Un placer, milord Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Esperaron noticias de lo más impacientes y el doctor salió de la habitación una hora después. —¿Qué le ocurre a mi hija, doctor? —preguntó el conde.

—Son jaquecas provocadas por la tensión nerviosa, milord.

Supongo que la situación a la que debe enfrentarse la ha superado y lo que necesita es descanso, no alterarse.

Desde luego aconsejaría que saliera de Londres cuanto antes, milady debe volver al campo donde no hay un escándalo tras otro que puedan afectarle.

—Desde luego, si cree que es lo mejor. —El conde carraspeó incómodo por la mirada del doctor. —Iremos con ella, nos vendrá bien salir de la ciudad.

—No me ha entendido, conde. Si esta así es por su culpa, aléjese de su hija para que se recupere.

—Se está excediendo —dijo Dalbert entre dientes.

—¿Usted cree, duque? Claro, como ha estudiado medicina…

—¿Tenemos que alejarnos de nuestra hija? —Elizabeth sollozó. —¿Le hacemos mal?

El médico parpadeó asombrado. —¿Cómo ha dicho?

¿Que si le hacen mal? La han dejado en evidencia ante toda la ciudad, dos hombres que no la merecían la han traicionado y tiene que enfrentarse a todo eso cuando no conoce a la gente que la crítica, gente que dice que algo malo debe tener porque ambos la han rechazado, y eso es culpa suya porque ni siquiera le permitieron su presentación en sociedad.

¿Y dice que si le hacen mal? ¿Me lo dice de veras?

—Será mejor que se vaya, doctor —dijo Cameron muy incómodo.

—No hace falta que me muestre el camino —dijo con desprecio.

Pero antes de alejarse se detuvo y le dijo al conde —Por cierto, será mejor que para tratar a la familia se busquen otro doctor, si siguiera viniendo no podría quedarme de brazos cruzados y observar impasible como consumen a milady con sus tejemanejes, así que antes de que este trato tan humillante acabe con mi paciencia, les aconsejo que busquen otro médico. Buenas noches.

Todos se quedaron en silencio y Elva que estaba en la puerta sonrió irónica antes de cerrar.

Elizabeth sollozó tapándose la boca y corrió hacia su habitación. Roger suspiró yendo tras ella mientras Dalbert y Cameron se miraban. —Es la opinión que tendrá todo el mundo de ella y de nosotros, ¿sabes?

El duque asintió. —Después de haber roto su último compromiso se ha convertido en una víctima aún mayor, tiene a toda la opinión pública de su parte.

—Si esto llega a oídos de la reina y llegará, nos llamará en audiencia.

—Seguro que su primo ya se lo ha contado.

—¿Tanta relación tienen? Nunca he hablado con él de eso para no incomodarle.

—Aunque son primos lejanos, él siempre se ha llevado bien con la reina.

O eso ha dicho a quien quisiera escucharle, nunca lo he presenciado en persona, jamás me han invitado a una de sus reuniones o fiestas.

En realidad, solo he visto a su majestad tres veces y siempre en actos donde solo le besaba la mano y me alejaba.

—Se pasó la mano por la barbilla pensando en ello.

—No nos llamará a no ser que quiera intervenir y con su segundo embarazo no creo que tenga humor para estas cosas.

El sonido de la campanilla de la puerta hizo que ambos se volvieran hacia el hall donde Luke fue a abrir diligentemente.

No vieron con quien hablaba, pero sí vieron que se volvía cerrando la puerta con un sobre en la mano.

Luke impresionado elevó la vista hacia ellos. —Un sobre de su majestad, duque.

Cameron palideció. —Mierda, vamos a acabar todos en prisión.

Dalbert pasó a su lado y siseó —¿Quieres calmarte, primo? —Bajó los escalones a toda prisa y cogió el sobre que Luke le tendía. —Puedes retirarte.

—Enseguida, excelencia.

Volvió el sobre y efectivamente llevaba el sello real. Juró por lo bajo porque estaba a su nombre. —Es para mí. —Lo abrió a toda prisa. —Solicita que vaya mañana a una audiencia en palacio.

—¡Dios mío, acabaremos en Newgate!

Le miró como si fuera idiota. —¿Por qué? No hemos cometido ningún delito.

—Ah, ¿no? ¿Te recuerdo lo de las declaraciones de los lacayos?

El duque apretó los labios leyendo de nuevo la invitación de la reina. En ese momento sonó de nuevo el llamador de la puerta y fue a abrir él mismo siseando —Malditos periodistas.

Abrió de golpe para ver un hombre de traje. —Discúlpeme duque, pero se me ha olvidado dejar esta invitación también.

Parpadeó antes de coger el sobre que era diferente, ese tenía un hermoso ribete dorado con la corona lacrada en el mismo color. —Buenas noches —dijo antes de alejarse.

—Buenas noches. —Dio la vuelta al sobre cerrando la puerta y se quedó de piedra. —Ahora sí que acabamos en Newgate.

Cameron pálido dijo —¿Por qué?

Lo levantó para que lo viera. —Porque este sobre es para tu hermana y por el aspecto que tiene, la reina está de su lado.

Elva levantó la ventana y miró hacia atrás. —¿Seguro que podrás hacerlo? Te han dado láudano como para dormir una vaca.

—Claro que sí, estoy bien. —Se tambaleó a un lado como si fuera un marinero borracho. —Ups… —Soltó una risita. —Esto se mueve.

—Madre mía —dijo la doncella—, mejor nos volvemos a la cama que se está haciendo muy tarde.

