Un placer, milord Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

—Durante este año pensarás si quieres compartir tu vida con este manipulador.

Lady Prudence ya no tiene remedio, espera un hijo y ama a su duque por encima de todo, pero tú te resististe a amarle después de lo que hizo.

Se lo reprochaste, huiste, quisiste hacerle daño casándote con su mejor amigo.

Viste lo que estaba mal porque te diste cuenta de la traición a la que te sometió.

Por eso él va a pasar un año en prisión y tú serás libre para elegir durante ese periodo.

Y te aconsejo que lo pienses bien, porque si decides estar a su lado el resto de tu vida, estas intrigas pueden continuar y la decepción de tener una amante será lo más nimio que te pueda pasar.

—Miró a Dalbert fríamente. —No le arrebato su título por el respeto que le tenía a su padre y no le envío a juicio para que nada de lo ocurrido salga de esta sala, con la humillación que conllevaría a toda su familia como a los demás.

Por eso todos dirán que el duque, debido a todo lo ocurrido, ha decidido irse al continente durante una larga temporada.

Nadie de esta sala dirá otra cosa, es una orden.

—Gracias, majestad.

La reina miró a Prudence. —Por otro lado, le concedo la anulación desde este mismo instante y es libre para casarse con el duque o no, aunque es evidente cuál es su parecer.

Se dirá que se amaban desde hace tiempo y que debido al rechazo de su esposo, por los motivos que todos sabemos que incluyen un matrimonio forzado, usted milady no pudo evitar la tentación de sentirse querida.

No sé cómo se restituirá su reputación en este caso, seguramente quedará magullada, pero se casará con un duque y eso hace callar muchas bocas.

—Gracias, gracias —dijo Prudence loca de contenta.

Los ojos de Vivianne se llenaron de lágrimas mirando a Dalbert, que con la cara tallada en piedra miraba a la reina sin decir palabra.

—¿Dalbert? ¿Por qué no dices nada?

—¿Puedo despedirme, majestad?

—Sea breve.

Su majestad le hizo un gesto a su tía que se agachó a su lado para escuchar lo que tenía que decirle al oído, pero Vivianne no se dio cuenta porque se acercó a Dalbert para abrazarle con fuerza. —Eres un inconsciente… —Sollozó y él la abrazó con fuerza. —Dile algo, suplícale su perdón.

—No hay nada más que decir. —La besó en la sien.

—Es lo justo, preciosa. Como dijiste fui un estúpido y podía haber hecho esto de muchas maneras, pero te juro que en cada paso que di parecía lo correcto.

Solo intentaba… —Cerró los ojos. —Da igual.

—La besó de nuevo en la sien y la apartó volviéndose hacia su tío que le abrazó. —Cuídala mucho.

—Lo haré, no te preocupes por nada, iré a visitarte y me aseguraré de que estés bien atendido.

La tía Elizabeth estaba siendo auxiliada por los dos hombres de negro y Dalbert se agachó a su lado para ver que abría los ojos.

Esta sollozó y cogió su mano. —Estaré bien, tía.

—La besó en la mejilla y se levantó mientras Elizabeth no dejaba de llorar.

Dalbert abrazó a Carlton y le guiñó un ojo a Prudence antes de acercarse de nuevo a Vivianne que lloraba.

—Como dijiste el fin no justifica los medios.

—Acarició su mejilla. —¿Me escribirás? —Vivianne asintió haciendo que sonriera.

—Esperaré esas cartas impaciente, preciosa.

—Se acercó y besó suavemente sus labios. —Hasta dentro de un año.

—Saldrás directamente para la iglesia, milord.

Él sonrió. —Entonces desearé aún más que llegue ese día.

—No cambiaré de opinión. —Miró a la reina. —¿Me oye? ¡Puede que sepa que es un gañán insensible, pero es mío y le amaré hasta la muerte!

La reina puso los ojos en blanco antes de levantarse de su trono. —Si con este exabrupto piensas que le reduciré la condena estás muy equivocada. Un año, ni un día menos —dijo antes de irse.

Los hombres de negro se acercaron al duque y Dalbert le sonrió. —Al parecer tu intento de defensa no ha tenido el efecto deseado, preciosa —dijo mientras le cogían de los brazos. Le guiñó un ojo—. ¿Gañán insensible?

—Lo siento.

—Prométeme algo.

—Lo que sea.

—Piensa en lo que ha dicho la reina, preciosa. Piensa en si me seguirás amando. —dijo cortándole el aliento—. Puede que tenga razón y no seas para mí.

—Dalbert, ¿pero qué dices?

—No me entiendas mal, no es que dude de lo que siento por ti, preciosa, nada me gustaría más que ser tu marido, pero después de lo que me has dicho y lo que ha dicho la reina no sé si soy digno de tu amor, así que piénsatelo bien, ¿quieres?

Ya me dirás en esas cartas lo que has decidido sobre nuestro futuro.

—Tiraron de él y Dalbert no dejaba de mirarla a los ojos mientras ella sollozaba.

—No llores más por mí, preciosa, no quiero recordarte así.

Vivianne forzó una sonrisa y él sonrió. —Eso está mejor. —Se volvió y le sacaron por la puerta que estaba a la derecha tras el trono.

Cerró los ojos negando con la cabeza y sus padres la abrazaron. —Saldrá de esta —dijo Roger—. Es muy fuerte y conseguirá sobrevivir en la cárcel.