Un placer, milord Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

—Oh, pues aquí estoy. —Entró enseñando su hermoso vestido de seda azul y les miró impaciente. —¿De qué se trata?

—Tío…

—Venga, díselo, así veremos cómo reacciona.

Dalbert gruñó antes de mirar a su tía. —Mi esposa está embarazada de otro hombre.

Dejó caer la mandíbula del asombro llevándose la mano al pecho de la impresión. —¿Qué has dicho?

—Lo que has oído.

Los dos esperaron impacientes lo que iba a hacer después. —¡Será zorra! —gritó haciendo que Vivianne que estaba en el salón mirara hacia el hall—. ¿Cómo se atreve, esa… esa…? ¡Hija de puta!

Vivianne parpadeó del asombro porque jamás había oído esas palabras en boca de su madre. Cameron salió de la biblioteca, al igual que ella salía con Carlton del salón. Su prometido tampoco perdía detalle.

—¿Qué pasa? —preguntó su hermano.

Vivianne se encogió de hombros sin tener ni idea.

—Harás algo, ¿no? —chilló haciendo que dieran otro paso hacia el despacho—. ¡Marido tienes que hacer algo! ¡No puede salirse con la suya!

Roger sonrió. —¿Ves? Tiene el temperamento de su madre, así que reaccionará igual.

—Creo que Vivianne tiene más temperamento.

—Pues mejor me lo pones.

Elizabeth les miró sin comprender. —¿De qué habláis?

Vivianne ya se había acercado lo suficiente como para oír algo. —¿Qué dicen? —preguntó Cameron en susurros.

—¿Quieres callarte? —siseó empujándole para poder poner la oreja en la puerta.

Carlton divertido se cruzó de brazos mientras los hermanos luchaban por conseguir el mejor lugar donde cotillear.

—¿Pero es verdad? —preguntó su madre.

—Sí, tía, es verdad.

—¡La madre que la parió! ¡Espera que la vea, la voy a despellejar viva!

—Habla de ti —dijo Cameron.

—Claro que no.

—Han dicho tu nombre, ¿qué has hecho?

—¿Yo? Nada.

La puerta se abrió de golpe y su madre les sorprendió allí parados. —¿Qué hacéis ahí? —gritó sobresaltándoles. Jamás había estado tan furiosa.

—Pues… —Cameron dio un paso atrás temiendo por su oreja. —Oímos gritos y pensamos que necesitabas ayuda, madre. ¿Alguien te ataca?

—Sí —dijo con ganas de sangre—. Está atacando lo más sagrado del apellido Lownes, el apellido que mi padre llevó con tanto orgullo. ¡Pero quien lo mancilla no va a vivir lo suficiente como para presumir de ello!

Airada pasó entre ellos y Vivianne miró a su prometido sin entender nada. Él le guiñó un ojo y en ese momento salió el conde y ella pudo ver que Dalbert también estaba allí. —¿Qué ocurre, padre?

—Nada, cielo —dijo apesadumbrado—. ¿Vamos a comer? Dalbert, ¿nos acompañas?

—Será un placer, tío —dijo como si estuviera disgustado—. Me vendrá bien salir de esa casa.

Carlton entrecerró los ojos y le ofreció su brazo. —Vamos Vivianne, te acompaño.

Ella lo cogió distraída pues estaba de lo más intrigada sobre lo que habría ocurrido.

Era evidente que tenía que ver con Dalbert, y para que su madre se pusiera así era algo muy gordo.

Pasaron por el hall y Vivianne miró hacia arriba para ver a Elva observándoles.

Le hizo un gesto con la cabeza y su doncella asintió antes de salir corriendo a la escalera de servicio.

Ella se enteraría. Miró hacia atrás para ver que Cameron había detenido a Dalbert en la puerta del despacho de su padre y estaba interrogándole.

¿Si Elva no conseguía nada se lo sacaría a su hermano?

Puede que no, bien que había guardado el secreto de su aventurilla con la esposa del conde.

Tendría que preguntar en otro sitio. Sonrió porque su madre con lo disgustada que estaba, podría ser quien se lo contara todo.

Pero Elizabeth no se unió a ellos en la mesa.

Durante la comida Dalbert apenas habló, de hecho, quien habló todo el tiempo fue Carlton, que era de esas personas que intentaban llenar los vacíos en las conversaciones.

Vivianne miraba a uno y otro intentando averiguar lo que pasaba, porque ahora hasta su hermano tenía cara de funeral.

Chasqueó la lengua dejando el tenedor sobre la mesa. —Muy bien, ¿qué ocurre?

Carlton suspiró del alivio. —Menos mal que alguien pregunta, ya no sabía que decir.

Miró directamente a su padre. —¿Por qué madre no ha asistido a la comida? ¿Qué le ha disgustado tanto?

—¿Acaso te importa? —preguntó el conde con la copa de vino en la mano.

—Claro que sí —respondió indignada—. Lo dices como si no me importara nada, es mi madre, por Dios.

Su padre hizo un gesto al servicio para que abandonara la estancia y estos se fueron de inmediato. —Es que desde que te fuiste de viaje, parece que lo que ocurre en esta familia te importa un bledo.

Se envaró por el reproche. —Igual es que soy yo quien no os importa a vosotros.

—Tío, no creo que sea el momento de sacar ese tema —dijo Dalbert entre dientes.

—Creo que es el momento idóneo para poner todas las cartas sobre la mesa.

—¿Estás insinuando que madre está tan disgustada por mi culpa? ¿Acaso he hecho algo mal?

