Un placer, milord Capítulo 15
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Capítulo 15

Mirándose al espejo mientras su doncella la estaba peinando, se sentía muy nerviosa por la noche que tenía por delante.

Pensar en Dalbert muerto la estremecía y la posibilidad de que fuera Scott quien muriera la angustiaba sobremanera.

Sin poder evitarlo apoyó los codos sobre el tocador tapándose la cara con las manos.

Lidia al ver el estado de su señora susurró —¿Necesita unos minutos, milady?

—Sí, por favor.

Su doncella dejó el rizador de pelo sobre la placa de metal a toda prisa y corrió fuera de la habitación, pero ella ni se dio cuenta porque no podía dejar de pensar en lo que debía hacer para impedir ese duelo.

Si le rogaba a Scott que no lo hiciera, pensaría que anteponía a Dalbert a su prometido y no quería que pensara eso.

Y si por no hacer nada Dalbert moría, tendría remordimientos toda su vida porque no podía evitarlo, aún le quería.

Alguien acarició su espalda y se sobresaltó volviendo la cabeza para ver que Elva estaba allí en bata mirándola con tristeza. Sollozó abrazándola. —Entiendo cómo te sientes, hermana.

—No sé qué hacer.

—Ya no está en tus manos, está en manos de Dios. —La apartó y se sentó a su lado. —El duelo ya no se puede impedir.

Se le cortó el aliento. —Ya ha hablado con la reina.

—Y ha dado su consentimiento. Será al amanecer.

Cerró los ojos. —Si uno de los dos muere…

—Uno de los dos va a morir, lo que tienes que decidir es si quieres que sea tu pasado o tu futuro, Vivianne. Si Dalbert viviera…

—No —dijo tajante levantándose muy nerviosa—.

Nunca más. Puede que Scott no me ame, pero me ha demostrado que hay mucho más de lo que tenía con Dalbert.

Él nunca me dio nada —dijo con desprecio—.

Anuló y destrozó mis ilusiones, mis sueños, solo me daba las migajas cuando se encontraba en el campo, lo suficiente como para que mi amor creciera, pero no lo bastante como para que estuviera segura de él.

Y esas pocas ilusiones me las arrebató de un plumazo por los intereses de los demás y de él mismo.

Odio lo que me hizo, en lo que me convirtió el sufrimiento que él provocó y eso no puedo perdonárselo.

Y después de conocer a Scott mucho menos.

—¿Qué sientes por tu prometido?

Sonrió con tristeza mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. —Con él siento que puedo ser yo, no me juzga, no me reprende, no me considera una niña. Ha demostrado en solo unos días que puede darme mucho más de lo que me imaginaba. A él…

—Le amas.

—Sí. —Sollozó. —Soy horrible. No puedo confiar en mis sentimientos.

—Por supuesto que puedes, de hecho, los acabas de expresar.

Lo que sentías por Dalbert fue un amor infantil que te llevó casi al abismo, con tu conde es distinto, te sientes al fin una mujer.

En estos días ha demostrado mucho más que Dalbert en años, te protege, te mima, te sientes cuidada y adorada.

—Sonrió con tristeza. —Solo siento que Dalbert no te permita disfrutar de este amor, es un egoísta que lo quiere todo sin importar los sentimientos de los que le rodean.

Se le cortó el aliento. —No digas eso.

—¡Es la verdad! Y si no estuvieras tan asustada también lo dirías.

Lo que pasa es que sientes remordimientos de haberle demostrado tu amor y ya no sentir lo mismo ahora.

Y esa culpa te lleva a angelizar a un hombre que en realidad se ha comportado como un villano.

¿Lo hizo por el bien de sus amigos y el suyo propio?

¿Y el sufrimiento que dejó atrás? ¿Y la tortura a la que sometió a lady Prudence durante semanas que no sabía lo que había ocurrido?

Se casó con el amor de su vida, sí, pero ¿y todo ese tiempo de lágrimas y rechazo social?

Su padre tenía que haberle pegado un tiro entre ceja y ceja para liquidar este maldito asunto, te hubiera ahorrado lágrimas y ahora tú serías feliz al lado del hombre que amas.

Agachó la cabeza y se miró las manos pensando en ello. —Quizás ninguno actuamos como debíamos.

—¡Tú sí! ¡Tú has sido sincera desde el principio!

—exclamó levantándose—. ¡Eres la única que a pesar de sufrir, dijo lo que pensaba en cada momento y eso es lo que ha visto el conde en ti, una dama hermosa, lista, que nunca le mentirá!

¡Por eso sabe que sientes algo por él, porque tus ojos hablan por ti, Vivianne!

¡Por eso lucha porque seáis felices y debes estar de su lado, porque se va a jugar la vida para vivir junto a ti!

Separó los labios de la impresión. —Tienes razón, es hora de dejar de pensar en Dalbert que es mi pasado y pensar en mi futuro.

Su amiga sonrió. —El futuro que te mereces. —Se puso en pie y cogió sus manos. —Te quiero como a mi hermana y nunca te diría algo que pueda perjudicarte. Estás en el lado correcto, no tengas remordimientos cuando no los tuvieron contigo. Sé que tu conde se dejará la piel para hacerte feliz.

Sonrió. —¿Verdad que sí?

—Un hombre que decide cargar con esta familia de locos, es porque sabe que le va a compensar y tú eres esa recompensa. Todo lo que quiere es estar a tu lado.

