Un placer, milord Capítulo 13
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Capítulo 13

Esa semana fue una auténtica locura. No dejaba de entrar gente en la casa pues tenían mucho que decidir, flores, orquesta, camareros que atendieran diligentemente a sus invitados…

Luke estaba orgulloso de encargarse de una celebración así después de tantos escándalos y penurias que habían rodeado a la familia que tanto quería.

Vivianne por su parte disfrutaba de cada instante.

Estaba en la segunda prueba de su vestido y se miró al espejo poniendo las manos en su cintura.

La falda era increíblemente voluminosa, tenía pequeñas lágrimas de cristal formando hojas por el bajo y el corpiño bordado con flores de hibisco era una obra de arte. —Es bastante pesado.

—Debe serlo, milady. Tiene cuatro metros de tela. Es la falda más grande que he hecho nunca como ordenó el conde.

Su conde no tendría que llevarlo durante toda la noche. —Pesa tanto que tira del corpiño y se me clavan las ballenas. —Tiró hacia arriba de él demostrando donde debía ir colocado.

—Eso lo arreglaremos cuando se pongan los tirantes y ajustemos la espalda, milady.

Miró a su madre y a su tía. —¿Qué opináis?

Su madre con lágrimas en los ojos asintió. —Es hermoso, el vestido más hermoso que he visto nunca.

En verdad lo era, pero quería bailar con su conde toda la noche y no sabía si podría soportarlo. Aunque solo era una noche, la más especial de su vida hasta la boda. Respiró hondo mirándose al espejo de nuevo. —Es bonito, muy bonito.

La costurera sonrió. —Es muy amable, milady. Mi hermana y yo agradecemos que le guste.

—Sobre el bajo…

Llamaron a la puerta y todas dijeron —Pase.

Su conde abrió la puerta guapísimo con un traje de tres piezas azul y un pañuelo impecablemente blanco rodeando su cuello. Él sonrió. —Estás tan hermosa que quitas el aliento.

—No deberías estar aquí, conde —dijo ella con picardía.

—Prometo que el de novia no lo veré hasta ese día. —Miró a la costurera y le hizo un gesto con la cabeza para que saliera.

Esta lo hizo de inmediato casi topándose con Luke que llegaba en ese momento con una bandejita de plata en la mano. —Milady, ha llegado esto para usted.

—Será otra confirmación para la fiesta —dijo mirándose al espejo—. Dásela a madre.

—Es que no es…

Miró hacia Luke y este carraspeó. —Mejor se lo doy luego.

—Luke —dijo el conde—, venga aquí.

Este gimió volviéndose y se acercó con la bandeja.

Cogió el sobre y miró de quien era.

—¿Qué es? —preguntó ella estirando el cuello. Cuando vio la letra se le detuvo el corazón y asustada levantó la vista hasta sus ojos—. Te juro que no le he escrito.

Scott abrió el sobre alejándose y leyó su carta a toda prisa.

Preocupada miró a su tía que hizo una mueca.

Vivianne se bajó de la banqueta donde estaba y se acercó a él muerta de curiosidad.

¿Necesitaría ayuda? La inquietud volvió y sin poder evitarlo se sintió culpable de haberle dado la espalda.

Se asombró de sí misma porque el amor que había sentido por Dalbert casi había desaparecido por completo desde que había conocido a ese hombre.

Pero aún era su primo y si le había escrito era por algo. Preocupada preguntó —¿Qué dice?

—Nada que te importe —dijo muy tenso. Se metió el sobre en el bolsillo y se volvió hacia ella—. Quería decirte que esta noche vendrá mi tío a cenar con nosotros.

Sonrió. —Será un honor conocerle.

—No te creas, no está nada contento con esta situación.

Perdió la sonrisa de golpe. —Ah… Entiendo.

—Como comprenderás a él no puedo presionarle para que os acepte, tendrás que mostrarle esas artes que tienes para conquistar a cualquier hombre que se te ponga por delante, querida —dijo con ironía antes de ir hacia la puerta—. Te veré luego.

Se había quedado de piedra con su comentario y su madre susurró —No te preocupes, está enfadado, pero se le pasará.

—Esa carta ha sido de lo más inoportuna —dijo su tía en voz baja para que él no la oyera si aún estaba lo bastante cerca.

Suspiró antes de analizar su frase con detenimiento. —¿Creéis que le he conquistado? Ha querido decir eso, ¿no?

Elva entró en la habitación y la miró con los ojos como platos. —¿Qué le has dicho a tu prometido?

—¿Yo? Poco, ¿por qué?

—Porque se acaba de ir dando un portazo. ¿No lo habéis escuchado? Porque a punto estuvo de desencajarla.

—Sí, hija, le has conquistado. Es obvio que está celoso.

—O que lo que decía la carta puede llevar al traste sus planes —dijo la baronesa.

—¿Qué carta? —preguntó su cuñada.

—Me ha escrito Dalbert.

—¿Pero cómo tiene tanto descaro después de lo que hizo? —Dio un paso hacia ella de lo más interesada. —¿Qué decía su carta?

—No lo sé —dijo angustiada porque se había ido enfadado—. ¿Creéis que puede suspender el compromiso?

—Hija, aunque no ha sido anunciado formalmente porque lo hará en la fiesta, no creo que esa carta le haya hecho cambiar de opinión. —Elizabeth miró de reojo a su cuñada. —¿No crees?

—Creo que esta relación camina por un hilo demasiado fino como para arriesgarnos. Roger debería ir a verle a prisión para dejarle claro que no queréis tener más contacto con él.

