Un par de días 95 Capítulo Ve i n t e
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95 Capítulo Ve i n t e

Recuerdos

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Estaba despierto cuando llegó.

No fue una coincidencia romántica. Había pasadodespierto casi toda aquella noche, sentado en el borde de lacama en la penumbra, con una taza de té helado entre lasmanos, sin pensar en nada, que era lo que hacía en aquellosmeses en que pensar en algo dolía demasiado. El patio, afuera,

estaba plateado de escarcha. El castaño se recortaba severocontra la ventana. En algún lugar golpeó una tubería, muysuave, como si alguien llamara con los nudillos al otro lado deuna pared.

El teléfono se encendió sobre la manta, a mi lado.

Vi su nombre. No respiré. Quiero ser sincero en esto:

durante casi un minuto entero no extendí la mano haciael teléfono. Me quedé mirando cómo brillaba la pantalla,

con miedo de que, si lo tocaba, resultara ser un error, unanotificación antigua, un sueño.

Luego lo abrí.

Había una fotografía. Una luz pequeña, gris, de primerahora de la mañana. Una palma abierta y, sobre ella, una bolsade papel doblada, arrugada y suave, gastada casi hasta volversetela. Y debajo, una línea.

«¿Te acuerdas del camino a casa?»