En ese momento llamaron a la puerta y Vivianne la besó en la mejilla antes de decir —Adelante.

La puerta se abrió mostrando a su conde guapísimo con su traje negro de noche. —Preciosa, ¿aún estás así?

—Oh, sí, lo siento. —Se pasó las manos por las mejillas para borrar las lágrimas y sorbió por la nariz. —Soy un desastre. —Miró a su alrededor. —¿Dónde tendré un pañuelo?

Elva fue hasta una cómoda y se lo tendió. La miró con cariño. —¿Qué haría sin ti? —dijo emocionada.

—Eso no tendrás que averiguarlo nunca, porque siempre estaré a tu lado. —Le guiñó un ojo antes de salir de la habitación mientras Vivianne sollozaba.

—Eh, eh… ¿Qué está pasando aquí? —Scott la cogió por la cintura para pegarla a él.

—Nada —dijo limpiándose con el pañuelo.

—Creo que es la primera vez que me has mentido.

Le miró a los ojos. —Tendrás cuidado, ¿verdad?

Él se tensó. —Ya te has enterado.

—En esta familia me ocultan un montón de cosas, pero afortunadamente tengo mis espías.

—Tu amiga.

—No la juzgues, siempre hemos sido una. —Acarició su mejilla antes de abrazar su cuello. —Júrame que tendrás cuidado.

—No quiero que pienses en eso, lo único que debe importarte es esta maravillosa noche y lo bien que lo vamos a pasar. —Sonrió. —Hoy anunciaremos nuestro compromiso.

No quería decepcionarle, había gastado muchísimo dinero para que ella fuera feliz, para que viera que a su lado todos les aceptarían.

Se lo debía y pensaba disfrutar de su noche, la noche en que todos les verían juntos por primera vez.

Sus ojos brillaron. —¿Bailarás conmigo, conde? —preguntó coqueta.

—Por supuesto, aunque no estoy seguro de dejar que bailes con nadie más.

Rio. —Me pedirán mil bailes y tendrás que soportarlo.

Gruñó y la besó en los labios. —Pero el primero será solo mío.

—Por supuesto —dijo mirándole enamorada.

A Scott se le cortó el aliento y la cogió por la nuca para atrapar su boca casi de manera desesperada. Vivianne se aferró a las solapas de su traje atrayéndole para saborear esos momentos juntos. Él se apartó suspirando y apoyó su frente en la suya. —Preciosa, estoy deseando hacerte mi esposa.

—Pues yo estoy deseando que me hagas tuya.

Rio por lo bajo. —Me vuelve loco tu sinceridad.

—Gracias, conde.

Acarició sus glúteos antes de alejarse. —Es hora de que termines de arreglarte. —Fue hasta la puerta.

—Scott… —La miró sobre su hombro. —Por favor, no bebas mucho esta noche, tienes que estar alerta.

—No beberé ni una sola gota si tú no quieres. —Sonrió antes de salir, pero en lugar de cerrar entró Lidia.

Vivianne dijo —Rápido, se nos echa el tiempo encima.

Una hora después bajaba las escaleras sujetando el bajo de su maravilloso vestido de noche. Su peinado, sus zapatos, incluso sus guantes por encima del codo eran perfectos para el impresionante vestido que brillaba con la luz de las velas a cada paso que daba.

Las personas que estaban en el hall miraron hacia arriba quedándose realmente impresionadas y Scott que fue el primero en reaccionar, se acercó a ella alargando la mano.

—Estás realmente hermosa. Haré que te hagan un retrato exactamente así.

—Besó su mano mirándola a los ojos, lo que encendió su interior haciendo que se sonrojara.

—Exactamente así no, te falta algo. —Luke se acercó de inmediato mostrando una caja.

—Especialmente hecho para esta noche, preciosa. Ábrelo.

Emocionada miró a Elva y esta asintió. Levantó la tapa para mostrar un collar de diamantes a juego con unos pendientes que podrían ser dignos de la reina. —Dios mío…

Scott sacó el collar y todos jadearon por el tamaño del diamante que caería entre sus pechos.

—Solo lo que tú te mereces, preciosa. Quería que la primera joya que te regalara no la hubiera llevado nadie más.

—Se lo cerró al cuello. —Quería que fuera solo tuya.

—La besó en la sien y se apartó para mirarla bien. —Perfecta.

—Oh, cielo, es muchísimo más de lo que merezco.

—Tonterías, mereces mil diamantes más.

—Déjame verlo, hija —dijeron Rosanne y Elizabeth a la vez.

Mientras no dejaban de admirarlo, ella le sonrió a Scott porque las dos la habían llamado hija. —Tienes suerte, preciosa.

—Sobre todo desde que te tengo a ti. —Le cogió del brazo demostrando lo feliz que era. —También tengo algo para ti.

Luke se acercó y en sus manos llevaba un paquete muy grande.

Scott la miró sin entender. —¿Qué es?

—No lo sé, ábrelo.

Divertido tiró del papel para ver su rostro pintado al óleo.

Scott rio rasgando el resto del envoltorio para verla con ese mismo vestido de perfil a su lado.

Scott estaba sentado en un sillón de piel marrón y ella le tendía su carnet de baile.

Su prometido se echó a reír. —Preciosa al parecer ya me conoces muy bien.

—Lo intento, conde.

—Es increíble, aunque habrá que hacer que el autor te pinte el collar. Debe ser perfecto.

—Ya es perfecto.