Capítulo 14 #2
—Te lo juro por mi vida. Nada mancillará lo que ha nacido entre nosotros, nada.
Le abrazó con fuerza y las lágrimas cayeron por sus mejillas. —Tengo miedo.
La pegó a él sintiendo su desesperación y todo el dolor sufrido. —Lo arreglaré, serás feliz a mi lado, te lo juro por Dios.
Sollozó sintiendo que podía confiar en él.
—Soy muy afortunada. —Se apartó para mirarle.
—Soy afortunada de tenerte. —Acercó sus labios y los rozó lentamente, tomándose su tiempo, pero Scott se impacientó y entró en su boca saboreándola hasta marearla.
Vivianne gimió de gusto percibiendo el coñac de su boca y él la empujó tumbándola sobre el sofá sin dejar de besarla.
Sus piernas se entrelazaron y él separó sus labios para besar su cuello.
Lo que sentía era tan embriagador, que cerró los ojos con la respiración agitada sintiendo algo en su vientre que la hacía necesitar mucho más. —¿Scott? —preguntó con ansias.
—Ya voy, preciosa. —Sus labios bajaron por su pecho hasta sus senos y los besó.
Vivianne impresionada por lo que le hacía sentir ni se dio cuenta de que un pezón salía por el borde del vestido, pero sí sintió sus dientes mordisqueándolo de una manera que fue una tortura.
—Siento que ardes cuando te toco —dijo contra su pecho.
—Sí… —Se arqueó para darle mejor acceso a sus pechos sin darse cuenta de que él bajaba la mano entre sus piernas.
Tiró de su vestido mostrando su ropa interior y la acarició sobre su sexo por encima del pantalón interior haciendo que se le cortara el aliento.
Asombrada miró a su conde con los ojos como platos. —Ah, que vas a seducirme…
Parecía no entender. —Por supuesto. Preciosa, ¿qué creías que estamos haciendo?
—No lo sé, pero me encanta.
La acarició entre las piernas de nuevo. —¿Esto te gusta?
—En demasía.
Su mano subió ligeramente hasta la cinturilla para meterla por debajo de su ropa interior.
A Vivianne se le cortó el aliento. —¿Y esto te gusta?
—Metió su dedo índice entre sus labios inferiores y acarició su clítoris ligeramente.
Ella gimió de placer cerrando los ojos. —Preciosa, no gimas —dijo con voz ronca sin dejar de acariciarla.
Ni sabía lo que le decía, porque esos dedos la estaban volviendo loca.
Rozó de nuevo el botón de su placer y algo en su interior se tensó con fuerza.
Scott disfrutando de la sorpresa y de cómo gozaba con lo que le hacía, aceleró sus caricias.
Vivianne jamás se habría imaginado algo así y deseando más separó las piernas sin darse cuenta.
Entonces él cogió su clítoris entre sus dedos y lo apretó ligeramente.
Todo estalló a su alrededor sorprendiéndola en un éxtasis tan intenso que la asustó porque tanta felicidad no podía ser real.
Cuando consiguió abrir los ojos, Scott estaba al otro lado del salón mirando el fuego mientras se tomaba una copa de coñac.
Avergonzada porque debía pensar que era una descarada, se incorporó a toda prisa para darse cuenta de que había tirado de su corpiño para que sus pechos entraran en él y le había bajado las faldas cubriendo su falta.
Él parecía muy tenso y por cómo se bebió su copa hasta molesto. —Lo siento —dijo asustada.
Se volvió para mirarla de lo más sorprendido. —¿Por qué te disculpas?
—Mi comportamiento ha sido impropio y… —Se levantó rogándole con la mirada. —Lo siento, no quiero que pienses que no soy decente, es que…
Scott sonrió. —Preciosa, es evidente que eres novata en todo esto.
—Ah, ¿sí?
Él rio por lo bajo asintiendo. Se acercó a ella y la besó en los labios. Cogió su mano y se la puso sobre su sexo endurecido. —Lo que pasa es que estaba intentando que mi miembro se relajara.
Madre mía, qué dureza. Sin poder evitarlo lo acarició deseando que su sexo entrara en su interior. —¿No es muy largo?
Scott rio por lo bajo. —Esperemos que no, quiero que disfrutes en nuestra noche de bodas…
—Si esa noche se parece en algo a esta, pienso disfrutar —dijo con la voz enronquecida, lo que demostraba lo deseosa que estaba de que esa noche llegara cuanto antes.
Mirándola como si fuera suya la besó de nuevo con ansias cogiendo su mano para apartarla, pero Vivianne deseando más intentó tocarle de nuevo. Scott gruñó al sentir como frotaba. Entonces su prometido se apartó de golpe. —Tengo que irme.
—¿Te vas a ir? —preguntó decepcionada mirando el reloj de encima de la chimenea—. Aún es temprano, son las diez.
Se pasó la mano por la nuca. —Preciosa… Que vamos a meternos en otro lío.
Se mordió su grueso labio inferior mirándole de arriba abajo, sobre todo su entrepierna que demostraba que la deseaba con fuerza. —¡Vivianne!
Se sobresaltó mirando sus ojos. —¿Qué?
—¿Sabes cómo inflamas mi deseo?
