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Un plan (casi) perfecto

Un plan (casi) perfecto

Por DAVID LOVIA

© inepub.com

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Cuatro meses llevaba ya trabajando en el hospital.

―¿Dónde está el celador más guapo del hospital? ―dijo bromeando y después me hizo una carantoña en la mano―. Esta noche, cuando termine el turno, vamos a salir a tomar unas cervezas, ¿te animas?

―Hoy ya había quedado con unos amigos, puede que otro día... ―me excusé, poniéndome rojo.

Le encantaba jugar conmigo, aunque ella era así con todo el mundo y siempre que se acercaba al mostrador, me soltaba algunos de sus flirteos.

Yo la verdad es que soy bastante tímido y vergonzoso y no le seguía la corriente, lo que parecía animar más a Lorena a vacilarme cada día; y esto me lo hacía prácticamente desde que comencé a trabajar en el hospital.

No se me olvidará la frase que me dijo cuatro meses atrás, cuando me vio por primera vez tras el mostrador, sin tan siquiera conocerme.

“Madre mía, cada vez nos mandan celadores más guapos y jovencitos”.

Me quedé mirándola con cara de estúpido mientras se perdía de nuevo por el pasillo moviéndose con soltura.

Todo lo que tenía de pequeñita lo suplía con su carácter, apenas llegaba al 1.

55, pero era un completo terremoto. Alegre, extrovertida, simpática, jamás le ponía mala cara a nadie y además de trabajadora, era bien guapa.

Morena, pelo largo y liso, ojos verdes algo separados, lo que le daba una belleza muy peculiar a su cara, y un cuerpo pequeño y armonioso, en el que destacaban sus pechos grandes y generosos, que llamaban la atención por lo bien puestos que los tenía.

Recibí un codazo de mi compañero, Juanlu, que me sacó del trance en el que me encontraba.

―Te gusta, Lorena, ¿eh?

―No, no, ¿por qué lo dices?

―Joder, tío, se nota demasiado, ya no lo puedes disimular...

―¿Tú crees?

―Pues claro, ¿por qué no te vienes esta noche y así hablas con ella?, solemos quedar los viernes unos cuantos al salir del curro, a tomar unas cervezas...

―Es que ya me había comprometido con mis amigos, pero tomo nota y para otra vez me apunto...

No le había mentido. Era verdad que había quedado con mis colegas, y en cuanto llegué a casa, saludé a mis padres, me metí en mi cuarto y después de una ducha, le pedí a mi padre las llaves de su viejo carro.

―Ten mucho cuidado, Marcos, no bebas, y por cierto, a ver si te compras tu propio coche, majete, que ya llevas unos meses trabajando...

―Sí, papá, tranquilo, ya sabes que no me gusta beber...

Pasé a recoger a mis amigos uno a uno por su casa y después fuimos a cenar a unas famosas bodegas de un pueblo a las afueras de la ciudad. Yo era el único que no probaba el alcohol, por lo que casi siempre me tocaba conducir, aunque compartíamos los gastos de gasolina.

Como quien dice, todos acabábamos de terminar la universidad, pero seguíamos siendo unos niñatos, y excepto yo, que había aprobado la oposición y tenía un puesto fijo, el resto de mis amigos o bien tenían unos trabajos muy precarios, o hacían prácticas sin remunerar en alguna empresa, o estaban en el paro, por lo que por supuestísimo que seguíamos viviendo en casa de nuestros padres.

A ninguno se le había pasado por la cabeza, ni por lo más remoto, abandonar el nido familiar.

Y después de cenar, mis colegas se tomaron en la bodega un par de copas, unos chupitos y en cuanto salimos de allí, fuimos al OHM, uno de los bares más famosos de la ciudad.

Yo no es que me considere ni un superatleta ni nada por el estilo, pero sí me gusta hacer deporte, aunque eso no tenía nada que ver en mi decisión, desde hacía unos cuantos años, de no tomar alcohol. Solo lo hacía por salud.

Lo que sí me encantaba era salir de fiesta, ver a la gente bailar, escuchar música, conocer chicas... y al entrar en el OHM, nos dirigimos a la barra para pedir unas consumiciones. Había muy buen ambiente y el bar estaba a reventar, como casi todas las noches.

Apenas llevábamos media hora allí cuando la vi entrar junto con una amiga. La reconocí al instante, aunque no llevara su uniforme de enfermera. Era Lorena. Joder, me quedé de piedra al observar cómo iba vestida y el corazón comenzó a latirme a toda velocidad.

Se había puesto un pantalón vaquero gris ancho y en la parte de arriba un body negro ajustado de tirantes, con un escotazo terrible.

Era imposible no quedarse mirando esas tetazas.

Tenía pinta de que no llevaba ropa interior, era como si se hubiera puesto el vaquero por encima de un bañador, y como el pantalón era bajo y un poco caído, se le veía la piel por los laterales de sus caderas, donde terminaba la tela del body.

En los pies lucía unos botines negros por encima de los tobillos, con un taconazo fino de unos diez centímetros.

¡Espectacular!

