Un placer, milord Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—¡Y no te importa! —gritó sobresaltándole.

—Por supuesto que me importa, pero debo reconocer que ni se me pasó por la cabeza, siempre he tomado medidas.

Miró incrédula a uno y luego al otro. —¿Medidas?

—Eres demasiado inocente como para que hable contigo de estos temas, hermana, vuelve a tu habitación.

—A mí no me hables ahora como el futuro conde —dijo furiosa—. ¡Esta vez vas a apechugar con las consecuencias!

—Te aseguro que si hablas de matrimonio, desde que regresasteis de Venecia ya se lo he pedido diez veces, pero siempre me rechaza.

Asombrada miró a Elva que roja como un tomate ni sabía qué decir —¿Es eso cierto?

—Soy una doncella, no quiero avergonzar a la familia.

—¡Pues ahora sí que se va a avergonzar, porque la gente sabe contar y entre la clase alta hay personas que solo se dedican a eso!

—Lo arreglaré, si me dais dinero lo arreglaré.

—No pienso dejar que mates a mi hijo —dijo Cameron entre dientes—. ¡Nos casaremos!

—¡No podemos hacer eso! ¡Será una vergüenza para la familia!

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó el conde entrando en la habitación. Miró directamente a su hijo—. ¿Por qué discutís?

Cameron apretó los labios. —Padre, no voy a dejar mis responsabilidades a un lado, esta vez no.

—Me parece muy bien, hijo, eso es lo que significa madurar.

—Espera padre, que no ha terminado —dijo Vivianne sabiendo que en ese momento iban a desatarse las siete plagas.

Cameron cogió la mano de Elva sorprendiendo a su padre. —La mujer que amo espera un hijo y voy a casarme con ella. —Su amiga se echó a llorar y Cameron la abrazó. —No pasa nada, todo se arreglará.

El conde aún estaba en shock y con los ojos como platos miró a su hija, que forzó una sonrisa. —Se aman.

—¡Eso ya lo veo!

—¿Entonces?

—Necesito una copa —dijo saliendo de allí tan aprisa que fue un visto y no visto.

Vivianne corrió tras él—. Como se entere la reina…

—¡Hija, dame un segundo para digerirlo!

—¡No tenemos un segundo! El chivato de la reina se lo dirá antes de que nos demos cuenta, necesitamos soluciones.

Su tía sentada en el salón, con Hércules sobre el regazo preguntó —¿Qué ocurre?

—¡Un desastre monumental, eso ocurre! —El conde con la mano temblorosa se sirvió una copa de coñac casi por la mitad y se la bebió de golpe.

Vivianne se apretó las manos. —Tienen que casarse, padre. Elva es como una hija más.

—Una hija más que no tiene linaje. —Se sentó y se pasó las manos por el cabello. —Por esto tendría que desheredarle.

—¿Qué ocurre? —volvió a preguntar su tía.

Ella cerró la puerta a toda prisa. —Cameron ha dejado en estado a mi doncella.

—Dios mío, ¿es que esta casa nunca tiene descanso? ¡Es un escándalo, hermano!

—Eso ya lo sé —dijo entre dientes—. ¿Pero qué hago? ¿Echo a Elva de casa como hacen en otras casas nobles con las sirvientas que están en este trance? No puedo hacerle eso a Elva, es como de la familia, hermana.

—Cómo se entere la reina, con lo recta que es para estas cosas… —dijo Roseanne horrorizada—. Muy bien, la adoptaré.

La miraron como si le hubieran salido cuernos. —¿Qué has dicho, tía?

—Es la única solución. La adopto con mi apellido y así podrán casarse porque será heredera de una noble.

Los ojos de Vivianne brillaron. —Sería una solución.

—Sería un escándalo igualmente —dijo su padre—. En cuanto naciera el niño todos sabrían por qué tu tía lo ha hecho. ¿O va a nacer dentro de nueve meses y lo concibieron ayer mismo? Además, la adopción llevaría tiempo, tiempo que no tenemos.

—Eso dará igual, solo tenemos que aguantar hasta que la reina de a luz y Dalbert pueda salir de la cárcel.

El conde entrecerró los ojos. —Después de esto tendremos que irnos de Inglaterra, ninguna familia decente nos aceptará en su casa.

Eso era cierto, después de los escándalos derivados del matrimonio de Dalbert ya lo tenían difícil, pero la nobleza no perdonaba fácilmente la mezcla de sangre.

¿Un noble y una plebeya? Pocas veces se toleraba y si eso sucedía era porque el noble en cuestión era muy poderoso.

Ella entrecerró los ojos mirando a su tía que levantó una ceja. —¿Qué, niña? ¿Qué estás pensando?

—¿Quién es la persona más importante de Inglaterra?

—Pues la reina.

—¿Y después?

Ella lo pensó seriamente. —Pues no sé qué decirte…

Aparte del príncipe Alberto, que supongo que tampoco te interesa…

—Sus ojos brillaron. —Por supuesto, el conde de Crinslock, su padre fue asesor del rey y se ha criado en la corte, además es un miembro del parlamento muy respetado y es rico como el rey Midas.

