Un par de días 71 Ankit Singh
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71 Ankit Singh

ropa, porque tenía que hacerlo. Me llevé mis documentos yel cargador del teléfono y unas cuantas fotografías. Me llevéuna fina cadena de plata. Me quedé mucho rato frente ami estantería y no tomé nada de ella, porque la elección eraimposible.

Dejé mis cuadernos del colegio. Dejé el vestido que nuncame puse. Dejé la ventana desde donde miraba caer las hojas.

Dejé la cama donde me había acostado con el teléfono bajola manta, una chica de veinte años, esperando a que un chicoescribiera.

Eché un último vistazo al cuarto. Era un cuartoperfectamente corriente. Tenía un armario y un escritorio yuna lámpara y un póster con una esquina enrollada. Pensé:

volveré dentro de un mes. Volveré para el verano. Todo estohabrá terminado.

Apagué la luz y cerré la puerta, suavemente, como se hacecuando alguien duerme.

La estación era un mar. Nunca había visto tanta gente enun solo lugar.

Estaban de pie en el andén y en las escalerasy en la pasarela, con bolsas y bebés y gatos en transportinesy ancianas que apretaban iconos contra el pecho, y el ruidono era el que esperaba.

Era callado. Un gran silencio, unarespiración contenida, miles de personas hablándose en vozbaja.

Cuando llegó el tren, nadie empujó. Solo hubo un avanceconstante, paciente, terrible, como una marea.

Katya vino a despedirnos. Se quedó en el andén, en el frío,

con el abrigo abierto y los ojos rojos, y no dijo adiós. Solo meabrazó, fuerte, y me dijo al oído:

—Escribirás.

—Escribiré.

—Todos los días.

—Todos los días.

—Y le dirás al extranjero que si deja que te pase algo, lobuscaré personalmente.