Un placer, milord Capítulo 16 #2
95%

Capítulo 16 #2

—Te sientes culpable, como has dicho te torturas a ti misma porque crees que le has traicionado. Ha sido el amor de tu infancia, de tu adolescencia y crees que le debes algo, pero no es así. No le debías nada. Déjale ir, Vivianne. Si no lo haces nunca serás feliz.

La puerta se abrió y ella se limpió rápidamente las lágrimas forzando una sonrisa. Scott se acercó a su cama ignorando sus lágrimas para no disgustarla más. —¿Cómo va la paciente, doctor?

—Muy bien —dijo satisfecho—. Si sigue así en un par de días permitiré que se siente cerca de la ventana durante unas horas al día.

—Es una gran noticia, preciosa.

Forzó una sonrisa antes de decir —¿Sentada en la ventana? ¿No me puedo levantar para estar con mi familia? Eres un amigo pésimo.

Stephen rio por lo bajo. —Porque soy un amigo te permito lo de la ventana, otro en tu estado no te movería de la cama al menos durante un mes más.

Jadeó. —No te haría caso, es ridículo. Díselo, Scott, ya estoy muy bien.

—Hasta hace unos días tenías fiebre.

Bufó. —Mañana me levantaré y no hay más que hablar.

—Vivianne, me ha costado mucho salvarte la vida, me harás caso y serás buena o no volveré más.

—Chantajes a mí, además no te aguantarías. Me adoras.

Scott rio por lo bajo mientras su amigo ponía los ojos en blanco antes de ir hacia la puerta. —Te veo mañana y espero verte en la cama o me vas a ver enfadado.

—En cuanto te vea llegar, me meteré en la cama corriendo.

—Será posible… —dijo antes de salir de la habitación como si no pudiera con ella.

Sonrió radiante a Scott que se sentó a su lado. —Me adora.

—Con toda la razón. —Se la quedó mirando durante unos segundos. —¿Cómo te encuentras?

—Mucho mejor, ya me ves. No tenemos por qué suspender la boda. Madre me ha dicho que pensabas hacerlo.

—No estarás recuperada para esa fecha. Además….

—¿Además qué? —preguntó preocupada porque parecía que quería decirle algo muy serio—. ¿Qué ocurre, Scott? ¿No quieres casarte conmigo?

—¿Por qué preguntas eso? ¿Dudas de lo que siento por ti?

—No, ¿cómo puedes decir eso? Pero durante estos días tengo la sensación de que… —Agachó la vista porque igual estaba metiendo la pata.

—¿De qué, preciosa?

—De que quieres alejarte de mí. —Sonrojada le miró. —¿Es eso? ¿Quieres poner distancia entre nosotros?

Scott suspiró levantándose, lo que le confirmó a Vivianne que algo no iba bien.

Antes del duelo hubiera rebatido sus dudas, al menos hubiera sujetado su mano o la hubiera besado, pero no lo había hecho desde que se había encontrado mejor y eso empezaba a asustarla, sobre todo cuando fue hasta la ventana para mirar al exterior.

—Cuando te conocí sabía muy bien donde me metía, preciosa.

Pero es que tengo la horrible sensación de que te he fallado.

—No digas eso, es mentira.

—Desde que he matado a tu primo ya no eres feliz a mi lado, lo siento, aunque intentes disimularlo. Eres transparente para mí y has puesto una barrera entre nosotros. Puede que no la veas, puede que creas que exagero, pero me siento así. Es como si hubiera cometido una falta imperdonable para ti.

—Eres tú quien está distante…

—No, preciosa, no es así. Aunque no quieras darte cuenta no es así.

—Se volvió para mirarla. —Creo que lo mejor es que nos separemos durante un tiempo, que pienses bien si me quieres en tu vida.

Ya no me necesitas, ahora todo el mundo está de tu parte después del intento de asesinato de lady Prudence, la reputación de tu familia ya no debe preocuparte.

Separó los labios de la impresión. —Pero… No puedes estar hablando en serio.

—He hecho algo que no me perdonas. —Sonrió con tristeza.

—En el fondo le querías, le quieres porque para ti aún está vivo en tu memoria.

Aunque yo creía que era lo mejor, porque ese hombre solo era dañino para quienes le rodeaban, tú aún crees que algo bueno aún tenía que quedar en él.

Y puede que fuera así, puede que te quisiera, pero eso no justifica toda la manipulación y el egoísmo que le rodeaba.

—Sonrió con tristeza. —Por mucho que tú intentes justificarle, merecía la muerte solo por lo que le hizo a lady Prudence.

Como bien sabes, ahora está en una institución mental y debes reconocer que acabó allí por las intrigas de Dalbert.

—Lo reconozco, reconozco todo lo que hizo mi primo, por eso no entiendo que quieras irte, sé que hizo mal, sé que merecía la muerte. —Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Pero…

—Ese pero es lo que nos separa, preciosa. Ese pero es lo que me ha llevado a tomar la decisión de apartarme de tu vida durante un tiempo. He hablado con la reina y debo hacer un viaje al continente.

Su corazón se estremeció de miedo. —¿Durante cuánto tiempo?

—Apenas serán dos meses. Después iré a mi finca en el campo. Allí esperaré tu carta si es que quieres escribirla. Si desde mi llegada en un mes no he recibido noticias tuyas, daré el compromiso por cancelado y podrás seguir tu vida.

Angustiada se sentó en la cama. —No, por favor, no puedes dejarme.