—No, hija, no has hecho nada mal —dijo entre dientes—. Salvo escoger un futuro marido a mis espaldas.

—Surgió así. ¿Qué tiene Carlton de malo?

El duque cogió su copa de vino y dijo divertido —Eso mismo me gustaría saber a mí.

—No tienes nada de malo, pero me gustaría que mi hija se casara por amor, no para intentar fastidiar a Dalbert.

Ella palideció antes de mirar a Dalbert que no le quitaba ojo. —¿Piensas que lo hago para fastidiarte?

—De todos los pretendientes has escogido a mi mejor amigo, se me ha pasado por la cabeza. Yo me casé por obligación, Vivianne, no porque ya no quisiera ser tu esposo.

Su labio inferior tembló por esa confesión. —No sé por qué sacáis toda esta basura, yo ya he elegido. Y tú decidiste en su momento, ya no hay vuelta atrás.

Carlton cogió su mano como si quisiera asegurarse de que era así, pero ella no podía dejar de mirar los ojos de Dalbert.

—La esposa de Dalbert se ha quedado en estado —dijo su padre haciendo que su corazón se retorciera en su pecho—. Pero aún hay vuelta atrás.

—¿Qué quiere decir, conde? —preguntó Carlton molesto—. ¿Qué está pasando aquí?

—Cielo, cálmate, solo intentan provocarte.

—No es provocación, duque, es la realidad. Mi sobrino ha descubierto que su esposa está embarazada de otro hombre.

A Vivianne se le cortó el aliento y Carlton se levantó de golpe. —¿Qué disparate está diciendo, conde?

Ella no podía dejar de mirar a Dalbert, la miró como si fuera suya provocándole un estremecimiento de arriba abajo.

—Mi sobrino la va a repudiar, queremos advertiros de que habrá un escándalo mayúsculo. No sé si esa boda que planeáis será una buena idea.

Vivianne reaccionó mirando a su padre. —No pienso renunciar a la boda que queremos.

—No irá nadie, hermana. En cuanto se sepa que ha repudiado a su esposa, todos nos darán la espalda.

—Este caso llegará a la corte —añadió el conde—, estoy seguro. Y hasta que no se esclarezca todos nos darán la espalda, se pondrán del lado de la pobre esposa embarazada.

Vivianne intentando digerir lo que su padre acababa de decir se levantó mirando a Dalbert. —¿Es cierto?

—Tan cierto como que el sol saldrá mañana. Jamás la he tocado.

Su corazón se sobresaltó en su pecho. —Que no la has…

—¡Eso da igual! —gritó Carlton alterándose y miró furioso a Dalbert—. No podías dejarlo estar, ¿no es cierto? ¡Ahora es mía!

—Nunca fue tuya —dijo con desprecio—. Solo intenta castigarme.

—No digas eso. —Vivianne le miró furiosa. —Es mucho mejor hombre de lo que tú serás jamás. ¡Él tiene palabra! —Cogió sus faldas y se volvió. —Vamos cielo, haré mi equipaje y me instalaré en tu casa.

—¡Ni se te ocurra! —ordenó su padre—. ¡O haré que te vaya a buscar la policía!

Se detuvo en seco y se volvió para mirarle rabiosa. —¡Me comprometiste a mis espaldas, me robasteis mi presentación, ahora no vais a impedir esta boda! ¡Haced todos los escándalos que queráis, pero yo pienso desligarme de esta familia! —Carlton llegó a su lado y cogió su mano. —¡Adiós!

El conde corrió fuera del comedor y la agarró por el otro brazo. —¡Padre suéltame!

—¡La ley me ampara, tú no te vas de esta casa!

Cameron llegó en ese momento y apartó la mano de Carlton, que se volvió rabioso para darle un puñetazo.

Vivianne jadeó cuando su hermano cayó al suelo sangrando por la nariz.

—¿Qué has hecho? —Se arrodilló al lado de su hermano.

—¿Estás bien? —Sin esperar respuesta miró a Carlton como si quisiera arrancarle los ojos. —¿Cómo te atreves?

—¿Yo? ¡Cómo se atreven ellos!

—¡Fuera de esta casa!

Dalbert sonrió cruzándose de brazos y Carlton por supuesto le vio. El duque mostró su rencor. —¿Qué bien te ha salido la jugada, no?

—Nunca será tuya.

—Eso ya lo veremos —dijo antes de salir de la casa dando un portazo.

Vivianne miró hacia la puerta y suspiró apoyándose en sus talones mientras el mayordomo mandaba llamar a un médico y el conde ayudaba a su hijo a ponerse en pie. Dalbert llegó hasta ella. Parecía perdida y a punto de llorar. —Lo siento, preciosa.

Elevó la vista hasta su rostro. —¿Por qué no me dejáis en paz?

¡Te lo rogué! —gritó desgarrada—. Te rogué que no te casaras.

No me querías, me lo dijiste y me lo demostraste casándote con otra.

¿Por qué no me dejáis en paz? —gritó antes de levantarse a toda prisa y subir las escaleras como una exhalación—. ¡Os odio!

Escucharon el portazo y los tres se estremecieron. Dalbert miró a su tío levantando una ceja y este preguntó —¿Me he excedido?

—Un poco.

Roger frotó las manos sonriendo. —Pues yo creo que ha ido muy bien.

—Nos acabamos de poner en contra de la corona —dijo irónico.

—Pero los rumores ya no se podrán parar.