Un par de días 86 Un par de días
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86 Un par de días

Para entonces ya había escrito un libro sobre la espera.

Es algo peculiar haber escrito un libro sobre un tema ydescubrir después que no lo habías entendido.

Había pasadomeses de mi vida poniendo en palabras una larga y dolorosahistoria de amor, una historia sobre la distancia y el silencioy la larga paciencia de alguien dejado en la orilla lejana de unrío.

Los lectoresme habían escrito.Decían que los había hechollorar.

Decían que había dicho la verdad sobre algo que ellosno habían podido expresar.

Y allí estaba yo, en ese puente de hierro, en mi propia vida,

haciendo exactamente lo que había escrito. De pie a un ladode un río, mirando el otro, y llamándolo paciencia.

Había pensado, al escribirlo, que esperar era una forma deamor. Empezaba a sospechar que a veces era una forma demiedo.

Pero no sabía qué hacer con la sospecha, así que la guardéen el bolsillo con el resto de mis cosas no dichas.

En otoño llegó su cumpleaños y pasó. Le escribí unmensaje.

Lo borré. Escribí otro. Era demasiado largo, decíademasiado, sonaba como un hombre parado bajo la lluviafrente a una ventana.

Lo borré también. Al final envié unasola línea, Feliz cumpleaños.

Espero que estés bien, y me quedéhoras mirando la palabra Entregado, viendo cómo se negabaa convertirse en Leído.

Respondió dos días después. Gracias. Igualmente.

Igualmente. No supe qué significaba. No era micumpleaños. Le di vueltas durante una semana y soloentendí que era la frase de una persona que había dejado deleer lo que escribía.

Esa noche llamé a Daniel.

Para entonces vivía en otra ciudad, trabajando en uncampo que se negaba a explicar, y nuestro contacto se había