Capítulo 16 #3
Se fue dejándola sola, pero ella solo podía mirar esa carta rota por la mitad, su nombre estaba roto en dos partes como tenía su corazón.
Alargó la mano, pero cuando iba a tocarla algo se lo impidió.
Entonces una vocecita en su interior le dijo que le debía eso a Dalbert, al menos eso.
Cogió la carta y sacó las hojas de los sobres para abrirlas sobre su regazo.
Ver la letra de Dalbert la emocionó y empezó a leer:
“Mi querida Vivianne:
Si lees esto es que nunca volveremos a vernos.
— Sollozó . —Pero no te apenes, durante estas semanas he tenido tiempo para pensar y me he dado cuenta de lo egoísta que he sido contigo.
Desde que pedí tu mano a tus padres siempre te creí mía, a lo largo de los años tú no dejabas de mostrar tu interés hacia mí y eso me valía sin darme cuenta de que yo no te alentaba ni te cuidaba como merecías.
Me gustaba salir con mis amigos, disfrutar de la vida y para ser sincero de las mujeres.
Dilapidé mi herencia y cuando los acreedores llamaron a mi puerta, me di cuenta de hasta donde había llegado.
Intenté enmendarlo, te juro que sí, pero mis deudas eran tan grandes que podía perderlo todo.
Entonces llegó la oportunidad. Todos sabían que el conde quería casar a Prudence con un duque.
También sabía por mi amigo que ella le atraía, así que utilicé a Cameron para que compartiera lecho con la condesa.
Todo fue premeditado desde el principio, preciosa, debo reconocerlo.
Sabía que si me ofrecía de cebo el conde claudicaría y de ahí todo el plan que vino después.
Lo que no me esperaba es que tú me rogaras que no me casara.
Ahí empezaron los remordimientos, pero me decía que si continuaba, la vida que nos esperaba sería mucho mejor, así que desdeñé tu dolor para seguir adelante.
Un error que te alejó de mí. Ahí sentí miedo, debo reconocerlo, y ante la reina me di cuenta de que siempre me lo reprocharías.
Acepté mi condena y esperaba que en ese tiempo todo ese dolor se fuera diluyendo, pero no fue así, te enteraste del engaño y supe que te había perdido para siempre.
He cometido errores algunos conscientes, pero quiero que sepas que todo lo hice no solo por mí, sino por el futuro que pensaba que tendríamos.
No te reprocho tu postura, todo lo contrario, la entiendo y no te guardo rencor por ello.
— Vivianne se tapó la boca intentando reprimir un sollozo porque la había perdonado.
—Aunque eso no signifique que me hubiera gustado que todo hubiera salido de otra manera.
Por otro lado, debo decirte que el conde era la mejor elección después de mí, preciosa.
Un poco estirado, pero más o menos está a tu altura.
— Vivianne rio entre lágrimas sin poder evitarlo .
—Te deseo lo mejor porque tú te lo mereces todo y quiero que sepas que te he amado y te amaré siempre.
Tuyo para toda la eternidad
Dalbert”
Lloró llevándose la carta al pecho. Lloró por su pérdida, por su terrible final y por todo el amor que sintió por él.
Se levantó con la carta en la mano y a punto estuvo de guardarla en el cajón del tocador, pero la miró y se dio cuenta de que conservarla solo le causaría más dolor.
La había perdonado, el resto ya no importaba.
Se acercó a la chimenea y la tiró al fuego.
Se abrazó mirando como los pedazos de papel se consumían y como su letra desaparecía para siempre.
Cuando solo quedaron las cenizas, fue hasta la ventana y vio que había empezado a nevar. —Adiós, Dalbert. Es hora de dejarte ir.
Sentada en su escritorio con la pluma en la mano y el papel con sus iniciales no sabía que escribir. —Argg… —Se volvió y Elva que estaba cosiendo sentada en su butaca soltó una risita. —No tiene gracia.
—Claro que sí, debe ser la primera vez que no sabes qué escribir en una carta.
Se levantó inquieta y empezó a pasear de un lado a otro. —Queda una semana para que regrese del continente, tengo que escribirla ya. —Se apretó las manos. —¿Qué hago, le pido perdón, le suplico que venga a buscarme? ¿Que me perdone?
