo contigo. Es currante, gracioso y muy buen compañero.
―Sí, no tengo queja, me está enseñando muy bien...
―¿Y por qué te ha contado eso?, ¿es que le has preguntado por mí?
―No, bueno, ha salido la conversación ―dije encogiéndome de hombros.
―¡Oh, vaya, pensé que era porque estabas interesado!, el viernes al final vienes, ¿no?, ni se te ocurra fallar, que ya se lo he dicho a estas, que contaran contigo para la cena...
―Sí, claro, no me lo perdería por nada del mundo ―afirmé y al momento me arrepentí de haber soltado esa frase tan cursi―. Bueno, tengo que irme ya, siento dejarte sola ―murmuré mientras ella se chuperreteaba los dedos de la mano después de terminarse el donuts.
―¿Estás huyendo mí?, no soy tan peligrosa cómo te crees... ―me soltó guiñando un ojo.
―No, no estoy huyendo, solo es que ya llevo mucho tiempo fuera de mi puesto... ―y me levanté de la silla.
―Vaaaale, vete ya, tonto... ahora nos vemos...
―Pues hasta ahora.
―Adiós, guapo...
No había avanzado ni tres pasos cuando me llamó en alto.
―¡Marcos!
―¿Sí? ―y me volví hacia ella.
―El viernes nos tomamos esa copa pendiente, ¿no?, ¿o también vas a salir huyendo? ―me preguntó reclinándose hacia atrás en su silla, sacando pecho.
―Sí, claro.
―Pues hasta el viernes, nene ―y me guiñó otra vez el ojo, mientras apuraba su taza de café humeante...