Un par de días 88 Un par de días
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88 Un par de días

artificiales desde una ventana con un vaso de algo caliente,

pensando en una ciudad que ya no podía alcanzar. Un año,

al final. La mayor parte de un año en la que dos personasque antes hablaban todos los días intercambiaron quizá unadocena de frases.

Hay una soledad más callada que estar solo.

Es la soledadde tener a alguien y no tenerlo.

De un nombre en una pantallaque todavía se ilumina de vez en cuando, como una ventanaen una casa de la que la familia se ha mudado.

Yo sabía que ellaestaba ahí fuera. Sabía que estaba viva, trabajando, caminandopor un país cuya lengua aún aprendía.

Y no podía tocarla, y nopodía dejar de pensar en ella.

Pensé, en aquellos meses, que se había acabado.

No sabía que al otro lado del silencio, en un pequeñopiso sobre un aparcamiento, una mujer con una llave en lamano estaba sentada junto a una ventana en la oscuridad,

sosteniendo su propio teléfono, pensando exactamente lomismo.