Elizabeth se levantó a toda prisa. —Hablaré con él para que vaya de inmediato.

Elva susurró —¿Crees que el duque se ha enterado de tu próximo matrimonio?

—No lo sé. —Se apretó las manos angustiada pensando en todo lo sucedido. —Soy una persona horrible.

—¡No! —exclamaron las dos a la vez—. ¿Por qué dices eso? —preguntó su tía indignada.

—¿Mi amor era tan débil como para tratarle así? —Se pasó la mano por la frente sintiéndose muy confundida. —Le di la espalda.

—Se lo ganó a pulso —dijo Elva.

—Mi hija tiene toda la razón, se lo ganó a pulso. Te utilizó y te humilló. ¡Maldito sea por enturbiar tu felicidad, porque ahora sí que eres feliz con el conde! —dijo con rabia.

—¿Y si todo esto es un espejismo? Y si realmente mi mente me está engañando para ser feliz.

—Si eres feliz con Scott, es porque te hace feliz. —Elva cogió sus manos. —No dejes que esa carta estropee lo bien que te sientes a su lado. Has vuelto a ser tú, la Viv que era feliz corriendo por el campo con su perrito.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y miró a Hércules que dormía a los pies de su tía. —Esa Viv era una estúpida, espero que no vuelva nunca.

Elva chasqueó la lengua. —Tienes razón, esta Viv es mucho más lista, así que no dejes que te engañe de nuevo y destroce tu vida. Fíjate lo bien que te va desde que está lejos de ti. Desde que no piensas en él. Porque ya no piensas en él, ¿no es cierto?

Tenía que reconocer que reprimía esos pensamientos todo lo posible, pero a veces le venía a la memoria su sonrisa o cuando la subía sobre su caballo y corrían por la pradera.

Tiempos despreocupados en los que el matrimonio todavía no entraba en sus planes, porque lo veía algo muy lejano.

Pensamientos de niña, tenía que reconocerlo.

Una niña que ya no estaba y como había dicho no volvería nunca.

—Bueno, es lógico que piense en él de vez en cuando ha estado presente en su vida demasiado tiempo y está pasando un duelo.

Se le cortó el aliento mirando a su tía. —¿Crees que es por eso?

—Claro que sí, cielo. Hasta yo pienso en él de vez en cuando y eso que no tenía tanto trato. Lo raro sería que no pienses en Dalbert en absoluto y el conde debería entenderlo.

—No lo entendería, siento que si se lo dijera le enfadaría.

—¿Qué diría esa carta? —preguntó Elva muerta de la intriga.

—Bueno, eso da igual porque nunca lo sabremos —dijo su tía—.

Niña dile a la costurera que entre, que se va a enfadar y es lo que menos queremos en este momento.

Los vestidos deben estar a tiempo para la noche más importante de tu vida, Vivianne.

—La miró a los ojos. —Y piensa en esto, estás a punto de cambiar tu vida para siempre, ¿es lo que quieres?

—Sí —dijo sin dudar.

Rosanne asintió. —Pues deja de preocuparte por lo que haya escrito tu primo, si es importante se encargarán los hombres. Tú a tus quehaceres y nada más.

Tenía razón, si era importante su padre o Scott se ocuparían. Respiró hondo mirándose al espejo intentando quitarse ese desasosiego que tenía dentro.

Ya preparada con su traje de noche y su cabello recogido en un lateral de la cabeza dejando caer sus rizos rojizos sobre su hombro, esperaba impaciente en el salón mientras los demás se preparaban para la cena.

Estaban todos en casa menos su prometido y su padre que aún no había llegado de Newgate, lo que empezaba a preocuparla bastante porque se había ido a mediodía.

Sentada en el sofá volvió la vista hacia Luke que parecía que sabía su inquietud.

Él sonrió. —Vendrá enseguida, milady. Usted no se preocupe que luego le duele la cabeza.

—Desde que el conde apareció en mi vida ya no me duele.

—Y eso es bueno, muy bueno, milady.

Sonrió con tristeza. —Está enfadado.

—¿Y qué dice su amigo el médico sobre eso?

—Que tenga paciencia, que es lógico que se sienta inseguro cuando hice tanto por conseguir a Dalbert.

—Ese doctor es muy inteligente, hágale caso.

Sonrió. —Sí, ha resultado ser un gran amigo. Cuando ha venido a verme esta tarde ha traído una noticia muy buena.

—¿Cuál es, milady?

—Ha conocido a una muchacha que está estudiando enfermería y se siente muy atraído por ella. Le gustaría cortejarla, pero dice que es una mujer moderna de hoy en día y teme que le rechace.

—¿Una mujer que rechace al doctor? Dígale que no tema y que se lance, milady.

—Se lo he dicho, pero parece que con ella es demasiado tímido —dijo asombrada—. Nuestro doctor, imagínese.

Luke rio por lo bajo, pero debió escuchar algo fuera porque se puso alerta. —Ahí está su padre, milady.

Se levantó de inmediato mientras él corría hacia la puerta para abrir al conde. Su padre entró en casa dándole el sombrero y el gabán, su cara decía que no traía buenas noticias. —¿Qué te ha dicho, padre?

Él apretó los labios y le indicó con la cabeza que le siguiera. Y ella lo hizo a toda prisa para ir hasta su despacho. En cuanto pasó, su padre cerró la puerta. —¿Qué ha pasado? Me estás asustando, padre.

—Pues es para asustarse.