Su padre separó los labios de la impresión. —Niña, ¿qué se te está ocurriendo? Mira que ya tenemos bastantes líos y al conde no le chista nadie. Además, acaba de enviudar de su segunda esposa y no es que esté de muy buen humor para intrigas.

Se mordió el labio inferior. —Estaba pensando que si tenemos su visto bueno, que si le agradamos, la gente no nos daría la espalda.

El conde y su hermana se miraron. —Eso podría funcionar, a ese hombre nadie le daría la espalda.

No tendrían valor. Si la buena sociedad sabe que estamos bajo su ala, tolerarían todo lo que ha sucedido.

¿Qué digo todo lo que ha sucedido? Si estuviera de nuestro lado hasta podríamos cometer un asesinato en el centro de la pista de baile de su mansión, que todos harían la vista gorda.

A Vivianne se le cortó el aliento. —¿Tanto poder tiene?

—Ni te lo imaginas. Además, su padre le enseñó bien a conservar los secretos de palacio y dicen que sabe algo de todo el mundo. Es la persona ideal para que nos ayude. Pero, ¿por qué querría hacerlo?

Vivianne dejó caer los hombros desmoralizada. —Tienes razón, ¿por qué querría?

Todos se quedaron en silencio y lady Rosanne miró de reojo a su hermano que entrecerró los ojos. Rosanne le señaló su anillo de boda y su hermano la miró espantado.

—¿No lo dirás en serio? —Roger se levantó. —Ni se te ocurra pensarlo.

—Sabes que sería la solución ideal.

—¿De qué habláis?

—De nada, hija, tonterías de tu tía.

—Él no la merece, lo sabes. Puede que le quieras mucho, pero la reina tiene razón, todo lo que hizo fue demencial y faltó al compromiso que tenía con ella.

—¡Actuó por amor a Cameron, que es como su hermano!

—¿Habláis de Dalbert?

Roseanne la miró fijamente. —Mira, no quería hablar de esto después de todo lo que dijiste ante la reina sobre que amarías al duque hasta la muerte y todo eso, pero lo que ha hecho Dalbert es inconcebible, niña.

Vivianne palideció. —Me da igual lo que pienses.

—¡Estás empeñándote en algo que es imposible! ¡Él no te ama!

—No digas eso, es mentira.

—Puede que te quiera como a una hermana, pero sus acciones han hablado por él.

—No compartió lecho con Prudence, pensaba deshacerse de ella.

—¡Le dio igual todo con tal de salvar a Cameron y eso significa su falta de principios! ¡Si no aceptó a lady Prudence, fue porque sabía que lord Calrton no se lo perdonaría, todo fue un engaño desde el principio, Vivianne, y jamás pensó en ti!

Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Dalbert me ama.

—¡Por qué todo el mundo puede ver lo que tú no!

—Se levantó. —Fuiste la última en la que pensó a la hora de trazar su plan, ¿no te das cuenta?

¡A la única persona que sí debía cuidar, la dejó a un lado para cubrir a sus amigos!

¡Y luego tiene la desfachatez de hacer que su amigo te cortejara dejándote en ridículo ante toda la ciudad!

—Porque me ama y no quería que estuviera con ningún otro.

—Roger habla tú con ella, que me pone de los nervios con su cabezonería.

Asombrada miró a su padre. —¿Qué tienes que decirme tú que cubriste sus actos?

—Sé que no soy el más indicado para hablar, pero es cierto que Dalbert nos manipuló a todos para conseguir sus objetivos.

—¡Objetivos de los que él no era beneficiario en nada! ¡Es más, está cumpliendo condena para que otros fueran felices!

—¿Ahora es un mártir? —preguntó su tía.

—¡Sí! ¡Es un mártir, porque se sacrificó para que todos, incluida tú, no fuéramos al funeral de Cameron! ¡Y para que padre siguiera teniendo un heredero! ¿En qué se benefició Dalbert si puede saberse?

Roger apartó la vista y a Vivianne le dio un vuelco al corazón. —¿Padre?

—En el contrato matrimonial con Prudence, Dalbert conseguía… —Miró de reojo a su hermana que le animó con la cabeza. —Conseguía una gran dote para pagar sus deudas. Dote que yo nunca hubiera podido darle.

Sintió que el mundo temblaba bajo sus pies. —¿Dote?

—Más de doscientas mil libras y tierras muy fructíferas, hija.

Dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas. —¿De cuánto consta mi dote, padre?

—De veinte mil libras que te dejó tu abuelo y cincuenta mil que aportaba yo.

Una gran dote, pero nada que ver con la de Prudence.

Después de la condena de la reina he pensado mucho en ello, incluso he contratado a un abogado para que me asesore, la dote de Prudence no tiene por qué devolverse en caso de anulación y más si es por causa de la novia, como todos piensan.

Dalbert se quedará con todo y es evidente que su suegro no le llevará a juicio después de todo lo sucedido.

Todo esto le ha hecho rico, cielo. Muy rico.