Capítulo 12
Mientras iban hacia su casa ella no sabía qué decir y su padre aún menos porque acababa de dar la mano de su hija en matrimonio.
Vivianne sin poder evitarlo miraba hacia su prometido de cuando en cuando y él siempre tenía su mirada fija en ella lo que la sonrojó.
—Dime, futura esposa —dijo él divertido por su incomodidad—. ¿Sueles ir pegando damas por la calle?
—Si me insultan sí.
Scott sonrió aún más. —Buena respuesta. Jamás dejes que nadie te pise, ¿me oyes? Si no puedes resolverlo tú como hace un rato, me lo dirás. Siempre y en todo caso.
Sintiéndose más protegida que en toda su vida susurró —Te lo diré.
Asintió satisfecho. —Conde, ha debido ser muy interesante criarla.
—No, si hasta hace relativamente poco no daba problemas.
Le miró asombrada. —¿Yo doy problemas? ¿De veras? Esto es lo que me faltaba por oír.
Roger rojo como un tomate se estiró el cuello. —Qué calor hace aquí. —Su futuro yerno rio por lo bajo mientras él carraspeaba. —Cuando lleguemos a casa me gustaría hablar unos minutos a solas con usted.
—Llámame Scott, suegro. Ahora somos familia.
Ese hombre tenía una seguridad en sí mismo que la dejaba sin aliento. Observándole mientras hablaba con su padre, se fijó en sus labios y cuando él la miró apartó la mirada de golpe sintiéndose más emocionada que nunca en su vida. Dios, se iba a casar con él, aún no se lo creía.
—Por supuesto Roger, hablaremos de todo lo que tú quieras —dijo al final comiéndosela con la mirada.
Vivianne no pudo evitar sonreír tímidamente y en ese momento llegaron ante la puerta de su casa.
Afortunadamente ya no había periodistas pues el nacimiento del heredero al trono ocupaba todas las portadas desde hacía semanas.
El conde bajó primero y después su padre.
Scott alargó la mano y Vivianne la cogió sintiéndose especial, él la hacía sentir especial y no sabía por qué.
Bajó del carruaje y le cogió del brazo mirándole tímidamente. —Gracias.
—No me des las gracias, Vivianne, algunos dirían que tengo muy mal carácter cuando me enfado.
—Algunos dirían que yo también.
—Nuestras discusiones van a ser explosivas, querida.
Suspiró de gusto. —¿Verdad que sí?
El conde se echó a reír y fascinada por la expresión de su rostro le siguió al interior de la casa.
Su tía bajaba por las escaleras y pasmada se llevó una mano al pecho.
—Dios mío, que ha cazado al conde. —Chilló de la alegría antes de volverse y gritar —¡Elizabeth ven a ver esto! ¡Y tú que no tenías ninguna fe en mí!
Scott levantó una ceja. —¿Fue idea suya?
—Pues sí.
—La felicito por su buen ojo, baronesa.
Elizabeth llegó corriendo a la barandilla de la escalera y le miró con los ojos como platos. —No puede ser.
—Suegra, tengo que darle la enhorabuena por la hija que tiene, es una maravilla.
Radiante bajó la escalera. —¿Verdad que sí? Es una pena que no hiciéramos una presentación como Dios manda en su momento, hubiera tenido muchos pretendientes.
—Eso no lo dudo ni por un momento.
Luke llegó a cogerle su sombrero y Vivianne gruñó por tener que apartar su brazo para quitar la alfiler medio caída y tenderle el sombrero que estaba casi destrozado.
Su madre carraspeó al ver su aspecto. —Cielo, ¿ha habido algún terrible accidente en tu paseo?
—Cierta dama que no conocía me echó unos cuantos improperios, madre, le di su merecido con el consentimiento de mi prometido.
Se acercó a toda prisa. —¿Le arrancaste los pelos? —preguntó con mirada sanguinaria haciendo reír a su conde.
Sonrió encantada. —Llevaba peluca.
Rosanne soltó una risita. —Bien hecho.
—Conde, ¿viene conmigo? —preguntó su padre ahora más serio, lo que significaba que se lo había pensado y algo no le gustaba.
Preocupada se apretó las manos enguantadas. —¿Padre?
—Tranquila —dijo Scott—. Miladies… —Inclinó la cabeza antes de seguirle mientras las tres suspiraban.
Su madre y su tía se acercaron a ella a toda prisa. —Cuéntanos, ¿qué ha ocurrido? ¿Te hiciste la encontradiza con él como hablamos? —preguntó tía Roseanne.
—No fue necesario, en cuanto me vio pelear con esa mujer se acercó para separarme. —Sonrió encantada. —Se ofreció a llevarnos a casa y ahí fue al grano, me preguntó que por qué le seguía y…
—Se lo dijiste —dijo su madre—. Tú siempre eres muy sincera.
—Pues sí, era evidente que se había dado cuenta de que estaba interesada en él, así que le conté que pretendía. Y entonces me pidió matrimonio con una condición.
—¿Qué condición? —Su madre estaba ansiosa. —Dirías que sí.
Apretó los labios con tristeza agachando la cabeza. —Me pidió que nunca más viera a Dalbert.
Ambas separaron los labios de la impresión esperando a que continuara. —Le dije que no le vería más, teme que alguien piense que un futuro heredero no es suyo y….
—Es comprensible —dijo su tía.
—Después me tendió una trampa para comprobar si era sincera.
—¿Qué trampa?
Yendo hacia el salón ella les contó cómo él había dicho que hablaría con un par de personas para restituir la imagen de la familia, exponiendo a Dalbert como cabeza de turco y cómo no estuvo de acuerdo con Scott, lo que a él le gustó.
