Capítulo 6 #3
Vivianne susurró —¿Qué pasa?
—Tu exprometido —dijo muy tenso—. Eso es lo que pasa.
Se escuchó una risa al otro lado del muro y asustada miró hacia allí.
—No vais a salir de aquí.
A Vivianne se le heló la sangre. —¿Por qué haces esto?
—¿Que por qué hago esto? ¡Me habéis dejado en ridículo ante todo el país, joder! ¡A mí, que os lo he dado todo! Mi amistad, mi amor, ¿es que no soy suficiente? ¡Y a mí nadie me deja en ridículo!
Dalbert gritó —¡Al primero que pase le pego un tiro entre ojo y ojo!
—No podrás con todos.
Sin salir de su asombro miró a Dalbert, que le hizo un gesto para que corriera hacia él. Lo hizo escondiéndose tras su espalda. Elva con la otra pistola en las manos empezó a temblar de miedo.
Carlton rio de nuevo. —Al final saldréis, solo es cuestión de tiempo.
—Está solo —susurró Vivianne—. Sino ya hubiera ordenado a alguien que entrara o hubieran roto las ventanas.
Dalbert asintió antes de mirar sobre su hombro. —No entrará, esperará a que salgamos. Preciosa, allí hay otra puerta. —Las dos miraron hacia atrás. —Coge la llave y ábrela muy lentamente mientras yo voy a la parte de delante y le distraigo.
Asustada negó con la cabeza y él la miró muy serio.
—Haz lo que te digo, no discutas. Cuando salgáis, corred todo lo que podáis, no os detengáis por nada ni por nadie, solo corred.
Elva pálida asintió vehemente y cogió la mano de Vivianne que se negaba a dejarle solo, así que se soltó.
Galbert la miró a los ojos y sonrió antes de cogerla por la nuca y besarla tan apasionadamente que sintió que siempre sería suya.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y cuando la soltó él apoyó su frente en la suya, Dalbert susurró —Vamos, preciosa, sal de aquí, iré detrás de ti.
—Júramelo.
—Te lo juro. Os alcanzaré antes de que os deis cuenta.
—Vamos, vamos —dijo Elva cogiendo su brazo para tirar de ella.
Mirándole a los ojos se alejó mientras su amiga cogía la llave de encima de la mesa.
Se acercaron a la puerta y Elva le dio a Vivianne la pistola para tener las manos libres para abrirla.
Miraron hacia él y Dalbert asintió empujando la gran mesa hacia las ventanas.
La volcó y la arrimó todo lo que pudo cubriéndolas.
Escucharon la risa de Carlton, el sonido venía de la puerta principal y los tres miraron hacia allí. —¿Crees que eso me detendrá?
Elva no perdió el tiempo giró la llave y Dalbert golpeó una silla contra el suelo varias veces para amortiguar su sonido al abrirse.
Las dos salieron corriendo hacia los árboles y cuando corrían entre ellos escucharon dos disparos.
Vivianne palideció deteniéndose en seco, pero Elva tiró de ella.
—No, no, haz lo que te ha dicho. Está arriesgando su vida, no le defraudes.
—¿Y si está herido?
—¡Él quiere que corras!
—Estamos armadas, somos tres contra uno, no pienso huir y dejarle.
Elva entrecerró los ojos. —Es verdad, podemos con él. Sorprendámosle por la espalda y entreguémosle a la justicia.
—Yo con salir de aquí viva me conformo.
Corrieron hacia el pabellón y lo rodearon cubriéndose con los árboles. Entonces escucharon. —Siempre puedo contar contigo —dijo Dalbert.
Asombrada caminó hacia el otro árbol con Elva detrás y les vio abrazándose. —Amigo, por ti lo que sea. ¿Ha ido bien?
—De maravilla, ya está más receptiva. Hasta ha dejado que la bese.
Carlton rio por lo bajo. —Me alegro. Cuando me enviaste a Italia, creía que ese plan tuyo era una locura, pero al parecer todo ha ido de perlas.
Dejó caer la mandíbula del asombro mientras Elva jadeaba.
Le tapó la boca y se quedaron en silencio durante unos segundos para escuchar parte de una frase.
—Era lo mejor, con lo enfadada que estaba se hubiera casado con cualquiera, tenía que ponerle delante alguien que fuera el cebo perfecto.
Sabía que en cuanto te conociera, haría lo que fuera para joderme.
