Capítulo 14 #3
—Suegro, dile al servicio que se vaya, quiero que lo escuche toda la familia.
Luke a toda prisa les dijo a los lacayos que salieran del comedor.
—Cielo, ¿qué ocurre? ¿Tiene que ver con que ayer no vinieras a cenar?
—En parte, siéntate preciosa.
Su suegro volvió a sentarse porque era evidente que iba a contarles algo muy serio. Vivianne hizo lo mismo sin dejar de mirarle. Su conde respiró hondo como si estuviera dándose fuerzas. —Ayer no vine a cenar porque estuve en Newgate. Fui a hablar con el duque para ofrecerle un trato.
—¿Un trato? ¿Qué tipo de trato? —preguntó su suegro.
—Que se fuera de Inglaterra con trescientas mil libras más de las que ya había conseguido de lady Prudence.
Elizabeth se llevó una mano al pecho. —Dios mío, eso es una fortuna…
—Suficiente para tres vidas.
—Lo ha rechazado, ¿verdad? —preguntó Vivianne.
—No, me ha amenazado —dijo con rabia—. A mí, preciosa, que solo con chasquear los dedos podría hacer que le mataran y a nadie le importaría.
Los Merfield apartaron la mirada, demostrando que a ellos sí que les importaría. —Entiendo.
—¿Con qué te amenazó? —preguntó su futuro suegro muy tenso.
—Dijo que si me atrevía a casarme con tu hija, puede que mañana, pasado o dentro de un año alguien me metería una bala en la cabeza.
Que tenía amigos también y que nunca podría dejar de vigilar mi espalda.
Por supuesto me enfadé y él se rio de mí diciendo que siempre le tendría muy presente porque Vivianne era suya.
—Dios mío… —dijo Vivianne asustada—. Ha perdido la cabeza totalmente.
—Por supuesto lo del dinero ni lo consideró, dijo que ni todo el dinero del mundo le haría renunciar a ella, que había hecho lo que había creído mejor para todos y que no se arrepentía. —La miró a los ojos. —Que cuando volvieras a sus brazos entrarías en razón.
Vivianne se pasó su mano temblorosa por los ojos. —Debo ir a hablar con él para dejárselo claro.
—Ni hablar —dijo Scott furioso—. Esto se acaba aquí.
Es una amenaza y ha cruzado la línea. Sabía perfectamente con quien estaba hablando y todo lo que puedo hacer para destruirle, pero le da igual.
He sido muy paciente, preciosa, pero este es mi límite.
Voy a hablar con la reina para que me permita retarle a duelo.
Separó los labios de la impresión. —Scott no.
—¡Esto se ha acabado! —gritó perdiendo la paciencia—. ¡Tenía que haberle matado allí mismo con mis propias manos!
Sabía cómo era Dalbert cuando quería provocar a alguien y era evidente que a Scott le había llevado al límite.
Cameron se puso en pie. —Entiendo tu postura, pero entiende tú la nuestra, Dalbert hizo mal al quedarse el dinero de la dote, pero con sus acciones salieron cosas buenas.
Yo por ejemplo pude conservar la vida y ahora voy a tener un hijo con la mujer que amo, puede que ahora estuviera muerto si no hubiera sido por él.
Y su mejor amigo también se ha casado con la mujer que ama.
Puede que sus acciones fueran extremas, pero también salió algo bueno…
—¿Y tu hermana? ¿Ella piensa lo mismo?
—No, no pienso lo mismo. Puede que provocara que otros fueran felices, pero mi felicidad no le importó en absoluto. —Miró a su hermano a los ojos. —¿Cómo crees que me sentí?
—Sé muy bien como sufriste por todo lo ocurrido y me desgarra el alma cada vez que lo pienso.
—Esa ofensa es suficiente para un duelo —dijo Scott con desprecio—. No pienso echarme atrás.
—Una ofensa pasada en la que tú ni estabas presente —dijo el conde muy serio—. Aún no formabas parte de esta familia y no tiene razón de ser que seas tú quien se rete. Debería ser yo.
—¡Ni hablar, hace unas horas me ha ofendido y seré yo quien lo lleve a término!
Angustiada porque eso no podía estar ocurriendo, se levantó porque no podía permitirse tener la muerte de Dalbert sobre su conciencia. —Cielo, por favor, piénsatelo bien. No podría soportar que…
—¿Qué, su muerte? —preguntó alterándose—. ¡Aún sientes algo por él!
—No, te juro que ni se me pasaría por la imaginación pensar en él en esos términos, pero es mi primo y salvó la vida de mi hermano. Está cumpliendo condena, ¿no es suficiente?
—¡No! —gritó Scott cortándola en seco—. Para mí no es suficiente porque le he visto, he hablado con él y sé lo que piensa.
¡Y piensa que puede recuperarte! ¡Se lo ha dicho a tu prometido a la cara!
¿Qué ofensa puede ser más grande que esa?
¡Su provocación llega a unos límites que me dejan helado, o ha perdido la cabeza o lo cree en serio y las dos posibilidades le hacen muy peligroso, convirtiéndose en una piedra en mi zapato que pienso eliminar! ¿He sido claro?
Agachó la mirada. —Sí, lo has dejado muy claro.
El conde asintió antes de salir de la casa gritando —¡Luke, mi gabán!
Vivianne pálida miró a su familia. —No sé qué decir.
—Entiendo la postura de tu prometido —dijo su madre levantándose de su asiento—. Pero… —Los ojos de Elizabeth se llenaron de lágrimas. —Es nuestro Dalbert.
—Y de eso se está aprovechando, esposa. De esta situación no va a salir nada bueno.