Capítulo 14
Sin saber por qué esas palabras le dieron fuerza y entró en el salón donde ya estaba su madre, Elva y su hermano hablando con sus invitados.
—Oh, aquí está la novia… —dijo Scott acercándose a ella y cogiendo su mano—. Tío, quiero presentarte a lady Vivianne Merfield, mi prometida. Preciosa, mi tío, el duque de Weitfield.
Ella hizo una reverencia sin soltar su mano. —Es un honor conocerle —dijo algo impresionada. No sabía que su tío era ese hombre tan importante.
—Es hermosa y hace unas reverencias impecables, chico, pero aún no pienso dar mi visto bueno a esta boda.
Todos se miraron incómodos. —¿Pero qué dices, viejo insoportable?
Se volvieron hacia su tía que tenía ganas de pegar cuatro gritos —¿Cómo te atreves a presentarte en esta casa y ser tan grosero?
El duque se echó a reír. —Será posible… Pero Roseanne, ¿qué diablos haces en Inglaterra?
—¿Os conocéis? —preguntó Vivianne asombrada.
—Fue uno de mis pretendientes y le rechacé por bocazas —dijo orgullosa.
—Me rechazaste porque conociste a tu barón y te encandiló con bonitas palabras. Seguro que te arrepentiste.
Todos volvieron la cabeza hacia su tía, que ruborizada siseó —Pues no me arrepentí un ápice.
—Afortunadamente te duró poco y pudiste disfrutar de la vida con una buena fortuna en el bolsillo. Imagínate si aún estuviera vivo. —Se echó a reír asombrándoles. —¡Con tu carácter te estarías tirando de los pelos!
Sus carcajadas hicieron que su tía se sonrojara hasta la raíz del pelo. —Sigues siendo insoportable. ¡Hice bien en no casarme contigo!
—No, bonita, te arrepientes cada día.
Estaba tan seguro de sí mismo que Vivianne miró hacia Scott horrorizada. —¿Serás así de viejo?
—Preciosa, muérdete la lengua —dijo entre dientes mientras ellos seguían echándose pullas—. ¿Has llorado?
Se le cortó el aliento porque se había dado cuenta y le miró a los ojos. —Lo hablaremos luego.
—No, lo hablaremos ahora.
Tiró de su mano y su tío se echó a reír. —Mira Roseanne, son igualitos a nosotros, nos escapábamos en cuanto podíamos.
—¿Quieres callarte ya?
Llegaron al hall y se alejó de un lacayo que estaba de guardia en la puerta. —¿Qué ha pasado?
—Preferiría hablarlo después de la cena —dijo sin darse cuenta de toda la angustia que estaba mostrando.
—Ahora, preciosa. Y cuanto antes mejor, porque tu tía está a punto de tirarse sobre el duque, lo que pondrá la noche de lo más interesante.
Miró a su alrededor. —Es que me he enterado de algo, que puede desencadenar en que quieras anular este compromiso.
La cogió por la barbilla para que la mirara a los ojos. —Cuéntamelo.
—Lo siento, te juro que no sabía nada y…
—Cuéntamelo.
Bueno, ahí iba. —Mi tía no es mi tía. —No dijo nada más por si alguien les escuchaba, pero no hizo falta que dijera más porque su conde pareció comprender. —Dalbert amenaza con contarlo.
Scott suspiró y apretó los labios sacando algo del bolsillo. Le tendió una hoja. —Ya lo sabía, pero me alegra que me lo hayas dicho tú, preciosa.
Ella cogió la hoja a toda prisa y la leyó.
“Mi querida prima. Me he enterado de que intentas olvidarme, no te esfuerces no pienso rendirme.
Ese matrimonio nunca se celebrará porque como te atrevas a dar tu consentimiento ante el pastor, pienso decirle a todo el que quiera escucharme la verdad sobre tu nacimiento.
Supongo que no te habrán revelado la verdad, te aconsejo que le preguntes a tu padre.
Como comprenderás no voy a revelártelo yo por si alguien lee esta carta.
No quiero que pienses que al presionarte de esta manera no te amo, todo lo contrario, preciosa, te amo tan intensamente que no puedo vivir sabiendo que estás con otro hombre.
Un hombre al que no amas ni amarás jamás porque tu corazón es mío.
Cuando estuviste a punto de morir, me juré a mí mismo que haría cualquier cosa por hacerte feliz y no pienso rendirme.
Me quieres, sé que aún me quieres y pienso luchar hasta con la mismísima reina para estar a tu lado.
Tu querido Dalbert que no te olvida.”
Impresionada levantó la vista hacia Scott sin saber qué decir, simplemente arrugó la hoja hasta guardarla en su puño y tensa miró a su prometido a los ojos. —Me está amenazando, ¿qué piensas hacer? ¿Vas a abandonarme o vas a apoyarme en esto?
Scott sonrió. —¿Tú qué crees, preciosa?
Sintió tal alivio que él la abrazó. —No tienes que preocuparte por nada, no abrirá la boca —susurró a su oído.
Inconscientemente sintió miedo por Dalbert. —No le matarás, ¿verdad?
—Debería hacerlo, pero por respeto a tu familia intentaré controlarme. —La besó en la sien. —Ahora olvídate de todo y disfruta de la noche. —Cogió su mano y tiró de ella hacia el salón. Escucharon los gritos de su tía. —Me parece que va a ser una velada de lo más entretenida.
La cena fue una pulla tras otra del duque y de su tía. —Eso es mentira —dijo Rosanne indignada—. ¡Nunca te seguí!
—Vamos, todo el mundo se dio cuenta, hasta hubo rumores de tu acoso.
