Un placer, milord Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Con eficiencia empezó a desabrocharle el vestido y llegó Elva. —Rápido, rápido debe estar perfecta para el conde.

Lidia corrió hacia el armario mientras Vivianne dejaba caer el vestido de paseo y sacó el que le había pedido mientras ella y su amiga iban hacia el tocador. Elva quitó las horquillas rápidamente y entonces Vivianne levantó la mano. —Solo cepíllamelo.

—¿Te lo vas a dejar suelto? —Cogió el cepillo de plata. —¿Estás segura?

—Estamos en familia y quiero que lo vea.

Elva sonrió cepillándoselo hasta dejar su cabello rojizo brillante. Unos prendedores de perlas en los laterales y estaba lista mientras se echaba el perfume. —Perfecta —dijo su amiga.

Se levantó a toda prisa y Lidia le pasó el vestido por la cabeza. Entre las dos se lo colocaron y fue Elva quien empezó a abrochárselo mientras decía —Lidia, los botines blancos.

—Oh… —Su doncella se agachó para desatarle los otros y antes de que le abrocharan los botones de la espalda, ya le había calzado los botines que se había comprado para ese vestido. Elva la miró a través del espejo. —Le vas a dejar sin palabras.

—Sin palabras me ha dejado él.

Lidia soltó una risita. —Felicidades, milady.

—Gracias. —Fue hasta la puerta y pasó la enorme falda ajustándose el escote.

—Es evidente que quieres seducirle.

—Quiero que piense en mí cada hora de cada día —dijo decidida.

—Tengo la sensación de que eso sucederá.

Bajaron la escalera como dos damas sujetándose sus faldas y en ese momento salieron los hombres del despacho. Scott miró hacia arriba y perdió el hilo de lo que estaba diciendo. Su padre la miró con orgullo. —Hija estás realmente hermosa.

—Para ti siempre estoy hermosa, padre. —Se acercó a Scott. —¿Tú qué piensas?

—¿Quieres que te regale los oídos?

Sonrió. —Pues sí.

Él rio por lo bajo cogiendo su mano. —Eres la mujer más hermosa de Inglaterra.

Gruñó. —Ahí te has excedido.

Scott besó su mano mirándola a los ojos. —Perdóname, no soy muy dado a los halagos, pero como este es sincero diré que estás tan bella que cortas el aliento.

Mirando sus ojos sonrió tímidamente. —Gracias, milord.

Su hermano carraspeó. —Debo preguntarlo, Viv, estás segura de esto.

Sin dejar de mirar a su conde asintió. —Muy segura.

Al final su prometido se quedó a comer y pasaron unos momentos agradables planeando la boda. Por supuesto su familia quería algo íntimo, pero Scott se negó en redondo. —Irá todo el mundo. Y no faltará nadie por la cuenta que les trae.

—Pero querido, será un riesgo, si no va nadie haremos el ridículo.

—Te aseguro que irán. —Cogió su copa de vino y le dio un sorbo. —Y para demostrarte que tengo razón haremos una fiesta de compromiso.

Separó los labios de la impresión. —¿Compromiso? Creía que…

—No has tenido presentación, ya es hora de que la tengas. Ahí tus padres te presentarán en sociedad y al final de la velada anunciaremos a todos el compromiso.

Elizabeth y su tía estaban encantadas.

Vivianne se acercó para susurrar —¿Estás seguro de esto?

—Tú no te preocupes por nada más que el hermoso vestido que llevarás. Tendrás la fiesta de presentación que te mereces y todo lo demás. Tú no has hecho nada malo.

Sonrió emocionada porque pensara en su felicidad. —Gracias.

—¿No te he dicho ya que no me des las gracias?

Se sonrojó de gusto. —Entonces te besaré.

Al conde se le cortó el aliento mientras su padre gruñía. Ella se acercó y le besó en la comisura de los labios haciendo que todo su cuerpo ansiara mucho más. Se alejó mirándole a los ojos y soltó una risita. —Me sale decirte gracias también.

Scott sonrió. —No, preciosa, gracias a ti.

Que la llamara preciosa le quitó un poco la sonrisa e incómoda miró al frente haciendo que él frunciera el ceño.

Su padre le preguntó para cuándo sería la fecha de los esponsales y Scott centrando su atención en él dijo —A principios de marzo.

Tres meses serán suficientes para acallar posibles rumores sin sentido sobre otro posible embarazo.

Y la presentación la haremos la semana que viene.

Después será Navidad y muchos se van al campo.

Esperarán para asistir a tu presentación.

—¿La semana que viene? —preguntó su madre espantada—. No dará tiempo a hacer ni los vestidos.

El conde sonrió. —Con el dinero suficiente dará tiempo para todo, milady. —De repente dejó su copa sobre la mesa y alargó la mano. —Preciosa…

Le miró a los ojos. —¿Sí?

