Capítulo 13 #2
Se llevó la mano al pecho. —¿Qué ha ocurrido? ¿Dalbert está bien?
—Está furioso. —Fue hasta el mueble bar y se sirvió un coñac.
Asustada vio que le temblaba la mano. —Padre, ¿qué ocurre? —preguntó alterándose.
Él se volvió con la copa en la mano. —Tu primo me ha amenazado.
—¿Cómo amenazado? —preguntó con sorpresa.
—Sí, no se ha conformado con tu matrimonio y ha puesto toda la carne en el asador para conseguir que no te cases.
—¡No entiendo nada! ¡Habla claro! ¿Qué quiere?
—¿No me has oído? ¡Qué no te cases!
—¿Cómo piensa conseguir eso?
—Dice que como des un solo paso hacia la iglesia para casarte con el conde, contará a todo el mundo todo lo que sabe de esta familia que no es poco.
—¡Pero si ya lo saben todo! ¡Nuestra vida es de dominio público! —Por lo pálido que estaba su padre susurró —¿O no?
—Hija, todas las familias guardan secretos —dijo entre dientes antes de beberse el contenido de su copa.
—¿Qué secreto te preocupa, padre?
—Fui un estúpido, no debí confiar en él —dijo por lo bajo.
—¡Padre!
Levantó la vista hacia ella. —Amenaza con contar el origen de tu nacimiento.
No entendía ni una palabra. —¿Mi nacimiento?
—Tu tío murió un año antes de que fueras concebida.
Separó los labios de la impresión. —¿Y?
—Tu tía se fue a Italia para ocultar su embarazo. No queríamos que nadie lo supiera.
—Me estás diciendo que soy hija de la tía Rose… Anne, me pusisteis parte de su nombre… —Sintió que se mareaba llevándose la mano al pecho y entonces entendió muchas cosas, por qué siempre anteponían a Cameron a su bienestar, por qué siempre creyó que era el favorito y era porque no era su hija.
El conde la miró angustiado. —Hija, te juro que te he querido como si hubieras sido mía, solo intentamos protegerte y lo hicimos lo mejor que pudimos. Tu madre, mi esposa, te quiso desde que te vio por primera vez como si ella te hubiera parido, nunca pienses otra cosa.
—Por eso salvasteis a Cameron en lugar…
—¡Nunca pienses eso! ¡Él se jugaba la vida!
—¿Y mi vida?
—Creo que las circunstancias han demostrado que lo que sucedió era lo mejor y que Dalbert no es de fiar, ¿no crees?
La puerta se abrió dando paso a su tía y la miró atentamente. —Niña, ¿qué ocurre?
—¿Me abandonaste?
Su tía palideció antes de mirar a su hermano. —¿Cómo has sido capaz?
—No me ha quedado otro remedio, hermana, las cosas se han complicado en demasía.
—Y tanto que se han complicado —dijo ella sintiendo ganas de gritar de la impotencia—. Tengo que anular el compromiso.
—Ni hablar —dijo su tía decidida—. Ni se te ocurra pensarlo siquiera.
—Dalbert amenaza con contar la verdad de mi nacimiento, no pienso dejar que Scott lidie también con eso — dijo entre dientes—. ¡Ni la mismísima reina podría ayudarnos y mucho menos él!
—Dios mío, ¿cómo se atreve con todo lo que habéis hecho por él?
—Está como loco, hermana —dijo el conde—. No atiende a razones, solo quiere impedir a toda costa que ella se case.
Se le encogió el corazón. —¿Qué más te ha dicho?
—Quiere que te diga que siempre serás suya.
Su corazón se desquebrajó del todo. —¿Incluso haciéndome un daño irreparable?
—Incluso así. Dice que cuando salga de prisión os iréis del país para no volver, que conseguirá que le perdones.
Impresionada dio un paso atrás. —¿Está loco?
—Eso mismo he pensado yo durante todo el camino hacia casa. Ha debido perder la cabeza para que crea que vamos a ceder.