—Más quisieras, viejo engreído.
El duque pasándoselo como nunca en su vida rio. —Dime sobrino, ¿tu novia hizo lo mismo?
Vivianne se sonrojó haciendo reír al duque aún más. —Cásate con ella, Scott, si es como su tía merece la pena.
—Se parece más a su tía de lo que piensas —dijo divertido haciendo que Vivianne le pegara un codazo haciendo que se quejara exageradamente.
—Muy gracioso —dijo por lo bajo.
Elizabeth se levantó encantada. —Las damas pasaremos al salón, si le parece bien al duque. Ustedes pueden tomarse un coñac y fumar unos puros.
—No será necesario, condesa —dijo el duque—. He tenido que dejar de fumar, órdenes del médico.
—Pues nos reuniremos todos en el salón —dijo su padre—. Rosanne puede tocar el piano. —La advirtió con la mirada como diciendo que a ver si así se callaba un poco.
Su tía se sonrojó y Vivianne del brazo de su prometido susurró —Se supone que a mí tiene que dárseme bien ese instrumento, porque quien tú ya sabes era pianista.
—¿Y qué tal se te da a ti el piano, preciosa? —preguntó en alto.
Roger gimió. —Se le lían los dedos.
—Gracias, padre.
Él le sonrió con cariño. —Se te dan bien mil cosas más. Monta a caballo excelentemente.
—Bueno, me mantengo sobre la grupa.
Todos se echaron a reír por su mentira.
—Y es una gran cantante —dijo Elva.
—No seas chivata, cuñada.
—¿Cantante? —Scott no disimuló su sorpresa. —¿No me digas? Deléitanos con algo.
—Me da vergüenza —dijo con ganas de salir corriendo.
—Vamos preciosa, quiero oírte.
—Niña acompáñame al piano.
—Luego cantarás tú —dijo a su prometido antes de seguirla.
Scott rio por lo bajo. —Si quieres que llueva, lo haré encantado.
—Esperemos que no llueva —dijo Elizabeth—. Al menos dentro de tres días. Odio que los invitados entren en casa con toda la ropa mojada. —Se sentó al lado de Elva y miró hacia ellas. —Canta esa tan bonita que me cantaste en el campo.
—La que ensayamos en Venecia, tía.
Rosanne sonrió. —Me encanta.
Vivianne miró hacia ellos. —Es una estrofa de la ópera Zaira del maestro Bellini.
Para quien no la haya oído nunca, Zaira es cristiana y ama al sultán, de hecho ambos luchan por no sentir ese amor tan intenso como imposible y el sultán termina matándola por no traicionar su fe.
Después se mata a sí mismo porque no puede soportar el dolor.
Elva le guiñó un ojo y Vivianne sonrió antes de tomar aire. Asintió a su tía y esta hizo la entradilla. Vivianne cerró los ojos. —Amo ed amata io sono... Non è, non è tormento. D'amor qual vampa ardente; Più di ragion possente Ei m'empie il cor di sé.
Scott al escucharla miró atónito a Roger, que sonrió encantado.
Mientras, Vivianne se sentía Zaira y cantaba en un italiano impecable, seguía a su tía que estaba al piano deleitándoles como la mejor de las sopranos.
Embelesados sintieron la historia y cuando llegó a las notas más altas les dejó a todos sin aliento.
Vivianne terminó y sonrió porque todos se habían quedado en silencio aún impactados por su voz. —Hija, cantas mejor que nunca.
Todos aplaudieron entusiasmados y Scott se levantó para coger su mano. —Preciosa no sé cómo te casas conmigo, llenarías teatros. —Besó su mejilla mientras su tío aplaudía entusiasmado con lágrimas en los ojos. —¿Te ha gustado, tío?
—Cásate con ella, chico, alguien con esa voz debe tener un corazón enorme porque canta como un ángel.
Cuando su tío se fue a casa, sus padres se retiraron al igual que su hermano y Elva.
Se quedaron solos y Luke cerró las puertas del salón para darles privacidad.
Su conde levantó una ceja. —Al parecer no tienen miedo de que te seduzca.
—Scott se sentó a su lado en el sofá con una copa de coñac en la mano.
Vivianne soltó una risita acercándose a él. —O puede que lo estén deseando.
—Preciosa, no me tientes… —Se la quedó mirando.
—¿Qué?
—Estoy sosteniendo esta copa solo para no tocarte.
—Eso tiene arreglo, milord. —Cogió la copa y la dejó sobre la mesa de centro antes de abrazarle. —Ahora puedes tocarme todo lo que quieras.
Tiró de ella sentándola sobre sus piernas y Vivianne no sintió ninguna vergüenza, es más para ella fue tan natural como respirar. Se miraron a los ojos durante unos segundos. —Siento que si empiezo a besarte no podré detenerme.
Sabía que quería esperar para evitar problemas, pero sentía tantas ansias en su interior que no podía dejar de tocarle. —Siento lo mismo. —Suspiró apoyando la mejilla en su hombro. —¿Qué me has hecho?
—¿A qué te refieres, preciosa?
—Apenas te conozco y siento que te conozco desde siempre.
A él se le cortó el aliento. —Me pasa lo mismo. —Acarició su cintura hasta llegar al contorno de su pecho. Vivianne levantó su rostro para mirarle. —¿Qué piensas, preciosa?
—Quiero recordar este momento el resto de mi vida porque es perfecto. Tú y yo aquí sentados, sin importar nada más, solo nosotros. ¿Crees que será posible? ¿Que recordaré cuando sea una anciana que esta noche ha sido especial?
—Preciosa tendremos muchas noches tan especiales como esta o más.
Emocionada susurró —Júramelo.