Él se acercó y con cuidado hizo que se tumbara de nuevo. Suspiró mirando su rostro. —Debes comprenderme, preciosa. Cuando inicié este compromiso no esperaba llegar a amarte.

Sollozó. —Entonces no te vayas.

—Es que no puedo estar contigo sabiendo que aún amas a otro hombre. Con otra mujer me hubiera dado igual, pero contigo no.

—No le amo, te juro que no.

Negó con la cabeza. —Le llamabas en sueños.

—A Vivianne se le cortó el aliento. —Le rogabas que se casara contigo.

Preciosa, para alguien que ama como yo te amo a ti eso es muy duro de sobrellevar.

Por eso te pido que si sientes algo de rencor hacia mí, si crees que nunca vas a amarme como a él no me escribas.

—Se acercó y la besó en la mejilla. Vivianne cerró los ojos con fuerza mientras él susurraba —Te echaré de menos y te amo, pero si no puedes olvidarle no me escribas.

Sintió que se alejaba y no fue capaz de abrir los ojos para ver que se iba. Sollozó volviéndose ignorando el dolor bajo su brazo y se tapó la cara con las manos sintiendo que su corazón se retorcía. Se había ido, la había dejado y la culpa solo era suya por no darle el amor que merecía.

Su tía sentada a su lado ante la ventana, veía la tristeza en su rostro sintiendo una gran impotencia porque no podía hacer nada por ayudarla. —Dos meses pasan muy rápido.

—No puedo ser injusta con él. He estado pensando muchas horas, muchos días sobre esto y tiene razón, no le perdono la muerte de Dalbert, algo en mí me lo impide, aunque sé de sobra que había muchas razones para matarle.

Si al menos hubiera podido decirle que le perdonaba.

—Sollozó. —Murió pensando que le odiaba.

—No te tortures así.

Se limpió la nariz con su pañuelo. —No me extraña que Scott me haya dejado, si hasta le llamaba en sueños. Lo que el conde ha tenido que aguantar desde que me conoció no lo aguanta nadie.

—Todo lo que hizo Scott fue porque te amaba, cielo.

—Lo sé. Pero todo el mundo tiene un límite y al parecer se ha cansado. No importa, al menos ahora podemos salir de casa sin que nos insulten por la calle. A Elva la atienden en las tiendas y la llaman lady, hemos avanzado mucho.

—¿Entonces no le escribirás?

Se quedó en silencio mostrando la tortura de sus ojos porque estaba entre la espada y la pared. —No le dejes escapar.

La puerta se abrió y entró su hermano. Vivianne forzó una sonrisa y él perdió la suya porque estaba llorando de nuevo. —Tía, ¿puedes dejarnos solos un momento?

—Sí, voy a aprovechar para escribir unas cartas a Venecia, tengo abandonados a mis amigos. Cielo, igual cuando te recuperes te gustaría regresar conmigo una temporada.

—Me lo pensaré, tía.

Rosanne sonrió antes de salir de la habitación. Cameron se sentó en la butaca de enfrente. —Tienes mejor color.

—Mentiroso.

Su hermano sonrió. —Sí, he mentido descaradamente.

Rio sinceramente. —¿Qué te trae por mis humildes aposentos?

—¿No puedo venir a ver a mi hermana?

—Sé, porque me lo ha dicho un pajarito, que tienes asuntos que atender con la compra de tu casa y que tenías reuniones toda la tarde.

—¿Te lo ha dicho madre?

Asintió. —Me alegro mucho por vosotros.

—No es muy grande, pero está cerca de aquí y a Elva le encanta. —Se adelantó y cogió su mano. —Pero tienes razón, he venido porque al salir de mi habitación hace un rato te escuché llorar.

Le miró asombrada. —¿Y qué tiene eso de raro? Últimamente no dejo de mojar pañuelos.

—Pues ya es hora de que los dejes.

Cameron se mordió el labio inferior y Vivianne le miró fijamente. —¿Qué piensas? Parece que ocultas algo.

—No me has preguntado sobre lo que sucedió cuando murió Dalbert.

Se tensó. —No quiero saberlo, está muerto, no quiero saber más.

—Esto te interesa. Cuando murió nos acercamos al cuerpo y llevaba algo dentro de su chaqueta. Algo que era para ti.

Se le cortó el aliento. —¿Qué?

—Una carta. Al principio pensamos en romperla, de hecho padre lo hizo, pero cuando llegamos a casa e iba a quemarla algo me hizo impedírselo.

Él no quiso leerla, ya sea por dolor o remordimientos.

No sé, supongo que ninguno de nosotros podrá descansar tranquilo después de todo lo sucedido. Sobre todo yo.

—No digas eso.

—Todo se inició por mi cobardía y es algo que no me perdonaré nunca. —Apretó los labios. —Bueno, el hecho es que leí la carta y la conservé.

—Dámela —dijo ansiosa—. Es mía, dámela.

Sacó la carta rota por la mitad y se la mostró.

—Piénsalo bien. Si amas a Scott debería importarte muy poco lo que diga nuestro primo en estas líneas, Vivianne.

Si amas al conde esta carta no debería importarte porque solo son palabras y lo que importa en esta vida son los hechos.

Para mí Dalbert fue un amigo, le debo la vida, pero jamás debí permitir lo que te sucedió a ti.

Fui un egoísta, no seas egoísta con Scott, no se lo merece.

Sin aliento vio como dejaba la carta sobre la mesita que tenía al lado y se levantaba para besarla en la mejilla. —Sé fuerte, hermana. Tanto si la lees como si no, te suplico que seas fuerte.