—Qué hombre, no se le escapa nada —dijo su madre con admiración.
—¿Dónde está mi hermano? ¿Y Elva?
—Han ido a la modista, Elva no tenía vestidos apropiados para su nuevo estatus y…
Su amiga entró corriendo en la casa llorando a mares y sin mirarlas siquiera subió las escaleras como una exhalación.
Impresionada por el dolor de su rostro caminó hacia al hall para ver como corría hacia su habitación.
—¡Elva! —Miró a su hermano que entraba en la casa en ese momento obviamente disgustado. —¿La han insultado?
—Nos han echado de dos modistas —dijo furioso dándole su sombrero a Luke—.
Y en la tienda de la señora Flynn se han reído de ella por su peinado.
Al principio no perdió el ánimo, pero cuando le arrebataron unos guantes de la mano en la última tienda diciendo que no podían venderle nada porque perderían clientes, se vino abajo. Te juro que…
Scott tenso ante la puerta del despacho de su padre dijo —Milord, ¿puede unirse a nosotros?
Cameron le miró sorprendido. —Conde, qué sorpresa. —Incómodo la miró de reojo.
—Ven Cameron, hablemos de vuestra situación. Creo que tengo la solución.
Él fue hacia su prometido y Scott le palmeó la espalda antes de entrar en el despacho con su padre. Sonrió encantada porque ese era el hombre que necesitaba en su vida, de hecho, todo en ella sabía que estaba haciendo lo correcto. Miró a su madre y esta sonrió. —Bien hecho, hija.
—Voy a ver a Elva.
—Pobrecita, qué disgusto tiene —dijo su tía—, haré que os suban un té con pastas, le encantan.
Vivianne se cogió las faldas y empezó a subir las escaleras. —Avisadme si salen —dijo apurándose.
—No te preocupes, niña, creo que tu conde no se irá a ningún sitio hasta que todo quede muy bien atado.
Llegó a la habitación de su hermano y llamó suavemente. Podía oír como su amiga lloraba desgarrada. Puesto que no le contestaba abrió sin más. Elva tirada en la cama abrazaba su almohada. —No tenía que haber dicho nada, si me hubiera ido…
—¿Hubieras abandonado al hombre que amas? ¿Me hubieras abandonado? —Se sentó a su lado y acarició su espalda. —Somos tu familia.
—Os he expuesto a todos al escarnio público.
—Ha sido duro, ¿verdad?
Elva la miró. —Ha sido humillante, jamás me había sentido así.
Sonrió maliciosa. —Ya lo he solucionado. —Era evidente que no lo comprendía. —Me voy a casar con el conde de Crinslock.
Se sentó de golpe. —¿Qué dices?
—Ha aceptado mi mano, Elva. Ya estamos comprometidos.
Se llevó la mano al pecho de la impresión. —¿Así sin más?
Hizo una mueca. —Pues sí.
—¿Pero estás loca? ¡No le conoces de nada!
—¡Uno que conocía muy bien me dejó en ridículo ante toda la ciudad, así que me da igual! —Se levantó y nerviosa se apretó las manos. Entonces se dio cuenta de que aún llevaba los guantes y se los quitó de malos modos. —No me hagas dudar ahora, Elva, era lo que queríamos.
—Pero yo pensaba que antes os conoceríais un poco.
—¿Y que le dé tiempo a arrepentirse por meterse en esta familia de locos? Ah, no, ese conde es mío.
Su amiga la miró asombrada. —Dios mío, te agrada.
Se sonrojó ligeramente. —Digamos que no era lo que me esperaba. —Soltó una risita. —Es mil veces mejor.
Elva se acercó al borde de la cama. —¿De veras? Háblame de él.
—Tiene el cabello más negro que he visto nunca y unos ojos grises que hacen palpitar mi corazón. Su semblante es serio, casi brusco y su porte es… —Suspiró sentándose a su lado mientras Elva sonreía. —Es divino. Además, es sincero, su franqueza es alarmante, es recto y protector en exceso...
—¿En exceso?
—Tenías que haberle visto mirando a esa mujer y hace unos minutos después de escuchar lo que te había ocurrido, su mirada… Es fascinante. Y su risa hace que mi corazón se sobresalte.
—Dios mío, ¿te has enamorado de él?
Lo pensó seriamente. —No lo sé. Siento algo muy distinto a lo que sentía por Dalbert y eso que el dolor cuando creí que le perdía fue desquiciante. Por Scott siento algo en mis entrañas que hace que todo sea diferente.
—¿Puede ser deseo?
Parpadeó sorprendida. —¿Crees que es eso?
—¿Te importaría compartir lecho con él?
—Por supuesto que no. —Se le cortó el aliento algo decepcionada. —¿Crees que es deseo?
—Apenas acabas de conocerle puede que sea amor, pero para eso debes darte tiempo. De todas maneras, si es deseo es un buen inicio para vuestro matrimonio —dijo con picardía sonrojándola.
—No quiero pensar en ello, ya está hecho. Venga, límpiate las lágrimas que quiero presentártelo formalmente.
Su amiga olvidándose ya de lo que había pasado se levantó a toda prisa y fue hasta el aguamanil para lavarse la cara.
Ella fue hasta el espejo y chilló del susto al ver su imagen.
—¡Dios mío, estoy hecha un desastre! —Salió corriendo de la habitación hacia la suya y afortunadamente allí estaba Lidia colocando un vestido sobre la cama.
—Ese no, el de muselina con flores verdes.
—Enseguida, milady.