—¿Cameron sigue sin saber nada?
—No sabe nada ni quiero que lo sepa, no sabe disimular y desde que se puso enferma tiene muchos remordimientos. Desde nuestro encuentro en el club está convencido de que somos enemigos.
—¿Y ahora qué vas a hacer? No pienso presentarme ante tu futura esposa para que crea que quiero matarla.
—Eso no es problema. Le diré que estás tomando opio y que no eres el mismo, que necesitas ayuda.
Con el gran corazón que tiene y el aprecio que te tenía, haremos que se ablande y antes de que te des cuenta estarás cenando con los Merfield.
Amigo, ¿no tendrás por aquí algo de vino?
Tengo la garganta seca y me duele mucho la cabeza después del porrazo que me metiste.
—¿No vas tras ella?
—Démosle algo de ventaja, si cree que me ha sucedido algo estará encantada de verme.
Carlton rio. —Eres un genio. ¿Me ayudarás cuando tenga que convencer a la mía?
—Eso no lo dudes, amigo. Caerá en tus redes antes de que te des cuenta.
Entraron en el pabellón y las chicas se miraron con los ojos como platos.
—Vamos —susurró Vivianne antes de correr por el bosque como si realmente la persiguieran.
Cuando ya estaba lo bastante lejos, se detuvo con la respiración agitada y dejando caer la pistola apoyó las manos sobre las rodillas para respirar hondo.
Elva hizo lo mismo y recuperando el aliento se miraron a los ojos con ganas de sangre.
Vivianne dijo muy bajo —No digas nada sobre lo que acabamos de oír, no sabemos dónde está. Lo hablaremos en casa.
Elva asintió y dijo bien alto —¿Qué hacemos? ¿Seguimos?
—¿No deberíamos esperarle aquí? —preguntó aparentando estar muy preocupada.
—Igual si llegamos a la carretera podemos pedir ayuda.
Vivianne miró en la misma dirección en la que miraba su amiga. —No sabemos si está por allí, de hecho no sabemos si hemos venido recto. Si nos alejamos mucho podemos perdernos. —Y eso era muy cierto porque no tenían ni idea de donde estaban.
Elva cogió la pistola del suelo y esta se disparó. Con los ojos como platos se miraron antes de que Vivianne bajara la vista para ver sangre en su pantalón interior. —¡Me has disparado!
—Lo siento, lo siento. —Se acercó a toda prisa y rasgó su pantalón. La bala había entrado en su muslo. —Dios, Dios…
—¡Ay, madre, que me voy a quedar coja!
—La verdad es que tienes muy mala suerte.
—¿No me digas?
Elva tocó el agujerito y lo taponó con el dedo. —¿Qué haces?
—Evitar que pierdas sangre.
—¡Eso duele!
—¡Me lo imagino!
—Maldita sea…
Escucharon ruidos y las dos se volvieron de golpe, Elva con el cuchillo en la mano. Entonces vieron que Dalbert llegaba corriendo con la camisa manchada de vino, lo que indicaba que el disparo le había dado tal susto que se lo había derramado encima. Vivianne chilló. —¡Te ha herido!
—No preciosa, al tirar un mueble no me di cuenta de que había una botella de vino. —Se agachó a su lado. —¿Qué ha ocurrido?
—Se me cayó el arma —dijo Vivianne a toda prisa—. Me he disparado a mí misma.
—Joder…Tenemos que alejarnos de aquí cuanto antes.
—¿Le has matado?
—No preciosa, solo herido. —La cogió en brazos y empezó a caminar a toda prisa entre los árboles. —Necesitamos encontrar un médico cuanto antes.
Se dio cuenta de que había palidecido. —¿Es grave?
—Sangras mucho. —La sentó sobre una roca y rasgó la manga de su camisa para rodear su herida antes de apretar con fuerza.
Ella gimió de dolor.
—Lo sé, preciosa, lo sé, pero es necesario.
Tenemos que llegar al pueblo. —La cogió en brazos de nuevo.
—Allí te verá un médico. No digáis lo que nos ha pasado.
Solo decid que nos asaltaron, ¿de acuerdo?
Que ni sabéis bien lo que ocurrió, porque estabais dormidas y os golpearon en la cabeza.
Si decimos que el duque de Ostenford está implicado en esto, todos nos darán la espalda. Los del pueblo se deben a él.