Dudé unos segundos si llamarla o no, pero no hizo falta, pues ella enseguida me vio entre la multitud y esbozó una sonrisa, saludándome con la mano. Le comentó algo a su amiga, que se dirigió hacia la otra parte de la barra y Lorena se aproximó a mí, abriéndose paso entre la gente.

El corazón todavía me latió más deprisa.

―¡Hola, Marcos!, ¡pero vaya sorpresón encontrarte aquí! ―y sin que me lo esperara, me plantó dos besazos bien sonoros en la mejilla.

―Ya te dije que había quedado con mis amigos, que esta tarde parecía que no me creías...

―Ja, ja, ja, ya sabes que era broma, ¿vienes mucho al OHM?

―Alguna vez, ¿y tú? ―le pregunté a Lorena.

―No mucho, aunque últimamente cada vez más, me gusta el rollo del sitio y tal...

―¡Genial!, a ver si coincidimos algún día...

―Sí, claro, yo encantada ―y me dedicó una de sus sonrisas.

Al mirar hacia abajo, me quedé de piedra al ver su llamativo escote, lo que todavía me puso más nervioso y cuando estaba a punto de invitarle a una copa, comencé a tartamudear.

―No sé si qui... quieres...

―Hoy he venido con una amiga, ella había quedado con un par de chicos y yo soy la acompañante...

―¿Cita a ciegas?

―No, pero casi...

―Bueno, pues ya me contarás... ¡suerte en tu “cita”!

―El lunes hablamos, por cierto, estás muy guapo con esa camisita blanca, eh ―y me desabrochó un botón―. Así mejor, hazme caso...

―Tú también estás muy guapa, se me hace un poco extraño verte así...

―¿Así, cómo...?

―Tan maquillada, con ropa distinta a la del hospital... ya me entiendes...

―Sí, claro, bueno, me tengo que ir, Marcos, ¡ay, Dios, qué rico eres!

―y me deleitó de nuevo con una de esas sonrisas que me derretían a la vez que me acariciaba la mejilla.

Se dio medio vuelta y cuando estaba a punto de perderse entre la gente se giró y volvió a acercarse a mí―.

Ah, por cierto, el viernes es mi cumpleaños, y una no cumple 30 todos los días, después de trabajar hemos quedado para ir a cenar y tomar algo, somos siete u ocho, ya sabes, los de siempre, también viene tu compi, Juanlu...

, y me gustaría mucho que aceptaras mi invitación, y esta vez no me vale un no por respuesta ―me dijo al oído.

―¡Eh, sí, claro, sí que voy!

―Bien, bien... entonces contamos contigo... ―y subió las cejas dos veces, haciéndose la interesante y después se dio media vuelta.

La seguí con la mirada hasta la barra, donde la esperaban su amiga y dos morenazos bien atractivos, altos y fuertes, con los brazos lleno de tatuajes.

Y casi al instante se me borró mi sonrisa de idiota al darme cuenta de que no tenía ninguna posibilidad con ella.

Si le gustaban ese tipo de chicos, yo estaba en las antípodas de ellos.

1.70, rubio, pelo liso, ojos claros, y delgadito, aunque muy fibrado, era lo opuesto a aquellos dos guaperas.

Yo no era tonto, sabía que ella no se comportaba de esa manera conmigo porque yo le gustara ni nada por el estilo, Lorena era así de extrovertida y simpática con todo el mundo, aunque a mí me vacilara un poco más de lo normal.

Era muy consciente de que mis posibilidades con ella eran nulas, y es que no teníamos nada que ver el uno con el otro, ni en la edad, pues me sacaba seis años, ni en la manera de vestir, ni en el estilo; además, veníamos de dos mundos distintos, yo era un niño de papá recién salido de la universidad y ella una chica de barrio, curtida, con una infancia difícil y por si eso fuera poco, nuestro carácter era como el día y la noche...

Salvo que los dos trabajábamos en el mismo hospital, no teníamos nada más en común.

Me sacaron de esos pensamientos tres de mis colegas, que se acercaron a mí al verme hablar con Lorena.

―¿Y esa morenita quién es, Marcos?, ¿ya has pillado?, es increíble la facilidad que tienes para ligar... ―me comentó uno de ellos, abrazándome por detrás.

―No, idiotas, es solo una compañera de trabajo.

―Pues joder con la compañera de trabajo, ¡menudas tetas tiene!

, así es como me gustan a mí, delgaditas, bajitas, pero con curvas, ¡menudos tetones tiene!

, hacía mucho que no veía a una tía con las tetas así, ¡uf, son perfectas!

―dijo Gabriel, que cuando bebía solía hacer comentarios muy precisos y certeros.

―Oye, no os paséis, que es mi amiga... ¡ya estáis borrachos!

―¿Esa es la que te gusta?, se te nota mucho, cabrón...

―¡Qué nooo...!, ¿cómo me va a gustar?, es solo una compi del hospital, además, está con esos...

―Pues si no quieres nada con ella, me la podías presentar...

―Una mierda, y menos en ese estado... ―le dije a mis colegas―. ¡Venga, anda, iros por ahí y dejadme tranquilo!

