Un placer, milord Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

Se tambaleó haciendo gritar a su tía, pero consiguió apoyarse en el respaldo del sillón que tenía delante. —Todo esto le ha hecho rico.

—Sí, cielo.

—Por Dios, siéntate —dijo su tía preocupada—. Pareces a punto de derrumbarte. —La cogió por el brazo y la ayudó a sentarse.

—¿De qué deudas estás hablando, padre?

Roger suspiró. —De más de diez mil libras en deudas de juego.

Sus arcas estaban vacías, hija. Estaba arruinado completamente.

Jamás me pidió dinero, pero sé de buena tinta que su amigo Carlton sí que le ayudó financieramente.

Ha dilapidado la herencia de su padre y para más inri no ha administrado bien sus fincas.

Separó los labios de la impresión. —Tú siempre dices…

—No hay que dejar los negocios en otra persona y menos ciegamente.

Se lo dije mil veces, pero Dalbert heredó muy joven y estaba más preocupado en pasarlo bien que en ocuparse de sus asuntos.

Intenté ayudarle, guiarle, pero hace unos dos años me di por vencido porque no me hacía caso.

Ese asunto me preocupó hasta tal punto que hablé con tu madre sobre romper el compromiso.

—¿De veras?

—Cielo, teníamos que buscar un futuro prometedor para ti y sabíamos que Dalbert ya no te lo daría. Podría haberse hecho muy rico, pero se despreocupó de ello totalmente hasta llevarlo todo a la ruina. De hecho, hasta hablé con él de esto, porque tu madre estaba totalmente de acuerdo conmigo.

—¿Qué fue lo que te dijo?

—Que no me preocupara, que todo saldría bien. Que lo solucionaría antes de que me diera cuenta.

—¿Y por qué no rompisteis el compromiso?

—Porque sabíamos que tú le amabas, cielo. Después ocurrió lo de Cameron y debo confesar que la ruptura del compromiso para mí fue un alivio.

—Por eso no le diste importancia. No era que no te preocuparan mis sentimientos, es que estabas preocupado a donde podía llevarme ese matrimonio.

—La reina no lo dijo tan directamente, pero te advirtió de ello, ¿recuerdas?

Rota de dolor porque la había vendido por una dote miró a su tía. —¿Cuándo te enteraste de esto?

—Al llegar a Londres, la reina me dijo lo de las deudas, esa fue la razón por la que se puso a investigar cuando le escribí preocupada por ti.

Que su mejor amigo te hubiera seguido hasta Venecia le dio muy mala espina y más aún cuando él le había cubierto en varias de sus correrías por Londres.

—Rosanne se agachó a su lado. —Victoria solo quiere protegerte, porque sabe que eres la que más ha sufrido con esto.

Sollozó tapándose la boca con la mano.

—No, hija, te lo suplico… Te volverás a poner enferma y no podremos soportarlo —dijo su padre preocupado—. No te lo he dicho para que sufras, por favor no llores.

—Nunca me ha amado, ¿verdad? Demostró ante la reina interés en mí para justificar que todo lo que hizo después de ayudar a Cameron había sido por amor a mí, pero en realidad solo lo hizo para justificar sus acciones y que nadie se diera cuenta de lo de la dote.

Roger apretó los labios. —Siento decirlo porque le quiero como a un hijo, pero creo que es así.

Pensó en ello sintiendo un dolor en su pecho que no la dejaba respirar. —¿Qué voy a hacer ahora?

—Has sido tú quien ha tenido la idea, cielo —dijo su tía—. El conde es la mejor solución, lo que necesita esta familia para superar cualquier escándalo pasado y futuro.

Sorbió por la nariz. —¿Qué pretendes, tía?

—Acaba de enviudar de su segunda esposa y ninguna le ha dado hijos…

No las amaba, todo el mundo lo sabe, la primera vez solo se casó por la presión de su madre y porque tenía que darle hijos al condado.

Ahora ya no hay madre, pero aún necesita ese hijo.

Y aún es joven y lo suficientemente apuesto como para provocar suspiros.

Piénsalo bien, tú puedes ser la condesa que necesita en su vida.

Tú puedes darle el hijo que anhela, pero lo más importante tú puedes darle el amor que no sabe que necesita.

Negó con la cabeza. —No me hables de amor. —Se llevó la mano temblorosa a la frente. —Necesito acostarme.

—Claro que sí, hija. —Su padre se acercó y la cogió en brazos. Ella iba a protestar y el conde sonrió. —Dame el gusto, hace mucho que no te cojo en brazos.

Sollozó abrazándole por el cuello y Roger intentó reprimir las lágrimas por el sufrimiento de su hija. —Perdóname padre, he pensado lo peor de ti, creí que no te importaba.

—Eres lo que más me importa de este maldito mundo, hija. Tu hermano y tú sois lo que más me importáis en esta vida.

Elva preocupada se acercó a toda prisa para abrirle la puerta. El conde se detuvo y miró su uniforme de doncella. —A partir de ahora vestirás como una dama y no volverás a servir a milady, ¿me he explicado con claridad?

Palideció. —¿Estoy despedida?

—No digas tonterías, niña, vas a ser mi nuera.

Su amiga puso los ojos en blanco y cayó sobre el suelo de parquet haciendo un estruendo horrible. Cameron salió de su habitación y al ver a su novia en el suelo corrió hacia ella. —¡Un médico!

Vivianne suspiró. —Sí, que venga un médico, lo necesito.