Un placer, milord Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

—¿Y dónde será la boda? —preguntó su madre por preguntar algo.

—En Saint James, por supuesto —contestó el duque—. Haremos la boda más hermosa y extravagante que se haya visto en esta ciudad y por supuesto mi prima la reina acudirá. Ella será la madrina de la boda.

—La reina. —Elizabeth se apretó las manos mirando hacia la puerta del salón. —Será un gusto saludarla.

—¿Te das cuenta de lo que está pasando? —gritó Dalbert haciendo que todos miraran hacia el hall—. ¡Esto es inconcebible!

Cameron salió apurado del salón y Carlton le dijo a su prometida por lo bajo —¿Y esos gritos?

—Pues no sé, será algo de negocios.

—Sí, siempre dan muchos quebraderos de cabeza. Afortunadamente yo tengo un administrador que se encarga de todo.

—A mi padre le gusta encargarse él —susurró—. Dice que los administradores no siempre hacen bien su trabajo.

Carlton entrecerró los ojos. —Le vigilaré.

Ella sonrió cogiendo su mano, puede que no le amara, pero era un cielo y aunque esa boda se celebraba por tocarles las narices a su familia y a Dalbert, nadie podía negar que había elegido el mejor partido de la temporada.

Total, para casarse con alguien a quien no amaba, mejor que fuera duque, ¿no?

La sonrisa se le fue poco a poco recordando todos los planes que tenía para su boda con Dalbert, la ilusión que sentía, pero esos sueños e ilusiones habían desaparecido de un plumazo y debía ser práctica.

Sí, Carlton sería el marido perfecto, en todos los sentidos, y pensaba hacerle feliz, puede que el amor llegara en el futuro, nunca se sabía, el roce hace el cariño.

Carlton perdió algo la sonrisa. —Palomita, ¿estás bien?

Regresando al presente le miró a los ojos. —Oh, sí, por supuesto. Estaba recordando a mi abuelo —dijo a toda prisa—. Es una pena que no te haya conocido.

—Si quieres le llevaremos a su tumba tu ramo de novia.

Sonrió. —Siempre eres tan detallista…

Él dejó su platillo con la taza sobre la mesa.

—Y había pensado que… —Sacó algo del bolsillo de la chaqueta y Vivianne se llevó la mano al pecho al ver que era una caja de terciopelo.

—Había pensado que igual querrías llevar esto.

Era de mi madre, mi padre se lo regaló en su veinte aniversario.

—Abrió la caja para mostrar una esmeralda enorme engarzada en un anillo de oro. —¿Te gusta?

Emocionada porque él había tenido ese detalle asintió. —Es hermoso.

Él lo sacó de la caja y se lo puso en el dedo. —Te queda perfecto.

—Gracias. —Lo admiró porque no era para menos y le miró a los ojos. —Es lo más bonito que he tenido nunca.

Carlton iba a besar sus labios, pero su madre carraspeó haciendo que su prometido se alejara de inmediato. En ese momento los hombres regresaron al salón. Su padre parecía avergonzado, mientras que Dalbert parecía más furioso que nunca y Cameron estaba a punto de pegar cuatro gritos.

—Dalbert, Cameron, mirad el regalo que me ha hecho Carlton —dijo emocionada levantándose y mostrándoles el anillo que era imposible que no vieran—. ¿A que es hermoso?

—El anillo de los Jointer —dijo Dalbert muy tenso—. Es precioso, prima.

Carlton frunció el ceño. —¿Ocurre algo, Dalbert? Pareces furioso, ¿acaso no estás de acuerdo con nuestra unión?

Ese era su prometido, le gustaba ir de frente. Miró a los demás. —Tengo la sensación de que nadie quiere que me case con Vivianne.

—No es eso, duque —dijo el conde—. Ha sido una sorpresa, eso es todo.

—Y al parecer ha sido una sorpresa desagradable. ¿Acaso esperaban unir a su hija con otro pretendiente?

—Eso da igual, cielo, yo ya he elegido —dijo dejándolos a todos mudos—. Si se esperaban otra cosa, es su problema. —Se acercó y cogió su brazo reafirmando ante todos su elección.

—¿Lo esperaban? —insistió Carlton—. Porque tenía entendido que Vivianne iba a presentarse en sociedad este año.

—E iba a hacerlo —dijo Cameron—. Pero no esperábamos que se enamorara. —Miró a su hermana. —Porque le amas, ¿no?

A su prometido se le cortó el aliento esperando su respuesta y ella dijo —Es el hombre que siempre he soñado. —Le miró a los ojos y vio que su respuesta no le había convencido del todo. —De otra manera no me casaría contigo.

Carlton asintió antes de mirar a los demás. —Si hay alguna objeción a este matrimonio, me gustaría saberlo ahora.

Ella miró a Dalbert que muy tenso dijo —Ninguna objeción, amigo. Esperamos que tengáis un matrimonio muy largo y dichoso.

Carlton sonrió. —Gracias. Por cierto, ¿quieres ser el padrino?

—Será un honor —dijo como si le sacaran una muela—. Ahora si me disculpáis debo regresar a casa, estoy preocupado por mi esposa.

Que la mencionara fue como una patada en el estómago, pero no movió el gesto.

—Por supuesto. —Carlton le dio un golpecito en la espalda y fue con él hacia la puerta. —Podemos vernos mañana en el club si quieres, y podemos hablar de todo lo que ha ocurrido durante estos meses, tengo mil cosas que contarte.

—Allí nos veremos. —Cogió su abrigo de manos del mayordomo y sin ponérselo salió de la casa.

Carlton sonrió a su prometida. —Preciosa, es momento de elegir una fecha.