89 Capítulo D i e c i n u e ve
Lo que no dije
N a d i y a
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Debo contarte por qué guardé silencio. Nunca se lo hecontado a nadie, y no estoy segura de saber decirlo bien, perolo intentaré.
No fue por él.
Quiero que esto quede claro, porque él lo ha cargadodurante tanto tiempo como si fuera culpa suya.
Me ha dichodesde entonces, de varias maneras amables, que debería haberescrito más, preguntado más, insistido más.
Se equivoca. Nohabía nada que pudiera haberme dicho para alcanzarme enaquellos meses.
Yo me había ido a un lugar al que el lenguajeno podía seguirme.
La verdad es que me había cansado de una manera que elsueño no tocaba.
Empezó después de la llave. Había creído que, una vez quetuviera un hogar propio, una puerta con cerrojo, un trabajo,
una rutina, me sentiría mejor. Y durante un tiempo fue así.
Pinté las paredes de amarillo pálido. Compré una planta y lamantuve viva. Cené como es debido en una mesa como esdebido. Pero debajo de todo, como una corriente fría bajo elhielo, algo más se movía, algo lento y pesado de lo que huíadesde la mañana de las sirenas.