Capítulo 3
Al día siguiente a las cuatro, Carlton entró en el club y enseguida vio a Cameron sentado en una de las mesas. Dalbert estaba de espaldas a él bebiendo un bourbon. —Ya estáis aquí —dijo emocionado sentándose en una butaca. El camarero se acercó enseguida—. Otro para mí.
—Enseguida, duque.
—Bueno —dijo Carlton yendo al grano—. ¿Qué rayos pasa para que os comportéis así conmigo? Y quiero la verdad.
Dalbert muy tenso miró a Cameron que asintió. —¿Recuerdas que mi suegro retó a duelo a Cameron?
Carlton rio. —Menuda noche, ¿eh? El muy canalla acabó en el lecho con su esposa. Sí, lo recuerdo. El conde al final retiró el duelo. —Vio como Dalbert apretaba los labios y Carlton perdió la sonrisa poco a poco. —Joder, ¿no me digas que…?
—Al parecer piensan que tengo muy mala puntería. —Cameron bebió todo lo que le quedaba de su copa.
Carlton impresionado se adelantó para susurrar —¿Te casaste con la hija del conde para que no le matara?
—Pero eso no es lo peor, estaba comprometido con Vivianne desde seis años antes.
Él se tensó al escuchar el nombre de su futura esposa. —Bromeas.
—No, y te lo digo porque estoy convencido de que no te ama, solo se casa contigo para joderme.
Carlton se tensó aún más. —Así que no crees que me ame.
—No sé quién es esa mujer que ha llegado del continente, pero esa no es mi hermana. Está furiosa por lo sucedido y solo quiere hacer daño. Así que amigo, antes de que tu compromiso sea algo público, te aconsejo que te alejes todo lo posible de ella.
Le miró como si hubiera dicho un disparate.
—¿Y que otro hombre que ha dado su palabra de cuidarla y protegerla la abandone de nuevo?
No, amigo, no pienso dejar a mi futura esposa.
Es todo lo que siempre he querido de una mujer y me importa una mierda que tú no la reconozcas.
Será porque le habéis hecho tanto daño que ha tenido que madurar.
—Miró a Dalbert. —¿Te jode haber tomado una decisión errónea y haber abandonado a la mujer que amabas por el honor, la familia y el deber?
Yo no tengo ese problema y me debo a ella desde el mismo momento en que aceptó mi mano.
Es mi mujer y lo será hasta que la muerte nos lleve.
—No te ama —dijo Dalbert entre dientes.
—Aprenderá a amarme y me dejaré la piel para que así sea. —Sonrió con ironía. —Os contaré un secretillo, ella ya me lo había confesado todo.
No pudieron disimular su sorpresa. —Mientes, hace un minuto…
—Hace un minuto disimulaba para averiguar lo que pensabais contarme, pero yo ya sé la otra versión.
La de una muchacha que te amó desde niña y que esperaba que algún día posaras los ojos en ella, la de una joven que inquieta veía que se acercaba su presentación y no recibía de ti ninguna señal que la alentara, cuando es evidente que ya estabais comprometidos.
Que bien te vino eso para dejarla a un lado cuando te convino, ¿no?
—No quería que hubiera cuchicheos al respecto —dijo entre dientes—. Por eso no dijimos nada de nuestro compromiso en su momento.
—Seguro que fue idea tuya. Claro, pero es que si la gente lo hubiera sabido, no hubieras podido pasártelo tan bien en esas fiestas a las que ibas haciendo que todas esas mujeres en busca de marido te persiguieran, ¿no es cierto?
—Su madre sugirió que no dijéramos nada hasta después de la temporada.
—Claro, y tú estarías encantado de que otros hombres la agasajaran —dijo divertido—. Si estás muerto de celos, joder, a mí no me engañas.
Dalbert a punto estuvo de levantarse. —Cuidado amigo, si se te ha ocurrido liquidarme para después convertirla en tu amante, porque es lo único que puedes ofrecerle, te llevarás una sorpresa. Sabes de sobra que tengo una puntería excelente equiparable a la tuya.
El duque volvió a sentarse y Carlton sonrió antes de mirar a Cameron. —¿Puedo continuar? O lo dejamos aquí como antiguos amigos y cada uno por su lado.
—¿Estás rompiendo nuestra amistad? —preguntó Cameron.
—Esta amistad está rota desde el mismo momento en que la mujer que amo ha sufrido tanto por vuestra causa —dijo muy serio—.
Escuchadme bien, Vivianne ahora es mía, así que dejaros de consejos que no he pedido y comportaros como simples familiares que nos desean un próspero matrimonio, porque esa boda se va a celebrar.
—¿La has tocado? —preguntó Dalbert muy tenso.
Le miró con desprecio. —Eso es algo que no te incumbe, primo.
Pero sí puedo decirte algo, quiere tener muchos hijos y yo estoy deseando que lleguen.
Puede que no me ame, pero sabe que su futuro conmigo será dichoso, es tan maravillosa que se conforma con eso, pero yo haré que me ame porque quiero que sea feliz a mi lado, todo lo feliz que pueda hacerla.
—Se levantó abrochándose la chaqueta del traje y les sonrió.
—Como comprenderás retiro mi oferta de que seas mi padrino.
Después de las palabras de Vivianne sobre lo que ocurrió, creí que esta boda no te importaría, pero veo que no es así.
Se lo pediré a mi primo, él siempre está cuando le necesito. Buenas tardes.
Se iba a ir, pero Dalbert le agarró del antebrazo. Se miraron a los ojos retándose. —¿Insinúas que nosotros no estuvimos cuando ella nos necesitó?