—Pues deja de rechazarme.
—Ahora sí que eres descarada.
—¿A que me desnudo? —La cara de horror de su conde la hizo reír a carcajadas.
La cogió por la cintura. —Me encanta tu risa.
—Gracias, milord. A mí me encantas todo tú.
Le dio un beso rápido y la soltó. —Buenas noches.
Sonriendo le observó ir hacia la puerta. —Buenas noches, mi caballero andante.
Su conde le guiñó un ojo antes de salir del salón y escuchó —¿Su capa, milord?
—No me la pondré todavía, necesito que me dé el fresco. —Ella se acercó a la puerta para ver cómo se la ponía en el brazo para cubrir sus partes pudendas.
Vivianne reprimió la risa. —Hasta mañana, cielito.
Él gruñó saliendo de casa y su mayordomo se hizo el loco. —¿Hago que le suban algo de leche caliente para dormir, milady?
—No es necesario, Luke, tengo la sensación de que hoy voy a dormir mejor que nunca.
—Que descanse, milady.
—Buenas noches, amigo.
La mañana del baile se levantó con una grata noticia, la reina Victoria celebraba un baile la noche de Navidad y toda la familia estaba invitada. Su madre no cabía en sí de gozo y no dejaba de decir —Nos ha invitado. ¡Nos ha invitado!
—Me alegra que te alegre tanto, madre —dijo antes de comer su tostada como si tal cosa. Con la boca llena le preguntó a Luke —¿El conde ha enviado alguna nota?
—No, milady.
—No le he visto desde ayer por la tarde —dijo inquieta.
—Cielo, le verás esta noche —dijo su tía —. Y no comas con la boca llena.
La miró sin comprender.
—¡Ya no sé ni lo que digo! ¡Estoy muy nerviosa por lo de esta noche!
—Hermana, el duque de Weitfield nos apoya y todos han aceptado la invitación del conde, ¿qué puede salir mal?
—No lo sé, pero me he levantado con una sensación algo extraña y sabes que siempre acierto en mis pálpitos.
Elva entró en el comedor y no tenía buena cara. Vivianne hizo una mueca. —¿Una mala noche?
—Madre mía, no he podido soltar el orinal de todo lo que vomitaba.
—Querida, es normal en el embarazo —dijo Elizabeth—. Mi madre decía que eso significaba que estaba agarrando.
—Este ya tiene que estar más que agarrado.
Su marido rio por lo bajo entrando tras ella. —Afortunadamente hoy ha podido levantarse.
—Siento que te encuentres mal —dijo Vivianne.
—Bah, por la tarde estaré hecha un toro dispuesta a disfrutar.
—Dormirás la siesta —dijo su marido muy serio.
—Claro que sí, cielito —dijo mirando lo que el lacayo le servía—. No seas rata, John, pon más que la criatura tiene que alimentarse.
El lacayo rio por lo bajo echando mucho más y los ojos de Elva brillaron cuando le puso el plato delante.
Su marido puso los ojos en blanco cuando la vio comer como si se lo fueran a quitar de la boca. Todos rieron por lo bajo y Elizabeth dijo —Adivinad qué ha ocurrido.
—Ay, madre… —dijo Elva—. Con nuestra suerte cualquier cosa.
—Muy graciosa.
Todos rieron de nuevo demostrando lo felices que eran. —Venga suegra, suéltalo que lo estás deseando.
Cameron asintió. —Eso madre, ¿qué te tiene tan excitada?
—¡La reina nos ha invitado al baile de Navidad!
Elva sonrió. —Espero que lo paséis muy bien.
—Tú también vienes —dijo Roger asombrado.
Parpadeó demostrando que no se lo esperaba.
—Que yo… ¡Ay, madre! —Se levantó de golpe sobresaltando a su marido.
— ¡Cielo, voy a conocer a la reina! —Chilló de la alegría cogiéndole por los mofletes llenos de comida para plantarle un beso en los morros chillando después ante su rostro como una loca.
Vivianne sonrió. —Tendrás que practicar la reverencia.
—Bah, te he visto hacerla un millón de veces. —La hizo ante todos dejándolos con la boca abierta porque era impecable. —¿Qué os parece?
—No puedo ponerle ninguna pega —dijo su marido haciendo que le mirara con amor—. Venga, cielo, desayuna.
—Ay… —Se sentó de nuevo y siguió comiendo. —La reina —dijo fascinada—. Espero no meter la pata.
—Lo harás muy bien —dijo Roger sonrojándola de gusto. El conde cerró el periódico y escucharon la campanilla—. Debe ser mi administrador para decirme que esta fiesta me va a costar un ojo de la cara.
—Padre, lo paga mi prometido, no cuela.
Su padre rio por lo bajo levantándose. —Qué suerte he tenido con él, da igual lo que se pida, él siempre dice que sí a todo.
—La que he tenido suerte he sido yo.
Entonces Scott apareció en la puerta con un traje de mañana marrón. —Ay, ya estás aquí —dijo levantándose y yendo hacia él para besarle en los labios—. ¿Has desayunado?
—Preciosa, tenemos que hablar.
Perdió la sonrisa poco a poco porque parecía algo muy serio.