—¿Y perder los billetes del barco? Ni hablar, me han costado una fortuna.

—Como te desvíes, te vas a pegar un porrazo que entonces sí te va a doler la cabeza, te dolerá de por vida.

Vivianne sacó la cabeza por la ventana para ver el carro de paja justo debajo. —Puedo hacerlo.

—¿Seguro?

—Es fácil, solo tengo que dejarme caer. —La miró con los ojos como platos. —Será como volar… Voy a volar…

—En realidad ya estás volando, hermosa. —La acercó a la ventana cogiéndola por la cintura. —Vale, saca primero las piernas. —Vivianne sacó la primera y la miró sonriendo como una boba. —Es fácil.

—Claro que es fácil. Ahora la otra pierna.

—La empujó por el hombro y Vivianne debió perder el equilibrio porque se escurrió por el hueco de la ventana haciéndola jadear del susto cuando desapareció.

Elva sacó la cabeza por la ventana para verla tumbada sobre la paja moviendo brazos y piernas como cuando hacían ángeles en la nieve. —¿Te quieres apartar, leche?

—¡He volado, Elva!

—Shusss… Calla. —Se iba a tirar, pero le caería encima, así que mejor bajar por las escaleras. Cogió las dos bolsas de viaje y corrió hacia la puerta. En cuanto la abrió se detuvo en seco al ver al duque ante ella con los brazos cruzados.

—¿Se puede saber a dónde vas?

—¿Yo? A lavar algunas cosillas para cuando mi señora vuelva al campo —susurró saliendo de la habitación—. No hable tan alto, duerme.

—¡He volado, Elva!

—Pobrecita, está soñando.

—¿Habla en sueños?

—Oh, sí, ¿no lo sabía? —Soltó una risita. —Claro que no lo sabía, si lo supiera menudo lío, ¿no?

—Te veo algo nerviosa.

—Agotada, eso es lo que estoy, que me tienen todo el día de la meca a la zeca y una ya no puede más. —Bostezó con exageración. —Bueno, voy a limpiar esto y luego volveré para ver cómo va mi señora. Buenas noches, duque.

Mirándola con desconfianza dijo —Buenas noches.

Entonces Elva que iba hacia la escalera de servicio, se detuvo en seco volviéndose lentamente para mirarle de arriba abajo. Llevaba solo la camisa y el pantalón, hasta se había quitado el pañuelo del cuello. —Excelencia, ¿se ha quedado a dormir?

—Sí, estoy preocupado por mi familia.

Entrecerró los ojos aún más. —No pensará entrar en esa habitación, ¿verdad? ¿No querrá comprometer a su prima?

—¿Por quién me tomas?

—Por alguien que está desesperado en quitarle a su amigo la novia, ¿me equivoco?

El duque se tensó. —Han roto.

—¿Y es su oportunidad?

—¡Sí!

Dio un paso hacia él. —Escúcheme bien, duque de medio pelo, no se acerque a ella, ¿me oye? O tendré que tomar medidas y eso no le gustará nada.

—¿Me estás amenazando? —preguntó tenso.

—Los del servicio ponemos la oreja, es lo que hay. A mi señora no le gustará nada saber que tiene una amante.

Sonrió divertido. —Eso se acabó hace un año.

Mierda, esa información no la tenía. —¿No me diga? ¿Y no ha habido otras? Tengo entendido que sí.

—Ella era muy joven cuando nos comprometimos y los hombres tenemos necesidades. Jamás compartí lecho con alguien que pudiera avergonzarla en el futuro, me aseguré de ello.

—Estaba comprometido con ella —siseó—. Nunca la ha respetado.

—Tenía doce años, por el amor de Dios, ¿iba a mantenerme célibe hasta la boda? Hasta sus padres lo comprendieron y me dieron el visto bueno para tener una amante hasta que se lo dijéramos.

Separó los labios de la impresión. —¿Les pidió permiso?

—¡Claro que sí, no quería que se ofendieran! ¿Te vas a limpiar esas maletas?

—Por supuesto que no. —Entró en la habitación a toda prisa y le cerró la puerta en las narices. Gimió mirando la ventana y corrió hacia ella para ver a su señora intentando bajar del carro, pero se resbaló y cayó sobre los adoquines.

—Ay…

—Leche. —Tiró las maletas sobre la paja y después rezó. —Haz que caiga dentro ¿quieres, mi señor? Seré buena… En el futuro, ahora debo tener mala leche, compréndelo. —Se tiró y gimió de dolor cuando se clavó un maletín en la cadera. —Rayos.

—¿Elva? Ahora no he volado.

—Ya somos dos. —Se arrimó al borde y tiró las maletas al lado de Vivianne antes de dejarse caer a su lado. —Vamos. —La agarró por el brazo para tirar de ella y levantarla, lo que le costó un montón porque no es que colaborara mucho. —Vamos, leche, nos van a pillar. Tenemos que llegar al barco.

Caminaron hacia la salida posterior de la casa y Elva abrió la verja para que pasara.

El coche de alquiler ya estaba allí y se subieron lo más rápido que pudieron.

En cuanto su ama se sentó a Vivianne se le cerraron los ojos y Elva gruñó.

—Estupendo. — Miró por la ventanilla y estiró el cuello intentando oír algo de la casa, pero no se oían gritos, eso era una buena señal.

Sonrió. Rumbo a Italia de nuevo. Allí estarían como reinas.

Satisfecha cerró los ojos bostezando con ganas, sí que estaba cansada, sí.