—¿Acaso no es obvio? —Soltó su brazo. —Aunque no lo digo solo por eso, un buen amigo, habría evitado hacerme daño con toda esta mierda —dijo entre dientes.
—Solo queríamos advertirte —dijo Cameron obviamente incómodo.
—No te equivoques, puede que tú lo hicieras por eso, pero Dalbert lo ha hecho para espantarme y que la deje plantada.
Es tan egoísta que le da igual seguir haciéndole daño con tal de que sea suya para siempre, incluso si con ello tiene que quedarse sola el resto de su vida.
—Miró a Dalbert. —Pues escúchame bien, ya no está sola ni lo estará nunca más, así que vete haciéndote a la idea o lárgate de nuestras vidas.
Le fulminó con la mirada. —Es evidente que el que sobro aquí soy yo.
Carlton se alejó sin contestar y Dalbert apretó los labios con rabia.
—Está decidido —dijo Cameron.
—Lo sé. Le conozco bien y no cambiará de opinión.
—¿Qué vas a hacer?
—Nada, no puedo hacer nada. Estoy casado con Prudence, tengo las manos atadas.
Cameron apretó los labios. —Siento haberte metido en esto.
—Me metí solo, ¿recuerdas? Y como dice Carlton, es una decisión que tendré que asumir porque ya no tiene vuelta atrás.
Dalbert apretó las mandíbulas viendo como Vivianne reía jugando con su prometido a cricket en el jardín. El conde se puso a su lado para observarles.
—Parece feliz —dijo el duque pensativo.
—Conozco a mi hija y sé que no lo es. —Suspiró. —Aunque puede que ya no la conozca, está muy distinta. —Fue hasta detrás de su escritorio y se sentó. —¿Cómo está tu esposa?
—Recuperada, aunque sigue en cama.
—¿Y eso por qué?
Se volvió para mirarle a los ojos. —Está en estado.
Roger separó los labios de la impresión. —Enhorabuena. Aunque no sé si felicitarte por la cara que pones.
—Teniendo en cuenta que no es mío, no sé qué cara debo poner.
El conde estaba escandalizado. —¿Pero qué diablos dices?
Suspiró sentándose ante él y sintiéndose desesperado apoyó los codos sobre sus rodillas para pasarse las manos por la cara.
—Hijo, ¿qué está ocurriendo? ¿Qué nos has ocultado?
Le miró antes de enderezarse. —A mi esposa no le he tocado un pelo. Decidió entrar en el juego de su padre y aceptar este matrimonio y yo para castigarla…
—La rechazaste en tu lecho.
—Así que decidió que podía compartir la cama con cualquiera. La muy zorra se reía mientras me decía que esperaba un hijo mío.
El conde cerró los ojos. —Lo siento, hijo.
—Si la repudio será un escándalo monumental.
Roger se levantó para servir un coñac y le llevó la copa. —Pues debes hacerlo. ¿Tienes pruebas?
—¿Qué pruebas voy a tener? Será de un lacayo o vete tú a saber —dijo con rabia—. Te juro que tuve que contenerme para no retorcerle el pescuezo.
—Pues hay que conseguir esas pruebas. —El conde entrecerró los ojos. —Cameron, será la manera de pagar su deuda. Puede decir que compartió su cama y que ella misma le dijo que no había sido el único. Hay que hundir su reputación totalmente para que no tenga ninguna credibilidad.
—La corona...
—La reina se pondrá de tu lado, uno de sus parientes es tu mejor amigo.
—Carlton no es precisamente mi amigo en este momento.
—Está enfadado por lo ocurrido con Vivianne, pero es un buen hombre y entenderá que estás pasando por un mal momento.
Dalbert pensó en ello. —Si expongo a la familia de esta manera, si Cameron da la cara, su padre le retará a duelo. Volveremos a estar como al principio.
—Pues será algo a lo que tendrá que enfrentarse.
—¿Pero qué dices? ¡Es la persona con menos puntería del mundo! ¿Quieres que le mate?
El conde caminó por su despacho pensando en ello. —No tenemos otra opción.
—Nadie se creerá que no he compartido lecho con mi esposa, tío. Han pasado seis meses desde mi matrimonio.
—Por eso dirás que estabas furioso con ella, porque te había sido infiel desde el principio.
—¿Y por qué no la repudié antes? Tío, eso no tiene sentido.
—Vergüenza. Te abrumaba la vergüenza, pero cuando te dijo que esperaba un hijo ya no lo soportaste más.
Dalbert entrecerró los ojos. —No sé, no estoy convencido.
—¿Prefieres que un hijo de sabe Dios quién herede tu ducado? ¿Estás loco? —De repente sonrió. —Además…
El duque le miró fijamente.
—Además, podrías recuperar a mi hija… Puede que ahora sea una cínica y me saque de quicio esa ironía continua que suelta por su boca, pero algo de nuestra Vivianne aún está ahí y no hay nadie más posesiva que ella con los que quiere.
¿Qué crees que pensará cuando se entere de que tu mujer te trata así?
—¡Joder, tío, voy a quedar como un estúpido cornudo ante todos! ¡Pues pensará que soy idiota!
Roger hizo una mueca. —Hijo, creo que eso ya lo piensa ahora.
Llamaron a la puerta y el conde dijo —Adelante.
Elizabeth sonriendo asomó la cabeza. —Querido, es la hora de comer.
—Pasa y cierra la puerta. Tenemos algo que comentar contigo, necesitamos un punto de vista femenino.