—Ven conmigo.

Sin comprender miró a los demás y cogió su mano para levantarse.

Salieron del comedor y atravesaron el hall mientras todos estiraban el cuello para mirarles.

Entraron en el salón y Scott cerró la puerta.

Vivianne se volvió, pero él la agarró por la cintura empujándola contra la pared.

Sin aliento de la sorpresa le miró a los ojos y Scott dijo con voz grave —Así que te llamaba preciosa.

—¿Qué? —preguntó poniéndose muy nerviosa por su proximidad.

Él acarició su mejilla haciendo que su corazón se acelerara. —El duque te llamaba preciosa, ¿no es cierto? Teníais mucha intimidad.

—Es mi primo —dijo con la respiración agitada—. Nadie vio nada malo en ello.

Bajó la vista hasta sus pechos que se evidenciaban con cada respiración. —¿Y hasta donde llegó con esa intimidad? —preguntó con la voz ronca.

—Si insinúas si compartí su lecho, la respuesta es no.

—Claro que no, eso le comprometería demasiado, pero… —Su otra mano fue a parar a su trasero y se lo apretó con pasión. —¿Hizo esto?

Jadeó cuando le amasó la nalga de nuevo. —No… —respondió casi sin voz.

—¿Seguro?

—Solo me besó dos veces. No, fueron tres… —Volvió a acariciarla y Vivianne cerró los ojos de la anticipación. —Y uno fue de despedida.

—Así que te besó.

Vivianne sintió su aliento cerca de su boca y se derritió de gusto. —¿Y cómo te besó, preciosa? —Besó suavemente su labio inferior lamiéndolo tan lentamente que fue una tortura. —¿Fue así?

Ya ni podía pensar y sin darse cuenta adelantó su rostro para llegar a sus labios.

—¿O fue así? —La besó llenando su boca y fue tan intenso que sin darse cuenta tembló entre sus brazos.

La saboreó haciendo que su vientre se estremeciera con fuerza y deseando mucho más de lo que le hacía sentir, le respondió acariciando su lengua.

Al principio tímidamente, pero se dejó llevar y sintió su gemido en su boca, lo que la excitó de tal manera que se puso de puntillas para responderle ansiosa.

El conde apartó su boca y la miró asombrado. —Aprendes rápido, mujer.

Abrió los ojos lentamente para perderse en los suyos y estiró los labios. Scott sonrió dándole un azote en el trasero. —Volvamos a la comida o tu padre querrá que nos casemos hoy mismo.

Se sonrojó ligeramente, pero aún estaba tan mareada por su beso que no se despegó de él. —A mí no me importaría.

—Descarada. —La besó suavemente en los labios y Vivianne suspiró de gusto. Scott la agarró por el cabello inclinando su cabeza hacia atrás sorprendiéndola y vio que ya no sonreía. —Jamás vuelvas a recordarle, ¿me oyes?

Se le cortó el aliento. —Pero…

—Puede que sea tu primo, pero olvida todo lo que ocurrió y arráncatelo de la memoria porque no me gusta pensar que aún sientes algo por él, ¿he sido claro? —preguntó con rudeza.

Con el corazón palpitando en su pecho de la sorpresa susurró —Sí.

—Arréglate, no quiero que piensen que te he tocado.

—La soltó y ella sintiendo que aún le temblaban las piernas fue hasta uno espejo con el marco dorado que había tras la puerta.

Se miró al espejo y con las manos temblorosas se arregló el cabello mientras Scott se servía un whisky y se lo bebía de golpe demostrando que estaba tan alterado como ella.

Se acercó a Vivianne y se puso a su espalda cogiéndola por la cintura.

Esas manos le recordaron que ahora era suya y sintió tal alegría en su pecho que se reflejó en sus ojos. Él sonrió. —¿No estás enfadada?

—Puede que te dé lo mismo que te ame como dijiste en el carruaje, pero empiezo a importarte.

—¿Y quieres ser importante para mí? —La pegó a su torso y la besó en la sien. —¿Te gustaría que eso pasara?

—Sí. —Se volvió entre sus brazos. —Siento que necesito que eso pase.

—¿Sabes, preciosa? Creo que este matrimonio va a ser toda una revelación.

Sonrió. —¿Eso piensas? —Agarró su cabello tirando de su cabeza hacia atrás. —¿Acaso estás pensando en tus otras mujeres? ¿Me comparas con ellas? Pues no lo hagas, no me gusta que lo hagas, ¿me has entendido?

—Touché.

Vivianne rio acariciando su nuca y él gruñó. —Has sido toda una sorpresa.

Rio yendo hacia la puerta y abriendo le miró con coquetería. —Lo mismo digo, mi conde.