Y en cuanto se marcharon a bailar y me quedé solo, me situé estratégicamente en la barra para poder ver mejor a Lorena. Charlaba con uno de los morenazos, el que quedaba libre, pues la amiga parecía mucho más interesada en el otro y ya se le había adjudicado.

El guaperas que hablaba con Lorena estaba encantado de conocerse, yo podía oler a esos chulos a distancia, un narcisista de manual, el muy cabrón era casi perfecto con su camiseta negra ajustada, esos brazos musculados, su sonrisa profidén y le miraba descaradamente el escote a Lorena, que por supuesto que se había dado cuenta de dónde tenía puesta la vista.

Pero eso no parecía importarle a Lorena, que se atusaba el pelo nerviosa, tonteando con él, sonriéndole y me sentó como una puñalada en el estómago cuando ella le tocó el brazo, estableciendo un primer contacto físico.

Fue una punzada ilógica de celos, y ahí es cuando caí en la cuenta de que realmente me gustaba.

Y mucho.

Debería haber pagado mi Coca-cola zero zero y largarme de allí, eso sería lo normal, lo que hubiera hecho todo el mundo, dejar de martirizarme con esa escena tan dolorosa, pero me quedé plantado como un gilipollas, viendo a Lorena zorrear con ese tipo.

Y es que ella tampoco se quedaba atrás.

Se notaba que estaba muy interesada en ese cabronazo, se tocaba el pelo continuamente, se humedecía los labios sin dejar de sonreír, afirmaba con la cabeza cada vez que él decía algo y había dejado la mano apoyada sobre su bíceps.

Entonces el moreno pasó el brazo por detrás de su espalda, agarrándola por la cintura.

Sus labios se quedaron muy cerca, casi pegados, y ahí fue cuando observé que los otros dos, se estaban morreando a su lado. La amiga de Lorena y el guaperas no perdían el tiempo y se comían la boca con ganas.

Y ahí deduje que Lorena y su amigo no iban a tardar mucho en hacer lo mismo.

Eso ya no estaba dispuesto a verlo. Apuré el refresco y salí del bar sin decir nada a mis colegas.

Como se suele decir, hice una bomba de humo y desaparecí.

Al regresar de la bodega ya había dejado el coche en el garaje de mis padres, por lo que caminé los quince minutos que había desde el OHM hasta mi casa, sin dejar de pensar en Lorena.

Tenía una sensación extraña dentro del cuerpo, me encontraba mal, triste, muerto de celos, pero a la vez se me venía a la cabeza su impresionante escote y cómo se lo miraba ese puto cerdo.

Me los imaginé enrollándose en medio del bar, y eso todavía me cabreó más, pero a cada paso que daba noté cómo se me iba poniendo más y más dura.

Entré al portal molesto y encendido a partes iguales, subí las escaleras con rabia, de dos en dos y a la una de la mañana, y completamente a oscuras, me situé en el descansillo entre el tercero y el cuarto, me saqué la polla y me hice una paja rápida, eyaculando contra una de las paredes mientras fantaseaba con las tetazas de Lorena.

Y ya en casa me maldije por no haberme quedado más tiempo en el OHM. Tumbado en la cama me comía la incertidumbre de saber qué habría pasado entre mi compañera y el morenazo. ¿Se habrían enrollado?

Seguramente sí.

Estuve tentando de mandarles un mensaje a mis colegas para preguntárselo, pero me pareció demasiado patético y al final me quedé con la duda. Y ya metido en la cama y a punto de dormirme, vibró el móvil en la mesilla y me entró un whatsapp.

No podía creérmelo. Era ella.

Lorena 1:34

Hola, Marcos, me ha gustado mucho encontrarme contigo esta noche

A ver si volvemos a coincidir

Un beso.

Me quedé de piedra. Estuve unos segundos dudando, pues me pilló tan de sorpresa que no sabía ni qué contestar, aunque tenía que hacerlo, porque ella ya había visto que yo leí su mensaje. Mi respuesta debía ser escueta y concisa, mostrándole interés, pero sin parecer desesperado por ella.

Marcos 1:36

Hola, Lorena!

A mí también me ha gustado mucho verte

Claro, y para otro día nos tomamos algo

Qué tal terminaste la noche?

Estuve unos minutos esperando una respuesta, pero Lorena ya no me volvió a contestar.

Mierda. Quizás no tenía que haber preguntado lo último.

¿Y a mí qué me importaba?, eso no era cosa mía.

¿Qué se supone que me iba a poner?, “bien, me he ido con el moreno y me ha follado”.

Era una posibilidad, pero apenas había pasado media hora desde que yo salí del OHM, así que era poco probable que eso hubiera sucedido.

Al menos, de momento.

Tenía que quedarme con lo positivo, y es que a la una y media de la mañana, ella se acordó de mí y me había escrito un mensaje.

Eso ya podía considerarse algo más que un simple juego entre compañeros y reconozco que esa noche me dormí ilusionado, fantaseando con la remota posibilidad de que yo le gustara a Lorena, aunque fuera solo un poquito...