—No lo contará, no se atreverá —dijo su tía—. Sabe que si lo dice, te perderá para siempre.
—Sabe que me perderá como me case, así que es la última baza que puede jugar y cree que va a ganar.
No sabía cómo sentirse por su insistencia. No sabía si era un loco o se había dado cuenta de que realmente podía perderla, pero es que ya la había perdido porque aunque no se casara a Dalbert no volvería a mirarle a la cara en su vida. —Tengo que hablar con Scott.
Se escuchó el timbre de la puerta. —Dios mío, ya están aquí —dijo su tía muy nerviosa.
—¡Cálmate! —le ordenó muy tensa.
Su tía la miró a los ojos, los mismos ojos que los suyos. Tomó aire intentando calmarse. —Padre ve a cambiarte, te excusaré ante Scott.
El conde asintió mientras Vivianne cogía la mano de su tía. Cuando se quedaron a solas Vivianne dijo —Eres mi tía.
—Lo soy —dijo emocionada—. Renuncié a cualquier otra cosa el día de tu nacimiento.
—Exacto.
—Pero ahora que sabes la verdad, quiero decirte algo.
—Sonrió con tristeza. —Naciste del amor, cielo, de un amor intenso, loco y el más maravilloso que nunca he sentido, no me arrepiento de nada porque esos recuerdos jamás me abandonarán.
Por eso te suplico que pienses seriamente cancelar este compromiso, porque estoy segura de que Scott te hace feliz, lo he visto durante estos días.
Recogí en mi casa a mi hija, pero también eras alguien que estaba totalmente destrozada, alguien decepcionada con todos los que te rodeaban.
Pero tus padres solo querían lo mejor para ti, cielo, por eso te enviaron a mí porque sabían que yo te cuidaría como mi mayor tesoro.
—Con los ojos llenos de lágrimas sonrió con tristeza.
—Intenté ayudarte y conocerte fue maravilloso, mi sueño cumplido.
Al fin podía ejercer como madre, aunque para ti no lo fuera.
Pero mi amor sí es de verdad, cielo, quiero lo mejor para ti, por eso mi deber es advertirte que como elijas el camino de Dalbert, ese sufrimiento que sentías cuando llegaste a mi casa te acompañará el resto de tu vida.
Emocionada la abrazó. —No te preocupes, tía. Tome la decisión que tome, Dalbert ya no estará en mi vida.
Llamaron a la puerta y se apartaron limpiándose las lágrimas. Ella dijo —¿Sí?
Luke abrió la puerta. —Milady, siento interrumpirle, pero su prometido y su tío están en el salón y el conde pregunta por usted.
—Ahora mismo voy. —Intentó recomponerse y miró a su tía. —¿Quién era?
—Mi profesor de piano, cielo. Le contraté después de que muriera tu tío para llenar con algo mi vida. Pero apenas estuvimos juntos unos meses. Falleció de repente poco después de saber que estaba en estado. Pensábamos irnos, huir de esta encorsetada vida, pero no pudo ser —dijo con tristeza.
—¿Y nunca más has amado?
—No. Dejó tal huella en mí que no pude amar a nadie más. Por eso no puedes dejar escapar a tu conde, cielo, porque ha conseguido hacerse un hueco en tu corazón y eso significa que lo que queda por venir puede ser maravilloso. Tan maravilloso como lo que yo sentí por mi Albert.
—No seré quien tome la decisión, tía. Me acabo de dar cuenta de que tiene que ser Scott quien tome la decisión de si me quiere en su vida. Tendré que aceptar lo que venga con resignación.
—¿Te dolería que dijera que se rompe el compromiso?
El miedo oprimió su corazón. —Muchísimo. —Salió del despacho respirando hondo y levantó la barbilla poniendo una sonrisa en su rostro.
Su tía siguiéndola se sintió orgullosa. —Eso es, cielo, que nadie pueda contigo.