—Creo que con que le llegue la carta, pongas lo que pongas, se va a alegrar.
—Todo esto es desquiciante. —Volvió a sentarse en el escritorio y cogió la pluma de nuevo. —Vamos allá, no es tan difícil, solo es la carta más determinante de tu vida.
—Tú lo has dicho, amiga. No cometas faltas de ortografía.
Jadeó. —¡Nunca tengo faltas!
Elva se lo estaba pasando en grande. —Dile que lo has pensado mucho y que quieres que venga a buscarte porque le quieres y por nada del mundo consentirás que te deje.
Que le perseguirás hasta la muerte y que nunca, nunca dejarás que se case con otra.
Que es tuyo, así que mueva el culo hasta Londres.
—¿Eso no es un poco directo?
—Tienes que ser directa, tiene que entender que le amas y que le quieres a tu lado.
—Cierto. —Entonces escribió —“Te amo y te quiero a mi lado. Vivianne.” —Dobló la hoja y la metió en el sobre dejando a Elva con la boca abierta. —Esa frase es perfecta.
—¿Así sin más?
—¡Si quiere que le cuente más que venga a Londres!
La puerta se abrió y al mirar hacia allí dejó caer la mandíbula del asombro porque su conde con el abrigo puesto y cara de malas pulgas entraba en la habitación. Durante un momento pensó que tenía visiones, pero entonces Scott dijo entre dientes —Preciosa…
—¿Sí?
—No me has escrito. —Parecía a punto de explotar. —¿Es que acaso no ibas a escribirme? —gritó casi haciendo que retumbara la casa.
Ella alargó el brazo con la hoja doblada aún sin poder creerse que estuviera allí. El conde la cogió con dos dedos y la desdobló gruñendo. Leyó la frase y se enderezó. —No eres de escribir mucho, preciosa, pero me conformo.
Vivianne chilló de la alegría tirándose a él y Scott rio atrayéndola a su cuerpo. —¿Cómo te encuentras? —preguntó comiéndosela con los ojos.
—Ahora que estás aquí me siento mejor que nunca. —Besó sus labios. —Estás aquí…
—Han sido las semanas más largas de mi vida.
—Te amo. Solo a ti, siempre a ti.
Scott la cogió por la cintura elevándola. —Lo veo en ti, ya no hay muro.
—Nunca más.
Él atrapó sus labios besándola intensamente y Elva se levantó de golpe viendo que prácticamente la estaba devorando.
—Madre mía, qué calores —dijo por lo bajo antes de carraspear.
Pero los novios no le hicieron ni caso intensificando aún más el beso si eso era posible.
—Ejem, ejem… —Las manos del conde fueron a parar a su trasero elevándola aún más y Elva gruñó yendo hacia la puerta.
—Muy bien, os dejo solos. Yo tengo que ir… —Cerró la puerta y gritó —¡Cameron!
—Mujer, ¿qué pasa?
—¡Quiero que subas!
—¡No se pegan esos gritos, esposa!
—¡Me duelen las piernas, necesito unas friegas!
Se escuchó que subía la escalera a toda prisa y Elva corrió hacia su habitación mientras Scott separaba sus labios y Vivianne abría los ojos suspirando de gusto. —¿Has cambiado de opinión, conde? ¿Al fin vas a tomarme?
La besó en la nariz. —En la noche de bodas.
—Pues que sea pronto, porque te necesito.
—Siento lo mismo.
Acarició su cuello. —Te echado de menos, milord.
La abrazó con fuerza. —Han sido los peores días de mi vida.
—Han sido los peores meses de mi vida, pero te conocí a ti y lo has cambiado todo. Solo tú me haces feliz.
Scott sonrió. —Pues espera y verás, esto solo es el principio. —Se apartó apenas para mirarla tan intensamente que su corazón palpitó de felicidad. —Te amo, preciosa.
—Son las palabras más bellas que oiré nunca.
—Y tú me amas a mí, lo tengo por escrito.
Vivianne soltó una risita. —Lo que no te he escrito es hasta dónde llega mi amor.
Él acercó sus labios. —Ven preciosa, estoy deseando que hablemos de ello.
—Mejor te lo demuestro.